8.10.07

Una santa sin dotes místicas, santa Bernardette Soubirous

La mística no es un fenómeno positivo sin más, ni mucho menos se puede decir con Rahner que el cristiano del futuro será místico o no será cristiano. Yo huiría del cultivo místico en sí mismo, huiría del misticismo puro y duro programado y metodizado. Yo dejaría que el Cielo constituyese el programa, las experiencias, las sensaciones, "hágase tu voluntad".
Juan Martin Velasco en su libro Mistica y humanismo (Sal Terrae, creo) hace una propuesta hoy en boga, rahneriana, la apología de la mística como factor humanizador. La matriz intelectual filosófica genera siempre proposiciones ambiguas, ciertas y falsas a la vez, ciertas en un sentido y falsas en otro. La mística no puede ser objeto de programa, los estudios místicos además han sido ocupados por contrarios a la verdad de la acción divina.
Un ejemplo, mucho más claro que lo que llevo escrito, es la experiencia de Santa Bernardita, en un episodio poco conocido de su vida, ya fuera de Lourdes en el convento de Nevers, incapaz de oración metódica, la más incapaz del convento, tanto que la superiora llegó a decir que no tenía dotes místicas.
Igualmente, una hermana de santa Teresita de Lisieux, que dedicaba varias horas diarias ante el sagrario, no podía reprimir la frustración de ver que toda su dedicación espiritual no le había llevado a la condición excelsa que tenía santa Teresita, con muchas menos horas de oración.
Sin simplicidad, si no os haceis como niños... no hay mística que valga. Manifestaciones extraordinarias... por qué se hacen problemas con eso. Si Dios actúa ya no hay distinción entre extraordinario u ordinario, esto son categorías de lenguaje humano, que no valen nada. Cristo habitando en el alma, siendo uno solo con el cuerpo y el alma, ¿cabe algo más extraordinario, y a la vez tan recogido, tan imperceptible, tan de todos los días? Sí, Dios anda entre los pucheros, y entre los pliegues de nuestro interior, y lo nuestro sí que es extraordinario, el que seamos tan torpes para captar la divinidad; ésta sí que es una ascética y una mística que hay que practicar, pedir de continuo para que Jesús no quede imperceptible para nosotros y podamos tener una vida plena con El.

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