9.10.06

Contraste con la fe y la práctica sana de la Iglesia

De las relaciones con Dios, la Virgen, Jesús y los ángeles y santos, surgen conocimientos que van más allá de la Fe dogmáticamente definida y también más allá de un cierto falso sentido común que no pertenece a esa fe, pero que a veces pasa por legítimo; desde este falso sentido común, que es una ilusión de falsa certeza, sale una censura y decretos prejuiciales, que es común tanto en la iglesia como fuera de ella; pero además si es en la iglesia, todo prejuicio humano se presenta como revestido de autoridad sacral, y de ahí mucho más difíciles de combatir.
En la iglesia ocurre igual que entre los judíos del tiempo de Jesús, mezclan verdades divinas con prejuicios humanos y le dan a todo el mismo valor.
Se utiliza la definición eclesial como lo único a entender y creer y saber, sin tener en cuenta que la Verdad de Dios está ante todo. Y confiados en la decisión eclesial a veces se atreven a ir contra lo querido por Dios, sólo porque determinada acción divina no ha sido oída anteriormente, en palabras o en hechos (cómo se van a enterar si la censura ha actuado), y entonces se atreve a juzgar que Dios no puede manifestarse de ésta o de aquella forma, tomándolo por aberración del beneficiado místico. Por ejemplo, entienden que un ángel o la Virgen María no podrían dar la comunión porque eso sería propio sólo de un sacerdote, o de que si hay torsiones inverosímiles en partes del cuerpo en estado místico, eso sería indicio maléfico.
Pero mientras lo que suceda en la experiencia mística no vaya contra la fe y la práctica de la iglesia sana y bien establecida, nada en ella puede ser objetado.
Ya tenemos bastante con la fe desnuda, dicen, pero eso será para algunos atletas de la fe, el pueblo necesita de ayudas directas de Dios, ay de él si todo el alimento que tuviera consistiera en los sermones dominicales, si tienen un sacerdote espiritual muy bien, pero esto es una rara excepción. Por lo general, los sacerdotes no tienen libertad para hablar, hablan siempre dentro de un guión que no los haga sospechosos a las altas esferas, que tienen poder para quitarle de enmedio.
Pero tanto hay creencias falsas fuera como dentro de los grupos de experiencia mística. En el caso de los grupos “internos” a menudo se desarrollan interpretaciones falsas, simplemente humanas, de textos del evangelio (como ocurre igualmente fuera de ellos) y claro está de las palabras del Cielo que oyen inmediatamente; en los grupos internos se generan creencias falsas igual que en los grupos de fundamentalismo eclesial, y en este caso creen que como han recibido algunas inspiraciones especiales, todo cuanto se les ocurra ya es de garantía divina (por ejemplo, la creencia de que si una persona está en éxtasis no puede pecar en ese estado, y vaya si puede pecar, por ejemplo desconfiando de que sea el Cielo quien le habla); todavía peor es cuando los grupos de relación mística entran en creencias de elegidos, de más perfectos, salvados, etc. -y eso es facilísimo que ocurra- y que se encuentran por encima del común de los creyentes o de las gentes, entonces es prácticamente segura la génesis de creencias absurdas, torpemente fanáticas e incluso de promiscuidad sexual, como les ocurrió a los alumbrados de Llerena (Badajoz) en el s. XVI.
La ascensión es querida por Dios, más aún, es necesaria, porque si no hay profecía, el pueblo degenera, pero los que quieren subir deben cuidarse mucho de la jactancia y pedir humildad todos los días, si no quieren caer y hacer cosas que a nadie en su sano juicio natural se le ocurriría. Y por otro lado, si no hay ascensión, sino quedarse en los inicios, entonces incluso si se mantiene la pertenencia a grupos de fe, si cae en el rigorismo, y en la práctica de deberes sin corazón.
No hay posibilidad de ascender y no caer, y tampoco de mantenerse en la “zona segura” de los inicios sin caer en el fariseísmo, si no hay dirección expresa de María Santísima. Si es posible iniciarse en la comunión divina sin María, nunca se puede mantener el camino del ascenso sin Ella, o con una mera devoción o amor difuso, enredado en confusiones de si Jesús debe estar más arriba, más abajo, o si María más arriba o más abajo que su Hijo. Recuerdo a este respecto un sermón en plena fiesta mayor de un santuario mariano, donde el sacerdote echaba en cara a los asistentes el que colocaran a la Virgen por encima de Jesús. Ya el sentimiento de caminar con Jesús porque María sería “menor” cierra por completo las vías del camino superior, y lleva a un fin de la vida en extremo penoso, angustiado y de incierta salvación.

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