6.4.08

Ser místicos y no morir en el intento

Iniciar el camino de la fe y la relación familiar con el Señor es el deseo de quienes descubren a Jesucristo, por los caminos que sean: unos cursillos de cristiandad, una peregrinación de jóvenes a Roma, unos ejercicios espirituales, unas apariciones marianas, la asistencia a actos de culto y reunión de movimientos espirituales buenos.
Los impulsos primerizos son apoyados por Dios mismo, como no podía ser de otro modo, con toques de gracia que gratifican, primeros alimentos para que el novicio espiritual siga adelante.
Idealmente el novicio quisiera subir arriba sin dilación y dentro del espíritu de Simón Pedro "Daré mi vida por Tí, Señor". Pero con la presencia del Señor convive ese espíritu humano que puede resumirse en estos elementos: querer hacer las cosas por sí mismo, y tener una actitud de supuesta valentía espiritual y temporal, mantener el método de halagar a los principales de las organizaciones en que están, igual que hacen los del mundo normal, y sobre todo pensar que hay que ser "ejemplares", mostrar al mundo que somos buenos porque estamos con Dios, supuestamente con un fin también bueno, que es el dar ejemplo y ayudar a los de nuestro alrededor a ser como nosotros, seguidores del Señor.
Pronto comienzan los problemas, las desolaciones, que intentan ser explicadas de mil modos, que si tentaciones, que si debilidad humana, que si pruebas del Señor. Si no se ataja el mal a tiempo, llegará a acusarse al mismo Señor de querer nuestro mal quizá por alguna razón ocultísima para nosotros. Y se instala el cinismo en la vida cristiana, o si se es desvergonzado se subirá para tomar poder en la organización y así aliviarse de ser un don nadie, convirtiéndose en bombero pirómano, esto es, en un sujeto de pésima espiritualidad que está encargado de dirigir un movimiento espiritual.
Bueno, en todos los sitios hay corderos y cabritos y ninguna orden ni movimiento espiritual es óbice a esta ley general. Los corderos sufren por los cabritos y es cuando el Señor y su Mamá se compadecen de ellos, nunca hay mal que por bien no venga.
Lo ideal es que no entren cabritos, pero esto parece imposible, entran de todas todas, y en cierto sentido es bueno, porque cumplen una función, la de acreditar el mérito de aquellos a los que hacen sufrir.
Podríamos establecer estos principios dirigidos a los corderos (a los cabritos no hay manera de que aprendan porque no quieren) para evitar la desolación destructora, que no es sino sufrimiento infligido por el demonio para lijar el orgullo que se infiltra so capa de espiritualidad.
Primero, mucho cuidado con la prepotencia simoniana: la falsa omnipotencia amorosa, daré mi vida por Tí, porque la fuerza reside en mí. Recorreré el mundo, haré lo que sea, salvaré a los hombres, por una doble imposible divinidad, la Tuya y la mía.
Segundo, cada acción debe cuidarse que sea de voluntad divina y por tanto hay que averiguar esa voluntad, poniendose en clima de agrado al Señor, oración para pedir humildemente saber esa voluntad.
Tercero, los dirigentes valoran a los que hacen mucho, fomentan el activismo y lo vinculan a una elevación-marginación según la actividad. Pero cada uno tiene sus capacidades. Es necesario resguardarse en Nuestra Señora, para evitar la desgracia del titanismo. Cierto religioso ya en sus 80 años pero todavía activo era envidiado y atacado por sus correligiosos, porque nunca había salido de España, y aquellos habían estado dando tumbos por todo el mundo, sufriendo calamidades de mil modos. No sabían que aquella vida tranquila y sobre todo su devoción que contrastaba con el cinismo de sus compañeros, fue decisión y regalo por su amor a María.
Así, pues, sin protección de María, se cae en lo peor de lo peor.
Se llega a Dios, por Jesús, o por María, primero por Ella o luego por Jesús, pero ambos deben ir indisolublemente unidos e nuestro corazón; es fácil, sobre todo con tanta enseñanza de implícita marginación, dejarla a Ella en la marginalidad espiritual; entonces es segura la desolación y una vida con un final infeliz. Porque no se ha hecho la voluntad de Dios que quiere que le demos tanto honor a María como El mismo le da, y que sea tan Madre para nosotros como para El.
Cuarto y último, subir en la obediencia a Dios lleva padecimientos, responsabilidades, fácilmente subimos los primeros estratos, luego empiezan las componendas y al final nos decidimos por una vida tibia, dejándole a Dios un espacio limitado estrictamente por nosotros, unos más otros menos, pero un espacio en cuarentena. Dios necesita de esa obediencia para llevarnos al estadio final que es el de la superación de la fase de crisálida desde la que empezamos; si no obedecemos (en el nivel estricto de voluntad divina, no de voluntad humana) nos condenamos a vivir permanente en fase de crisálida, y entonces todo tendrá que ser resuelto de manera mucho más dolorosa en el purgatorio.
Por eso no se aceptan las manifestaciones divinas, se pone en cuarentena a los profetas, se diseñan versiones humanas para la doctrina divina. ¡No somos nadie a la hora de hacer como que no vemos.! Entre 500 y mil pies de altura aceptamos el guión de vuelo, pero ni un pie más. Y junto a ello la divina comedia de hacer de sociedad perfecta y de miembro perfecto. Pues nada de eso, si queremos ser de Dios de verdad. Un saludo.

No hay comentarios: