22.9.11

La iglesia material de Garabandal cerrada por ruina

 Crónica del Diario montañés 29-VIII-2011

En uno de los pueblos de la España profunda, puesto en el mapa internacional desde hace nada menos que 60 años, en San Sebastián de Garabandal, se produce una gran contradicción: en la aldea de las apariciones marianas, la iglesia parroquial se cae. Lleva mucho tiempo cerrada al culto y se sostiene en pie por los cientos de apeos que aguantan su estructura a la espera de que caiga el maná de la Administración o de algún benefactor que abra la cartera y saque los 300.000 euros que cuesta salvar la parroquia.
En un lugar en el que conviven diversas comunidades religiosas, algunas con muchos miles de dólares -no pocos de los garabandalistas proceden de Estados Unidos- la iglesia del pueblo está suspendida física y espiritualmente, porque los oficios religiosos se tienen que hacer en un local que cedido por la Junta Vecinal.
El templo fue construido a mediados del siglo XVIII con una arquitectura popular herreriana; el ábside y el crucero están cubiertos por bóvedas y el retablo tiene una talla de la imagen de la Virgen María, que ahora, paradójicamente, no tiene quien la cobije. Es un templo sencillo pero que ha visto la devoción de los miles de vecinos que a lo largo de casi cuatro siglos se han bautizado, casado o enterrado entre sus paredes.
El riachuelo, culpable
El problema deviene, al parecer, de su construcción sobre un arroyo que pasa por debajo del edificio y que, con el paso del tiempo, ha debilitado su estructura, que se ha ido inclinando de manera progresiva. Como solución se intentó parar este desplome con la construcción de sendas sacristías anexas pero que no lograron el objetivo pretendido. Una grieta de importantes proporciones fue la alerta que obligó a una actuación rápida y a no dejar pasar más el tiempo.
Hace unos años se practicó un micropilotaje y se asentaron unas zapatas, lo que obligó a hacer un trabajo en el subsuelo inyectándose 70 toneladas de hormigón, actuación que supuso un desembolso de 150.000 euros ya pagados). De no haber actuado entonces, la iglesia ya se habría caído.
Pero no sólo sirvió con el micropilotaje realizado, sino que había que apuntalar el templo para que perdiera su verticalidad, renovar la cubierta, levantar el artesanado, que estaba completamente carcomido por las polillas, reconstruir las nervaduras y arreglar el campanario. Más dinero. 300.000 euros. Y sólo hay 75.000.
Ante la imposibilidad de recurrir al Gobierno regional, al que la crisis ha obligado a cerrar 'el grifo', el párroco, José Rolando Cabeza, apela a los donativos. «Llevamos ya más de medio año con el templo en estas condiciones y si alguien no nos ayuda esto se alargará».
Eso sí, para prevenir la «pillería», el cura de San Sebastián de Garabandal alerta a los bienintencionados recordándoles a todos que nadie está pidiendo dinero para la iglesia, que ojo con los timadores, y que los donativos se le pueden hacer llegar a él mismo o depositarlos en dos cuentas bancarias que se han abierto con este fin, en las oficinas de Banco Santander y Caja Cantabria en Puente Nansa (Ríonansa).
Ha dispuesto unas hojas en las que, en cinco idiomas -español, italiano, inglés, alemán y francés- informa a los visitantes de dónde pueden depositar sus donativos. Y es que la generosidad, dice el párroco, «no tiene fronteras».

1 comentario:

Anónimo dijo...

gracias por preocuparse por nuestro templo.
creo que con la ayuda de la santisima virgen para el proximo año estara abierta al culto