6.12.12

Ezkioga y la Iglesia. Nuevo estudio por el Padre Artola, pasionista.

EZKIOGA Y LA IGLESIA[1]
Este año se cumplen los 80 de las apariciones de Ezkioga[2]. Para los católicos españoles fue la respuesta del cielo contra el advenimiento de la II República. En efecto, comenzaron las apariciones el domingo siguiente de las elecciones constituyentes. Para los sociólogos de la religión, fue la reacción de la conciencia religiosa colectiva, agredida por la República[3]. El hecho interesó seriamente a los políticos, y el caso de Ezkioga fue presentado a las Cortes como un peligro nacional[4]. Tomaron parte en la discusión hombres de la talla de Romanones[5], Unamuno y Baroja[6]. Manuel Azaña, siendo Ministro de la Guerra, encargó el 22 de julio de 1931, a Gregorio Marañón realizar, de incógnito, una investigación[7]. Cuatro veces acudió a Ezkioga el Obispo Irurita desde Barcelona. Se dan cita en el olvidado lugar guipuzcoano personas del mayor rango en la santidad contemporánea. El Ven. Amundaráin, fundador de las
o
Aliadas, y la Sierva de Dios Magdalena Aulina, fundadora de las Operarias Parroquiales , asistieron a los trances extáticos de los videntes. La Ven. M. Magdalena Marcucci[8] se escribía desde su monasterio pasionista de Deusto con Evarista Galdós. Recibió también comunicaciones superiores en Ezkioga la mística Esperanza Aranda[9]. Numerosas personalidades de Europa, especialmente de Francia, Bélgica e Irlanda se presentaron en Ezkioga. Entre ellos sobresale el escritor católico y académico de la lengua francesa, Gaetan de Bernoville[10]. Con la prohibición del acceso de los videntes al lugar de las apariciones, éstas empezaron a cambiar de lugar,y se multiplicaron los videntes y las visiones creándose una verdadera red que se extendió por diversas zonas de la geografía española. ¿Qué fue lo que sucedió hace 80 años en Ezkioga? ¿Qué parte tuvo en ello la Iglesia? Estas son las dos preguntas a las que intento responder con esta exposición.
Presento este trabajo en la Semana Mariológica del presente año consagrada a la Pastoral Mariana. No hay duda de que dicha pastoral comienza con la ayuda prestada en el momento mismo en que tiene lugar una intervención superior de la cual surge un nuevo santuario mariano, una nueva advocación mariana, o un momento místico que crea una misión personal mariana. Un descuido en los principios puede provocar la frustración de una gran obra, o la desviación de algo que en sus principios era bueno y positivo. El drama de Ezkioga quizá tuvo su origen en el rechazo primero que llevó a su condenación[11].
Es difícil imaginarse que hace 80 años -en el pequeño poblado del Goiherri guipuzcoano llamado Ezkioga- se reunieran en un solo día 70.000 personas, y que su nombre resonara, con asombro, en todo el mundo católico. Porque en Ezkioga no había nada que atrajera la atención del gran mundo. Era a la sazón una población agrícola[12].
Históricamente esta parte alta de Guipúzcoa ha sido la zona donde más ha florecido la santidad cristiana[13]. En 1931 era quizá la región más religiosa de Guipúzcoa[14]. Paradójicamente, esta región ha sido también a lo largo de medio siglo la mejor cantera de ETA.
Una penumbra casi impenetrable envuelve la historia primera de las apariciones debido a una desconcertante precariedad de fuentes[15]. Los protagonistas de las apariciones pertenecían a la familia Bereciartúa-Goenaga. Se componía de nueve personas. Poseía un caserío, llamado Basterreche, situado en el Barrio Anduaga o Santa Lucía cerca de la carretera Ormáiztegui-Zumárraga. La planta baja servía de taberna y tienda de ultramarinos. Las visiones de Ezkioga revistieron en un principio gran humildad y simplicidad. He aquí la sencilla historia de lo que sucedió el 30 de junio de 1931, domingo, séptimo día de la Novena de la Antigua, y fiesta de San Marcial. A la hora del Ángelus la niña Antonia Bereciartúa -de 11 años- bajaba del caserío Igarzábal-Erdi hacia su casa, llevando una marmita llena de leche. Al llegar al lugar en que su sendero cruza con el que va del caserío Basterreche hacia la vecina fuente, se encuentra con su hermanito Andrés. Con una jarra en la mano se dirige a la fuente. En aquel momento pasaba también por el mismo lugar Felipa Aramburu que caminaba a Basterreche a comprar cerillas para encender el fuego del hogar el día siguiente. En este momento, Antonia se para y, de pronto, en unos robles cercanos ve a la Virgen[16]. Volviendo la cara inmediatamente hacia su hermano le dice en vascuence: “¡Mira la Virgen!” Entones Andrés vuelve la cabeza y la ve también. Los dos hermanitos se arrodillan inmediatamente, y rezan juntos el «Ave María». De los tres niños que están en el lugar solo Felipa es la que no ve a la Virgen. Mientras Antonia y Andrés rezan, la Virgen les mira sonriendo. Terminado el rezo desaparece la visión. La Virgen iba vestida de blanco y cubierta de manto negro. Tenía corona semicircular luminosa. Llevaba en el brazo izquierdo al Niño Jesús, vestido de blanco, y en la mano derecha una cosa que parecía un pañuelo. La Virgen no pronunció ninguna palabra sensible. Produjo en los niños, solo un interior atractivo espiritual irresistible a rezar. En .cuanto llegaron a casa contaron los niños su experiencia. Nadie, ni los padres ni la gente, les creyó.
Felipa Aramburu refirió a su hermana Primitiva, lo que le había sucedido con los niños del caserío Basterreche. Ambas vivían en el caserío Celaeta muy cercano a Basterreche. Primitiva lo refirió a Antonia llamada de las Echezarreta, del caserío Sagastizábal próximo también a Basterreche. Antonia era la aldeana que procuraba la leche a la Parroquia de Zumárraga. Al pasar en la mañana del lunes 1 de julio por Santa Lucía, Antonia ve a la vidente Antonia delante de la escuela. La toma de la mano y la lleva consigo a Zumárraga a la casa parroquial. Presenta la niña a D. José Lasa, el cual no da mayor crédito a lo que dice Antonia. Aunque nadie les hizo caso, los niños se mantuvieron firmes a la llamada interior, y el día 1 de julio volvieron al robledal poco después del Ángelus. De nuevo se apareció la Virgen, pero la ven sola y sin el Niño. Se acercan a ella corriendo. Cuando tocaron el roble desapareció la visión.
Al día siguiente -2 de julio fiesta de la Antigua y último día de la novena- ya por la mañana, el Párroco D. Antonio[17] quiso informarse de todo lo sucedido, de boca de
Antonia Echezarreta. Ese mismo día, por la tarde D. Antonio, acompañado de uno de los coadjutores de Zumárraga, se dirigió a Santa Lucía para hacerse cargo de lo que en realidad sucedía en Anduaga. Pero tienen la desagradable sorpresa de que este día los niños no ven nada. Los dos hermanitos se retiran a su casa contrariados. El coadjutor se marcha. El párroco se queda un poco más. En esto, la niña vuelve a los robles y ve a la Virgen. El párroco invita prudentemente a Andresito a que le acompañe a donde está su hermana. Cuando van acercándose a los árboles de la aparición también el niño comienza a ver y dice: «La Virgen ahora tiene las manos juntas y reza con nosotros». Según una tradición local, doce labradores acompañaron al grupo formado por los dos niños y el Párroco. Había comenzado ya la afluencia de fieles al lugar de las apariciones que en pocas semanas traería decenas de miles de peregrinos. El día 3 los niños ven de nuevo a la Virgen en presencia del párroco y un coadjutor. El día 4, hay ya más de 500 personas cerca del roble[18]. Los niños contagian a la gente su deseo de orar y piden al capellán de Zumárraga dirija el rezo del rosario en voz alta y así se inicia una práctica que se repetirá luego todos los días[19]. El 7 de julio fue la jornada más importante. Ese día aparecieron las primeras informaciones de la prensa, y la afluencia fue numerosa. Era también el final de la primera semana de las apariciones. Este día sometieron a los niños a una prueba de veracidad. A la niña la dejaron en el robledal. Al niño se lo llevaron a la otra falda del monte. A cada uno de los videntes le acompañaba un sacerdote. La visión empezó a las ocho y cuarto. Duró el tiempo de un rosario. Terminado el Rosario, y desaparecida la visión, cada uno de los sacerdotes escuchó de labios de los dos hermanos una narración completamente coincidente. Como se ha indicado ya, la Virgen no habló nunca a los primeros videntes. Todo el tiempo las apariciones a los dos niños mantuvieron esa característica. Los primeros videntes nunca entraron ni en éxtasis ni en trance, pero quedaban como transfigurados. Incluso en el estruendo propio de un ambiente de agitación de los días posteriores, cuando se multiplicaron los videntes, y la agitación dominaba en la campa, los niños mantenían el aspecto de recogimiento profundo de sus propias visiones. Este rezo fue el que provocó las visiones de conversión y otros fenómenos a modo de una onda expansiva que partía de la persona de los videntes Bereciartúa[20]. La realidad contagiosa de Ezkioga era el rezo masivo del santo rosario que, por su seriedad y fervor, suscitaba efectos espirituales que atraían a la gente en una manera inexplicable. Los videntes interrumpían con frecuencia el rezo con espontáneas exclamaciones, que enardecían al devoto público. Así se creó una maravillosa interacción entre el pueblo, los sacerdotes que dirigían el rezo y los videntes que lanzaban al aire sus gritos de oración. El efecto era como el oleaje de un océano místico que arrastraba a la multitud. No hubo en Ezkioga ni misas, ni rezo de salmos o plegarias litúrgicas. Solo el rosario[21]. Era un inmenso clamor de la muchedumbre enardecida por el fervoroso rezo del rosario y las apariciones. Las visiones de los hermanos Bereciartúa congregaron en los meses de julio-diciembre de 1931 aproximadamente un millón de peregrinos. Este fuerte impulso inicial producido por las visiones de los hermanos Bereciartúa hizo de ellas una verdadera “aparición fundante”, a diferencia de las experiencias de los “segundos videntes”. Entre estos se mezclaron algunas personas fáciles a la utilización publicitaria de la prensa, y dóciles a los intereses políticos del momento histórico. Ellos protagonizaron las desviaciones condenadas por la autoridad eclesiástica. La gran masa de peregrinos venía con buena fe y mucha confianza en la intervención misericordiosa de la Virgen[22]. Llegaron también a Ezkioga devotos llenos de fe, sin motivaciones políticas ni afanes de contestación eclesial Se contaron por miles estos peregrinos que llegaron de Cataluña. Fueron quizá las personas que más puramente vivieron el fenómeno de las apariciones durante los años 1931-1932[23]. El iniciador de este movimiento fue el Obispo de Barcelona, Mons. Manuel Irurita. El año 1931 visitó nada menos que cuatro veces Ezkioga[24], e influyó en el industrial catalán Rafael García Gascón[25]. Entre los asiduos de Ezkioga estaba la Sierva de Dios Magdalena Aulina, fundadora de las Operarias Parroquiales. Era esta un alma extraordinariamente devota de santa Gema, deseosa de conocer los designios de Dios sobre su propia obra. Entró en contacto con Ezkioga por medio de José María Boada[26].
