28.1.11

Teología sin taumaturgos

La teología actual quiere tener un método "propio" conforme al estilo de los saberes profanos que dicen que hasta que no se tiene ese método no hay ciencia propiamente dicha. Vease aquí por ejemplo un párrafo
El lugar físico de la teología es previo y determina el quehacer del teólogo, pero dicho lugar no es tan absoluto que el hombre no pueda «construir un lugar de voluntad que se añada y sume al lugar de naturaleza». Así nos muestra nuestro método la dialéctica inherente a todo quehacer teológico: «el emplazamiento confiere una misión y la misión a su vez crea su propio emplazamiento». De esta manera, podemos percibir cómo el lugar exterior, los escenarios del tiempo entre modernidad y postmodernidad, siendo muy importantes, no son determinantes en teología. Ante todo, el teólogo se debe a una patria extranjera que marca, en palabras de González de Cardedal, «la ley y exigencias propias del quehacer teológico, establece los puntos de partida y los puntos de llegada y funciona como criterio para elegir unos caminos y para excluir otros. Sin duda éste es el esencial» (Serafin Bejar en Forum Libertas 2011)
Por este camino se llega a no decir nada, nada que alcance al ser espiritual, y algo que es sólo campana que retiñe.Realmente, una teología así concebida -y adviértase que no se ofrece otro camino dentro de la teología académica y publicitada, la teología de carrera- no conduce a nada o peor aún, conforme a Karl Barth: "Pero también es la ciencia más difícil y expuesta a riesgos; en la teología es más fácil caer en la desesperación o, peor aún, en la arrogancia; más que ninguna otra ciencia puede convertirse en una caricatura de sí misma…"
Una teología con método "propio" se queda solo en filosofía de la religión, filosofía de la escritura, pero no es en verdad una teología. Si no hay iluminación directa celestial no debe llamársele teología. Y esa iluminación que se aceptaba como realmente dada a Santo Tomás de Aquino o al Padre Suárez no es que no aparezca es que ni siquiera se reivindica como necesaria.
Sin taumargia, sin el taumaturgo, sin el que traduce el evangelio a su propia vida, como San Juan de la Cruz o San Antonio de Padua, tenemos discurso vacío, discurso ensimismado, discurso que es en el fondo hipocresía, porque se arroga el decir humano como saber divino.
Teología con método propio y sin taumaturgo detrás es sólo verborrea para incautos.

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