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13.6.18

Aquellos dioses camuflados de arte en el corazón de la Iglesia


Hablando con cierta persona muy entendida me explicó que en realidad los dioses griegos y romanos constituyen otras tantas burlas directamente dirigidas contra la Virgen; yo, como muchos, pensaba que los dioses no eran sino divinizaciones de tendencias humanas (eros, la guerra, la magnificencia, etc.), sin embargo, son el fruto de la invención directa del demonio teniendo en mente a la Virgen, la Mujer, contra la cual él sabía que tenía que pelear, aunque cuando Ella apareció en el mundo él no se enteró de su condición, por la humildad que Ella tenía. ¿De qué forma los dioses son una versión invertida y maligna de las virtudes de María? Del siguiente modo:
Zeus, es la soberbia, contra la humildad de la Virgen.
Atenea, es la diosa de la guerra, contra la Virgen de la Paz.
Démeter, es la diosa de la abundancia material, contra la Virgen austera y llena de los dones de lo Alto.
Apolo, es el dios de la juventud y de la salud físicas, contra La eternamente joven en Dios.
Afrodita, diosa del amor y la belleza, contra la que ha dado todo su Corazón a Dios y ha sido la más amada por El colmándola de todas las bellezas celestiales.
Artemisa, diosa de la naturaleza, contra la Virgen prodigadora de todo don.
Minerva, diosa de la sabiduría intelectiva, contra la Virgen llena del conocimiento divino.
Neptuno, dios del abismo del mar profundo, contra la Virgen abismo de lo Alto.
Hefestos, dios del fuego, contra la Virgen con todo su ser abrasado por el Fuego Divino.
Hermés, el mensajero de los dioses, contra la Virgen que es mensajera de Dios ante los hombres.
Dionisos, dios de la embriaguez, contra la Virgen en Extasis eterno.

La referencia a esta cuestión de los dioses también provino de haber yo visto un documental de los museos del Vaticano, que guardan como oro en paño precisamente las estatuas de la mayoría de esos dioses; se me dijo también que eso tiene un significado profundo: aquellos dioses invertidos no se fueron de su lugar (pasaron siglos enterrados y en la época del renacimiento muchos fueron redescubiertos) y ahora tienen un puesto de honor, algunos nada menos que en la propia residencia de los papas de este tiempo; significa que todo aquel viejo mundo insidiosamente anda metido en el corazón físico de la Iglesia, por la sencilla razón de que la Iglesia es María, y contra Ella lucha y se burla inútilmente satanás. 
Es por completo incoherente tener todas esas estatuas, aunque no sea más que por respeto a los mártires, que murieron por miles, y en plena colina vaticana además, (San Pedro fue crucificado aquí mismo), al negarse a adorar a esos falsos dioses. Pero ha de cumplirse lo escrito sobre la insensatez de la parte humana de la iglesia. También es significativo que las colecciones de arte antiguo del Vaticano comienzan a inicios del siglo XVI, por obra del papa Julio II, coincidiendo además con el inicio del Renacimiento, que es la época con la que comienza el declive de la orientación cristiana del mundo (coincide justamente también con los inicios del protestantismo).

10.4.18

Aprendiendo santidad con San Pedro y María Santísima


 Cuando se enseña un falso concepto de santidad, como sinónimo de filantropía, hay que acudir urgentemente a las buenas fuentes. Tomamos tres:

