26.7.09

Ezkioga, respuesta eclesiástica, dos documentos

(Por William Christian).

Con cuarenta y ocho años, el jesuita José Antonio Laburu estaba en el cénit de su popularidad como uno de las más elocuentes predicadores. Era también una especie de popularizador científico, cuyas esecialidades en 1931 eran "la psicología, la psicobiología y caracterología". Dio conferencias para el público a miles, simultáneas con emisiones de radio, sobre temas que van desde la moral en las playas hasta la psicología de las corridas de toros. Su oratoria era "eminentemente popular, atractiva, llena de convicción abrumadora, al alcance de los analfabetos trabajadores, así como al profesor universitario." Impartió clases de biología en la escuela de los jesuitas en Oña (Burgos) y viajaba ampliamente el resto del año. En 1930 dio treinta y siete conferencias en Chile, Argentina y Uruguay, a un público de categoría superior, con la universidad, el gobierno y los líderes militares. Su psicología se inclinó más a la escuela alemana que a la francesa, pero Freud y Pierre Janet eran sólo ocasionalmente citados. En el firmamento eclesiástico, fue una estrella muy brillante. Oña estaba cerca de Vitoria y Laburu tenía fluidas relaciones con la diócesis. En la Semana Santa de 1930, según el boletín diocesano, sus ejercicios espirituales de San Sebastián "fueron el único tema de conversación en los cafés y los talleres, fábricas y oficinas." A sus conferencias asistían miles de personas, once mil solo en una de ellas en san sebastián, con temas como la psicología infantil, riqueza y justicia social y la psicología de San Ignacio.

Aparentemente, la natural curiosidad de Laburu lo llevó a tratar de captar la experiencia de los videntes mediante el cinematógrafo, tal vez como material para sus conferencias. La primera vez que fue a Ezkioga lo hizo con un sacerdote de San Sebastián los días 17 y 18 de octubre de 1931, justo después de los estigmas de Ramona Olazabal, filmó a Ramona y Evarista Galdós y a ésta la obligó a cambiar la hora del éxtasis a mediatarde para tener mejor luz para filmar.
Tamibén fue la misma familia de Laburu y su madre quería saber su opinión. Regresó a Ezkioga alrededor de 4 de enero para mostrar las películas a los videntes y sus amigos. Al día siguiente filmó un poco más, en parte, a petición de los videntes. Esta vez incluyó a Benita Aguirre, quien también adaptó el horario de sus visiones para él. Escéptico desde el principio y tal vez inspirado en las fotografías de los libros de histéricos religiosos por Pierre Janet y otros psicólogos francés, tenía la intención de comparar los videntes con enfermos mentales. Videntes y creyentes consideraban su presencia una buena señal. Todavía esperaban un veredicto favorable. Después de todo, el obispo Múgica había tratado gentilmente a los videntes, como Rigné, Carmen Medina y otros, e incluso el delegado del vicario general Sertucha había estado amable dureante la elaboración de sus declaraciones juradas.
El cura Jose Ramón Echezarreta creía que el proceso de investigación suponía una aprobación implícita, por lo cual se prohibió a los sacerdotes acudir al lugar de apariciones (algo que ya había ocurrido en Lourdes y Fátima)

Eran los primeros meses de 1932 y la eliminación de los crucifijos de los edificios públicos ayudó a centrar la atención sobre los crucifijos vivientes en Ezkioga. Las profecías de la madre Rafols (siglo XIX) alimentaban este entusiasmo. Echeguren, vicario general, necesita un golpe maestro, por lo que pidió Laburu a dar una serie de conferencias públicas críticas de las visiones. A principios de abril envió Laburu las pruebas que había contra el contenido de las visiones y videntes de la conducta. Dado que gran parte eran rumores y mencionarlo podía ponerles en evidencia por infundadas, Echeguren especificó que Laburu podría mencionar, pero no por vía impresa así como qué nombres se podrían utilizar. Laburu y él reunieron más información de los videntes a través de ex jefes laborales o escépticos en el Bilbao y San Sebastián de la burguesía, a la que tuvo acceso fácil.