Retornemos al mes de julio de 1931, el más importante en la historia de las apariciones en su parte primera. El mentor espiritual de cuanto sucedía en Ezkioga era el párroco de Zumárraga, D. Antonio Amundaráin. Vigilaba con atención la secuencia de los hechos. Notaba en Ezkioga muchas cosas que no le gustaban, pero nunca dudó de los hechos aparicionales. La verdadera idea que D. Antonio se formó de Ezkioga aparece
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en el comunicado del día 28 de julio . Ante todo, los numerosos hechos milagrosos acaecidos en Ezkioga durante el mes de julio, no procuraban una certeza aceptable sobre la naturaleza de la aparición, sino solo “una tenue” probabilidad. Señaló con sinceridad todos los aspectos problemáticos del nuevo rumbo de Ezkioga, pero no dudó de la verdad de Ezkioga. Había, sí, desviaciones, pero no tocaban la verdad esencial de las apariciones. Su valoración de las mismas se centró en el fenómeno carismático de millares de personas rezando juntos el rosario[27].
La nota informativa del Párroco aparecía a nombre de “La Comisión Eclesiástica”[28]. El mismo día 28 de julio publicó el Vicario General de Vitoria, Dr. D. Justo Antonino Echeguren[29], una clarificación, negando la existencia de una Comisión Oficial. Con esto, el control de los sucesos de Ezkioga lo asumía la autoridad diocesana. D. Antonio optó por un progresivo distanciamiento de las apariciones y prefirió alejarse de la dirección de los acontecimientos[30]. Aflojado de este modo el control de la autoridad parroquial, se creó pronto un vacío de liderazgo eclesiástico en Ezkioga, que fue ocupado inmediatamente por los llamados “promotores”. Fue al tiempo de este vacío de liderazgo eclesiástico cuando empezaron las desviaciones que se convirtieron en el objeto principal de la vigilancia eclesiástica diocesana. El caso primero y más sonado fue la simulada estigmatización de Ramona Olazabal[31] que trajo la inmediata intervención del Vicario General que la declaró desprovista de todo carácter sobrenatural.
El incumplimiento del milagro anunciado por Patxi Goicochea para el 26 de diciembre, procuró al Vicario General la ocasión para prohibir a los sacerdotes dirigieran el rosario y, negar los sacramentos a los videntes que acudieran a Ezkioga[32]. Todos estos actos de la autoridad diocesana revelaban la convicción del Vicario General sobre la falsedad de todo lo de Ezkioga[33]. El 10 de junio de 1932, el Vicario General negó también la licencia para construir una capilla en el lugar de las apariciones[34]. Siguió la privación de sacramentos a los videntes desobedientes. Estas medidas punitivas tuvieron un efecto inesperado. Prohibido a los videntes el acceso al lugar de las apariciones, la Virgen empezó a manifestarse, no solo en el País Vasco sino también en otros lugares de la geografía española[35].
Hasta este momento las autoridades de Vitoria creyeron que Ezkioga era un hecho local y de ámbito meramente diocesano. Pero el 2 de octubre de 1932, el Dr. García Goldáraz, Asesor de la Nunciatura de Madrid pidió información al Vicario General de Vitoria sobre
Ezkioga. El Dr. Justo Echeguren le envió los documentos publicados hasta la fecha, acompañados de una amplia relación sobre los sucesos de Ezkioga[36].
Una intervención de gran importancia fue la que protagonizó el P. Laburu, S.I., famoso profesor jesuita, médico-psicólogo, encargado por el Vicario General para mentalizar a los fieles sobre las deformaciones de Ezkioga[37]. Su actuación fue decisiva para preparar el documento de condenación promulgado por el Obispo. El P. Laburu se sometió en un todo a la metodología señalada por el Vicario General. Descuidó por completo el estudio genético de las apariciones evitando un interrogatorio serio a los hermanos Bereciartúa. Se concentró exclusivamente en las desviaciones de los videntes de la segunda época. Su estudio fue de notable clarividencia sobre la naturaleza de las desviaciones. Pero los casos analizados por él no eran las apariciones fundantes de los hermanos Bereciartúa, sino sólo las desviaciones de Ezkioga.
5-El recurso a Roma
La situación diocesana parecía tranquilizada tras las decisiones del Vicario General, cuando en la forma más imprevista algunos creyentes en las apariciones recurrieron a la Secretaría de Estado del Vaticano. Encabezó tal gestión un ingeniero electrónico de Bilbao. La vidente Benita Aguirre, de Legazpia, se vio excluida de la comunión por acudir a Ezkioga contra las prescripciones diocesanas. El Sr. Sebastián López de Lerena era amigo de la familia Aguirre y se ofreció como consejero de la misma para un encuentro de conciliación con el Obispo de Vitoria. Le pidieron una declaración sobre la verdad de Ezkioga, y el levantamiento de la exclusión de los sacramentos a los videntes que volvieran a Ezkioga. Ante la negativa del Obispo, D. Sebastián le presentó días más tarde, sus demandas por escrito, añadiendo la propuesta de una encuesta sobre los hechos de Ezkioga. Sin esperar la respuesta del Obispo, mandó copia al Cardenal Pacelli, adjuntando a la misma una solicitud personal para que se hiciese una encuesta sobre los hechos[38]. Esta iniciativa trasladaba a la Sede Romana todo el asunto de Ezkioga[39]. En Roma, Pacelli puso a disposición del Santo Oficio todo el dossier recibido de Vitoria. El Santo Oficio decidió solicitar al Obispado una información de los hechos. El Obispo remitió inmediatamente al Santo Oficio un informe completo de los sucesos[40], y seguro de su posición basada en el impecable informe del Vicario General, procedió sin más a la condenación de las apariciones de Ezkioga[41]. El documento englobaba en un todo los fenómenos de Ezkioga desde el punto de vista de sus desviaciones. Este juicio ha sido hasta ahora el acto magisterial definitivo de la jerarquía diocesana[42]. No acalló esta pastoral las voces discrepantes de los ezkioguistas. Pronto desde Madrid dos sacerdotes escribieron al Santo Oficio rogándole asumiera toda la responsabilidad de la Causa de Ezkioga y diese una sentencia definitiva (favorable) sobre la misma[43].
El Obispo de Vitoria, secundando la sugerencia del Santo Oficio, remitió al dicasterio romano una documentación complementaria sobre los sucesos de Ezkioga, de modo particular sobre la persona inquietante de R. de Rigné[44]. El 3 de marzo de 1934 el Santo Oficio confió a Mons. Bondini el encargo especial de redactar un voto sobre todo el asunto de Ezkioga, que fue entregado el 04.06.1934[45]. Se tuvo la Congregación particular sobre el voto el 13 de junio de 1934, que aprobó por unanimidad lo realizado por el Obispo Múgica[46]. El 18 de junio se publicó en L'Osservatore Romano el definitivo decreto condenatorio de Ezkioga[47]. Así concluyó el proceso eclesiástico sobre los sucesos marianos de Ezkioga[48]
La actuación del Obispo de Vitoria agradó al Gobierno, que estaba muy preocupado por el sesgo antirrepublicano de Ezkioga. La cuestión de las apariciones de la localidad guipuzcoana era considerada por las Cortes como un grave peligro nacional. El Diputado Antonio de la Villa opinaba que “los milagros de Ezkioga sean un recuento de fuerzas de los Tradicionalistas vasco-navarros para dar la batalla a la República”[49]. La República consideró a Ezkioga como una reacción de la religiosidad popular más supersticiosa[50]. El 22 de agosto el Gobierno suspendió las publicaciones de derechas y mandó tropas al Norte. El 3 de febrero de 1932 el Estado impuso la retirada de las imágenes religiosas de los ayuntamientos de Guipúzcoa. En octubre del mismo 1932 empezaron los arrestos de los videntes[51]. En cuanto a la actitud condenatoria de Múgica y Echeguren, su proceder fue bien visto por el Gobierno. Múgica volvió a su sede de Vitoria (11 de abril de 1933) y el Vicario General fue promovido a obispo de Oviedo (28 de enero 1935). Mas las cosas se complicaron bien pronto. Si el Gobierno pensó que lo de Ezkioga había terminado con la condenación de parte de las autoridades eclesiásticas de Vitoria, lo peor para la República estaba por venir. En efecto, tras la retirada de D. Antonio, ocuparon su liderazgo los llamados promotores de Ezkioga, los cuales inmediatamente dieron un inesperado giro político a todas las apariciones. La que más se distinguió en esta deriva fue Carmen Medina. Con ella comenzó la etapa de la manipulación. La nueva líder era una andaluza de Sevilla que llegó a Ezkioga a fines de julio de 1931. Se alejó de los hermanos Bereciartúa, inclinándose claramente a los videntes del segundo grupo, dotados de fenómenos extraordinarios, y más dóciles a sus finalidades político-religiosas. Los principales videntes descalificados por las autoridades de Vitoria (Ramona Olazábal, Patxi Goicoechea, Evarista Galdós, etc.) pertenecían a este grupo. Con estos videntes, Carmen fomentó un espíritu de oposición decidido a la República desde posiciones católicas conservadoras. La reacción de las derechas se manifestó el 1° de agosto cuando el General José Sanjurjo organizó un golpe de estado[52]. Un mes antes del estallido de la Guerra Civil, el 26 de junio de 1936 escribió Mons. Múgica su última carta sobre Ezkioga, mandando retirar la estatua de la Virgen de los Dolores[53]. En plena Guerra Civil Carmen Medina escribía una carta colectiva a Roma pidiendo la aprobación de Ezkioga[54].
