19.5.08

La escuela del Sagrado Corazón

El Padre Hoyos, vidente del Sagrado Corazón en su Tratado expondrá las siguientes prácticas, perfectamente válidas e inmejorables hoy, para mejor vivir y transformarnos conforme al Sagrado Corazón:
PRACTICA DE ESTE SUAVISIMO CULTO, Y UTILIDADES QUE DE EL SE SIGUEN
Para acabar de conocer perfectamente la excelencia del sagrado culto del Corazón divino de Jesús, resta considerarle por los dos últimos respectos que propusimos arriba, y son: los ejercicios que en él se practican y le constituyen, y las maravillosas utilidades y frutos, que de él se siguen. Y porque la grandeza de éstos se conocerá mejor, explicando aquéllos, propondré primero el uso o práctica de este dulcísimo culto.
El culto, pues, del sacratísimo Corazón de Jesús puede ser interior y exterior. El interior consiste en el ejercicio de la memoria, entendimiento y voluntad acerca del mismo deífico Corazón. La memoria debe acordarse familiar, frecuente y amorosamente de este divinísimo Corazón y de sus admirables perfecciones. El entendimiento debe ejercitarse en el conocimiento de sus soberanas excelencias, pensando y penetrando bien cuánta sea su dignidad, su santidad y perfección, cuántos tesoros de gracias celestiales están depositados en este sacrosanto Corazón; cuánto padeció por la gloria de Dios y salvación de los hombres; cuán amado es de toda la Santísima Trinidad y, en fin, cuán digno sea de nuestra veneración y amor. Este conocimiento de la amabilidad del Sagrado Corazón de Jesús, que es el fundamento del culto que vamos explicando, se imprimirá en el alma con la meditación de sus infinitas excelencias, las que con este fin procuramos insinuar en el párrafo segundo, que podrán suministrar materia bien fecunda a las almas que tratan de oración.
La voluntad seguirá al conocimiento con los afectos que corresponden a la infinita excelencia de este Sagrado Corazón, a su dignidad suprema, a todas sus perfecciones, con una gran admiración, glorificación y alabanza al infinito amor para con los hombres, con amor ardiente y agradecido; y así otros innumerables afectos que el amantísimo Jesús se dignará infundir en nuestras almas. Y estando ciertos que no hay cosa más amada del Eterno Padre entre las criaturas que el Corazón sacrosanto de su Divino Hijo, nos valdremos del mismo Sagrado Corazón para hacer nuestras acciones más aceptas y agradables a la Divina Majestad, uniendo cuanto hiciéremos o padeciéremos con lo que hizo y padeció el mismo divino Corazón de Jesús. Por este dulcísimo Corazón podemos adorar, alabar, dar gracias, pedir beneficios y perdón de nuestras culpas; no dudando conseguirán el efecto deseado nuestras súplicas si nos valemos de este soberano Corazón para con toda la Santísima Trinidad; pues es el objeto de las complacencias de todas las tres divinas Personas; así lo practicaba y enseñaba el dulcísimo espíritu de San Francisco de Sales, como se puede ver en muchas de sus cartas espirituales. Finalmente, cotejando el infinito amor con que se abrasaba el Corazón de Jesús para con los hombres, con la ingrata correspondencia de éstos, y considerando que nosotros somos del número de estos ingratos, nos ejercitaremos en actos de confusión, dolor y arrepentimiento; y ofreceremos cuanto nos sea posible la enmienda, prometiendo reparar de nuestra parte las ofensas que ha recibido de nuestra ingratitud y de la de los demás hombres, particularmente en el Santísimo Sacramento. Este es el obsequio que el amorosísimo Jesús desea principalmente para su amante Corazón. Hasta aquí el culto interior.
El exterior consiste en todas aquellas piadosas acciones exteriores, que son señales del culto interior; como son las que frecuentemente vemos practicar a los fieles, es a saber: hacer novenas, adorar las imágenes, visitar templos, adornar altares o erigirlos, asistir a los divinos Oficios y frecuentar Sacramentos, limosnas, obras de penitencia, ejercicios de caridad, humildad y otras virtudes; ejecutando todo esto en honra del deífico y adorable Corazón de Jesús y en reverencia de aquellas virtudes que se hallaron en el divino Corazón en un modo indecible y sobre toda ponderación.
