26.3.12

Carismatismo católico. Contradicciones.

Una expresión clave en el carismatismo es la de "bautismo en el Espíritu". La expresión no es feliz, debido a que hay un solo bautismo que lo es en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Como no hay ritual propiamente dicho de bautismo ha de entenderse que la referencia es a una "efusión del Espíritu".
El carismatismo católico se inicia poco después de finalizado el Vaticano II y constituye toda una interpretación de éste; como el concilio es una nueva primavera de la Iglesia, se procede a instaurar una reproducción de los aspectos más vistosos de la aurora cristiana, que es sin duda el de los dones extraordinarios del Espíritu santo, en especial sanación y glosolalia o don de lenguas, pero todo seguidor del carismatismo habría de tener un don específico suyo.


Sin embargo los dones del Espíritu Santo fundamentales son siete: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios, y lo demás son dones extraordinarios. El carismatismo pone énfasis en los dones extraordinarios, cuando siempre se ha enseñado en la iglesia que los dones extraordinarios no hay que buscarlos en sí mismos, por ejemplo se dice que a Lourdes no habría que ir ante todo por los milagros físicos, sino por los milagros espirituales, como es el aumento de la fe. Santa Teresa o san Juan de la Cruz, aun teniendo tantos dones extraordinarios siempre procuraban guardar a los fieles de una ambición en este sentido, mucho menos de hacer de lo extraordinario una prueba de que la fe existe o es viva.
San Pablo aunque no opone a los dones entre sí, apunta a que más vale una palabra para la edificación de los otros, que mil palabras en glosolalia. La esposa del Espíritu Santo es la Santísima Virgen, sin embargo se la coloca en un lugar meramente añadido, no mucho más que lo que hacen los protestantes. Aunque el carismatismo reivindica actualizar la aurora de la iglesia, en realidad en cuanto a la Virgen no hay diferencia con el ascetismo de la espiritualidad de los últimos siglos, que se había construido a medida de la dureza de los corazones, con patente debilidad de maternización. Es más, las manifestaciones de María son consideradas según la vieja espiritualidad de la dureza de preferencia ascética, es decir, como espacios de peligro y también de superfluidad; impropio de los verdaderos "esprit forts" católicos. Mientras se procuran los dones extraordinarios del Espíritu Santo, no hay diferencia con la vieja espiritualidad en el tratamiento de cuarentena y de peligrosidad para los videntes de María, que ya ha tenido tantos episodios de persecución. Imposible agradar al Espíritu Santo sin deshacerse del hombre viejo. No se tiene en cuenta la progresión de la enseñanza divina, despreciando los siglos transcurridos desde la aurora cristiana y la experiencia de los santos, que simplemente se obvia de plano. La pedagogía divina queda así menospreciada. Aquellos dones extraordinarios eran leche para el bebé recién nacido, no se puede hacer una regresión que no resulte contraproducente. Tras dos mil años no es esa la manera verdadera de "hacerse como niños", que no es otra sino dejar conducirse por el Padre y la Madre, junto a los cuales se contienen el Hijo y el Espíritu Santo. Y la glosolalia es para incrédulos de los inicios de la era cristiana.
El martilleo rigorista característico de la espiritualidad evangelista -también presente en nuestra espiritualidad del último siglo, aunque atemperada por la presencia del Corazón de Jesús, del Jesús eucaristía y de su Madre- cae con todo su peso sobre estos fieles del movimiento carismático. Y se vuelve no a los orígenes cristianos, sino a los orígenes de los llamados reformadores, con toda su desolación, por el peso dado al pecado y a la influencia del demonio. Es querer meter a la gente que admiraba lo católico pero sin practicarlo a una religiosidad de clásico rigorismo y derrumbe de la desesperanza tras la euforia de los inicios y la sensación de elegidos con superioridad. Sin estar entrenados a la lucha contra pasiones y al sacrificio se pretende llegar directamente al disfrute de Dios, y no, hace falta mucho más, aunque también mucho menos.
 Los dones si Dios nos los pone en las manos bienvenidos sean -por más que el martirio de las exclusiones de los hermanos y maestros en la fe sea seguro- pero no ir a buscarlos como obligados para una religiosidad esencial. Las celebraciones evangelistas son siempre celebraciones de la comunidad, de la gente contemplando a gente, de masas que se contemplan a sí mismas. Esto es herencia de los orígenes del primer presbiterianismo. Por el contrario, los fieles católicos nunca se han celebrado a sí mismos, incluso si eso no se acompaña de homogeneidad. Nada de autismo grupal.
Las aprobaciones episcopales y papales lo son para toda voluntad buena que anida en los carismáticos (por lo general desconocedores de la teología de base del movimiento) bajo el principio prudente de no extinguir precisamente al Espíritu. No deja de ser paradójico de todos modos, que ante los carismas extraordinarios individuales se planteen rigurosos filtros y aplazamientos sine die de juicio, por más que se implique manifestación divina y marial.
Cuando el carismatismo se ha presentado en masa se renuncia al examen y al rigor convencional. Las aprobaciones episcopales al movimiento carismático son innumerables, incluso colectivas, mientras se cuentan con los dedos de la mano los obispos que apoyan a videntes individuales conformes a la manifestación divina de siempre. No deja de tenerse la impresión de actualización de lo dicho por Jesús: "si otros vienen en su propio nombre a esos sí los aceptareis". Desde luego que se pueden forzar los dones de Dios, incluso el echar los demonios, pero después se experimenta el gravísimo precio de haber forzado a Dios, que tiene prescrito en su providencia por razones inescrutables el abajarse algunas veces a las exigencias humanas; cuando esa fuerza se hace fuera de la misma programación divina, entonces sobreviene infelizmente que la casa de la que un demonio fue expulsado, viene a ser ocupada por compañeros mucho peores encantados de destruir una casa en la que habían sido antes derrotados.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Usted debe informarse del movimiento carismático antes de hablar. Lea Reinflamando la Llama de Kilian MacDonnell (perito convocado por el Vaticano oficialmente)y Bautizado en el Espíritu y Dones Espirituales de Steve Clark. Ambos están disponibles en la red. Lea asimismo a Juan Arintero y las Tres Edades de la Vida Interior de Garrigou Lagrange para saber que sí debemos aspirar a la mística de los dones. No están prohibidos.