La aceptación del decreto condenatorio de parte del clero fue universal e incondicional. Pero no fue sin dolor. Todo el mundo tenía la convicción de que una condenación tan total, drástica y global, no respondía a la verdad. Para los fieles ezkioguistas no era verdad que en Ezkioga todo hubiera sido falso y negativo. La gente tenía la experiencia de que en Ezkioga hubo verdaderas y auténticas vivencias extraordinarias. El pueblo fiel se había adherido al mensaje de Ezkioga con una aceptación ingenua, pero generosa. El veredicto de la Iglesia fue aceptado con entera sumisión. La persona del venerable Mons. Mateo Múgica era universalmente querida y apreciada. Su decisión, aunque penosa para mucha gente, encontró un eco general de sumisión. Pero no todo fue una aceptación sumisa y dócil de parte de los ezkioguistas. Conocido el resultado negativo del recurso a Roma, el 16.07.1934, Sebastián L. de Lerena puso desde Bilbao un telegrama a la Secretaría de Estado, contra el decreto. El 17.07.1934 envió una copia del telegrama a la Nunciatura. El 19.06.1935 Rigné atacó también el decreto del Santo Oficio. No paró ahí la cosa. El 2.04.1937 Rigné recurrió el decreto del Santo Oficio a la Sagrada Rota, y el 22.04.1937 el mismo Rigné se dirigió al Papa. De la Rota la carta de Rigné fue entregada al Santo Oficio. El 02.06.1937 el Promotor de Justicia dio su voto favorable a la revisión del decreto del S.O. Mas tal voto no fue tenido en cuenta, y el proceso no fue tocado para nada.
El problema serio que planteaba ya entonces la actitud de la Iglesia era la negación tan enérgica de todo lo sucedido en Ezkioga, sin ninguna matización ni diferenciación en los hechos maravillosos de Anduaga. La férrea lógica de Echeguren-Múgica-Bondini llevaba a una conclusión final difícil de comprender. Englobaba en un todo indiferenciado el conjunto de las apariciones de Ezkioga. Con la referencia a unos cuantos videntes poco fiables, se daba un juicio de valor sobre un total de 250 videntes. La negación de todo elemento sobrenatural era sospechosa de parcialidad[55]. ¿Por qué se limitaba la encuesta a los falsos videntes? La impresión de los fieles más comprometidos era que la Pastoral -con una metodología un poco precipitada- englobaba arbitrariamente realidades y hechos difícilmente conciliables. La pastoral tocaba sólo las desviaciones de Ezkioga, sin atender a los aspectos positivos de los sucesos. No se sometía a un análisis crítico la historia completa de los hechos. ¿Por qué se prescindía de los hechos fundantes sin diferenciarlos serenamente de las derivaciones ulteriores? Muchos pensaban de esta manera, pero la objetividad de los hechos mismos no era clara. Ezkioga era realmente un conjunto aparicional extraño y difícilmente encasillable en la serie de sucesos milagrosos como la Milagrosa de La Salette, Lourdes, Pellevoisin, Quito, Fátima. En todos esos casos primaban las visiones unipersonales, mientras que Ezkioga era una experiencia de aparición multitudinaria. La primera constatación metodológica debía haber sido la toma de conciencia de su singularidad[56]. Y la realidad era que, a la sazón, la Iglesia no tenía una metodología adecuada para dictaminar sobre apariciones grupales. Tardaría tiempo aún hasta que vinieran las apariciones de Betania (Venezuela). En ellas utilizaría por primera vez la Iglesia un método adecuado para su discernimiento y la consiguiente aprobación oficial. El Obispo de la diócesis de Los Teques, Mons. Pío Bello Ricardo fue el que puso en práctica tal método. En estas apariciones hay un primer vidente -la Sra. Esperanza Bianchini- de cuya experiencia dependen las siguientes, que a veces llegaba a concentrar centenares de personas. Esta masa de videntes exigía una técnica especial de discernimiento. La primera de ellas fue la selección entre los mismos videntes. En Betania el Obispo fue quien personalmente dirigió el trabajo del discernimiento “oficial”. Seleccionó el grupo de personas que ostentaban indicios de verdadera experiencia aparicional, de los que simplemente daban señal de alucinación. De entre una masa de 200 videntes, examinó a las personas que ofrecían señales de auténtica aparición, y sobre la base de este examen, dictó su sentencia de autenticidad de las visiones,
La otra experiencia de apariciones multitudinarias fue la de Kibeho. También allí la autoridad eclesiástica hizo una selección. Se limitó al grupo de videntes con apariciones públicas, es decir experimentadas ante testigos. De estas personas, seleccionaron a tres, y sobre el testimonio de estas tres que ofrecían evidentes señales de experiencias sobrenaturales, dictaron su sentencia[57].
En Ezkioga se procedió en forma inversa. Solo fueron tenidos en cuenta los casos de falsa aparición. La lista de Echeguren y de Múgica es de falsos videntes.
Aun a riesgo de algunas repeticiones, resumamos lo nuclear de la pastoral mariana en el complicado caso de Ezkioga.
En la primera etapa de Ezkioga la actuación de D. Antonio fue determinante, como se ha visto más arriba. Una vez que cayó sobre Ezkioga la condenación, y la vergüenza colectiva empezó a pesar sobre todo lo de Ezkioga, la persona de D. Antonio empezó a ser enjuiciada en manera más bien negativa. Se le trató de excesivamente propenso a creer en apariciones; de haber sido demasiado crédulo; de estar en el origen de todo el asunto de Ezkioga. Incluso se le ha tachado de haber abandonado interesadamente a los hermanos Bereciartúa[58]. Para dar un juicio más ajustado a la realidad son útiles los testimonios que en el proceso de beatificación presentaron algunos sacerdotes eminentes del País Vasco. Comencemos por dejar constancia de que la Iglesia estuvo desde el primer momento presente en Ezkioga. Antes de las 24 horas de la aparición fue alertada la Parroquia de Zumárraga. Al tercer día dos sacerdotes de dicha Parroquia visitan el lugar de las apariciones y son testigos de la tercera aparición. El día 4 el clero de Zumárraga empieza a dirigir el rezo del rosario grupal que será la característica de Ezkioga. El Párroco de Zumárraga fue el que asumió la responsabilidad de controlar y discernir el curso de las manifestaciones marianas. Efectivamente, D. Antonio siguió desde el primer momento con gran atención los sucesos. Comprobó directamente a los videntes en estado de aparición; organizó el rezo del rosario; formó la comisión de discernimiento de los milagros. Por fin, fue quien dio un dictamen primero y con conocimiento directo de las cosas, sobre el conjunto de Ezkioga. Además, en todo momento dio muestras de estar a la escucha de los acontecimientos prescindiendo de la idea que se había formado personalmente de las apariciones[59]. Ezkioga nunca fue otro Lourdes. Los niños no hacían sino rezar el rosario, ajustándose a lo que la Virgen les sugería desde dentro. Luego vinieron los milagros, y Amundaráin se vio desconcertado. Él quería, sin duda, que hubiera signos que acreditaran la verdad de la aparición, quizá al modo de la fuente milagrosa que empezó a manar en la gruta de Massabielle. Pero en Ezkioga los signos no correspondieron a su idea. Los primmeros fueron milagros de conversión. Además, no eran los niños los protagonistas de los signos, sino que surgieron nuevos videntes agraciados con tales señales. Estas novedades contribuyeron a crear cierta perplejidad en D. Antonio respecto de los niños, inclinándose -algún tiempo- hacia los videntes más dotados de dones extraordinarios. Además, los signos de Ezkioga no eran inequívocos como los de Lourdes. Por eso había que someterlos a discernimiento, para captar su sentido. Para ello formó la comisión especial. A estas novedades se añadieron otras. Se multiplicaron las visiones. La afluencia era inusitada y en pocas semanas Ezkioga cambió completamente de aspecto religioso. D. Antonio seguía toda esta evolución con suma atención. Notaba en Ezkioga muchas cosas que no le gustaban, pero nunca dudó de los hechos aparicionales. La verdadera idea que Párroco de Zumárraga se formó de Ezkioga aparece en el comunicado del día 28 de julio[60]. Ante todo, los numerosos hechos milagrosos no daban una certeza aceptable sobre la naturaleza de la aparición. Señaló con sinceridad todos los aspectos problemáticos del nuevo rumbo de Ezkioga, pero no dudó de la verdad de Ezkioga. Había, sí, desviaciones que no tocaban para nada la verdad esencial de Ezkioga. La conducta de D. Antonio tipificaba la reacción del clero que colaboraba con él en Ezkioga. En esta primera etapa local, el clero aceptó el carácter grupal de las apariciones. No se dejó impresionar por los elementos problemáticos, que eran de tipo accidental. Creyó que lo de Ezkioga era verdadero. El comunicado del 28 de julio fue la síntesis de lo que creía de Ezkioga, de lo que estaba pasando en Ezkioga, y de los problemas verdaderos que entreveía en su desarrollo. Los problemas comenzaron con la desautorización del comunicado. Desde entonces las relaciones entre el Párroco y las autoridades diocesanas se hicieron tensas. Pero el Ven. Amundaráin siguió defendiendo a Ezkioga. El momento más crítico fue la simulada estigmatización de Ramona. D. Antonio había creído hasta entonces en Ramona y la tenía por verdadera vidente. Por eso, la simulada estigmatización de Ramona le procuró una áspera reprensión del Vicario General[61]. A pesar del doloroso fiasco, en la reunión que el mismo día tuvo el Dr. D. Justo Echeguren con D. Antonio, D. Pío Montoya, y Julián Ayestarán, el Párroco de Zumárraga defendió a los niños Bereciartúa, diferenciándolos de los demás videntes[62].
