21.11.11

La equívoca espiritualidad de las manos vacías

Veo en la web de un movimiento católico, milicia y cruzada de santa María, información sobre la espiritualidad llamada de "manos vacías"emprendida por el fundador laico don Abelardo de Armas (hoy lamentablemente muy enfermo). Una espiritualidad equívoca que se presta a sobreentendidos de abandono de toda práctica de virtud y que es tentación frecuente en católicos de mucho activismo, formados en un ascetismo, espiritualidad de sacrificio a ultranza, una vez frustrados porque no sienten el reconocimiento interno de Dios a sus esfuerzos, generalmente muy denodados y causa de desgaste profundo. Entienden que es bueno que si llegamos al mundo con las manos vacias, sea ésa también la situación de nuestro paso al Allá. Que no compitamos con Dios, que la ganancia del Cielo le sea debida a El y no a nuestros trabajos, que no sea obligación para Dios, como si nuestro esfuerzo se opusiera a Dios de algún modo. Tras asumir esta espiritualidad al poco tiempo el pobre don Abelardo -muy pocos se han sacrificado tanto, han sabido conmover tan profundamente y han producido tantas conversiones en jóvenes durante tanto tiempo- se sumió en la vorágine de las enfermedades y a día de hoy su alzheimer lo ha alejado de todo contacto consciente. A pesar de haber estado rodeado de miles de personas, de haber hablado a miles, su situación es de completa soledad, como lo dijo su cuidador en un encuentro fortuito con un periodista del diario El País en 2007 que encontró materia de reportaje en los paseantes de un parque madrileño. Antes de su pérdida de consciencia entendía, tal como se desprende de sus testimonios en la página web, que su camino -que debiera ser seguido por los miembros de su institución- era el de la espiritualidad de manos vacías, en agudo contraste con el extraordinario activismo apostólico y el escultimo moral, sello de la llamada Milicia Cruzada. Tal espiritualidad puede ser entendida en el marco de una experiencia personal, no puede ser propuesta genéricamente, ni siquiera para personas de un movimiento. Hay el problema de la uniformización de las fuentes espirituales frecuente en los movimientos de iglesia, olvidando que toda alma incluso dentro de una institución debe seguir las fuentes santas que convienen a su índole espiritual. La obediencia debida no debe extenderse hasta formar un canon de autores santos de elección automatizada. Un equilibrio inestable entre ascetismo y mística se produce. Se sufren las consecuencias de aquella espiritualidad del apóstol Pedro, la del neoconverso, que asegura al Señor que dará su vida por El por descontado, ignorando como buen neófito que El se duele de las bizarrías, estas bizarrías no se pueden extender indefinidamente como estilo y sólo tienen justificación como ignorancia de los inicios. Cuando el estilo de vida bizarro, por bien intencionado que esté en materia espiritual, se impone duraderamente, entonces ha de esperarse la dramática caída. Nada de lo bueno hecho deja de estar anotado en el Libro de la vida, nada se interpone en el amor de Jesucristo, pero se pone en marcha la pedagogía dolorosa de la desolación. Que nadie se ofrezca como víctima, que nadie asuma la actitud de Simón, si no le es inequívocamente pedido por el Cielo más allá de ser percibida como obligación sacrificial que no se sabe si responde al querer divino. Hay victimaciones que son aceptadas por el Cielo aun cuando no respondan a ese querer divino, y sólo las victimaciones queridas -y lo serán en términos explícitos, no vagamente interiores- pueden llegar a buen fin.

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