 De María V. en su obra Libro de Azarías:
"Escuchemos al Apóstol Pedro, el grande y buen Simón de Jonás que se formó con una constante y penosa labor de buena voluntad para llegar a ser digno de su Maes­tro, sin cálculo para el futuro y con el único estímulo de dar gusto a su Rabí y Dios. Es­cuchemos al hombre que, de todo cuanto él vivió humanamente, supo hacer dote para su futuro ministerio, cambiando, a fuerza de amar, lo humano en espiritual. Y, de padre de las gentes, llegó a ser pastor, maestro y nauta de la Iglesia, pero, sobre todo, padre, pa­dre de dulcísima y firme paternidad para todos los hijos que su Jesús habíale confiado con sus tres recomendaciones a seguido de las tres profesiones de amor: “Apacienta mis corderos y apacienta mis ovejas”. Y Pedro, apóstol y pastor, es el que a ti te habla, cordero del rebaño de Cristo. Escucha: “Sed prudentes y velad en la oración. Pero, sobre todo, tened siempre entre vosotros la caridad mutua porque la caridad cubre la multitud de los pecados”.
¡Qué bien comprendió la lección de su Señor siendo ya israelita adulto! Lección que la transmite a sus hijos y hermanos que no son perfectos, que tienen necesidad de conti­nuas absoluciones para sus faltas y que no siempre tienen a mano al absolutor. Porque la muerte acecha de mil formas y en cada momento puede sonar la llamada para compa­recer ante el Juez eterno. Y para entonces, ahí está el absolutor: el amor. Cada pecado, cada omisión, cada imperfección, ¿qué son sino un momentáneo o, tal vez, un pertinaz colapso del amor en el hombre?
El pecado mortal, obstinado e impenitente es el pertinaz colapso del amor, el coma, la agonía mortal que termina en la muerte eterna. El pecado venial es un colapso menos profundo pero que mantiene en torpor al alma. La imperfección es aún menos. Si es in­voluntaria, apenas si viene a constituir una momentánea relajación en la vigilancia amo­rosa. Con todo, un hombre llegaría a morir de asfixia si repitiese con frecuencia una pa­rada en la respiración e, igualmente moriría también un hombre mediante alfilerazos in­definidamente repetidos. Moriría, no desangrado sino agotado por los espasmos. Y lo mis­mo ocurre con el espíritu. Se le debe corroborar aun cuando se encuentre herido con le­ves punzadas. Y el absolutor que siempre le tiene dispuesto para la llamada de modo que no abrigue temor, es el amor.
Reparar con el amor el colapso más o menos grave producido en el amor. Recon­quistar con el amor a Dios para que El incinere vuestras culpas con su Amor y para que recubra con su Misericordia a favor del humilde que reconoce al amor y con el medio adecuado repara la miseria de la criatura tan proclive a manchar su alma.
Tanto en ésta como en la otra vida, las culpas que no merecen condenación se repa­ran con el amor. Cuando el espíritu aprendió a amar de modo que ya no ofende al Amor, entonces es bienaventurado.
No hay que temer la muerte imprevista ni el juicio de Dios. No son cosas que deban aterrorizar. Teme, sí, en cambio, faltar a la Caridad. Las faltas contra la Caridad provo­can el rigor de Dios y sólo el que ha de enfrentarse a ese rigor debe abrigar miedo a la muerte. Los demás, no. Sea que venga lentamente o veloz como un rayo, ella no causa mal alguno al espíritu que se halla purificado de continuo por la caridad.