Una fuente de información no utilizada hasta ahora son los procesos de su beatificación. Según estos testimonios, cuando el Obispo procedió a la condenación de Ezkioga, D. Antonio le expresó su disconformidad en una carta personal. Mas, después de escrita y depositada en correos, por escrúpulos de conciencia, logró rescatarla, y la carta nunca salió de la oficina de correos de Zumárraga[63].
Más detallada es la declaración de Sor María Anunciación Usandizaga Martínez. Según la testigo, hubo de parte de la autoridad eclesiástica una limitación de la actividad parroquial de un determinado sector de Zumárraga para D. Antonio[64]. Seguramente se refiere a la exclusión del territorio de Ezkioga, que pertenecía a la jurisdicción de D. Sinforoso Ibarguen, mientras que la parte de Anduaga donde estaba situada la campa de las apariciones caía bajo la responsabilidad pastoral del coadjutor D. Juan Casares.
Muy significativa -a pesar de su tono evasivo- la declaración del Obispo emérito de San Sebastián, Mons. Jacinto Argaya. Indirectamente da a entender que la decisión de las autoridades no respondía del todo a la realidad[65].
En estas circunstancias resultó muy delicado el papel del Párroco. Los sucesos negativos de los últimos meses obligaron a Amundaráin a dejar la Parroquia el 16 de diciembre de 1932, retirándose al Noviciado de las Hermanas Mercedarias de la Caridad.
Lo más singular y valioso de la actitud de D. Antonio sobre los hechos de Ezkioga es que nunca perdió la fe en los mismos. Hombre de Dios como era, pudo comprobar muy de cerca la verdad de las visiones de los niños y de otras personas dotadas de auténticas experiencias sobrenaturales. La línea favorecida por Amundaráin fue prácticamente condenada por las autoridades diocesanas, y declarada imprudente y falsa[66]. Sin embargo, Ezkioga cuenta con una gloria muy singular, cual es la de haber tenido como testigo de la presencia de la Virgen, a un santo sacerdote.
Frente a D. Antonio estaba la línea oficial negativa de las autoridades de Vitoria que se mantendrá firme hasta el decreto definitivo del Santo Oficio. Para Echeguren estaba clara la falsedad de Ezkioga. D. Antonio creía que los episodios tan duramente enjuiciados por el Vicario General no afectaban al fenómeno esencial de Ezkioga. En cuanto al clero, es cierto que en un primer momento creyó en la verdad de Ezkioga. Tras las tajantes declaraciones de Echeguren y Múgica, sometieron su juicio a la autoridad doctrinal de los dos ilustres personajes. Pero siempre nutrieron en su interior una duda fundada sobre si era cierto que todo lo de Ezkioga estuvo desprovisto de base sobrenatural.
Esta compleja historia de la condenación de Ezkioga por parte de la autoridad eclesiástica de Vitoria tuvo sus consecuencias positivas que en su tiempo no advirtieron cuantos se vieron perplejos por tal documento[67].
El problema crucial de las apariciones en sus comienzos suele ser el discernimiento entre las “verdaderas” y las “falsas”. La importancia del discernimiento y sus riesgos los describió muy acertadamente el ilustre jesuita P. Juan Roig Gironella cuando afirmó que “todas las apariciones son, al principio, auténticas y, luego, debido a una falta de dirección espiritual, casi todas emprenden un mal camino”[68].
El problema del discernimiento en las apariciones de Ezkioga reside en su propia singularidad. Desde un principio Ezkioga empezó a funcionar como las demás apariciones de la historia reciente de la Iglesia. En efecto, éstas han sido en sus principios, unipersonales como en Laus, la Milagrosa, Lourdes, Banneux, Pellevoisin, etc.; y multipersonales como Pontmain, Quito, Fátima y Beauraing. En todos estos casos se daba un elemento unificante que era la identidad de las personas en toda la serie cronológica de las apariciones. En Fátima los tres niños tuvieron las mismas apariciones, igual que en el caso de Beauraing. Los de Pontmain tuvieron una misma y única aparición. En Ezkioga empezó una novedad. Fue la ampliación del número de videntes y visiones. A los dos hermanos Bereciartúa se añadieron nuevos videntes y nuevas visiones. Más aún, a la multipersonalidad de las apariciones sucesivas diferentes de los primeros testigos, se siguió una serie de numerosas apariciones unipersonales que en conjunto formaron una multitud de videntes.
Esto plantea crudamente el problema de la singularidad de las apariciones de Ezkioga.
Más arriba hemos hablado de la “onda expansiva” que siguió a las experiencias de la aparición fundante de los hermanos Bereciartúa. Volvamos ahora más de propósito sobre esta compleja realidad. Hay, en primer lugar, una onda expansiva que se da en el momento primero de las apariciones, cuando solo una persona ve a la Virgen, y después de ella empiezan a ver otros. Así surge el grupo fundante, que formará luego el núcleo cerrado de los videntes protagonistas de una aparición. Este fenómeno es conocido en la historia de las apariciones[69]. Lo singular de Ezkioga es que la aparición fundante de los hermanos Bereciartúa no suscitó una exacta replicación ulterior de su visión, en otros, sino que su influjo fue una especie de inducción indirecta causada por la experiencia del rezo en común. Ellos se limitaron a obedecer al impulso interior que los llevó a rezar: impulso que resultó irresistible en cuantos se congregaban en torno a ellos. El rezo del rosario en grupo, iniciado por los dos hermanos, fue la causa desencadenante de hechos extraordinarios -sobre todo visiones de conversión, de curaciones y de percepciones paranormales- que alcanzaron, sólo en el primer mes, un número superior a las cien personas. Estos fenómenos, que no afectaron nunca a los videntes primeros, fueron la característica de la experiencia colectiva que revistió pronto al fenómeno Ezkioga. La diferencia de las apariciones fuente de los hermanos Bereciartúa y de los videntes posteriores la advirtió desde su primera visita en el mes de julio de 1931 un testigo de Ezkioga de la primera hora. Fue el escritor católico vasco- francés, futuro miembro de la Academia Francesa, Gaétan Bernoville. Este testigo de vista de Ezkioga, , describe los fenómenos de Ezkioga en una manera muy significativa. Lo primero que advierte es que los “videntes” (segundos) no toman el hecho de la “aparición” en el sentido normal de la expresión, es decir: como una realidad que milagrosamente se hace visible a los humanos: “Ninguna, [de las declaraciones] hay que decirlo bien alto, otorga a estas apariciones el sentido que se quiere dar, y del cual la piedad pudiera nutrirse”[70]. Esto es: la gente cree que lo que los videntes refieren de sus experiencias es una verdadera aparición, mas no lo es en realidad. Lo que estos videntes dicen ver, sería un fenómeno de vivencia carismático-mariana en grupo, al modo de los fenómenos propios de la renovación carismática en sus sesiones de sanación, o de bautismo en el espíritu, con los "descansos en el espíritu", etc., lo que actualmente pasa en las celebraciones marianas de Medjurgorje.
A los hermanos Bereciartúa los incluye como parte primera y principal, en el grupo incontestable “de veracidad, de sinceridad, de sencillez, de piedad”.
Las observaciones de Bernoville son de excepcional valor. Quizá era el hombre de cultura más ilustre de los visitantes de Ezkioga en los meses de julio y octubre de 1931[71]. Además de la esencial explicación de los fenómenos de Ezkioga como de aparición está su percepción neta de las tres zonas de lo maravilloso de la campa de Anduaga en lols a. En efecto, estableció en forma definitiva, ya en octubre de 1931, los tres tipos de la masa de participantes en las celebraciones de Ezkioga. En primer lugar están los dos hermanos Bereciartúa. Ellos forman parte del núcleo primero del grupo que llama la “zona de veracidad, de sinceridad, de sencillez, de piedad". En el interior de este mismo grupo de la sinceridad, subraya netamente la diferencia e ntre los primmeros videntes - los hermanos Bereciiartúa-, y el resto del grupo. Bernoville reserva el sentido estricto de aparición a los hermanos Bereciartúa. Los otros videntes sinvveros actuarían en sus experiencias durante el rezo del rosario, al modo de los carismáticos de la renovación carismática actual, en las sesiones de sanación o del bautismo en el espíritu, etc. Rodeando a este grupo, en formas concéntricas, pero más alejadas de él, está el otro denominado “de alucinación, neurosis, y de histeria mística”. En fin, una tercera zona, más alejada del centro de la verdadera aparición, la caracteriza como “zona de comedia, y con frecuencia, de fraude”[72].