El vicario general de Vitoria esperaba que la primera conferencia de Laburu, en el seminario de Vitoria, servirá para desencantar a los profesores, párrocos, seminaristas y que creía confundidos acerca de las visiones así como persuadir a los laicos influyentes que apoyaban moral y logísticamente a los videntes. Echeguren encargó al párroco de Ezkioga que los videntes no pudieran entrar a escuchar y quedaran en la puerta.

Tanto en su debut el 20 de abril y en repetidas conferencias en el Teatro Victoria Eugenia en San Sebastián el 21 y 28 de junio de 1932 Laburu atacará el "contagio mental" en Ezkioga con un éxito devastador. Con resonante vocabulario teológico y psicológico, Laburu establece las características de una verdadera visión, citando las de Santo Tomás de Aquino y Teresa de Avila, y mostró cómo las de Ezkioga no estaban a ese nivel. Más bien, dijo, eran puramente naturales, si es inusual, los procesos mentales. Una lista de aspectos que descalificaban las visiones:

1. Los videntes sabrían cuándo se producirían sus visiones. Sus visiones se producían prácticamente a voluntad. Citó en particular el comportamiento de Ramona, Evarista, y Benita partir del momento en que hizo sus películas.

2. El infantilismo de los videntes en sus preguntas y sobre lo que veían. Citó su pregunta de si el duque de Tarifa sobreviviría a una operación y si varios familiares se encontraban en el purgatorio. Mencionó visiones en lugares inadecuados, las visiones de las personas en el infierno o el cielo o aún con vida, visiones del diablo que se enfrenta a Benita a través de una ventana del autobús, las visiones de la Virgen a pie a través de una casa en Ormaiztegi y bendición de las habitaciones, y las visiones de la divina figuras con atributos erróneos (Jesús Elcoro Jesús supuestamente describe la Virgen María con un Sagrado Corazón de Jesús, traspasado con una espada). Y se refirió a "la supuesta entrega de medallas, cintas, rosarios, sin ningún fin que no sea el don de estos objetos a videntes, cuya vida espiritual era una cuestión no clara".

3. La falsedad de lo que la aparición se supone que ha dicho. Sus ejemplos: la Virgen dijo que ella no perdona a los que no creen en Ezkioga, mientras que la iglesia no exige la creencia, incluso de apariciones aprobadas, un vidente vio a alguien en el purgatorio, que estaba realmente vivo, y otro vidente dijo que sobreviviría un cuñado de la vidente Carmen de Medina que luego murió.

4. El comportamiento de los videntes antes y después de las visiones. Laburu se refiere aquí, por lo menos en su texto no publicado, a la reputación de Patxi y Garmendia como bebedor, a Ramona que baila poco después de sus estigmas; videntes a la "muestra en los gestos, las fotografías, y en la película, que posee en cuanto a la duración de vez en trance, a las mujeres videntes que entraban a sitios cerrados con los hombres creyentes o videntes y a los besos entre los hombres y las mujeres creyentes.

5. Fraudes que serían evidentes: Ramona y los estigmas de Rosario, (en realidad fue una información falsa en un periódico catalán).

6. "La ausencia total en los videntes de un comportamiento espiritual, tanto en (1) humildad; (2) recogimiento; (3) la oración; (4) la penitencia, o (5) la obediencia, y distinguiéndose por su exhibicionismo abierto, el utilitarismo , y la disipación. También señaló una especie de apatía habitual (abobamiento) por parte de varios videntes causados por sus repetidas trances.

7. "La enorme presión sobre para que los videntes tuvieran visiones." Aquí mencionó como ejemplos: que los creyentes regalaban guantes, zapatos, medias, calcetines de lana a Ramona y Evarista; Carmen Medina que lleva a la chica de Ataun a vivir con ella; que los creyentes alababan a los videntes como santos y les pedían que orasen por las personas; que los creyentes besaban a Patxi o le ofrecían el uso de automóviles, y que los videntes daban la impresión de estar todo el tiempo de vacaciones.