Tanta debiera ser en vosotros la caridad, que hasta una simple mirada debería cons­tituir una caricia para vuestros hermanos por el amor que la saturase. Y, verdaderamen­te, cuando Dios habita así en el espíritu hasta el punto de formar un todo con la criatura, el ojo humano se transforma en ese manantial de paz y de afecto, de suerte que todo aquél que sufre, se siente consolado, el que está solo, se siente junto a un hermano, y el que duda, alcanza la fe; porque, como en tiempos de los primeros cristianos, el que convierte es el amor.
“¿Ya veis cómo se aman?”, se decían unos a otros los paganos. Y con este medio tan simple y sublime los cristianos hacían prosélitos más numerosos y convencidos que si hu­biesen estado hablando doctamente de la mañana a la noche, sostenido disputas y ejer­cido presiones.
“Practicad la hospitalidad... sin murmuraciones”. Aquí Pedro indica una de las for­mas materiales de amor al prójimo, si bien sirve para todas el mismo consejo. La caridad debe ser silenciosa, púdica, comprensiva y prudente. Ya lo dijo Nuestro Santísimo Señor Jesús: “Que no sepa vuestra mano izquierda lo que hace la derecha”. Y esto, no sólo cuan­do se trata de la limosna, mas también de otras ayudas en otras mayores desventuras, como son las morales y espirituales en las que, si ha de estar purificada de toda escoria, debe saber obrar y callar, ya que hasta la simple admiración y el pensamiento íntimo de: “¿Puede haber algo mayor que esto en el hermano?”, aunque levemente, lesiona la cari­dad. No juzguéis jamás ni aún en vuestro corazón porque hasta vuestro corazón llega el Ojo divino y lee en él. No os hinchéis de soberbia diciendo: “Yo soy más santo porque no tengo estas cosas que rebajan a! hermano”. Nada de más santos sino de más afortu­nados y protegidos. Y eso ¿por qué? ¿Sólo por vuestros méritos? ¿No sería, por el contra­rio, mucho más meritorio pensar humildemente que Dios os perdona porque sois los más imperfectos de todos y El no quiere vuestra ruina?
Y  ahora, dirigidas exclusivamente a las voces, he aquí las palabras de Pedro: “Cada uno, según el don recibido, lo ponga al servicio de todos los demás como buenos dispen­sadores de la multiforme gracia de Dios”.
Vosotras, voces, habéis tenido el don de recibir las palabras santísimas para trans­mitirlas a los hermanos. Ahora bien, hacedlo con alegría, con humildad, con diligencia y generosidad.
Y  vosotros, directores de las voces, hacedlo con alegría, con diligencia, con caridad, paciencia y heroísmo. No os sentéis diciendo: “Ya lo hará el Señor”. Está dicho que no hay que tentar al Señor ni ser siervos inútiles. Vosotros, al estar quietos esperando a que el Señor haga, tentáis a Dios y sois siervos inútiles, desposeyendo de sabor vuestra sal, no sirviendo ni para conservar lo que Dios os confió y que debe ser tutelado de continuo ya que Dios habla al espíritu de las “voces”, pero teniendo en cuenta que las voces no son únicamente espíritu sino también carne e inteligencia. Velad y vigilad para que ni a la carne ni a la inteligencia las seduzca el Enemigo que acecha para tentarlas, vencerlas y hacerlas caer. No arrastréis las “voces” a la soberbia exaltándolas, ni las llevéis al decaimiento dejándolas sin ayuda. No contri­buyáis a su decaimiento dejándolas solas. No faltéis a la caridad con las “voces”. Su cruz es pesada como el plomo y todo contribuye a aumentar su peso. Sin el amor no la podrían soportar. ¿Queréis vosotros agravarla con pedruscos de indiferencia, de incomprensión, de dejadez y de excesiva espera en las ayudas sobrenaturales? También de éstas os hizo Dios pastores. También de éstas os hizo Dios hermanos".

Del blog Tan antigua y tan nueva reproducimos:

Me preguntaba por el quid real de la extensa y sorprendente obra en favor de los pobres de la India de alguien (no la madre Teresa) lógicamente muy aclamado por ello. Puede encontrarse una respuesta en estas palabras de la Madre de Dios:

"No olviden que hay obras santas y obras buenas. Ademas las hay malas. Las obras santas consultan el plan, el estilo y la voluntad de Dios, viven su lenguaje y lo encarnan. Su fruto es la eficacia. Estas obras como todo lo de Dios no pasa. Las obras buenas no contradicen el lenguaje de Dios, pero no consultan y no obedecen el plan, estilo y voluntad de Dios. Parten de la exclusiva decisión del hombre sin considerar a Dios. Su resultado es perecedero como todo lo del hombre (...) cuando la obra buena contradice la obra santa, degenera en obra mala y en consecuencia llega a ser satánica (...) para que entiendan la diferencia entre las obras santas y las buenas, lean los pasajes de un mismo evangelio, el mismo sujeto de dos acciones diferentes era y es de los buenos, pero observen los resultados, en el primer pasaje fue guiado por el Espíritu de Dios (episodio de la proclamación de Jesús por Pedr, Mt 16, 13-20) en el segundo es guiado por su propia razón, sin consultar a Dios (Pedro dice a Jesús que no vaya a Jerusalén para que no sufra daño).
Quiero que sus obra sean santas y perfectas, en su más alto grado de santidad y perfección. No quiero obras que los hagan ser sabios y hábiles al modo de los hombres. Quiero obras que hagan ver a Dios como Quien es, aunque a ustedes los coloquen a los ojos de los hombres como fracasados, torpes e insensatos".
Estas palabras me inspiran que las obras santas han de atender, para ser santas en verdad, al alma y al cuerpo; la acción en muchas órdenes religiosas y en buena parte de la iglesia humana ha devenido en obras buenas para el cuerpo e indiferentes para el alma.Obras que finalmente no pueden sino degenerar en daño para las almas, a las que se priva del alimento espiritual, juzgado superfluo e incluso contraproducente (que es lo mismo que dice el mundo)

