29.6.09

El dolor, la enfermedad, la muerte resueltos en Cristo

El dolor, la enfermedad y la muerte son un misterio y a la vez no son un misterio. Sin fe, o con una fe que no entiende la cruz constituyen misterio irresoluble; desde la fe, son un misterio hermoso, una maravilla de Dios. Desde la no fe, hablar en positivo del dolor y la muerte es una locura, un problema psiquiátrico. Esto no está tampoco al alcance del cristiano común que no ha pasado del miedo también común.
Los místicos con su vida nos lo explican, y me refiero no a los místicos de contemplación o especulativos, sino a los de vida dirigida por el Señor. Por nada del mundo cambiarían los sufrimientos que tienen por una vida como los "normales", esto no lo podemos entender desde una baja visión, pero desde ellos abandonar la vida de sufrimiento que tienen sería tan imposible como para un millonario abandonar sus riquezas.
Los demás los tienen por desgraciados, místicos siempre enfermos, místicos siempre con grandes cargas, místicos sin talentos humanos, pero místicos que sintiendo el dolor tienen en él tanta presencia del Señor, que jamás dejarían dolor si tienen que dejar al Señor, que se presenta por completo vinculado a ese dolor, aunque también a toda dulzura; es que en realidad ya no es dolor sino dolor-gozo inseparables. Es otro estado de vida.
Se alcanza cuando se va dejando que el Cielo actúe en nuestra vida, se van descubriendo los secretos de dejar de hacer por sí mismo -desde nuestra pobre previsibilidad-, para conseguir hacer lo que el Cielo quiere, que lo va proponiendo por un medio u otro: al principio podrá ser difícil pero si se va haciendo se va adquiriendo el sexto sentido espiritual que descubre a nuestra lado los signos, cuando no las palabras de la voluntad y querer divinos, que operan como la voluntad materna o paterna, no por un adarme de código superteologal in aeternis sino por piedad hacia el hijito inerme.

1 comentario:

Felicitas dijo...

Hola, buenas noches, me he topado con tu blog y concuerdo contigo en que sólo es "capaz" de un gran Amor, capaz de recibirlo, digerirlo y darlo, el que es "capaz" de un gran Dolor, recibirlo, pasarlo y crecer humana y espiritualmente con él.
Un saludo fraterno.