Por último, en una especie de categoría genérica, Laburu citó la negativa de los videntes para quitar la cruz y la programación de las apariciones de la Virgen a las diez de la noche o más tarde, "una hora a la que ha sido prudente y tradicional costumbre de la iglesia sugerir que las mujeres jóvenes deben estar en sus casas "(lo que puede suceder en estas reuniones, añadió es evidente), y los reiterados anuncios de acontecimientos extraordinarios para todos, ninguno de los cuales había ocurrido.
A pesar de que el jesuita se refiere favorablemente a la exhibición pública de actos de fe en Ezkioga, advirtió que la gente no puede deducir de esta piedad que las visiones son sobrenaturales. Distinguió "una verdadera fe, sólidamente cimentada y motivada, una fe consciente", de una "fe de pura emotividad o de tradición familiar muy sentimental y que las personas confunden las cosas sin distinguir entre lo que es secundario y lo que es esencial y fundamental en el dogma ". Después de revisar la política de la diócesis en lo que respecta a Ezkioga, hizo hincapié en que la diócesis no ha hecho ninguna investigación formal porque no había rastro de lo sobrenatural para investigar. Por último, mostró sus películas de los videntes y los comparó con una película de los pacientes dementes en los manicomios.

Laburu se quedó en el seminario de Vitoria y se hizo disponible para responder preguntas o dudas de los profesores y seminaristas. Un profesor había traído un pañuelo empapado de sangre de las estigmas de Ramona. Los seminaristas estaban divididos. La actitud del clero en la zona alrededor de Ezkioga iban desde la tenaz oposición a una aprobación tácita.

Laburu convenció a muchos. Francisco Ezcurdia era entonces un seminarista y fue observador frecuente de las visiones. Rignés había vivido con sus padres en una pensión en Ormaiztegi, en el invierno de 1931-1932. Había estado especialmente desconcertado por el caso de un conocido, un comerciante de ganado de Santa María Lucía a quien María Recalde en repetidas ocasiones trató de ver. El hombre hizo todo lo posible para evitarla, pero ella finalmente se encontró con él y le dijo un secreto acerca de sí mismo. El evento le cambió el modo como a partir de entonces el comerciante recibió la comunión diaria. A través de su maestro, José Miguel de Barandiarán, Ezcurdia preguntó a Laburu cómo se podía explicar ese conocimiento de conciencia. Laburu dio la respuesta común de que había otros medios naturales, como el chisme, para averiguar los pecados del pueblo. El director espiritual de Ramona también tuvo la oportunidad de consultar personalmente a Laburu. Y también fue convencido por el jesuita, aunque sólo sea temporalmente. Otro sacerdote que era un seminarista en aquella época me dijo que aunque él personalmente había encontrado a Laburu superficial y seudocientífico, que había convencido a los otros estudiantes.

El impacto de Laburu fue mucho más allá del seminario. Los principales periódicos regionales reiteraron sus puntos principales. Al igual que los periódicos locales en las zonas donde hay partidarios de las visiones, al igual que un semanario en lengua vasca en Bizkaia y el boletín de la parroquia de Terrassa en Cataluña. El Matí, primer entusiasta de Ezkioga, por entonces se opuso a ella. Incluso El Correo Catalán resumen de la charla. Era evidente que Laburu hablaba por la diócesis, y sus conferencias permitieron a sacerdotes y laicos oponerse a las visiones. Y la conferencia cambió la mente de muchos creyentes, como el sacerdote de Sant Andreu, en Barcelona, que en su salón parroquial habló al principio en favor de las visiones en diciembre de 1931 y luego, sobre la base de la conferencia Laburu, en contra de ellas seis meses más tarde.

