17.2.08

El gran malentendido sobre Dios y el sufrimiento

Este gran malentendido que se da entre los supuestamente más adentrados en la relación con Dios es considerar en medio de sus padecimientos que éstos sean el resultado del querer del mismo Dios. Esta es una falsa interpretación a partir de enseñanzas en grupos selectos y de textos de místicos, como si el sufrimiento fuera querido por Dios para alguna finalidad oculta de sus santos juicios. y peor aún que fuera enviado por él mismo; el silogismo es perverso y profundamente salido del enemigo del alma: si Dios lo puede todo y no impide el sufrimiento, aun cuando no puedo dudar de su justicia por cuanto creo en El, es El el último responsable y el causante de mi sufrir (aun cuando se retuerce todavía más el pensamiento interno considerando que además Dios envíe el padecimiento por nuestras culpas). La persona de oración sufre por esto y se van minando sus fuerzas y alimentándose rencor hacia Dios de una manera oculta y velada (nunca se acusaría a Dios abiertamente, sino que viene sugerido en nuesto interior y simulando además humildad ante los demás, cuando se les dice cosas como por ejemplo "es que es la voluntad de Dios").
Pero nada de eso es cierto, una cosa es que Dios en su misericordia se sirva de todo, hasta del padecimiento, para llevar el bien a sus hijos, y otra muy distinta que El quiera directamente el sufrir, por mucho que nos justifiquemos en sus arcanos juicios.
Pensar esto, darle pábulo en nuestro interior, y encima considerar que eso es finura espiritual es una necedad y peor aún, soberbia, pues se trata nada menos que creer que se conocen los designios divinos (saber tanto como Dios) y es una reproducción de la verdad narrada en el Génesis: ser como dioses, esto es, conocer los juicios de Dios infinito, y hacerle culpable del mal en el fondo; o sea el perfecto triunfo infernal disfrazado de excelsa inteligencia espiritual. Y cayendo en esto además se escandaliza: cuántas veces no han tronado contra las personas de devoción por dar a entender que Dios quiera el sufrimiento, que busca la inmolación de sus hijos.
Los padres humanos no son más que Dios Padre, lo que no quieren los padres naturales, imagen de Dios, no puede quererlo el Padre. Son los enemigos, los seres humanos, con o sin demonios, los que procuran el sufrimiento, los que gozan con el sufrimiento, unas veces a consciencia y otras inconscientemente (una simple mirada puede hacer mucho daño y cuántas malas miradas se reciben).
Dejemos ya de acusar a Dios, reconozcamos su misericordia en cómo sabe ingeniarse para sacarnos de tantos padeceres, de tantas impotencias en las que nos hemos visto sumergidos. Pero tampoco nos fabriquemos un Dios a la contra, con ese "todo el mundo es bueno" de tanta teología de la falsa compasión englobadora de los buenos y los malos; Dios se enfrenta a los malvados y consigue darle la vuelta a su maldad, que es lo que nos da la esperanza.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La persona que piensa que Dios es el permite su sufrimiento sin duda
quiere entrometerse en las decisiones de Dios. Eso no esta bien. Esta persona debe experimentar el cristianismo,
y si como resultado de esa experiencia lo unico que tiene es sufrimiento, enfermedad y derrota, es decir no tiene la vida abundante que Jesus prometio, lo que debe hacer es simplemente apartarse de la Fe Cristiana,
que otra posibilidad le queda?,
no puede acusar a Dios por sus penurias...
El evangelio va por un lado, y su realidad por otro..
No le parece?
Jose
aerospace_000@hotmail.com

Andres Luaces dijo...

Jesús fué el ejemplo del sometimiento al sufrimiento desde su nacimiento hasta su muerte, es decir desdde su persecución por Herodes hasta su desprecio en su vida Pública, por los Fariseos y los Doctores de la Ley que lo trataban de endemoniado, hasta su tremenda Pasión y muerte en cruz.

Su Stma Madre, la Corredentora fue igualmente ejemplo de padecimiento.

A algunas almas privilegiadas, que se ofrecen en holocausto para la salvación de sus hermanos, a ejemplo de esos corredentores, Dios les manda toda clase de pruebas y de sufrimientos, que sirven también para la Redención de muchos pecadores.

A otras almas que no se ofrecen Dios también permite toda clase de pruebas, acompañadas siempre de grandes consuelos por su presencia en estas almas. Esos sufrimientos, aceptados con resignación y paciencia, sirven también para la Salvación de muchos pecadores.