De Benedicto XVI en su enciclica Deus charitas est (n. 37)
"Ha llegado el momento de reafirmar la importancia de la oración ante el activismo y el secularismo de muchos cristianos comprometidos en el servicio caritativo (2005)".

29.3.18

Falsa fundación marial. Comunidad de la Señora de todos los pueblos

Ante todo hay que precisar que la llamada Comunidad de nuestra señora de todos los pueblos no tiene vinculación alguna orgánica con las apariciones de la Virgen en Amsterdam recibidas por Ida Pederman. Pero La Comunidad contiene una apropiación, por decirlo así, de las apariciones, generando lógicamente confusión y por tanto un rechazo preventivo en los mal informados.
La Comunidad, cuya sede está en Canadá (Lac Etchemin), sí recibió una calificación como asociación piadosa por el obispado diocesano en los años 80, pero después le fue retirada, con apoyo del entonces prefecto de la Fe, cardenal Ratzinger, y no sólo eso sino que fueron excomulgados los miembros y colaboradores de la Comunidad, por dos razones fundamentales, difusión en libros de falsos contenidos que afectan a la fe y por ordenaciones sacerdotales prohibidas.

Discernimiento del actuar del grupo y del actuar de la Virgen.

El itinerario espiritual de la fundadora, Marie Paule Giguières, tuvo un mal principio y lógicamente un mal final. Quiso ser religiosa, pero por enfermedad no pudo cumplir con ese deseo, y casó con un hombre que resultaría maltratador, bebedor e infiel. Se separó de él, pero este no es el punto central que ayuda a ver la ilegitimidad, sino el hecho de recluir a sus 5 hijos en un orfelinato, para dedicarse al apostolado marial; desde luego jamás la Virgen, la Madre por excelencia hubiera podido darle semejante orden ni consejo. Ya esto hubiera debido advertir a las jerarquías y a los seguidores que vendrían.

Marie Paul, antes de la fundación.

Sin duda realizaría obras buenas de asistencia en su época en la Legión de María, pero recibió el supuesto mandato de fundación de un Ejército de María, vinculado a las apariciones de Amsterdam; esto le llegó habiéndolas conocido por medio de un libro sobre estas apariciones de Raoul Auclair, un escatólogo sin formación teológica, autor de libros de gran difusión sobre estas temáticas del fin del mundo, con quien se pondría en contacto, además de con la propia Ida Pederman.
Otro punto clave que indica falso impulso fundador es que la Virgen hace las cosas sin mezcolanzas, las apariciones de Amsterdam tenían su vidente propia y no cabía intervención añadida. Pronto quedó claro, que Marie Paule y su grupo pretendían apropiarse de los contenidos de las apariciones nucleandolas en torno al llamado Ejército de María. Ida Pederman y sus asesores religiosos pronto pusieron distancia, pero el mal ya estaba hecho, por eso hoy en día, se asocia equivocadamente a la Virgen de Amsterdam con la excomunión eclesial que no fue sino contra el grupo del Ejército de María.

