25.9.09

Místicos de María y místicos pentecostales: doble vara de medir de la iglesia humana

Hasta la época actual el mensaje dado desde las instancias oficiosas de la iglesia humana era el de prudencia absoluta acerca de las manifestaciones marianas, acuñando todo un cuerpo doctrinal y de praxis, del que al final resultaba una sentencia constante: la puesta en cuarentena a perpetuidad de videntes (con excepciones de todos conocidas) y que ponían en práctica la inmensa mayoría de clero y laicos colaboradores, tratando como apestados existenciales a videntes y allegados. Esto se mantiene hoy como en el pasado. Es una práctica de prevención basada en la ignorancia, se dicen: eliminamos a todos de la escena, los buenos, los falsos y los que de buenos pasarán a falsos y así no nos equivocaremos nunca.
En definitiva se han opuesto sistemáticamente a todo profeta enviado por el Cielo, aunque no dijera la menor palabra contra la moral y la fe y todo fueran rosarios y oraciones y gentes traidas a caminos de salvación. En esto han sido perfectamente coincidentes los curas de sotana y los curas de corbata, si es que vale esa distinción; en esto han sido concordes los conservadores prevaticanistas y los enfáticos del concilio, y lo han sido a machamartillo, aplicando la firmeza aprendida para sostener la fe, pero esta vez para combatir toda aproximacion divina.
Porque esto han significado videntes, místicos, el Cielo acercándose a nosotros, para sostenernos, y nosotros hemos preferido a los falsos profetas, a los de las sectas teológicas. Hemos rehuido a Dios sistemáticamente, como Adán y Eva, y teniendo como única excusa el que Dios nos daba miedo (a causa de nuestros pecados, claro está, y de ignorar su misericordia).
Pero hoy día vemos que de repente se da la aceptación de nuevos místicos, siempre que sean los creados en los círculos carismáticos. No es que pongamos en duda que lo sean, pero es extrañísimo que tras toda esa historia de enemistad permanente a los instrumentos divinos y su persecución y enclaustración, de repente la iglesia humana los acepta masivamente. Ninguna otra denominación cristiana ha tenido esa práctica.
Y todo esto revela algo fundamental: se quieren místicos a la medida, místicos controlados, místicos no venidos del querer de Dios, sino místicos a la fuerza, forzando a Dios. Otra vez el Señor conducido al calvario.
Y gravísimo además, todo el misticismo carismático tiene la mismísima doctrina que la iglesia humana tradicional: rechazo a los místicos mandados directamente por el Cielo y con un plan providencial que llevar a cabo fuera de la lógica humana, en su lugar místicos integrados en un movimiento, místicos incubados, agentes de esa teología de la experiencia, de esa religiosidad del sentimiento, de esa experiencia contra la que san Juan de la Cruz nos advertía: cuidado con ella, no está en los carismas la grandeza sino en la fe desnuda.
Si un sacerdote manda al Espíritu santo venir sobre una persona a menudo vendrá y dará los dones, pero a la vez aherrojar a los místicos suscitados por la esposa del Espíritu Santo, es una perfecta contradicción. Se contrapone lo santo a lo santo, si esto ocurre ya sabemos quien tiene semejantes procedimientos. No se puede decir sí a los místicos que yo suscito por mi poder sobre Dios y a la vez se dice no a los que Dios y su Madre suscitan, como lo han hecho siempre.
Reflexionen sobre esta violencia al Espíritu que se hace, que el Espíritu se deja hacer porque no es como nosotros, que no nos adaptamos a El, en cambio El se adapta a nosotros; El tiene que acomodarse a nosotros, pero nosotros decimos que no al orden que El quiere establecer.
Completo sinsentido de graves consecuencias porque van a tener que dar muchas cuentas los forzadores del Espíritu Santo y los místicos de imposición. Si a tantos místicos suscitados con todo amor y cuidado por el Cielo les han ocurrido tantas cosas, han sido derribados de su lugar (casi siempre porque la iglesia humana no los ha cuidado, fiel a su programa de rechazo preventivo indiscriminado) qué no ocurrirá con estos otros, no cribados sino alentados y programados; caminos del hombre fuente de sufrimiento indecible y amenaza de condenación.

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