Esta realidad compleja de Ezkioga resultaba de difícil discernimiento para la Iglesia habituada a las apariciones precedentes. Por eso advierte Bernoville. “Es sabido que la Iglesia [..] no actúa con precipitación. Esta es la decisiónsperar. Sabemos de antemano, los católicos, el valor de lo sobrenatural, pero incluso para un incrédulo, -si es de buena fe- ningún testimonio humano podría dar más garantías que la Iglesia.De modo esecial cuando se trata de apariciones, el rigor minucioso de las encuestas y contra­encuestas, el método, la prudencia infinita, la sabia circunspección y la lentitud que ella aporta, su interés para por con cuidado las observaciones de la medicina, y de la ciencia , son proverbiales . Cuando hable sobre Ezkioga, si lo juzga conveniente hacerlo, lo hará con conocimiento de causa”57'
Muy lejos estuvo la autoridad eclesiástica de actuar según los sabios consejos de Bernoville. La experiencia en el juicio de las apariciones seguía un método establecido, y la dejaban desarmada para los nuevos fenómenos aparicionales. Entonces se equiparó a Ezkioga con las apariciones en las cuales la multipersonalidad sucedía en una misma secuencia aparicional, y los fenómenos eran unívocos en todos los videntes. Esto no era aplicable para los fenómenos nuevos que se daban en Ezkioga. Las urgencias de una diócesis en estado de persecución no permitieron la calma y la lentitud pedidas por el ilustre literato francés. La obsesión por no crear más motivos de tensión política, forzó a actuar rápidamente, con una serie de medidas de ámbito estrictamente diocesano. Estas medidas se aplicaron conforme a la metodología del tiempo. Pero en lugar de comenzar la investigación teniendo en cuenta la complejidad de los tres grupos presentes en Ezkioga según Bernoville, se procedió a la selección de los testigos de la encuesta, dentro del grupo que el periodista francés diferenció como “zona de comedia y de fraude”. La lógica interna de tal metodología obedecía, posiblemente, al principio de que una intervención divina debe ser en todos los aspectos buena:"bonum ex integra causa". Y esa condición no se daba en Ezkioga. Entonces se creyó que toda falsedad que apareciera en el conjunto de la aparición, afectaba a la aparición en su conjunto. De este modo el principio del “bonum ex integra causa” significaba que, si se daban apariciones falsas en el conjunto de una aparición grupal, dicha aparición conjunta no podía justificarse como verdadera y venida de Dios.
Esto es lo nuevo que se debe tener en cuenta para aplicar a Ezkioga el esquema del P. Roig antes de afirmar que Ezkioga fue en un principio una aparición buena, y luego se desvió. Cierto que hubo desviaciones. Pero todo cuanto sucedió en la segunda época ¿lo es por igual desviado y falso? La desviación de Ezkioga ¿era de parte de los fieles, o suponían formas objetivas nuevas, que aparecían en discontinuidad con los casos precedentes? ¿Dónde llegaban las innovaciones objetivas, y dónde empezaban las desviaciones?
Seguramente la autoridad procedió, en forma provisional, condenando, de inmediato, sólo las desviaciones, pensando -quizá- en un futuro proceso más completo y sereno cuando cesaran las condiciones precarias de la diócesis , con un obispo desterrado. Pero el resultado fue que esta condenación se consideró como definitiva y se acordó englobar en un todo el fenómeno aparicional. Ante el peligro de un recrudecimiento de la acción represiva del Gobierno, se recurrió a un método expeditivo: la condenación de todo el conjunto de las visiones. Esta actitud negativa de la Iglesia exasperó la sensibilidad del pueblo devoto de Ezkioga[73], y la fe en Ezkioga se radicalizó bajo la forma de una reacción contraria a la política del Gobierno republicano.[74]
La decisión de Vitoria evitaba un peligro inmediato, pero dejaba detrás de sí una estela de frustración que duró largos años[75]. En la historia de las apariciones, la de Ezkioga aparece a la cabeza de todas las apariciones del siglo XX condenadas por la Iglesia[76].
Retornando ahora a la condenación podemos preguntarnos: por imprudente y apresurada que haya sido la condenación eclesiástica de Ezkioga ¿fue todo negativo en el dictamen de la autoridad eclesiástica de Vitoria?
Una adecuada distancia histórica contribuye a valorar mejor las razones prudenciales que forzaron a las autoridades de Vitoria a pronunciarse negativamente. Para Vitoria lo que tácitamente estaba en juego eran las relaciones de la Iglesia con el Gobierno republicano. En realidad Ezkioga había causado un impacto fuerte ya en los comienzos mismos de la II República recién consolidada por el resultado de las elecciones del 28 de junio de 1931. Muchos católicos veían en Ezkioga una respuesta del cielo contra la República. Tal interpretación de Ezkioga era sumamente peligrosa en la diócesis de Vitoria. El Prelado estaba desterrado por el Gobierno en Francia. Ezkioga esgrimida como una bandera antirrepublicana auguraba reacciones muy negativas para la Diócesis. Por esta razón el Vicario General se posicionó de cara a las apariciones en una actitud beligerante y negativa[77].
La afirmación del P. Gironella de que en un principio todas las apariciones son auténticas, tiene unas posibilidades muy útiles para prolongarlas en una serena reflexión. Las apariciones que fueron auténticas en un principio, pueden resistir y superar las contrariedades procuradas por las circunstancias adversas que hubieron de atravesaron. En otras palabras: unas apariciones auténticas en los comienzos, pueden sobrevivir y llegar a un reconocimiento ulterior a modo de una rehabilitación. Pero es muy rara una habilitación en la cual una aparición condenada es luego reconocida como auténtica. En nuestros días se están dando casos de una rehabilitación indirecta mediante la concesión del permiso del culto en el lugar de las apariciones en otro tiemo proscritas. También en este punto Ezkioga resultó un precursor. Recordemos algunos hechos significativos. El final de la Guerra Civil española y de la II Guerra Mundial cambiaron la faz del mundo muy notablemente. La constitución de San Sebastián (1952) en una diócesis autónoma suponía una oportunidad única para la historia de Ezkioga. Cesaba la vinculación con Vitoria, de donde habían procedido las condenaciones. Un nuevo ambiente reinaba en la recién creada diócesis. En un encuentro entre importantes representantes ezkioguistas y el nuevo obispo de San Sebastián, el citado grupo pidió, entre otras cosas, se permitiera a videntes y creyentes acceso libre al lugar de Ezkioga, para rezar. El obispo accedió a esta súplica, mas no hizo concesión alguna respecto al examen de las pruebas de las apariciones que le
on
entregaron . En aquella ocasión no se hizo pública la concesión del Obispo. La noticia de la concesión circuló sólo entre los ezkioguistas, pero no hay duda de que fue una verdadera rehabilitación indirecta, pues levantaba la prohibición del acceso de los videntes , a Ezkioga. Este hecho histórico de la revocación por el obispo de San Sebastián, de las normas de la autoridad eclesiástica precedente, hace remontar a
Ezkioga la praxis que se ha introducido recientemente para rehabilitar apariciones sospechosas o condenadas.
La persuasión que dominó en los 75 años posteriores a la condenación del año 1933, de que Ezkioga fue una aparición buena en los comienzos, pero digna de ser condenada por las posteriores desviaciones, está sufriendo un cambio interpretativo. En la actualidad parece que la convicción dominante es otra. Después de haber sufrido largo tiempo una especie de muerte histórica, Ezkioga espera su resurrección, mediante una revisión histórica y teológica que le procuren una verdadera rehabilitación. Esta esperanza se apoya en el hecho de que nuestros días están conociendo casos importantes de rehabilitación de apariciones no aceptadas por la autoridad de la Iglesia, como la de Ntra. Sra. de Todos los Pueblos en Ámsterdam[78], y la

Virgen del Escorial en Madrid .
Esta revisión está devolviendo a Ezkioga un lugar relevante en la historia mariana del País Vasco y de España. Ezkioga, ante todo, es la precursora de Medjurgorje y Betania, con su increíble afluencia de peregrinos[79], su característica de aparición colectiva, y sus llamativas innovaciones mariofánicas. Las apariciones de Bosnia empezaron exactamente a los 50 años de Ezkioga (1931-1981) coincidiendo también con los últimos días de junio: Ezkioga el 30 de junio, Medjurgorje, el 25 de junio. Además de colectivas, Ezkioga y Medjurgorje son apariciones de ciclo abierto. Ezkioga funcionó hasta la guerra del 36, mientras que Medjurgorje continúa todavía. Las apariciones de Yugoslavia tuvieron una primera condenación de parte del Obispo Zanic, lo mismo que Ezkioga, si bien la condenación del obispo eslavo no fue promulgada.
Ezkioga ha sido -como evento social-religioso-, el de más vastas proporciones, en toda la historia cristiana del País Vasco, y quizá también de España. Y ese evento tiene un sentido también en nuestros días
A la citada rehabilitación religiosa de Ezkioga ha seguido una seria revisión histórica que está devolviendo a Ezkioga un lugar relevante en la historia mariana del País Vasco y de España[80].
Ezkioga ha sido -como evento social-religioso-, el de más vastas proporciones en toda la historia cristiana del País Vasco. Y ese evento tiene un sentido también en nuestros días. En una situación de crispación política en que las fuerzas católicas pedían una señal del cielo contra la República, los niños de Ezkioga -como cincuenta años más tarde los adolescentes de Medjurgorje- solo reciben de la Virgen una consigna de oración. La respuesta de los niños de Ezkioga a esa petición de la Virgen fue la que provocó la respuesta masiva del rezo del rosario en Ezkioga[81]. Ese mensaje fue el que preparó el advenimiento de Medjurgorje. La reina de la paz lo actualizó en Bosnia, en una forma que nunca alcanzaron las apariciones precedentes.