La otra cuestión gravísima es la elevación de Marie Paule a la condición de encarnación viva de la Virgen María, vistiendo no con un hábito marial simple, sino con los aderezos vistos en imágenes de la Virgen, como se aprecia en la foto. Esto no es un mero acto de dignificación exagerada, sino que es apropiarse de las apariciones, cuando la Virgen se muestra lo hace por sí misma totalmente o bien se comunica a través de un instrumento. Una descarada usurpación, porque si bien es cierto que ha habido santos que han intercambiado sus corazones con el Señor o la Virgen, como se ve en la historia de la mística, siempre se ha tratado de operaciones de secreta comunicación y si se ha producido que el vidente hable o se muestre con palabra de la misma Virgen, es como simple instrumento de la Virgen María, no como representación a honrar y menos como "reencarnación".

Según testigos cuando se entra en la iglesia blanquisima de la Comunidad en Lac-etchemin o cuando se ven sus celebraciones por internet, se produce un efecto sugestivo deliquioso, casi un cielo en la tierra por la misma presencia de hábitos religiosos, el semblante digno de los sacerdotes y el esmero en las ceremonios, tan en contraste con lo que se ve habitualmente; pero esto no dejan de ser signos secundarios en cuanto externos que son, que deben ser contrastados con lo que nos dice la razón objetiva que nos habla de los hechos, no sólo la excomunión en sí, que podría suponerse fuera un hecho provisional revisable, fruto de alguna actuación jerárquica con exceso de celo (que ya se ha dado en otros casos); esto no se aplica al el caso actual, porque a más del cismatismo de este grupo, están los dos grandes hechos: falsa fundación y subsiguiente espíritu de apropiación de la persona y la obra de la Virgen. Incluso si un día, por causa de la gran corriente de tolerancia actual, se revocara la excomunión (no sería raro que esto ocurriese), la verdad en sí permanecería quedando como enseñanza y advertencia de que no es oro todo lo que reluce en este mundo bonito de la Virgen, que no es sólo amenazado por la persecución exterior y hostil, sino por la usurpación muy difícil de captar porque parece provenir del mismo Cielo al apropiarse de sus signos externos.

Y por no dejar sin detalle la figura de Raoul Auclair, hay que decir que ha sido "beatificado" por la Comunidad, junto con otras figuras. Hoy es difícil encontrar sus obras, pero la lectura de los extractos que todavía pueden leerse por Internet, deja sensaciones encontradas, siendo el balance final que no se llega a ninguna parte con esas obras, por más que estén llenas de referencias escatológicas; es una sensación similar a la que queda tras ver o leer tantas interpretaciones sobre el Apocalipsis, lo que nos lleva a advertir una vez más que quien no tenga carisma de interpretación no debe aventurarse en tal tarea, mucho menos si no hay un espíritu verdaderamente marial. A este Raoul Auclair, que luego se integraría en el grupo como religioso, (caso que recuerda al de Jacques Maritain autor que en la ancianidad entró en orden de reciente fundación) la fundadora lo alababa mucho, diciendo que había recibido el don de conocimiento de las escrituras, que habría recibido ¡cuando estaba en la terraza de un café de Marsella!

Y la nota final es el nombramiento de un rey de Francia en la persona de Marc Bosquart, muy en la línea de usurpación de todo honor, que fue colaborador de la fundadora y autor de varios libros de supuesta teología.

Andre I, falso rey de Francia coronado en LacEtchemin


20.1.18

Una cosa es la premonición y otra su interpretación

Profecías y premoniciones, aun cuando sean verdaderas requieren de interpretación, igual que los sueños proféticos. A menudo ambos carismas, profecía e interpretación van separados, como encontramos tantas veces en la Biblia, por ejemplo en el sueño tenido por Nabucodonosor interpretado por Daniel, o en la profecía de que el Mesías nacería en Belén y la mal interpretación dada por los judíos en su ignorancia acerca de que Jesús no podía ser el mesías porque según ellos creían había nacido en Nazaret.
Un episodio de nuestra cultura muestra las paradojas de las premoniciones que pueden ser bien o mal interpretadas, en este caso que traemos escrito en el diario ABC, dos lo son bien interpretadas pero no aceptadas y otra es malentendida:
 
