6.8.08

¿Dios no tiene nada más que hablar?

Monseñor Amato prefecto para la congregación de los santos ha pronunciado una conferencia en el encuentro sobre Palabra de Dios y espiritualidad, parafraseó a San Juan de la Cruz afirmando que Dios lo ha hablado todo en Cristo y no tiene nada más que decir. Aunque también ha oficiado una misa en la tumba de la mística venerable Agreda, junto a otros prelados.
Como las expresiones humanas tienen siempre un problema de sí y no, encierran verdad absoluta y fallos interpretativos potenciales por los oyentes, conviene aportar algunas precisiones:
- El Padre ciertamente lo ha hablado todo en su Hijo, lo ha hablado todo tal como se refleja en el evangelio, y cuanto de ahí se deriva a futuro. El Hijo no es sólo una figura histórica, de modo que el valor sea solo para cuanto fue dicho históricamente, sino en perspectiva eterna que no conoce marcos temporales, fuera de la adecuación a los oyentes de cada época.
-El Hijo sigue hablando hoy, ayer y mañana, en cada actualidad, a los corazones, a la iglesia, cuando se exponen conclusiones a partir de la Verdad que es El. El Corazón de Jesús es manifestación del Señor, in nuce en el evangelio.
- Que Dios no tenga más que decir no implica que no pueda hablar con sus hijos, sino que no hay camino para llegar a El, sin engaños, sin confusiones, sin imposibles, que no sea el de Jesús. Y a Jesús por su Madre, elegida por su esposo místico, el Espíritu Santo.

Exponemos esto no porque pensemos saber más que un eminente prelado de la iglesia, sino por la facilidad que tienen muchos para tergiversar a partir de afirmaciones buenas, asentadas teológicamente, pero que conducen a error si se interpretan de forma unilateral, a lo humano, con restringido sentido espiritual.
Si sermones o conferencias objetivamente buenos no se acotan, quedan ambiguos al menos en la mente de los oyentes, que podrían por ejemplo, asumir que toda epifanía no evangélica a la letra es superflua o peor aún, falaz.
Es en cada época donde el Padre sigue hablando a través de su Jesús, de sus portavoces, para que el pueblo que yace en tinieblas pueda alcanzar la luz verdadera y no desmaye definitivamente.

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