12.6.10

Sabana Grande: caso de movimiento sobre una aparición

Sabana Grande (Puerto Rico) es un lugar donde tuvieron lugar apariciones de la Virgen a unos niños en 1953. Desde entonces se organizó un movimiento allí, como en muchos otros casos de apariciones en las últimas décadas. Hay que separar lo que son mensajes y apariciones del Cielo, de movimientos que puedan surgir, la verdad de los primeros no significa la verdad de los segundos. La formación de movimientos con jerarquía centralizada y métodos organizativos es cosa humana; ocurrió también en El Palmar, en la provincia de Sevilla, el cual dio lugar a un movimiento sui generis que degeneró en parodia de la institución de la iglesia católica.
El examen de los mensajes, con la excepción de algunas incorrecciones por los propios videntes a la hora de traducir lo escuchado a palabras, muestra el sello inconfundible de la Madre. La reacción de la iglesia-institución en la diócesis del lugar ha sido sin embargo finalmente muy negativa, con sentencia ya habitual de "no consta sobrenaturalidad" a añadir a las numerosas denuncias de exmiembros por maltrato psicológico.
 El guión es desgraciadamente habitual, y parece que está ocurriendo también en otros sitios como Medjugorge: sobre los mensajes de la Virgen se imponen prácticas dictadas humanamente de extrema ascesis -lo ha señalado nada menos que el Papa actual cuando era prefecto de la Congregación de la Fe- y lo que era una bonita acción de la Virgen se convierte en un feo asunto de coacción moral humana, que seguidores inicialmente entusiastas son manipulados por los que se dicen líderes (y la Virgen no los ha puesto como tales, ya que sus mensajeros son los niños de 1953).
 En cuanto a los dictámenes negativos de la iglesia, que a menudo tienen una función más allá de lo literal, debe entenderse que responden a diferentes motivos fundamentales, entre ellos ponerle un muro a movimientos que pueden abusar de mensajes verdaderos para cimentar pseudoiglesias, segundo, oponerse a falsificaciones y tercero a menudo pueden ser el simple fruto de una celotipia. Hay un sobreentendido en los que elaboran dictámenes oficiales, y es que el origen inmediato de mensajes sobre lo sagrado no sospechoso es el que se identifica como humano-eclesiástico, y así no se deja espacio entre los sermones y textos de sacerdotes o religiosos o laicos comprometidos que comentan de un modo u otro la revelación, y la voz divina que la confinan a la Escritura.
Se olvida que el nivel de discurso de iglesia es pobremente espiritual, que la vida de los presbíteros, muchas veces lánguida, decolora la palabra divina, y no llena a los fieles que deben ser alimentados por el pan de la misma palabra divina dicha oportunamente y actualizada. La falta de vida martirial degenera en sermón adocenado y de simple altruismo, cuando no de jansenismo.
En el caso de Sabana Grande -y esto es una opinión- parecen combinarse los motivos primero y tercero. Ahora bien, desajustes en dictámenes eclesiásticos no significan en modo alguno una garantía acerca de las motivaciones del entorno actual de Sabana Grande. Lo que sí debe ser salvado contra viento y marea son los mensajes, de un lado evitar que la jerarquía tire al niño con el agua sucia, es decir, cargarse los mensajes porque hay que cargarse a un movimiento de tintes cismáticos y de otro lado, que el movimiento generado sea un antitestimonio con la mejor intención del mundo quizá, pero que se carga por desprestigio las apariciones de la Virgen, no solo las de Sabana Grande sino que desprestigia otras habidas o por venir.
Como en El Palmar en España: mensajes de la Virgen auténticos y probados con conversiones y milagros tumbativos, pero en torno a los que se crea un movimiento que plantea un control total del espacio de la aparición y los mensajes y una paraiglesia.
Fíjense cómo el Cielo ha gestionado otras apariciones, mejor dicho el tiempo de las postapariciones, siempre alejando a los videntes iniciales para evitar que se formara un núcleo se pseudosacralización. Fue el caso de Lourdes, con Bernardita llevada a otra diócesis, el caso de Fátima con los videntes unos fallecidos enseguida y sor Lucía en Coimbra, el caso de Ezkioga, con los videntes alejados y encerrados, el caso de Garabandal, con las videntes fuera de Cantabria, muy lejos algunas. Bien entendido que materialmente, esos alejamientos a menudo han sido obra de malicia humana, pero de los que se ha servido el Cielo para evitar las monopolizaciones abusivas. Y esos lugares al no tener un movimiento controlador surgido como monolito en torno a un vidente han quedado abiertos a todos. Los movimientos se apropian de la aparición, máxime si mantienen en su interior al vidente, o peor aún si éste es el jefe, y entonces de lo que eran buenos mensajes y milagros reales, empieza a derivar el proyecto humano, es decir la catástrofe. Caso por ejemplo de El Palmar ya mencionado (aunque existe el desconocido Palmar que ha seguido fiel desde luego) o de las apariciones de El Higuerón en Málaga.
Que los seguidores no desprestigien la aparición, que no la monopolicen. Y que la iglesia no niegue la sobrenaturalidad manifiesta de los mensajes, que por cribar a una falsificación o desviación no hay porqué negar todo por principio y menos por celotipia. Se quedan en mero movimiento que se arroga la autoridad desde unas apariciones, como sus verdaderos continuadores, y entonces caen en el cristianismo no mariano paradójicamente que degenera en moralismo destructor.
De todos modos, la negatividad de la iglesia en general (con tan bellas excepciones como las de San Juan de la Cruz, San Juan Eudes, el beato de la Colombiere con Santa Margarita, vidente del Sagrado Corazón, y las numerosísimas de los tiempos antiguos) tiene su función, su rol, su papel, aunque doloroso sin duda, en la economía de las apariciones: el rechazo-crucifixión renovada de Cristo y su Madre y por tanto la profundización de los místicos en su unión divina ante el colosal rechazo de los mismísimos encargados del servicio divino.

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