«Ha habido en la historia del toreo muchas cuadrillas de leyenda, muchos banderilleros famosos, y algunos acabaron por convertirse en matadores de renombre. Pero ningún banderillero ha alcanzado la condición mítica del valenciano Enrique Berenguer, Blanquet. Fue el peón de confianza de Joselito el Gallo, el hombre a quien nunca pudo un toro, pero a quien un toro terminó matando en una de las más célebres tardes de tragedia en la historia de la tauromaquia. Tan gran peón fue Blanquet, y en tanta consideración lo tenía Joselito, que en más de un festejo se puso a sus órdenes en el tercio de banderillas, como homenaje, y ofició de peón de su peón». Son palabras de Carlos Marzal en un artículo publicado en ABC en 2010.
Cuenta la leyenda que Blanquet (1881-1926) era un hombre muy supersticioso, con un «don» que daba mal fario: cuando olía a cera, la muerte estaba cerca. Eso mismo ocurrió la trágica tarde del 16 de mayo de 1920, cuando el toro «Bailaor» mató a Joselito en Talavera de la Reina. Dicen que el subalterno olió a cera derretida en el patio de cuadrillas y advirtió a José Gómez Ortega de que no toreara. El maestro hizo caso omiso y salió al ruedo: el quinto de la tarde le propinaría una cornada mortal.
Podría ser una casualidad, pero lo cierto es que la historia se repitió dos años después, cuando actuaba a las órdenes de Manuel Granero. Corría otra vez el mes de mayo, esta vez en Madrid. Cuando se dirigía a la plaza, el matador paró el coche de caballos para hacerse una foto. En ese momento percibió un tremendo olor a cera y le dijo a Granero que no torease. El espada se lo tomó a risa. Cuenta el boca a boca que Blanquet le espetó: «Manuel, esta es la última foto que te haces». Y lo cierto es que el toro «Pocapena» acabó con la vida de Granero. Hemingway explicaría en «Muerte en la tarde» que no vio nunca una muerte más terrible.

Espantoso olor a cera

Y como no hay dos sin tres, la tragedia merodeó de nuevo... «Aterrorizado por su don de profecía, Blanquet se retiró de los ruedos, hasta que Ignacio Sánchez Mejías lo convenció para que regresase como su peón de confianza -dice el artículo de Marzal en Estampas Taurinas de ABC-. Blanquet terminó por aceptar, bajo el juramento de que si volvía a oler a cera, el maestro no torearía. El aguerrido Ignacio le dio su palabra de honor.
El 15 de agosto de 1926, Sánchez Mejías toreaba en la Maestranza. Estando en el callejón, Blanquet adivinó de nuevo en el aire un espantoso olor a cera. Al parecer se produjo un altercado entre Blanquet, Sánchez Mejías y el resto de la cuadrilla, cuando el peón valenciano trató de que Ignacio no saltase al ruedo. El caso fue que Sánchez Mejías incumplió su palabra, hizo su faena con extrema precaución y la tarde acabó sin percances, entre burlas de los compañeros de Blanquet...»
Sánchez Mejías salió por su propio pie del coso maestrante. Pero cuando se dirigían hacia su compromiso del día siguiente, Blanquet murió en su asiento del tren de un ataque al corazón. El olor a cera había anunciado esta vez su propia muerte.
La siguiente década, la de los 30, llegaría el llanto por Ignacio, el mismo que había velado la muerte de Joselito y que también había tenido a Blanquet en sus filas. La muerte le esperaba en las astas de «Granadino».

3.12.17

Los dos corazones. Consecuencias globales de las no consagraciones.



