20.4.09

Ciencia y Creación. La constante cosmológica.

Hay varios descubrimientos básicos sobre el cosmos en los últimos 15 años. Han sido realizados combinando los saberes de matemáticos y astrónomos. En estos momentos se dispone ya de modelos exactos sobre base matemática que explican la evolución del cosmos desde el estallido inicial o big bang, si bien este término ya no es tan exacto como parecía. En esos modelos exactos compuestos de muchas ecuaciones se ha comprobado que todas las variables matemáticas responden a unos parámetros muy exactos que excluyen toda probabilidad de validez de la ley del azar para explicar la generación del cosmos. Exactamente la probabilidad del azar sería de una entre trillones de trillones de posibilidades, es decir, es imposible que el azar haya tenido nada que ver. Una desviación de una sola de las miles de variables en una centésima de más o de menos y ya hubiera sido imposible nuestro mundo y nosotros mismos. Esto no es uso partidario en favor del teísmo de cualquier dato científico, sino elemento básico del actual credo científico. Y más inquietante aún, todas esas ecuaciones pueden explicar el mundo, no sólo el planeta, sino el conjunto del cosmos, acudiendo a 11 dimensiones necesariamente. Esto ya no es especulación, es ciencia. Y no busquen en libros de menos de 15 años, incluidos los de stephen hawking, porque es ciencia extremadamente joven, así como son jóvenes los científicos descubridores.
Esto nos devuelve a la necesidad de un Creador,la única diferencia con respecto al pasado en el que sólo la religión y la filosofía demostraban su necesidad, es que ahora sí hace falta mucha más fe (mejor dicho increencia) que nunca en sostener que el mundo (y no ya universo sino multiversos)es un resultado de leyes ciegas o de una casualidad. El ateísmo ya tiene como único sostén a una constante cosmológica: la voluntad humana. El ateísmo solo puede ya ser sostenido no desde una ignorancia religiosa y filosófica, sino desde una ignorancia científica; la ciencia es ahora el punto de no retorno del ateísmo y del ateismo científico.
Ahora bien, si la ciencia ha probado no contradecir los hallazgos de la fe y de la filosofía, lo que no puede hacer es convertir el alma al pleno amor y entrega divina; sólo una voluntad dispuesta puede pasar de la afirmación de un mundo necesariamente creado por una inteligencia suprema a los otros territorios de la realidad, que son los establecidos por la fe, revelación misma de esa Suma Inteligencia.
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