30.4.12

Sincretismo místico

 El jesuita Javier Melloni ha publicado un segundo volumen de voces místicas de todas las religiones. Abajo reproducimos texto periodistico en tono muy positivo.
Un principio sincrético aparentemente muy positivo, muy tolerante y abierto, pero que deja a oscuras lo esencial y que trivializa la mística además. Existen los místicos verdaderos y los místicos que deambulan. Monseñor Moeller se refería  a estos místicos como aviones que vuelan sin cargamento.
El místico busca a Dios, aunque no por buscarle lo va a encontrar, debe buscarlo por los caminos de la verdad revelada por el mismo Dios. Cierto que el místico no puede llegar a Dios, recorre un cierto camino y luego Dios baja a él. Pero el místico tiene a Moisés y a los profetas, como diría Jesús, o modernamente, tiene al Señor, a su Madre, su Escritura, la Iglesia. Este es el camino recto de subida; quien no conozca el camino tiene disculpa, pero hoy día ya el camino ha sido mostrado a todos los hombres, y seguir cualquier camino no es válido porque se fundamenta en una voluntad propia que quiere seguir a sabiendas un camino fuera del dado por Jesús.
El también jesuita Rahner dijo que el cristiano del futuro sería místico o no sería cristiano. Bueno, una verdad a medias, según qué mística se siga.
A continuación el texto periodístico que ponemos no porque nos parezca correcto, sino para ilustrar como hablan los que proclaman el sincretismo místico:


Hasta 33 testimonios de místicos de casi todos los tiempos y de tradiciones no siempre religiosas, desde Lao Tsé a Simone Weil o al indio Alce Negro, han sido reunidos en un volumen por el teólogo, antropólogo y jesuita Javier Melloni como una "invitación a la contemplación" en tiempos agitados.
"Cuando un ser humano se deja rozar por lo invisible, se abre una brecha y se produce un incendio cognitivo, afectivo, existencial, que lo transforma", explica Melloni, que describe a los místicos como "personas abiertas a la dimensión espiritual".
"En las cimas que ellos han alcanzado es donde los seres humanos podemos encontrarnos", sostiene.
"Allí, en lo alto de la montaña, nos abrimos a otros lenguajes -precisa-, mientras que, subiendo la ladera, aún nos empeñamos en que nuestro lenguaje es el único, porque nos falta visión".
Melloni aclara que todos tenemos experiencias místicas sin enterarnos. "Cuando amamos profundamente, al mirar un atardecer...". "Son momentos preludio de un estado último de unidad que se alcanza rompiendo los límites mentales, cuando saltan las categorías de tiempo y espacio y se liberan los sentidos".
"El ego no existe, elimina el ego y la ignorancia desaparece", "la liberación es nuestra naturaleza verdadera", "la quietud es la realización", escribe Ramana Maharshi, un muchacho nacido en el Sur de la India en 1880, que a los 16 años se sintió morir.
Las experiencias místicas de Teilhard de Chardin, Raïssa Maritain, Arthur Koestler, Víctor Frankl o Carlos Castaneda, en el siglo XX, se unen a las de Valmiki (siglos IV-III a.C.), Filón de Alejandría, Plotino o el gran sufí Rumi (1207-1273), poeta del anhelo de la extinción del yo que permite la unión plena.
La extinción del yo "en el Todo del Tú divino" se lee en Al-Hallaj, poeta que fascinó al islamólogo francés Louis Massignon (1883-1962), cuya pasión por la unión tiene paralelismos notables con Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.
Ambos españoles comparten páginas con el poeta hindú-musulmán Kabir, con Ibn Arabi, Gandhi, Tagore o maestro Eckhart, entre otros místicos, sin olvidar, en "un acto de justicia con los indios americanos", al sioux Alce Negro (1861-1931), hombre sagrado que plasmó con hondura la desventura de su pueblo.
Melloni confiesa que Occidente tiene una herramienta espiritual secularizada, el psicoanálisis, al que él mismo se sometió, "muy útil para levantar capas de opacidad y limpiar el camino".
"Pero sólo te lleva hasta el umbral", se explica, mientras el místico "da un salto más y se entrega. Así transformado, la existencia se vuelve un don, y la vida, agradecimiento".

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