Sor Lucía de Fátima y Santa Margarita María de Alacoque tienen un vínculo como mensajeras del Corazón de Jesús y del Corazón de María, con sendos mandatos divinos para la consagración de Francia al Sagrado Corazón en 1689 y de Rusia al Inmaculado Corazón en 1929.
Ambos mandatos divinos fueron desestimados. La relación entre ambos nos hubiera pasado desapercibida, si el mismo Jesús no se la hubiera revelado a sor Lucía en 1931. Tras años de ser pedida en vano la consagración de Rusia, el Señor dirá en 1931 a Sor Lucía, que se encuentra enferma en Rianxo, Pontevedra:
“Me consuelas mucho y pides la conversión de Rusia, España y Portugal. Pídela también a mi Santa Madre.
Advierte  a  Mis  ministros,  visto  que  siguen  el  ejemplo del Rey de Francia en el retraso de la ejecución  de  mi  pedido,  que  lo  seguirán  también  en  su  desgracia.  Nunca  será  demasiado  tarde para recurrir a Jesús y María”.
La petición a que hacía referencia el Señor no era otra sino la petición de su Madre, que como no podía ser de otro modo, El la tenía por Suya, pedida con estas palabras en una visión de 1929:
"Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarlo por este medio. Hay tantas almas que la justicia de Dios condena por los pecados cometidos contra mí, que vengo a pedir reparación. Sacrificarse por esta intención y orar”.
El mensaje del Señor a sus ministros era de 1931, se entiende que a todos, pero siendo dado en España, es obvio que estaba anunciando algo muy grave si no se obedecía el mandato de Consagración, y ese algo muy grave sería realizado: el martirio de seis mil religiosos y sacerdotes españoles sólo 5 años después.
Este correlato parece que nunca hasta ahora había sido hecho público.
Se hace claro también que igual que hay ese nexo divino de unión entre el Corazón de Jesús y el de la Virgen, lo hay entre las fallas de consagración, de Francia y Rusia, porque en efecto la revolución rusa que castigó al mundo y a España, es el eco de la revolución francesa.
Yendo atrás en el tiempo, otra vidente Santa Margarita María de Alacoque hará llegar a Luis XIV el pedido divino de consagración de Francia al Sagrado Corazón; en realidad no consta que le llegase, porque la santa de Paray le monial, había escrito a su antigua superiora la madre Saumaise, para que hiciese llegar el mensaje al Rey por medio de los eclesiásticos próximos al rey como su confesor el jesuita padre La Chaise. Pero sí puede decirse que tuvo que llegarle al Rey el mandato, porque su desgraciado nieto y sucesor Luis XVI, hizo tardíamente esa consagración estando en prisión condenado a muerte, que no impidió su ejecución.
Los términos del mandato divino al Rey de Francia fueron estos:
"Díle al hijo mayor de mi Sagrado Corazón (por lo tanto, al rey Luis XIV) que, como su nacimiento temporal se obtuvo por la devoción a los méritos de mi santa infancia, así él obtendrá el nacimiento de la gloria eterna mediante su consagración a mi adorable Corazón, Mi Corazón desea reinar en su palacio, ser pintado sobre sus estandartes y grabado en sus armas para hacerlos victoriosos sobre todos sus enemigos y todos los de la Santa Iglesia. Mi Padre quiere usar al Rey para la ejecución de su proyecto, que es la construcción de un edificio público donde la pintura de mi corazón se colocaría para recibir el homenaje de toda Francia".
Santa Margarita explicará el fin de esa consagración:
"El Padre eterno, queriendo reparar la amargura y la angustia que el adorable Corazón de su Hijo Divino ha recibido en la casa de los príncipes de la tierra, entre los insultos y humillaciones de su pasión, quiere establecer su imperio en el corazón de nuestro gran monarca, del que quiere servirse para la ejecución de su plan, que es hacer un edificio donde se colocará una pintura de este Divino Corazón, para recibir la consagración y el homenaje del rey y toda la corte.
Además, este Corazón divino quiere hacerse protector y defensor de su persona sagrada contra todos sus enemigos. Es por eso que lo eligió como su fiel amigo, para hacer autorizar la Misa por la Santa Sede Apostólica, y para obtener todos los demás privilegios que deben acompañar a la devoción de este Corazón divino.
Es a través de este Corazón divino que El quiere repartir los tesoros de sus gracias de santificación y la salvación mediante la difusión de sus bendiciones a todas sus empresas, dando un éxito feliz de sus armas, haciéndole triunfar sobre la malicia de sus enemigos".
Hay que tener en cuenta la realidad de Luis XIV en ese momento, que vivía la era dorada de su hegemonía, victorioso en muchos frentes, pero cuya vida moral era muy impura (numerosos hijos naturales), que hizo el mayor derroche de lujo en la historia moderna, y por si fuera poco consideraba positivo el avance de los turcos sobre la Europa cristiana porque debilitaba a sus adversarios, las otras potencias cristianas de la época que tenían frontera con los otomanos.
Para mejor comprender el modo de lo que Dios quería, hay que saber que desde los tiempos más remotos Francia siempre había tenido un estandarte sagrado, depositado en el santuario de Saint-Denis, a la sombra de los santos protectores de Francia, que se sacaba de tiempo en tiempo, cuando el rey se ponía a la cabeza del ejército y que se colocaba en la hora de los peligros supremos. El estandarte representaba el alma religiosa de Francia, y flotaba entre los estandartes nacionales como una oración.

