1.6.08

Francisca Guillén: el Señor enseñando a los pobres

Francisca Guillén, nacida en las proximidades de Archena, fue una mística que sirvió de instrumento al Señor y a la Virgen para enseñar y curar a las masas de pobres campesinos en las primeras décadas del siglo XX, desde 1900 hasta 1932 en que murió misteriosamente, siendo joven todavía, asesinada según todos los indicios.
De condición pobre, inculta y además con cierto retardo mental, de la noche a la mañana se dedicó a enseñar, con palabras imposibles para su condición, atrayendo a cientos y miles de personas, congregadas en el campo. La impresión en la zona era muy fuerte, entraba y salía de la iglesia siempre de rodillas, como parte de su invitación a la penitencia. Fue en muchos aspectos una experiencia que precedió a las de Ezkioga y Garabandal.
El contexto era el de preparación para el gran martirio que se iniciaría en 1931. Cuando las fuerzas anticristianas hacían el gran proselitismo entre las masas campesinas y obreras, allí, en Archena, el Cielo actuó predicando a los pobres a través de una fuente afín a los receptores, una pobre mujer, en todo igual a sus compaisanos, a diferencia de la predicación oficial obra de los sacerdotes, personas fuera de la condición social y económica de los feligreses. No queremos decir que el Cielo pretendiese ninguna alternativa excluyente de los sacerdotes, sino que la completaba, desde sus signos sobrenaturales. Pero esto, como es demasiado habitual desgraciadamente no fue comprendido y enseguida se puso en marcha la celotipia característica de gobernantes civiles y eclesiásticos que decretaron la persecución, en concreto prisión y manicomio para la vidente, siendo muerto su hermano cuando quería defenderla de una detención nocturna, pugna en la cual murió también uno de los agentes de la autoridad.
Las multitudes quedaron sin su pastora celestial por esta ceguera de los gobernantes, casi siempre celosos enemigos de la mística, ya sea buena o mala, sin distinción, y en este caso sin atenerse a las evidencias de valor sobrenatural.
Los mensajes de Francisca incluían graves admoniciones a los sacerdotes, lo que provocó su rechazo, y también profecías cumplidas al pie de la letra, en concreto la propia guerra civil, anticipándose en treinta años a los mensajes de Ezkioga.
La muerte por asesinato, aunque oculto el hecho desde instancias oficiales, se prueba en que apareció muerta en el agua de una de las acequias de la zona, pero sin agua en los pulmones, y con las faldas cosidas por alfileres, seguramente para evitar su flotación y retardar su aparición en superficie. Esto sirvió para extender la especie de que se habría suicidado; se construyó un imaginario de malditismo sobre ella, basado en el primer pilar de la muerte del guardia por su hermano, del supuesto suicidio y de un tercer hecho, de una consulta incauta de un familiar a un espiritista que dijo que se la había llevado un mal espíritu.
Archena ha guardado la memoria de Francisca desde entonces, aunque clandestinamente, y sólo en la actualidad ha empezado a difundirse fuera del marco local.





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