3.4.12

Religión popular y renovación conciliar. El caso de un pueblo mejicano.

 Adaptación de ponencia de Cecilia Salgado

 La particular identidad religiosa de Jumiltepec se puede explicar a partir del conflicto religioso que comenzó el dos de febrero de 1945, día de la virgen de la Candelaria, fiesta mayor en el pueblo. En esta fiesta se acostumbra a bajar a la virgen en procesión desde el templo de la iglesia del Sacromonte a la iglesia de san
Andrés que se encuentra en la plaza del pueblo. En aquella procesión cuando la gente comenzó a pasar frente a la virgen, varias personas empezaron a ver algo raro en el rostro de la virgen decían que ya no tenía la mirada dulce y tierna ni el color de otros años. El rumor sobre las rarezas que presentaba la virgen iba caminando junto con la procesión y el día 3 de febrero, día principal de esta festividad; el rumor andaba entre las flores, los cirios, los cantos y las plegarias de los peregrinos, y el día 4, cuando la gente se congregó en el atrio de la iglesia exigió la presencia del mayordomo, pues para ellos la Virgen ya no era la misma, la habían cambiado. Con este hecho se fueron gestando dos grupos antagónicos: los santeros y los robasantos, los primeros formados por los feligreses y el segundo por el mayordomo y sus diputados, el número de gente en cada grupo fue creciendo hasta quedar el pueblo dividido en dos facciones.
Cuatro días después el sacerdote dispuso que la Virgen regresara en procesión a la iglesia del Sacromonte, así se hizo pero ya no era el mismo número de gente en la procesión, eran más los que estaban esperando en el atrio de la iglesia del Sacromonte, impidiendo que la Virgen entrara y reclamando que no siendo la verdadera no debería ocupar el lugar de la otra, pero el padre Cándido se apresuro a acomodarla en su nicho.
Ante las necesidades insatisfechas de conocer la identidad de la Virgen, los santeros demandaron a los robasantos en "la Procuraduría de Justicia del Estado de Morelos denunciando el robo y suplantación de la santísima virgen de la Candelaria", sus fundamentos eran que "no era el rostro parecido y que la imagen perdida era de marfil y muy milagrosa", el procurador mandó a los demandantes con el obispo, pues al fin y al cabo el conflicto era religioso. Acudieron con el obispo diciendo: " ¡nuestra Virgen la cambiaron, se la robaron! ¡Nuestra Virgen era bonita y no necesitaba retoque! ¡Nuestra Virgen era de marfil y no de cartón! (y por último el mayor elemento de autenticidad) ¡nuestra Virgen era aparecida!". En su discurso el obispo contestó:
"¿Quién les dijo que hay santos aparecidos? ¡sean de trapo o de palo o de marfil no hacen milagros! Si como dicen que una vez ya se perdió y regresó, ya volverá. Espérenla". Se demostraba que los cánones del catolicismo institucional y su alta jerarquía están alejados del catolicismo popular con sus bases simbólicas representativas que permiten la cohesión y su continuidad.
Después del conflicto religioso acaecido en el pueblo de Jumiltepec en 1947, el obispo mandó al cura Francisco Flores en 1949 para reabrir y reiniciar el culto en la parroquia del pueblo de Jumiltepec, aprovechando motivo era la fiesta de San Andrés, el patrono del pueblo. En 1952 se logró reiniciar el culto en el santuario de la iglesia del Sacromonte. En 1953 éste sacerdote fue sustituido por el cura Esteban Lavanigni, quien reparó la imagen de la virgen y la llevó en procesión por los pueblos de alrededor. En 1954 Esteban Lavanigni llevó a cabo diligencias para localizar la imagen original, comenzó informando a las oficinas de gobierno del Estado y Federales. La imagen se recuperó y se instaló en el oratorio de las madres de la Villa de Guadalupe, se reinició su culto el 30 de agosto de 1954, con una misa de tres ministros e inició su recorrido por los pueblos que están por el camino que llega a Jumiltepec, el último trecho de Ocuituco a Jumiltepec fue acompañada por el Obispo. Se cuenta que a la entrada de la Virgen en el pueblo, al pasar por el puente, hubo un pequeño temblor y se volvieron a llenar las pilas de agua, que habían estado secas durante la ausencia de la Virgen. Después se celebró una misa en la explanada del pueblo y se reinstaló en su santuario. El obispo regresó al pueblo en 1959 para celebrar el "pontifical", dando fin a sus visitas pastorales en el pueblo.
En una novena para la Virgen escrita por Esteban Lavagnini hace un recuento de la historia de la virgen y de sus milagros, de los más alejados en el tiempo escribe: " En el temblor general que azotó a la Nueva España, el 11 de Agosto de 1712, la Virgen soltó el Rosario, y extendió su mano diestra en ademán de contener las paredes bamboleantes de su Santuario, que estaban a punto de desplomarse, y desde entonces guarda esta postura singular y milagrosa". El 11 de agosto de 1989 se celebró por primera vez el milagro, éste día fue señalado por Lavanigni para "bendecir una nueva serie de cuadros grandes, a colores, de la Sma. Virgen, de reciente impresión".
Esteban Lavagnini nació en la ciudad de México el 12 de agosto de 1921 de padres italianos, en esta misma ciudad hizo sus estudios académicos de sacerdocio en el seminario de Cuernavaca y tras salir del seminario fue párroco del pueblo de Tetela del Volcán, después de Ocuituco sustituyendo al padre Francisco Flores que atendía también a Jumiltepec. El primero de agosto de 1954 fue nombrado primer párroco de Jumiltepec.
Evidentemente el rechazo por la nueva liturgia y la defensa del pueblo para el padre Lavanigni se debía al anterior conflicto suscitado en 1947, además la forma de llevar los cambios en la iglesia por parte de la diócesis de Cuernavaca no fue adecuada, pues a los cambios dictados por el Concilio Vaticano II se le agregaba cierta intención de "ilustrar" al pueblo. La renovación y adaptación de la iglesia católica estaba muy lejos del catolicismo popular de Jumiltepec que, si bien se vio cuarteado por el discurso del obispo y la complicidad del padre Cándido en el robo de la virgen, también se reforzó y se apoyó en Lavanigni.
Es verdad que Lavanigni llegó al pueblo de Jumiltepec cinco años antes de que Juan XXIII diera a conocer el Concilio Vaticano II, años que le permitieron establecerse en el pueblo, él junto con la imagen de la virgen se incrustaron en la vida del pueblo. El conflicto religioso sucedido en 1947, el trabajo que realizó para el retorno de la imagen y la deteriorada representación del obispo Méndez Arceo en Jumiltepec, le permitieron a Lavagnini establecerse y sostenerse en el pueblo por 42 años, morir ahí, enterrarse ahí y convertirse poco a poco en santo.
En palabras de Lavagnini, su propósito era: "evitar todo aquello que lesiona la Fe y pureza de costumbres" y reza: "Ave María del monte sacro, sacrosanto y magnífico palacio de Dios sumo, cuya maternidad intacta nos dio la piedra angular, Cristo alcánzanos la pureza de costumbres. Ave María…", otra plegaria: "Ave María del Monte Sacro, madre del puro amor, del temor (devoción), y de la santa esperanza, alcánzanos la gracia de pureza de costumbres, de la devoción verdadera, y de la Santa Esperanza, Ave María…". En una novena hecha para el rosario de la Virgen de la candelaria, Lavanigni : "La devoción a la santísima virgen se inicia y se desarrolla simultáneamente con la iglesia…Ahora bien, es imposible que haya errado la iglesia en una práctica tan universal y coherente y constante ¡pues, si como aseguran los enemigos de la santísima virgen María que su culto y devoción son idolátricos y supersticiosos, habría fallado la promesa que hizo Cristo a San Pedro: `sobre ti edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella…" Que haya abusos y supersticiones no nulifica el derecho. Para ello está la vigilancia del pastor. El culto a las imágenes es relativo: no termina en ellas, sino en la persona representada.