Pero particularmente y con especial devoción se deben practicar aquellas acciones que el mismo Jesús señaló en su revelación a la V. Margarita Hase pues de consagrar al Sagrado Corazón el viernes inmediato a la Octava del Corpus, empleando todo este día en los obsequios más propios. Débese considerar el fin, la razón y motivos que Jesús tuvo en la manifestación de este culto: para esto ayudará lo que dejamos dicho hasta aquí. La confesión de este día se ha de hacer con especial memoria y dolor de las irreverencias, tibiezas y pecados que en todo el año hubiéremos cometido contra Jesús Sacramentado. Hemos de comulgar con el extraordinario fervor de quien quiere compensar con aquella comunión las faltas de todas las demás. En la acción de gracias se ha de ejecutar lo que expresamente prescribió el amantísimo Jesús en la revelación referida: esto es, llorar con lágrimas nacidas de lo más íntimo del corazón y con un entrañable dolor las irreverencias cometidas contra el divino Sacramento, ofreciéndole aquéllas para lavar sus ofensas, y éste para reparar sus injurias.
Este día se visitarán más frecuentemente los templos, para suplir la negligencia de muchos cristianos que apenas entran en ellos sino compelidos por la Santa Iglesia. En especial se visitará cinco veces a Jesús en la Eucaristía: 1, en acción de gracias por la institución del Santísimo Sacramento; 2, por las muchas veces que le hemos recibido y, con él, innumerables beneficios; 3, en satisfacción de las injurias y sacrilegios cometidos por los herejes; 4, por las innumerables y gravísimas ofensas de los católicos; 5, por compensar la soledad que el Santísimo Sacramento tolera en tantos lugares, aldeas y aun ciudades de la cristiandad. Podrán añadirle, según la devoción de cada uno, oraciones, preces o afectos de alabanza del sacratísimo Corazón de Jesús, con otras obras de caridad, humildad, penitencia, etc., que son frecuentes para culto de otros misterios o festividades.
Puédese dedicar un día cada mes al mismo Sagrado Corazón, como lo practica toda la Orden de la Visitación a imitación de la V. Margarita (a quien mandó el mismo Jesús que así lo hiciese) , en que se hagan los mismos ejercicios de confesar, comulgar, etc. y puede ser el viernes primero de cada mes y aun de cada semana: pues vemos que hay día en todas las semanas consagrado a la memoria de la institución del Santísimo Sacramento de la Sagrada Pasión y de la Santísima Virgen. Algunos devotos del divino Corazón de Jesús no dejan pasar día, ni hora y, si pudiese ser, ni momento, en que no piensen, adoren y amen al Santísimo Corazón, en quien viven, respiran, duermen seguros y desean morir y descansar feliz y eternamente. ¡Oh! Imitemos a estos felices adoradores del Corazón amabilísimo de Jesús. Para confirmación de lo dicho, para autoridad del sagrado culto del Corazón de Jesús y para ejemplar de los ejercicios que pueden practicar sus devotos, se ponen aquí las devotísimas prácticas de algunas personas insignes en la santidad y en la mística, para que cada uno escoja las que le parecier y más devoción le causaren.
Práctica 1
Ludovico Blosio, de la esclarecida Orden de San Benito, tan célebre entre los místicos, dice así: “Encomienda tus obras y ejercicios al sacratísimo y melífluo Corazón de Jesús para corregirlos y perfeccionarlos”. Y en otra parte nos aconseja orar al Padre Eterno en esta forma: “Padre Celestial, yo os ofrezco en lugar de la sequedad fría y miserable de mi corazón, los ferventísimos deseos y el ardentísimo amor del Corazón amado de tu Hijo Jesucristo”. Y en otra exclama: “¡Ojalá este Corazón suavísimo, este ameno gazofilacio de la bienaventuranza sea mi consuelo y mi salud en la muerte, y después mi morada eterna!”
Práctica 2
Juan Lanspergio,de la Sagrada Religión Cartusiense, declaró con aquella insigne piedad que le mereció el renombre de Justo, su sentir acerca del culto del Corazón de Jesús; pues tratando de él de propósito, dice así: “Procura ejercitarte y frecuentar con piadosa devoción el culto del piadosísimo Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, copiosísimamente comunicativo de amor y misericordia; besándole y entrándote en él espiritualmente. Cuanto pidieres, pídelo por este dulcísimo Corazón, ofreciendo por él tus ejercicios; porque es el tesoro de todas las gracias, y la puerta por donde nos llegamos a Dios y Dios a nosotros. Pon alguna imagen del Corazón de este Señor en algún lugar por donde has de pasar frecuentemente, para recuerdo e incentivo de tu amor. ... Conviene, y es ejercicio muy piadoso, rendir devotos obsequios al Corazón de Jesús; en el debes refugiarte en todos tus trabajos y peligros: pues en él hallarás consuelo y gracia; y cuando te desampararen y engañaren todos los corazones de los mortales, está seguro que este fidelísimo Corazón no te dejará ni te engañará”.
