17.12.08

El sufrimiento. Corregir la vision de su papel en la espiritualidad

Se inculpa a Dios del sufrimiento desde dos perspectivas: la primera acusatoria, Dios sería el culpable de todo lo que ocurre sin más; es propio de gentes que viven en la exclusión divina y cuando sufren buscan una causa y sabendo que es un sufrir muy motivado atribuyen a Dios lo que es de causa propia; y la segunda perspectiva es pseudomística: se sufriría sin más porque eso es necesario, conveniente, haría falta la kenosis, haría falta penitenciarse por todo y por nada, incluso cualquier sufrir seríaun don de Dios, dicen seguidores de algunas renovaciones espirituales.
Nos fijaremos en la segunda de las perspectivas. Y aplicaremos un principio básico: todo lo que sea dicho desde lo humano por más que se pretenda sacralmente fundado, es verdad a medias, ambiguo y por tanto mentira a medias o mejor doblemente mentira, porque se viste de ropaje sagrado para decir lo que es humano.
Primero, no se puede generalizar sobre el sufrimiento: hay sufrimiento malo, no querido por Dios, pero que la persona que se supone espiritual cree que de todos modos será imputable a Dios; no es así, la persona espiritual tendrá sufrimiento malo cuando todavía se le escapan muchas acciones que las hace por sí mismas, o desde un vademecum de consejas espirituales siempre limitado. Lo que hace por sí mismo se vuelve contra él de un modo u otro. Por ejemplo, San Pablo no hacía nada por sí mismo, siempre por indicación divina, en todo unido al querer de Dios; sus sufrimientos desde este orden eran buenos, aunque implicaran daño en la carne y en la psicología. Un sufrimiento será malo cuando resulta de actuar bajo el principio de la voluntad propia solo parcialmente unida a la divina.
Las personas que quieren ser espirituales tienen en su mayoría introducido en su formación un alejamiento de los oráculos como causa del imperio de lo ascético en los últimos siglos y la desconfianza hacia lo místico. Fían de guiar sus acciones por principios genéricos, pro repertorios de ideas que necesariamente están inadaptados a las personas concretas: por ejemplo, se dice "hay que hacer caridad y acumular actos de caridad, cuantos más mejor", implican desde luego una caridad sobre la carne sin más, aparentemente suena bien y parece estar descontado el querer divino, y ahí empieza la falsificación; toda acción de caridad debe ir tamizada primero por la prudencia, hay que estar seguro de que Dios lo quiere y hay que estar a la escucha de Dios y también el consejo humano de sabios o instrumentos desde los que Dios puede hablar.
Los principios genéricos espirituales como genéricos están bien, pero es la aplicación individual al caso concreto la que a menudo se da por sentada, y entonces tenemos voluntad humana actuando. Y entonces también sobreviene el sufrimiento, que no deja de ser bueno en un sentido y es en su valor corrector (pero una conciencia ignorante de esto seguirá haciendo actos sin examen previo del querer divino y por tanto seguirá obteniendo sufrimiento innecesario).
Dios no da ningún sufrimiento, sólo nuestros actos abren la entrada satánica que nos martiriza de mil modos, siendo nuestra la culpa de ese sufrir. Bien es cierto, que Dios en su misericordia sólo le permite actuar hasta un cierto punto, y bien es verdad que nuestro querer nunca se une del todo al de Dios en este mundo de donde resulta la infiltración del demonio. Pero entendámoslo bien, el sufrimiento no es un don del Espíritu Santo, sino un daño provocado por la conjunción entre voluntad propia no unida a la Dios (acto por acto y sentimiento por sentimiento) y acción satánica; lo que sí viene de Dios es que el sufrimiento -del que El no es culpable en absoluto- lo retrotrae El a bien nuestro, haciéndonos reflexionar y procurar una y otra vez hacerlo todo con El, sin que nos confiemos a principios espirituales generalistas y por tanto humanos y por tanto dañosos.

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