Los hábitos que Lavagnini recomendaba a sus fieles eran: Practica con frecuencia el acto de contrición, y examina diariamente tu consciencia: Prepárate con el sacrificio, la penitencia a las fiestas de la virgen.
Recibe los sacramentos de la penitencia y Comunión, haciendo intención de pedir aplicarlas por tus deudos difuntos. Propio dedicarle a la Virgen el sábado, de cada semana, los 8, 12, 15 de cada mes, el Rosario diario, el oficio parvo, celebrar sus festividades, preparándote a ellas con una novena o Triduo, con una ayuno voluntario, honrar sus imágenes, coronarlas y propagarlas. Encomiéndate diariamente a la virgen, salúdala tres veces al día con el Angelus, y cada hora media con el Ave María.

CONCLUSIONES
Como ha quedado de manifiesto, los actores son los santos, el sacerdote, su discurso y la imposición de los cambios institucionales en el catolicismo popular. Por todo lo anterior el catolicismo con su tradición,
puede aparecer como apoyo del catolicismo popular, pues documenta y/o fundamenta la creencia y devoción en los santos. Permite la creencia de que los santos donde quiera se aparecen, hacen milagros y también castigan. Permite las distintas formas de pedir y agradecer que tienen los creyentes. Permite, apoya y resguarda la continuidad de la tradición católica popular.
La historia religiosa de Jumiltepec que fue creando su forma particular de vivir la religiosidad, que lo aparta de y lo hace distinto a, y que es importante debido a que creó una muy importante identidad religiosa específica, cerrada, que actualmente, a pesar de haber dado nuevos sentidos a la religiosidad, está
próxima a ser alterada, a ser conquistada.
Pero una conquista no es fácil. La conquista de la identidad religiosa desarrollada en Jumiltepec significará una reevangelización del catolicismo oficial y por tanto una socialización religiosa del pueblo. La revalorización de los símbolos de identidad católica están presentes, la virgen de la Candelaria está ahí con su mano sosteniendo el templo y sosteniendo la fe.

X JORNADAS SOBRE ALTERNATIVAS RELIGIOSAS EN AMERICA LATINA:
SOCIEDAD Y RELIGION EN EL TERCER MILENIO
ORGANIZA: FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES, ASOCIACION DE
CIENTISTAS SOCIALES DE LA RELIGION EN EL MERCOSUR, UNIVERSIDAD
DE BUENOS AIRES (UBA).
BUENOS AIRES, DEL 3 AL 6 DE OCTUBRE DEL 27/8/2000
PONENCIA. LA IGLESIA CATOLICA DEL CISMA: RESGUARDO DEL
CATOLICISMO POPULAR?
CECILIA SALGADO VIVEROS

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