Práctica 3
El Padre Diego Alvarez de Paz, de la Compañía de Jesús, tan conocido de todos los hombres espirituales por sus copiosos y devotísimos escritos en la Teología Mística, después de haber explicado las virtudes del Corazón de Jesús, dice así: “Procurarás entrar en el Corazón de Jesús y considerarle atentamente para formar tu corazón a su semejanza. Este Corazón santísimo es el camino para la mansión eterna, que es la Divinidad de Cristo; es la puerta por donde entramos a contemplar al mismo Dios. ... ¡Oh Salvador de los hombres, Cristo Jesús! Abridme, Señor, vuestro Corazón, puerta de la vida y fuente de agua viva, para que me entre por el conocimiento de vuestra Majestad y para que beba por el mismo divino Corazón el agua de la verdadera virtud, que apaga toda la sed de las cosas temporales”.
Práctica 4
Quejábase aquella regalada Esposa del Corazón de Jesús, Santa Gertrudis, de las distracciones que padecía en su oración, cuando se le apareció su divino Esposo, quien para consolarla, descubriendo su Deífico Corazón, la dijo: “Ves aquí mi Corazón dulcísimo, órgano de la Veneranda Trinidad: póngole delante de tus ojos, para que confiadamente le encomiendes todas las cosas, que por tu fragilidad no pudieres cumplir; que él suplirá tus faltas; y así aparecerán todas tus obras muy perfectas delante de mis ojos. ... En adelante siempre te asistirá mi Corazón y estará pronto en cualquiera hora para suplir tus negligencias”.
Práctica 5
Aquella heroína de la gracia, la V. M. María de la Encarnación, a quien la Francia justamente da el renombre de otra Santa Teresa, honor de las Madres Ursulinas y apóstol de las Islas Canadas, adonde navegó por revelación divina y orden de sus superiores y fundó un Monasterio para educación piadosa de las niñas gentiles; esta prodigiosa mujer descubre una excelente práctica al Corazón dulcísimo de Jesús, enseñada por el Padre Eterno. Pidiendo, pues, una noche al Eterno Padre la dilatación de la fe, y sintiendo que a su oración, aunque agradable a los divinos ojos, la faltaba alguna cosa para ser despachada favorablemente, y suplicando humilde y fervorosamente la diese su Majestad a conocer lo que la faltaba, sintió de repente un rayo de divina luz, a que se siguió esta voz:: “Pídeme por el Corazón de mi amantísimo Hijo Jesús: por este Corazón te oiré y por él alcanzarás cuanto me pides”. Desde esta hora se encendió su alma en tanto amor del sacrosanto Corazón de Jesús, que ni hablar ni vivir podía sino por él: y todos los días de su vida, si no forzada de alguna urgencia inevitable, no dejó de practicar la siguiente devota forma de pedir al Padre Eterno por el Sagrado Corazón de su Unigénito.
“¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad: por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que voluntariamente ciegos no quieren conoceros: por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad las obligaciones que os tienen todos los hombres. Doy vuelta con el pensamiento a todo el mundo, buscando las almas redimidas por la preciosa Sangre de mi Esposo, para satisfacer por ellas a Vuestra Majestad por medio de este Sacrosanto Corazón: a todas abrazo, y os las presento por el Corazón de Jesús: pido a Vuestra Majestad la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. ¡Ah! No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús! Haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Estáis viendo, Padre Divino, que muchas almas están ciertamente muertas; ¡Ah¡ Haced, os ruego encarecidamente por este divino Corazón de Jesús que, finalmente, empiecen ya a vivir. Presento a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos NN. (aquí se pueden poner los nombres de los que fueren de la devoción de cada uno): pídoos por mi divino Esposo que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente”.
Después, dirigiendo su oración al mismo Verbo Encarnado, proseguía en esta forma: “Bien sabéis vos, amado mío, todo lo que deseo decir a vuestro Padre por medio de vuestro divino Corazón; y que cuando hablo así a vuestro Padre, también hablo con Vuestra Majestad; porque vos estáis en el Padre y el Padre en vos: perfeccionad, pues, con él todos mis deseos. ... ¡Oh mi Divino Esposo! ¿Qué volveré a Vuestra Majestad por los innumerables beneficios, que de vos he recibido? Quiero daros gracias por medio de vuestra divinísima Madre. Yo os ofrezco el Sagrado Corazón de vuestra santísima Madre en la forma que ofrecí el vuestro al Eterno Padre. Por este sacrosanto Corazón de vuestra Madre abrasado en tanto amor de Vuestra Majestad, os amo; os ofrezco en acción de gracias los sagrados pechos que mamásteis, y el seno virginal en que quisísteis habitar, por todos los beneficios recibidos, por la enmienda de mi vida, y santificación de mi alma. En fin, me vuelvo a la Santísima Virgen y la digo cuanto me sugiere mi afecto”. Hasta aquí la práctica de la V. Madre María de la Encarnación.