Entre los entusiastas de Ezkioga, la conferencia sobre Ezkioga provocó consternación, desilusión,e ira. Para aquellos a quienes las visiones les había tocado en forma personal o que sentían que eran testigos de los milagros, los argumentos de Laburu no tenían entidad.
Sólo mayores milagros podrían haber persuadido a no creer a los videntes. El cura rector de Pasai Donibane advirtió a Laburu no dar conferencias en San Sebastián:

"Usted no tiene derecho a venir a tocar el fonógrafo de Vitoria como si los sacerdotes de Gipuzkoa no supieramos exigir más respeto para los asuntos relacionados con la Madre de Dios ... Si quiere su reverencia predicar en un teatro, predique en contra de los terribles tormentos en el infierno que esperan a aquellos que adoran la carne, pero deje a María Santísima aparecerse a quien quiera en Ezkioga, aunque no se aparezca a su reverencia que fue a Ezkioga con su cámara de cine".

Nunca tímido a la hora de escribir a cualquiera, Rigné pidióa Laburu estudiar el problema con mayor atención, dejando a un lado las visiones de Ramona y Evarista, informó al jesuita que "la Santísima Virgen me habló a mí mismo en Lourdes el pasado 9 de agosto, el día de la fiesta santo Cura de Ars para quien tengo una especial devoción. Ella me confió una misión determinada y ahora sé por qué". En el mismo sentido un farmacéutico catalán Laburu informó de una fuente que supuestamente se volvió turbia cuando un soldado se acercó para burlarse. Un restaurador de arte de Vitoria denunció "la falsa ciencia y la pedantería de esta colección de personajes con pretensiones de sabiduría que monopolizan la difusión de conocimientos que no poseen". Culpó a Laburu y la diócesis de orientar a los videntes desde el principio y, a continuación, que se burlan de ellos por estar desorientados.

Los creyentes de Ezkioga creyentes no fueron los únicos molestos por el discurso. La hermana del novelista Pío Baroja se había ido a Ezkioga desde Vera de Bidasoa y regresó impresionada por la piedad de allí. A Baroja pareció ridículo que Laburu aportara pruebas contra los videntes, y lo dijo en una novela, Los Visionarios: "Ponerse a medir los milagros es estúpido. Los únicos que piensan así son estos pobres jesuitas de ahora, que son la pedantería personificada". Su sobrino Caro Baroja más tarde escribió, "Todo el mundo sabía que mi tío no cree en los milagros, pero en ese caso, como en otros, lo que le irritó fue el pseudo-positivismo de los que negaban, no la negación en sí misma".

Después de la primera charla en San Sebastián, el párroco de Ezkioga, Sinforoso de Ibarguren, escribió a Laburu que se había metido en un avispero: Usted tiene que estar cansado de tener calientes las orejas, como se dice, esto es inevitable después de la tormenta que ha provocado con su charla. Los ezkiogistas estan, por supuesto, enfuerecidos. Incluso la granja populares han oído hablar de la lectura y comentarios al respecto. Los catalanes claman contra usted en cada ocasión. Le despellejarían vivo.

Ibarguren terminó con una reflexión sobre las consecuencias a largo plazo: "La autoridad de la Iglesia sale de todo esto muy afectada. El Gran daño que se está haciendo, ¿cómo va a ser reparado?"

Como Laburu era tan eficaz, los creyentes buscaron un cura para contrarrestar sus argumentos en público. Se dirigieron a un Carmelita, Reinaldo de San Justo, lo que preocupó al vicario general lo suficiente para ponerse en contacto con el provincial de los Carmelitas en Bilbao. El provincial le informó de que el Padre Rainaldo dijo que no hablaría a menos que sus superiores en el orden y la diócesis se lo pidieran. Con la diócesis, por tanto en alerta, la impugnación podría venir sólo en versión impresa. Mariano Bordas Flaquer fue uno de los líderes de los viajes desde Cataluña. Abogado, ex miembro del parlamento, y ex ayudante de alcalde de Barcelona, Bordas había organizado una peregrinación a Limpias en 1920. En junio de 1932, preparó una serie de artículos refutando a Laburu. La diócesis de Barcelona aprobó la serie a poblicar en El Correo Catalán, pero por alguna razón el diario no publicó los artículos. El padre Burguera añadió un prefacio que dio a Bordas legitimidad teológica, pero la verdad acerca de Ezkioga no salió como un folleto hasta octubre de 1932.
Bordas distinguió entre videntes que eran ciertos,incluidos los diez vascos y un catalán, y otros que, admitió, no lo eran. Pero negó que la gran mayoría de los videntes hicieran preguntas infantiles o tuvieran visiones establecidas a voluntad. Explicó los mensajes que contenían errores dogmáticos por parte de los videntes como errores de transcripción. Acusó a Laburu de calumniar al videntes, pero dijo que, en cualquier caso, su comportamiento antes y después de las visiones era irrelevante en relación con la verdad de las propias visiones. Sostuvo que incluso si hubiera videntes que dijeron de alguien en vida que se encontraba en el purgatorio, esto no descalificaba a los demás.