Hirigoyen dijo...

Ciertamente hay que aspirar y facilitar la llegada de los dones del Espíritu Santo, y de todas las virtudes, que son dones para todos, pero los dones extraordinarios ningún santo los ha pretendido o ambicionado. Lo extraordinario lo propone Dios y entonces se ha de aceptar, naturalmente, bienentendido que debe haber un juicio de discernimiento (eso sí, mucho cuidado con pedir juicio a cualquier pastor, porque abundan los que teniendo solo prejuicios, celos o buscando comodidad, le dicen al carismático extraordinario que lo "suyo" es imaginación o peor aún locura). Muchos pastores es triste decirlo, pero si se encuentran con el don extraordinario se dedican a extinguirlo.
Hay que saber que no puede pretenderse el modelo de los primeros cristianos, que tenía sus razones divinas para el primer incendio de cristiandad, sin tener en cuenta a todos los maestros de la santidad que sin excepción alguna advierten contra toda pretensión de los dones extraordinarios.
Eso no quiere decir, que si se pretende Dios no conceda el don extraordinario, pero el que eso hace no sabe lo que hace, su gravísima responsabilidad y en definitiva el convertirse en fácil juguete del demonio, siendo fuente de desprestigio -una más- de los demás carismáticos que lo sean por iniciativa divina.
Y alguien que ambiciona dones extraordinarios no sabe lo que pide y el extraordinario rigor en todos los órdenes al que va a ser sometido por necesidad de contener el orgullo natural que se apareja con esos dones.

Franco dijo...

Buen articulo; como bien dice los dones extraordinarios no hay que buscarlos y mucho menos pensar que se es alguna clase de escogido, iluminado, apóstol o templario, los que los han tenido en la larga de la Iglesia católica nunca han hecho ostentación de ellos o han ganado dinero en retiros, o se han jactado ellos, por sobre todo buscan ser más humildes y pequeños, hoy hay algunos que ya se creen crecidos o súper exorcistas y eso sí que es muy delicado, todo el que entiende sabe de dónde viene la soberbia y cuál es su fin.
Mejor rezar en silencio un tiempo para escuchar a nuestro Señor que es muy claro.
Y mejor citar a los padres de la Iglesia a la tradición y hay si se encuentran algunas cosas de este movimiento. Y (los sacramentos son 7).

Anónimo dijo...

Los dones extraordinarios si deben buscarse, como dice San Pablo en Primera de Corintios 14, 1. Y lo repite Cirilo de Jerusalen en su catequesis XVII sobre el Espiritu Santo hablando de cómo es lo normal recibir carismas en los bautizados.

Si Europa fue evangelizada en la Alta Edad Media, se lo debemos al fruto de carismáticos como San Benito y San Patricio. Cristo mismo promete lo extraordinario a quienes le sigan: A todos los que CREAN les acompañaran estas señales. Pero.... Si uno no quiere ver, no hay quien lo convenza.

comunidad catolica despertar dijo...

ES VERDAD...TODO LO Q DICEN...PERO AUN ME QUEDO EN QUE BUSCAR LO EXTRAORDINARIO SIN CUMPLIR LO MINIMO OSEA...LO ORDINARIO..MMM DUDO, ADEMAS QUE CUANDO DECIMOS EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU..ES COMO QUE EL BAUTISMO QUE NOS DIERON ES ALGO MERAMENTE PEQUEÑO, INFIMO...ALGO MERAMENTE GESTUAL...DE MI ...GRAVISIMO ERROR.. CUANDO LEEMOS LA DEFINICION DE LOS SACRAMENTOS...QUE SON LOS MEDIOS SENCIBLE eficaces a través de los cuales Cristo nos da la gracia que realiza nuestra santificación..EN QUE QUEDA EL BAUTISMO SACRAMENTAL=?==?==