La Pastoral mariana de las apariciones abarca tanto la cuidadosa atención a los fieles que acuden a los santuarios en cuyo origen se da una aparición aprobada por la Iglesia como la comprensión de los que mantienen viva la tradición de una aparición inicial auténtica, deformada por desviaciones reprobadas por la Iglesia, pero purificadas merced a una continuidad en su culto a pesar de la cruz y muerte de la condenación eclesiástica.
A. M. Artola, CP.

8             Para sus relaciones con Ezkioga, ver WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, pp. 98, 102, 105, 116, 117, 118, 119, 148, 150, 240, 246, 387, 388, 392, 397, 400.
28            “No pudiendo darse hoy más que una tenue probabilidad acerca de la verdad de los hechos prodigiosos del pueblo de Ezkioga, es una verdadera temeridad y grande imprudencia, lanzarse sin más a comerciar con estampas y medallas que representan a una Dolorosa cualquiera, fabricada a capricho de un dibujante que no puede saber el detalle de tales apariciones”. (DOSSIER, Doc. I).
80            Mons. Jaime Font Andréu era natural de Vich. Seguramente conoció el movimiento catalán favorable a Ezkioga. Es posible que los recuerdos de juventud actuaran en él para empatizar con Ezkioga y otorgar la concesión mencionada. Mons. Font Andréu fue quien rompió el último eslabón de la cadena condenatoria que venía desde el año 1931, y puso las bases de la rehabilitación, anulando la prohibición de acudir a Ezkioga, que pesaba sobre los videntes (WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 381).
82            Las apariciones comenzaron con la Señora Amparo Cuevas el 14 de junio de 1981. El 12 de abril de 1985 el Cardenal Suquia, Arzobispo de Madrid, declaró que en dichas apariciones no constaba la presencia del elemento sobrenatural. Mas el 14 de junio de 1994 procedió a realizar aprobaciones que tenían relación indirecta con las apariciones. El 2 de febrero de 2009 se realizó la erección en Asociación pública de fieles "Reparadores de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores" con personalidad jurídica pública. Y aprobaba sus Estatutos. Igualmente erigido con personalidad jurídica pública la "Fundación pía autónoma Virgen de los Dolores". La condenación del Cardenal Suquia el 12 de abril de 1985 fue indirectamente rectificada por el Cardenal Arzobispo de Madrid, D. Antonio María Rouco Varela, quien autorizó el 6 de febrero del 2009 la celebración de la Santa Misa todos los primeros sábados de mes en la nave «Ave María», junto a Prado Nuevo de El Escorial (Madrid), lugar de reunión de los seguidores de Luz Amparo Cuevas. Aprobaba también los Estatutos fundacionales.


[1] Texto, leído en la LXII Semana Mariológica Española, celebrada en Barcelona los días 30 de agosto a 2 de septiembre de 2011. Publicado en el vol. LXVII de ESTUDIOS MARIANOS, Salamanca , 2012,pp.147-173.
[2]              Conforme a la grafía actualmente en uso, escribimos EZKIOGA. En 1931 se escribía EZQUIOGA
[3]             Este es el punto de vista de la impresionante obra de WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. titulada LAS VISIONES DE EZKIOGA. La Segunda República y el Reino de Cristo, publicada en traducción española del original americano, de José Luis Gil Arestu, en la Editorial Ariel (1999). Es la obra más completa y crítica sobre el tema.
[4]             El 13 de agosto de 1931 el diputado Antonio de la Villa denunció en las Cortes Constituyentes las apariciones de Ezkioga (Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 50. 131.138, 246).
[5]              El Conde de Romanones llamó a los hechos de Ezkioga: “hipertensión religiosa a la que ha llegado el pueblo vasco” W. A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 291). Esta afirmación la hizo el Conde, ante Gaetan de Bernoville Cfr., Lesfaits étranges d'Ezquioga, ÉTUDES, 1931, IV, p. 460).
[6]              Pío Baroja en su libro Los Visionarios ridiculizó al P. Laburu, y criticó severamente el seudopositivismo de los que negaban los milagros de Ezkioga (Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 143.)
[7]              WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga. p. 289. No fue Marañón el único médico ilustre interesado en Ezkioga. Vino también de parte del patólogo y diputado Cortes, Roberto Novoa Dantis, su ayudante José María Iza, el 17 de octubre de 1931. (Ibid.)
[8]              A. M. ARTOLA, La Mística del Amor. Selección de textos e introducción a la M. M. Magdalena del Smo. Sacramento. BAC. Clásicos de Espiritualidad, 344. pp. Madrid, 1998. Para sus relaciones con Ezkioga ver WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 239, 388, 407-408.
Para Esperanza Aranda y su historia mística, ver Juan RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Despierta Girona. Escucha Israel. Crónica de las apariciones y mensajes de Nuestro Señor Jesucristo y de su Santísima Madre en Torre Gironella (Girona 1974-1997), pp. 394-395 (pro manuscripto). Para las relaciones de E. Aranda con Ezkioga, consultar WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 155, 157, 217, 237, 380, 382.
[10]            G. Bernoville llegó a Ezkioga en la segunda mitad de julio de 1931. Recibió un gran impacto de las apariciones. Ver las notas 70-72.
[11]            Tras la condenación eclesiástica de Ezkioga, una losa de silencio cayó sobre sus apariciones. La rehabilitación emprendida por obra de William A. Christian, Jr. empieza a dar sus frutos. La apertura en 2006 del Archivo Secreto Vaticano y del Santo Oficio, para los años 1922-1939, ofrecen una oportunidad única para esa rehabilitación. La documentación que en el curso del trabajo se cita, ha sido publicada por el autor en SCRIPTORIUM VICTORIENSE, (58) 2011, N 4, con el título: DOSSIER ECLESIÁSTICO SOBRE LAS APARICIONES DE EZKIOGA: I-DOCUMENTOS DE LA NUNCIATURA APOSTÓLICA DE MADRID (1931-1934).=DOSSIER).
[12]            Ezkioga pertenece al partido judicial de Azpeitia. Eclesiásticamente forma parte del Arciprestazgo de Segura, y en 1931 era una feligresía de la diócesis de Vitoria. En 1931 contaba con 700 habitantes. El casco de la villa está formado por once casas regularmente agrupadas en terreno pendiente alrededor de la iglesia y fuera del recinto urbano hay otras setenta de las que una docena forman al borde de la carretera que va de Ormáiztegui a Zumárraga un barrio conocido antiguamente con el nombre de Anduaga, por hallarse aquí el solar de este nombre y al que hoy más generalmente se llama Santa Lucía. La iglesia del barrio pertenece al Arciprestazgo de Segura. La iglesia parroquial está dedicada a San Miguel. En 1931 era Párroco D. Sinforoso
Ibarguren. A la zona de Santa Lucía atendía como coadjutor Juan Casares. En 1931 tenía un párroco que residía en el núcleo urbano de la parte alta. El coadjutor habitaba en el barrio de Santa Lucía.
[13]            Es la región de San Ignacio de Loyola y del Beato H. Gárate (Azpeitia), de San Martín de la Ascensión (Beasáin), de Santo Domingo de Erquicia (Régil). A la zona pertenecen también los siervos de Dios, Martín Elorza (Elgueta) y Benito Arrieta (Cegama). Célebre en la historia con hombres como Urdaneta (Ordicia), Legazpi (Zumárraga), Iparraguirre (Villarreal de Urretxu). De la zona procedían los antepasados del obispo Juan de Zumárraga y del Bto. Tomás de Zumárraga, San Valentín de Berrio-Ochoa y de Santa Josefa Guerra.
[14]            En la escuela de Santa Lucía, a donde acudían los videntes, la maestra Manuela Lasa, que la regentó los años 1929-1931, procedía en su clase de la siguiente manera: Iniciaba el día con una oración, rezaba el rosario los sábados, y celebraba el mes de María con flores y plegarias. Además tenía en el aula de estudio una estatua de la Virgen y un crucifijo” (Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga. p. 34). Las predecesoras de Manuela habían actuado de la misma manera. Solo en 1931, entró una maestra forastera que lo cambió todo, suprimiendo, incluso, las imágenes religiosas en las aulas.
[15]            La historia antigua más completa que es la Burguera, (Los hechos de Ezquioga ante la razón y la fe, Valladolid, 1934. Edición facsímil de 2003) le dedica solo ocho renglones y medio (p. 31). William A. Christian, que es el historiador crítico más completo de Ezkioga, descuidó casi por completo esta historia. No quiso entrevistar a ninguno de los videntes que aún vivían al tiempo de sus encuestas. Y como los hermanos Bereciartúa aún vivían, descuidó su interrogatorio (Antonia murió en Zumárraga, el 12.05.2005, a los 85 años, y Andrés en Vitoria, el 04.l0.2000, a los 76 años). Ambos están enterrados en el cementerio de Ezkioga. Esta deficiencia no queda subsanada con las aportaciones de los historiadores de Ezkioga. En efecto, se centran más en los videntes posteriores que en los hermanos Bereciartúa; su interés se centra en la época de hechos extraordinarios que comenzaron con los segundos videntes. Reconstruimos el hecho sobre los testimonios directos y personales de Felipa Aramburu, que fue testigo presencial del hecho, recogidos en su casa de Zumárraga el 12 de octubre de 2010.