Como pruebas de la verdad de las visiones refirió la "clarividencia, su conocimiento de pecados no revelados, y la conversión de los pecadores. Adujo los casos de los tres videntes conocimiento preternatural: la respuesta a la pregunta no formulada de un jovensobre el destino de su madre; Benita Aguirre y María Recalde tenían conocimiento de la piadosa muerte en Extremadura de un pariente del catalán, y también estaba la respuesta de María Recalde en a una consulta escrita, en un papel doblado sin necesidad de leerlo.
Como su popularidad y su respetabilidad evaporados, los videntes reaccionaron a su manera en contra de las conferencias. Ya antes de la primera conferencia, Garmendia estaba preocupado por sus efectos. Según un visitante, en la semana después de hablar Laburu las únicas personas que creen en Ezkioga fueron Joaquín Sicart el fotógrafo, los hoteleros de Zumarraga , los taxistas, y algunos de los habitantes de la aldea de Santa Lucía. Benita Aguirre llanamente escribió que en su ciudad de Legazpi "nadie cree; casi todos se han enfriado.

María Recalde dijo a unos amigos catalanes que dos semanas después de su conferencia en Vitoria Laburu la llamó a un convento en Durango para reprocharle una carta irrespetuosa. Sintièndose divinamente inspirada, le reprendió por hacer sufrir Cristo en la cruz durante su charla, y supuestamente lo que le dijo a Laburu le llevó a renunciar a las conferencias previstas para San Sebastián.(En realidad las dio posteriormente).
Después de que Laburu hablase en San Sebastián, supuestamente la Virgen le dijo a un vidente que era un pecador, y a otro que al final cambiaría de parecer (no fue así). Corrió el rumor entre los videntes y los creyentes que Laburu tendría un cáncer de la lengua como castigo, que quería retirar lo que había dicho y estudiar seriamente Ezkioga. En las visiones en 1933 Benita Aguirre y Pilar Ciordia dijo que la Virgen dio a Laburu mensajes para reparar sus caminos y ayudar al padre Burguera con el libro. Pero esto fue todo una ilusión.
Enseguida vendría la expulsión de los jesuitas de España, y el padre Laburu marcharía con todos a Bélgica donde seguiría enseñando como en Oña. De sus ejercicios surgió la vocación del padre Arrupe, más adelante controvertido general de los jesuitas. El obispo Múgica sería expulsado de España por Franco y quedaría ciego. Laburu siguió siendo hasta su muerte en 1972 un popular predicador en toda España aunque no volvió a tocar el tema de Ezkioga, siendo ocultados sus escritos y películas sobre este tema.

Francisco Contreras Gil expone en su web lo siguiente:

http://www.franciscocontrerasgil.com/index.php?option=com_content&view=article&id=8

2 comentarios:

fcoblazquez dijo...

Estimado amigo:
Estoy interesado en conocer si el artículo de William Christian "Ezkioga, la respuesta eclesiástica", es una colaboración de este autor en su blog o por el contrario pertenece a alguna obra o artículo, cuyo caso le agradecería la referencia bibliográfica.

rafa dijo...

Me encanto tu trabajo, Ezkioga fue un important e hecho en España muy silenciado. ¿ Al guien sabe como conseguir el libro las visiones de ezkioga de carr?
Gracias