9.10.12

Persecución interna de los partidos eclesiales frente a las epifanías. Doctrina de San Francisco de Sales

Las siguientes son palabras dirigidas por el mismo San Francisco de Sales a Marie Julie Jahenny, mística bretona del siglo XIX: "Llegó un momento en que estando para obrar a mayor gloria de Dios, de todas partes me venían insultos, ultrajes, incluso denuncias. Yo tenía una alegría tan completa, un amor tan perfecto, una paz tan profunda, que me parecía que poseía ya la luz deseada. Si sufriéramos a causa de gentes ignorantes, esto sería poco, hay que sufrir de parte de gentes instruidas, de gentes de probidad, de luz. A esto se le llama persecución de los esclarecidos. Es un mérito infinitamente grande. Todo lo que yo he tenido de fuerza y de coraje lo he encontrado en medio de la persecución de parte de los obispos, de parte de los grandes prelados, de los cuales recibía cada día denuncias terribles y negras acusaciones. Todo esto no hacía sino acrecer mi Fe y amor de Dios. Se me atacaba vivamente, porque yo daba consejos de luz a las personas que estaban lejanas, pero no era sino por la luz que Dios me daba. Por todas mis penas, yo correspondía con las almas en la distancia. Yo las comprendía y ellas me comprendían. Cada dolor y cada amor se compartían entre todos los corazones que tenía bajo mi dirección. He aquí lo que el Espíritu Santo reporta en una de las visiones del éxtasis del santo noviciado. No es sino un Poder Divino y una permisión directa de Dios. Esta es la verdadera luz, ahí está el Dedo perfecto de Dios. Las obras, glorias de Dios, si no son perseguidas por gentes de los partidos que se oponen, no son perfectamente de Dios. Si las persecuciones a las obras de Dios no son numerosas, es un signo que la obra no durará largo tiempo". Las palabras anteriores no son doctrina que pueda escucharse en ningún lado. Significan que la persecución de mayor significado es la que proviene de las estructuras de mando en la iglesia, no de la jerarquía divina, sino de quienes usan del título divino que tienen para oponerse a la obra de Dios. Hay siempre bandos en la Iglesia de representación, pueden luchar entre sí, pero cuando ven la obra de Dios, coinciden en su oposición, desde argumentos distintos pero concertados en su fin. Es lo que cabe esperar como ley normal por quienes están destinados a la obra de Dios, ya sean clérigos o místicos. Por ejemplo, en torno al Vaticano II lucharon los liberales y los conservadores (centrados en la Curia) y siguen luchando décadas después. Pero coincidirán en una misma marginación-persecución a la manifestación divino-mariana, a veces aciertan bien porque hay falsedad real o porque hay caida, pero todos falsarios y verdaderos (con las excepciones de todos conocidas) serán echados en el mismo encierro a cal y canto. Temerán muchísimo quedar mal ante su época o los gobiernos, aplicarán el máximo de prudencia ante los poderes del mundo, ahí serán magníficos diplomáticos, pero los pobres que Dios envía con su palabra, con palabra de María o de Jesús,serán echados al sepulcro al osario eclesial. Liberales, cargos públicos, tradicionalistas, todos contra la epifanía mariana. En el pasado de la gloria tradicional y en la modernidad de las liberaciones, y en las cámaras eclesiales. Pero hemos de hacer espacio a la idea clarificadora de San Francisco de Sales antes mencionada, que todo eso es necesario, que esa negación sistemática eclesial es precisa para el Calvario y que a éste contribuyen tanto el poder civil, como los diferentes partidos de la sinagoga. No es precisa ninguna aprobación, si llega bendito sea Dios, para vivir de la epifanía. Aunque cuidado, muchos pueden hacer de los entornos aparicionistas que pueden ser inicialmente perseguidos, nuevas, incesantemente recreadas sinagogas.

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