6.1.09

Grandes descubridores de la historia: Los Reyes Magos

Bueno, el título no es una broma, sólo que tiene su gracia que los Reyes Magos, también llamados Majos, que son tan de casa, tan tradicionales, tan de siempre, los califiquemos de grandes descubridores de la historia. Pero lo son. Descubrieron al Niño Dios donde menos lo podría buscar nadie, en un pesebre de un lugar ignoto como Belén.
Eran magos o por mejor decir, hombres sabios, posiblemente sacerdotes de alguna religión caldea o babilónica y al tiempo hombres notables y de poder, que podían ser recibidos en entrevista por todo un rey. Para ellos, como para los egipcios, la observación del Cielo era fundamental para entender el mundo y, aún más, cielo y tierra formaban un todo común. Por eso los egipcios habían levantado sus pirámides como una gigantesca reproducción del universo siguiendo a escala las dimensiones entre estrellas que ellos conocían. También los caldeos habían levantado sus urbanizaciones sagradas, con pirámides escalonadas, y además les quedaba la memoria de los judíos que habían sido llevados en cautividad a Babilonia donde estuvieron 70 años; es por eso que los reyes magos o sabios tenían que tener conocimiento de la profecía bíblica relativa al nacimiento futuro del Niño Dios, rey del mundo, en un lugar de Palestina.
Su examen de los signos celestes les reveló que ese nacimiento estaba o se había ya producido y se pusieron en camino. Hay varias explicaciones posibles de qué es lo que les dió seguridad de que lo que sabían del nacimiento del Niño Dios por el testimonio de los hebreos estaba para producirse. Aunque la razón sea secundaria, una conjunción de planetas y/o un cometa (ver una imagen moderna en "http://observatorio.info/2008/01/el-cometa-mcnaught-sobre-chile/") es lo más probable: produjeron visualmente la impresión de una luz mayor (una estrella es en el lenguaje antiguo el nombre de cualquier fenómeno celeste), piezas arqueológicas de la época y análisis histórico-astronómicos coinciden en señalar un fenómeno de conjunción entre objetos siderales hacia el inicio de nuestro calendario oficial moderno (como se sabe errado en varios años). Además ese fenómeno se dio con intermitencia, lo que explicaba la aparición-desaparición señalada por los evangelistas, y además que no fuese un fenómeno a muy gran altura en el cosmos, porque entonces no podría haber sido visto o al menos no habría tenido capacidad de superponerse en el inmediato horizonte que veían los Magos hasta el punto de colocarse sobre el mismísimo establo de Belén. En alguna página de Internet he visto el testimonio de personas que hablaba de una experiencia personal de fenómeno de este tipo, naturalmente sin atribuirle naturaleza milagrosa, solo que los Magos dentro del gran contexto en el que se movían sabían qué quería decir cada fenómeno en el firmamento (una imagen: "http://observatorio.info/2008/02/composicion-de-tres-meses-de-cometa-holmes/")
Los Reyes no podían haberse impresionado por un fenómeno estelar cualquiera, debía ser un fenómeno que aunaba hechos de significado en el firmamento que les aportaba esta información, la más importante de la historia sagrada: el nacimiento de un hombre hijo de Dios en el país de los israelitas, que iniciaba una nueva era de justicia para todos los hombres, movimientos estelares dentro de un espacio de concretas constelaciones.
Es significativo también que quienes imperaban en la capital de los judíos, Jerusalén, se impresionasen por la nueva de los Magos, pero que no reaccionasen, a pesar de conocer las Escrituras al dedillo. Prefiguraban la paradoja que vivimos hoy, que se ha vivido siempre, de que los más conocedores en teoría pero no en corazón, los que ya reinan en lugar de Dios, quedan fríos ante el aviso de maravillas. (En la Escritura estaba la profecía de Isaías 60, 1-6 que hablaba de la gran peregrinación de fasto oriental, de Madián y de Edadd). Lo saben todo, no necesitan aprender nada de ningún extraño; pero Dios ciertamente manifiesta a los extraños para que ellos y los de casa se unan si quieren al concierto magno de la gran adoración de todos los hombres.

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