[16]  Ezkioga pertenece al fenómeno de las “apariciones” marianas o “mariofamas”. Hay una leve diferencia entre “apariciones” y “Mariofanías” (Cfr. J. BOUFLET, Apparizioni mariane antiche e moderne,, San Paolo,Cinisello Balsamo, 1999, pp.5-6, las toma como sinónimas. Este autor entiende las apariciones como “Intervenciones circunstanciadas de la Virgen, en las cuales ella conversa los videntes como una mujer vivienete”. Su objeto es la percepción de una persona invisible: María. Para él son sinónimos Aparición mariana y mariofanía. S. DE FIORES entiende en maera diversa las dos denominaciones (Ver Maria Madre di Gesù, EDB, Bologna, 1992, p.335) El P. Salvatore M. Perrella ( Cfr. Le Apparizioni mariane. Significato teologico e verifica ecclesiale,THETOKOS, XIX (2011) p. 517 ) incluye las apaririciones en las integrando en las mariofanías todos los fenómenos de cualquier intervención mariana como las lacrimaciones sanguinaciones etc.ibid. p. 517.
[17]             El Ven. D. Antonio Amundaráin era a la sazón el Párroco de Zumárraga. Era el personaje eclesiástico más destacado del entorno de Ezkioga. Ejercía de párroco en Zumárraga desde el 23 de octubre de 1929. Con el fin de despertar en toda la parroquia el culto de la Virgen de la Antigua, organizó en los veranos de 1930-1931 una solemne novena que se desarrolló en los días 24 de junio al 2 de julio, fiesta de la Antigua. Para solemnizar la novena trajo la prodigiosa estatua a la Parroquia y organizó durante la novena, una gran procesión por las calles de Zumárraga. Había compuesto al efecto una novena en vascuence y español. Aquella novena tuvo una gran incidencia en la piedad del pueblo, y suscitó una corriente nueva de devoción a la Antigua. Precisamente en los últimos días de la novena de 1931 tuvieron lugar las primeras apariciones de la Dolorosa de Ezkioga. Su fama de santidad le ha valido la declaración de Venerable. Es, hasta el presente, el único sacerdote diocesano reconocido como tal, en la historia del País Vasco. Sobre la figura histórica del Ven. Antonio Amundaráin hay una biografía de D. Antonio María Pérez Ormazábal, Así fue el Padre (Vitoria, Ediciones AJM, 1954); id. Aquel monaguillo de Elduayen, Vitoria, Ediciones AJM, 1955. El P. José A. Sobrino publicó un esbozo biográfico en la BAC. Para la historia de sus relaciones con Ezkioga, cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, pp. 58-63. Para la biografía son más importantes los documentos de su Proceso de Canonización. Parte de los mismos se puede leer en la Positio para sus virtudes heroicas: Ver CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM. P. M. 1247. Matriten. Canonizationis Servi Dei Antonii AMUNDARÁIN GARMENDIA SACERDOTIS FUNDATORIS INSTITUTI SAECULARIS “ALIANZA EN JESÚS PRO MARIA” (1885-1954). ”Positio super virtutibus, Vol. I. Roma Tipografía Guerra. s.r.l. Piazza di Porta Maggiore, 1990. Esta obra la citamos, en adelante, como POSITIO).
[18]            El P. Ignacio Omaechevarria, que fue testigo de una de estas escenas, refirió lo siguiente en el proceso de beatificación del Párroco Antonio: “Recuerdo que siendo el Siervo de Dios Párroco de Zumárraga, en el año 1931, en que yo estaba en Guernica esperando que me llegara el permiso para trasladarme a Alemania, se organizó una excursión de varias personas a Loyola y otros lugares para ir a Ezquioga, en donde decían que se aparecía la Santísima Virgen; y fuimos. Y allí vimos al Siervo de Dios en la ladera de un monte, lugar de las presuntas apariciones que estaba dirigiendo el Santo Rosario y entre Misterio y Misterio él exhortaba a los presentes con mucho fervor y fuego al amor y devoción a la Santísima Virgen, y también a la penitencia, acompañado todo esto con cánticos en vascuence. Aquello resultaba piadoso” (POSITIO, p. 581).
[19]             Grande fue la contrariedad que experimentó el padre de los niños ante las visiones de sus hijos, y no pudo menos de someter a fuertes vejaciones a la hija. D. José era un hombre marcado por la psicología religiosa peculiar de la gente de Eibar. Católico de bautismo, pero alejado de la práctica religiosa y distante de todo lo relacionado con el mundo clerical. Lo menos que se pudo imaginar era que en su familia hubiera una vidente. Su disgusto debió de llegar al colmo cuando el día 2 vio llegar a dos curas hacia su taberna para informarse de lo que estaba sucediendo con sus hijos. Abundaron los malos tratos a su hija para que desistiera de tener visiones y engañar a la gente. La afluencia de gente cada vez más numerosa al rezo del rosario el día 4, le decidió a tomar una medida drástica. Llevo a sus hijos lejos del lugar de las apariciones, a un caserío desconocido.
[20]            Una onda expansiva la han tenido muchas apariciones. Lourdes la tuvo, cuando terminaron las apariciones (entre el 4 y 14 de abril a raíz de la 17 aparición). Es lo que R. Laurentin llama la “epidemia de las apariciones” (Cfr. R LAURENTIN, Dossier authentique, II, 21). Se dio esa epidemia entre el 4 y el 14 de abril, a raíz de la XVII aparición, ibid. p. 57. Sus protagonistas sumaron entre 30 y 42 el número de los videntes, (p. 88). También Beauraing tuvo su onda expansiva en la curación y las apariciones de Tillmann (Vraies et fausses, p. 22, Lethielleux-Bellarmin, París-Laval 1973. J. BILLET, Apparitions non reconues par l’Eglise, pp. 5-54).
[21]            El rezo informal de los primeros días cedió el lugar a una forma regulada de plegaria que fue el rosario. La característica de Ezkioga fue la participación masiva de la gente en la oración. El organizador del rezo mariano fue Amundaráin que le dio una forma fija, casi de tipo litúrgico. El rosario resultaba la preparación inmediata a las apariciones. Comenzaba con la procesión diaria a las 20,15. En el curso del rosario tenían lugar las apariciones.
[22]  Tras las primeras condenaciones, se dieron también cita en Ezkioga, individuos en busca de solución a conflictos personales con la autoridad eclesiástica. Estas personas entraron en la polémica a favor de Ezkioga a raíz de las primeras intervenciones condenatorias de la Iglesia. El caso de unas apariciones rechazadas por la Jerarquía, les servía de justificación en una situación de conflicto con la Iglesia institucional. Fue el caso de Raymond de Rigné que llegó a Ezkioga el 10 de agosto de 1931. (Sobre su compleja personalidad Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, pp. 120-126) y el P. Burguera (Acerca del P. Burguera buena información en WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 50. 127-132, 138, 246).
[23] De estas peregrinaciones hay en el Archivo del Santo Oficio un volumen de Arturo Rodés Buxadós, con la crónica de todas estas peregrinaciones. El libro está dedicado por su autor a Santa Gema Galgani. Fue ofrecido por Lourdes Rodés, con dedicatoria personal, al Cardenal Paul Philippe el 20.05.1968. La fecha de recibo en el Archivo es 19.076.1968. (Sobre las peregrinaciones catalanas ver WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr.
Las visiones de Ezkioga, pp. 80ss.).
[24]  El interés del Obispo provenía de su ingenua fe en los prodigios y profecías de la M. Rafols, falsificadas por la H. Naya. Irurita acudió a Ezkioga convencido de que estas apariciones se relacionaban muy estrechamente con las citadas profecías. A partir de este momento, las nuevas profecías de la M. Rafols publicadas por la H. Naya recibieron un fuerte impacto de las visiones de Ezkioga, y las apariciones guipuzcoan as empezaron a influenciar las profecías de Rafols. Al mismo tiempo, los libros de la M. Rafols influían en Ezkioga.
[25]  Gascón envió a Ezkioga a su empleado Salvador Cardús para que le informara de todo lo que allí sucedía .Gascón se dirigió a Ezkioga el 29 de agosto de 1939.Para entonces estaba en relaciones con el P. Vallet, y su movimiento de los Ejercicios Espirituales. Pronto cuajó el interés del P. Vallet por Ezkioga, y surgió la iniciativa de las peregrinaciones catalanas.
[26]            Organizaron 25 viajes de 24 a 30 personas que se dirigían a Ezkioga. Siempre contaban con un director espiritual. Duraba la estancia en Ezkioga una semana. Hubo peregrinos de Barcelona, Badalona, Calella, L’Espluga Calba, Lérida, Mataró, Mollerussa, Palamós, Reus, Sabadell (al menos 3), Tona (al menos 2), Torelló, Tarrasa (al menos 2), Vic (4) Cfr. Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 291 Vallet, los contactos más duraderos (p. 98). Los peregrinos catalanes fueron los primeros que introdujeron en el País Vasco el conocimiento de Santa Gema, que a la sazón no había sido aún beatificada.
[27]            “Desde un principio se ha notado y sentido en el sitio de las apariciones (así lo confiesan todos) un algo muy difícil de explicar, que insensiblemente recoge, hondamente conmueve y convida poderosamente a la piedad. Por eso el santo rosario, que es el único acto religioso oficial que aquí se practica, viene recitándose con extraordinaria devoción y gusto espiritual intenso, tanto que muchísimos caballeros y señoras vienen aquí, no con afán de ver a la Virgen, sino exclusivamente a rezar el santo rosario. Este es el hecho cierto que lo ven y lo palpan en Ezkioga, no media docena de personas, sino todos los que vienen con un poco de sentimiento religioso. Y en ello principalmente, respetando en silencio lo demás, debemos poner hoy nuestro corazón y nuestros esfuerzos espirituales: rezar mucho, rezar bien, rezar con fervor y devoción por las tremendas y urgentes necesidades de la patria” (DOSSIER, n. 1).
