26.7.09

Paradigmas de la predicación (padre Laburu)

De Alfonso Ussia en la revista Tiempo: El padre Laburu S.J. era sacerdote y médico. Jesuita vasco, fuerte como un roble. Mi madre lo tenía en muy alta consideración, y una Semana Santa nos obliga a oír su interminable sermón de las Siete Palabras. Era un predicador muy efectivo, y con sus palabras se lloraba una barbaridad. Recuerdo aquella valoración absurda. Un buen predicador era el que hacía llorar. Como el padre Laburu. Sus conocimientos médicos y su arte de la interpretación se unían a su religiosidad para hacer de su sermón de las Siete Palabras una obra de arte de la dramaturgia y la oratoria. A medida que avanzaba la Pasión de Jesús en la cruz, imitaba las angustias con sus conocimientos médicos y un muy estimable registro de tonos diferentes. A mí, la verdad, el padre Laburu no me hacía llorar, pero me dejaba helado. De terror, de culpa, de responsabilidad. Nos dirigía la palabra como si cada uno de los que le oíamos fuéramos Pilatos o Taifás. Al terminar el larguísimo sermón, todos nos creíamos pecadores sin perdón, malvados asesinos de Cristo, cínicos romanos o bífidos hebreos. El padre Laburu, le arreaba a la mesa unos puñetazos con sus manos de pelotari que temblaban barrios enteros. Cuando no era Semana Santa y el padre Laburu no acusaba a nadie de crucificar a Jesús, era un tipo simpático y abierto, culto y hasta cachondo, en el sentido coloquial de la palabra. Maestro homilíaco, jesuita andariego, vasco nostálgico. Un año dejó de emitir su sermón de la Siete Palabras, y sus oyentes supimos que había muerto. En los oídos guardo sus sonidos onomatopéyicos, sus erres triples y hasta cuádruples, su brillante sequedad verbal y su voz tronante. Como se dice habitualmente, aquellos si que eran curas de verdad. Al menos el padre Laburu lo era a destajo.

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