Un estandarte de este tipo le fue dado por Dios a Santa Juana de Arco. Él había prescrito su forma y sus emblemas, y así le había comunicado las virtudes que llevaron a la agotada Francia a triunfos inesperados. En 1689, Dios le preguntó al Rey y a Francia, a través de Marguerita-Maria, algo similar: un estandarte sagrado que era un acto de fe, y que, al aparecer junto a la bandera nacional, indicaría que, más alto que la valentía proverbial de sus hijos, Francia se ponía bajo el apoyo y la bendición de Dios, como en la historia bíblica.
El mandato fue hecho el 17 de junio de 1689 y justo ese día, cien años después,  la asamblea nacional francesa iniciaba la toma del poder, que acabaría con la monarquía e iniciaría el proceso de desgracias conocidas por la historia.
17 de junio de 1689: El mensaje permaneció sin respuesta de Nuestro Señor Jesucristo a Luis XIV;
17 de junio de 1789: el tercer estado insurgente proclama la Asamblea Constituyente y lleva en la sangre y el terror a la monarquía francesa.
En cuanto a la orden de los jesuitas, que había sido especialmente elegida para difundir la devoción al Sagrado Corazón y transmitir a Louis XIV el gran proyecto a través del jesuita padre La Chaise, la orden fue abolida en Portugal en 1759, Francia en 1764 y en España en 1767. Además, fue disuelta por el Papa Clemente XIV en 1773.
También debe recordarse que Luis XIV, tuvo que dejar de comandar sus ejércitos, su familia fue diezmada, desde 1708 hasta 1712, en menos de cuatro años, el rey Luis XIV perdió a sus tres sucesores.
Aunque parte de los deseos de Nuestro Señor se ha realizado (levantar una iglesia nacional: la del Sagrado Corazón de Montmartre), no es lo mismo para otras peticiones: la consagración de Francia, por sus líderes al Sagrado Corazón de Jesús, y mucho menos poner este Sagrado Corazón en los estándares.
Dilatada la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de Jesús y de María, por analogía se teme que Dios permita para su Iglesia el mismo castigo que se reservó en 1789 a la monarquía francesa y que parece hoy en plena ejecución. Y si bien el 7 de julio de 1952 el Papa Pio XII publicó la Carta Apostólica Sacro Vergente anno, consagrando a Rusia al Inmaculado Corazón, esta consagración no cumplía con las condiciones establecidas, ya que Pío XII no hizo referencia a la devoción reparadora de los cinco primeros sábados del mes y que era, también, contribuir a obtener de Dios el milagro de la conversión de Rusia; pero, sobre todo, no había ordenado a todos los obispos del mundo católico que se unieran a él en un acto público de reparación y consagración.
La hermana Lucía le escribirá a un corresponsal: "... También le agradezco el recorte de periódico que informa sobre la consagración de Rusia, y lamento que no se haya hecho como lo había pedido Nuestra Señora. ¡Paciencia! ... Esperemos que Nuestra Señora, como buena Madre, se digne aceptarlo".