31.12.09

Viaje cristiano de ida (alejamiento del pecado destructor) sin vuelta (de misericordia)

Muchos descubren a Jesucristo, encuentran que la comunicación con El, en las distintas iglesias,les ha traído una limpieza interior, grandes hábitos destructivos desaparecen como de la noche a la mañana, caos psicológicos son puestos en orden, enfermedades son curadas, una nueva ilusión llena el corazón, y se encuentra el modo de alejarse de los peligros así como una nueva sensación de estar protegidos, cuando la experiencia anterior era de desamparo, desarraigo y futilidad del sistema propio de prevención.
La conciencia de todo lo que se ha sufrido impone todo un nuevo sistema de prevención contra el pecado, sus fuentes, sus ramificaciones, los promotores del pecado en todos los órdenes, hedónico, doctrinal, ateo, etc.
Pero ¡ay! es necesario comprender que la anterior es una primera fase necesaria, de poner orden, de disciplina, de lucha sin cuartel contra los enemigos que nos quieren hacer volver al pasado, a la esclavitud. Se genera una psicología de prevención a ultranza, con recursos dados por las organizaciones religiosas para ser aplicados a fin de preservar la nueva vida protegida.
Y pasa el tiempo, se eternizan en esta moral de preservación, de cautela pronta a la alarma, y se genera enseguida un sistema de juicio sobre personas. No es que no juzguen los que viven en el pecado a tontas y a locas, pero sí hay una coincidencia de base con ellos, que es la de ser enjuiciador, y así ponerse por encima de los demás, unos argumentando que lo suyo es lo normal y lo "otro" es de raros y peligrosos sectarios, y los otros argumentando que hablan desde el pecado, arrastrando si te descuidas al infierno.
Claro está, hay que superar la fase del pecado a tontas y a locas, una vez superado es normal pasar una etapa de prevención a ultranza, con trato habitual con el Señor de las mil formas posibles, hasta que nuestro psiquismo se establezca en una vida ordenada. Pero viene después un nuevo tiempo en el que hay que entrar, que es el de una vez fortalecidos y hecho el hábito de la vida religiosa (antes no) hay que pasar a la vida misericordiosa, al juzgar mucho menos y excusar mucho más, mejor dicho, descubrir las muchísimas razones del obrar que estimamos malo de los demás.
Cada acción de repercusión espiritual es de doble vía (perdón por este cientismo), de doble sentido; por ejemplo, tras el rechazo a Dios,incluso violento, podemos percibir pecado pero también miedo, simple miedo a lo desconocido, y así podemos ver a esas personas de otro modo, no como pecadores y por tanto enemigos, que hablan objetivamente contra Dios y nosotros, sino como seres con un miedo animal, infantil, y ya ahí en vez de temerles comenzamos a rogar por ellos, desde una psicología más maternal-paternal (aunque siempre con mucho cuidado de no hacernos los redentores, porque ellos se sienten humillados, y a menudo hay que obrar con sola oración, que con palabras y supuestos ejemplos).
Así tiene que haberselas el mismo Dios con nosotros, unas veces nos tiene que poner cara muy seria y detrás de esa cortina El tiene otra cara; bueno, no me entiendan mal, no quiero decir que Dios tenga dos caras en sentido humano, sino que como padre tiene que usar la inteligencia y un necesario dualismo (dicho así desde nuestra falta de perspectiva, claro está) para conducir a sus hijos, porque si sólo mostrara debilidad por nosotros, entonces qué no seríamos capaces de hacer, ensegida nos creeríamos con derecho a toda licencia.
Bien, en resumen, que un cristiano sin el bonito dualismo de Dios, no imita a Dios, y por tanto queda estéril, peor aún, perjudicial, para su alma y para los demás.
Ahora bien, no hay técnica ni programa espiritual para alcanzar ese dualismo; seguir los programas uniformes de las organizaciones material-espirituales, ayuda para la primera fase, la de la evitación de pecado y la necesaria prevención, pero no lleva más allá de esto. Es por eso necesario, se esté en el organismo que se esté, entrar en la escuela de Santa María, pero, cuidado, muchos nombran a María, se visten de su esplendor y prestigio, pero no aplican la escuela de María, en realidad, porque no pueden, ya que entonces se trataría de obra humana, y Ella es la única, la exclusiva directora, pedagoga y madre en su Escuela maravillosa, la del viaje de vuelta en el bus de la misericordia (y para los prevenidos contra Ella decirles que confíen, porque en ese bus siempre va Jesús.

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