Práctica 6
No era justo omitir la práctica que se puede sacar de una admirable revelación que, entre otras, hizo el dulcísimo Jesús a la V. Margarita de Alacoque, a quien quiso el Señor tomar por instrumento para excitar en estos tiempos el culto de su divinísimo Corazón. Escribiendo, pues, esta esclarecida Virgen a su Director, le dice así: “Un día de San Juan Evangelista, después de haberme hecho mi amantísimo dueño un favor, casi del todo semejante al que hizo en la última Cena a su Amado Discípulo, me puso delante aquel su sacrosanto Corazón, que difundía rayos de maravillosa claridad por todas partes, transparente como un tersísimo cristal y elevado en un trono de fuego y llamas. Descubríase distintamente la llaga que hizo en él la lanza: estaba ceñido de una corona de espinas; en la parte superior se ostentaba la cruz. Estas insignias de la Pasión significaban (según me declaró Jesús) que todo lo que padeció el Señor para salvarnos, fue por amor. Entonces añadió el amantísimo Jesús que deseaba vehementemente ser correspondido de los hombres con amor y que, movido de este deseo, había determinado manifestarles su Corazón y abrirles este tesoro de amor, de misericordia y de todas las gracias conducentes a su salvación y perfección. Que su fin era que todos los que quisiesen rendir la reverencia y amor debido a este sacrosanto Corazón, fuesen partícipes de las infinitas riquezas138 que estaban depositadas en él. Afirmó que el particular culto a su divino Corazón le era sumamente agradable. Y así, que también quería que la imagen de su Corazón, perfectísimamente delineada, se expusiese a vista de los fieles,139 para que con tan amable objeto se ablandase la dureza de sus corazones. Ofrecióme Jesús que todos cuantos reverenciasen con especial culto la imagen de su Sagrado Corazón, serían colmados de celestiales dones, que dimanarían de la plenitud de su divinísimo Corazón”.
De todas estas prácticas se puede aprender el modo de ejercitarse útilmente en este sagrado culto; como también se puede sacar de esta última, cuán provechosa sea a los fieles y cuán grata al divino Corazón la veneración de sus imágenes,140 pues con tales premios promete remunerarla.
Explicados ya los ejercicios que constituyen el culto del Corazón de Jesús, se dejan ver claramente las virtudes y frutos que de él se siguen en bien de las almas.141 Porque ¿qué mayor utilidad que el ejercicio de tantas heroicas virtudes, que en ningún otro culto se verán más frecuentemente practicadas? ¿Qué cosa más útil a las almas que ejercitarse continuamente en la adoración de Jesús, en la acción de gracias, en el sentimiento de las divinas ofensas, en la confusión, en el arrepentimiento, en el dolor de los pecados, en visitar los templos, en frecuentar los Sacramentos, en celar la mayor gloria divina? Y en una palabra, ¿qué mayor utilidad de las almas que corresponder al amor infinito, con que aquel sacrosanto Corazón nos ama, y reparar sus ofensas con cuantos obsequios puede inventar la piedad cristiana? Pues la práctica de tantas virtudes ¿qué frutos no tendrá en los fieles y en toda la Santa Iglesia? Serán sus frutos el enriquecer las almas con soberanos dones, el reformar las costumbres estragadas y el encender el fuego del amor divino, resfriado en los mortales. Estos son los frutos profetizados por Santa Gertrudis, cuando dice que el manifestar las excelencias del Corazón de Jesús estaba reservado por la Divina Providencia para los últimos tiempos, como medio el más eficaz para renovar el mundo y encender en él el amor de Dios, que entonces se iría resfriando. Estos son, en fin, los frutos prometidos por Jesús a su Esposa Margarita en aquellas vivas expresiones: “Te empeño mi palabra, que mi Corazón se derramará en copiosos influjos de su amor, llenando de celestiales gracias a cuantos le rindieren este culto y procuraren que otros también se le rindan”.
Mídase ahora la excelencia de este culto por la de sus ejercicios, de sus utilidades y de sus frutos, y se entenderá la verdad de lo que no dudamos afirmar arriba, ni repetir ahora; esto es: que entre toda la variedad de solemnes cultos, que hermosean la Iglesia, no se hallará alguno más excelente, más noble y más sublime que éste del Corazón de Jesús, fuente de todas las gracias y de la vida. ¡Oh, si los que él mismo ha constituído por Pastores en su Iglesia trajesen a todas sus ovejas a beber las saludables aguas de esta dulcísima fuente!

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