[28]            “Con gran sorpresa hemos leído un escrito publicado hoy en la prensa, titulado: “Sobre las apariciones d Ezkioga” que estaba firmado por la Comisión Eclesiástica” y en el que se anunciaba que se rezaría el Santo Rosario COMO ACTO OFICIAL DE CULTO en aquel lugar. Cumpliendo especial encargo del Excelentísimo Obispo Diocesano, hacemos publico que ni su Excelencia Reverendísima, ni su Vicario General, ni ninguna Autoridad Eclesiástica, ha nombrado hasta la fecha Comisión alguna que entienda en los sucesos de Ezkioga por juzgar que no ha llegado todavía el momento oportuno para ello; y que aunque dicha Autoridad Eclesiástica no ha prohibido ni creo deber prohibir en manera alguna los actos religiosos que la fe y la piedad inspiran a los files que acuden a aquel lugar, no se practica allí alguno CON CARÁCTER OFICAL, en nombre de la Santa Iglesia, que ningún juicio ha emitido todavía acerca de las apariciones de la Santísima Virgen que allí pudieran tener lugar”. (DOSSIER, n. 1). En realidad la comisión que funcionaba era oficiosa, formada por dos eclesiásticos: el Párroco de Ezkioga y su coadjutor, con cuatro seglares: el alcalde y el secretario de Ezkioga, más el médico de Zumárraga y el practicante de Ezkioga.
[29]            El Dr. D. Justo Antonino Echeguren fue un personaje clave en Ezkioga. Nació en Amurrio (Álava) el
10               de mayo de 1884. Ordenado sacerdote el 14 de julio de 1907. Designado Administrador Apostólico de Oviedo el 16 de noviembre de 1934. Promovido el 28 de enero de 1935 a Obispo de la misma diócesis, fue consagrado por el Nuncio Tedeschini. (Ver su ficha biográfica en el BOLETÍN OFICIAL DE LA DIÓCESIS DE OVIEDO, 1934, 1935, pp. 73-79; BOLETÍN OFICIAL DE LA DIÓCESIS DE VITORIA, 1935, pp. 121ss.).
[30]            El obispo de Vitoria, Mons. Múgica tenía en gran aprecio a D. Antonio (Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 61). Pero al tiempo de las apariciones estaba desterrado en La Puye (Francia). Sobre la situación del Obispo Múgica en estos aciagos días, ver Vicente CÁRCEL ORTÍ, Los
dos exilios del obispo Múgica, Cartas inéditas del Obispo de Vitoria, en SCRIPTORIUM VICTORIENSE,
57  (2010) 425-562.
[31]            Véase el relato de primera mano del Vicario General de Vitoria, Dr. Echeguren, del 3 de octubre de 1932 dirigido al Nuncio: “El hecho más destacado de esta supuesta vidente es el ocurrido el 15 de octubre de 1931. Ante una gran multitud -como de unas catorce mil personas- atraída, como siempre por el anuncio para aquel día de algo extraordinario, apareció al anochecer con un rosario colgado del cinturón y unas heridas en las manos, dos en su izquierda y una en su derecha en forma extendida y poco profunda. Hizo creer a los presentes que la Virgen le había impuesto en el acto al Rosario y le había producido aquellas llagas. El que suscribe se personó al día siguiente en Ezquioga, para cerciorarse de si había elementos de juicio para poder aconsejar al Sr. Obispo, ausente en Lapicero, la incoación de un proceso ante el primer hecho, externo y tangible que se ofrecía en Ezquioga cuya sobrenaturalidad se afirmaba. Comenzó por enterarse de los antecedentes de Ramona. [...]. En la declaración que prestó ante el Vicario que suscribe el día 16 de octubre incurrió en manifiestas contradicciones y mentiras, y además explicó el modo cómo le fueron producidas las llagas de una manera que quedaba desmentida con la forma misma de las llagas. A la vista estaba que habían sido causadas por un instrumento cortante como una hoja de afeitar y ella afirmaba que la Virgen se las había hecho pinchándola con una espadita muy fina. Una persona prestigiosa, que vino acompañada de su cura, dio testimonio al que suscribe de haber visto en el lugar en que Ramona alzó las manos heridas y ensangrentadas y momentos después de ello, una hoja de afeitar. «Otra dio testimonio de que un hombre que estaba junto a Ramona buscaba algo en el suelo”; otra, que iba junto a Ramona, dijo "mentira” en el acto que ésta levantó las manos ensangrentadas, y se "fundaba para ello en que momentos antes no las tenía a la vista. El médico forense de Tolosa y el Dr. Ciaurriz, mandados por el que suscribe, el mismo día de las diligencias dieron testimonio escrito después de examinar las heridas de "que no ofrecían ninguna particularidad extraordinaria, que estaban producidas por un instrumento cortante qué muy bien podía ser una hoja de las corrientes, en las maquinas de afeitar, que pudieron muy fácilmente ser producidas y ejecutadas por la misma mano y que descartaban la existencia" en este caso de un hecho sobrenatural. Invitada Ramona a que en días sucesivos se presentara al Dr. Ciaurriz para que este observara si el proceso curativo era normal prometió de momento acudir, pero “no lo hizo ni un solo día y las heridas se curaron” (Cfr. DOSSIER, n. 6).
[32] Cfr. DOSSIER, n. 3
[33]   Echeguren no estaba en antecedentes de las apariciones desde los primeros días. Solo vio las manifestaciones de las grandes concentraciones, donde intervenían numerosos videntes. Es sabido que, con ocasión de la falsa estigmatización de Ramona, el Dr. Echeguren propinó una fuerte reprimenda al Párroco.
[34]   Cfr. DOSSIER, n. 4)
[35]            Ezkioga tuvo sus primeras sucursales en Guipúzcoa: Albistur, Urretxu, Irún, San Sebastián. La persecución hizo desplazar las apariciones a Astigarraga, Cegama, Legazpia, Legorreta, Tolosa, Ordizia, Ormáiztegui, Pasajes, Urnieta, Zaldivia, Ondarreta, Zumárraga. También alcanzó la expansión a Navarra (además de la capital, Pamplona, la zona privilegiada fue la Barranca). Hubo apariciones en el valle de Araquil con los ayuntamientos de Araquil, Arbizu, Echarri-Aranaz, Lacunza, Huarte-Araquil, Irañeta, Irurzun, y los concejos de Erroz e Izurdiaga; el Valle de Burunda, con Bacaicoa, Iturmendi, Urdiáin; el Valle de Ergoyen con Torrano, Lizarraga, Unanua. Alcanzó también a Asurmendi, Lekumberri, Mendigorría. Llegó también la ola expansiva a Bilbao y Álava (Bachicabo). (Sobre este hecho ver: La proliferación de las apariciones, en WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 173-221).
Seleccionó como videntes representativos de Ezkioga a Patxi Goicoechea, Ramona Olazábal, José Garmendia, Josefa Lasa, Evarista Galdós y Benita Aguirre.
[37]            La elección Del P. Laburu para su delicada misión de adoctrinar al pueblo sobre Ezkioga parece se debió al ejemplo del Bto. P. Luis Urbano, O.P, quien, con sus eruditos artículos publicados en LA CIENCIA TOMISTA demostró la falsedad de Limpias.
[38]            Cfr. DOSSIER, n.9
[39]            El envío de la información pertinente, del Vicario General a la Nunciatura, no se salía del ámbito diocesano, si bien el Nuncio Tedeschini informó de todo a la Secretaría de Estado.
[40]             El documento ampliaba la información del Vicario General, manteniendo su planteamiento de base sobre la realidad de Ezkioga limitada a las desviaciones de los videntes de la segunda época. (Cfr., n. 12)
[41]    El documento decía: ”Hechas las debidas observaciones, examinados todos los antecedentes que poseemos, previos los debidos asesoramientos y oída que ha sido sobre ello la Comisión de Vigilancia, tenemos que declarar y declaramos que, no solo no se ha comprobado indicio alguno que permita atribuir carácter sobrenatural a lo que en Ezquioga ocurre y se dice ocurrir, sino que de muchas maneras se ha manifestado allí el espíritu del mal y de la mentira, sin que esto signifique que atribuyamos mala fe a cuantos en Ezquioga intervienen, ni que neguemos, en casos, el concurso de causas naturales obrando de una manera anormal e irresponsable”. (CIRCULAR Nm. 165, Sobre la supuesta sobrenaturalidad de lo que ocurre en Ezkioga, BOLETÍN OFICIAL DEL OBISPADO DE VITORIA, 1933, p. 527. DOSSIER. n.13). Es de notar que la decisión de intervenir sobre el caso de Ezkioga la toma el Obispo. La petición de la encuesta fue un recurso para que Roma estuviera informada de los sucesos. El obispo envió la información, pero decidió él solo la condenación. Un nuevo recurso a Roma (ver nota siguiente) avocará la causa a la Santa Sede, y el Santo Oficio dará la decisión última.
[42] El Secretario del Santo Oficio, Cardenal Sbarretti escribió el 21 de diciembre de 1933 a Mons. Múgica una carta de aprobación sobre el contenido condenatorio de su Circular: “Después de haber examinado esta Suprema Sagrada Congregación la exacta relación de S.E. Rvdma. con fecha del 19 de agosto próximo pasado y la comunicación publicada en el Boletín Oficial Diocesano acerca de las visiones de la Virgen María que se dicen ocurrir en el monte de Ezquioga, ha juzgado que el proceder de S.E. Rvdma, ha sido oportuno y enérgico, dentro de la necesaria prudencia. Quiera S.E. Rvdma. proseguir ejercitando su vigilancia sobre la opinión que favorece a las sobredichas visiones, y si preciso fuere acudir a esta Sagrada Congregación”. (BOOV, 1933, p.... )
[43]            Esta intervención madrileña del P. Valls y de Alfredo Renschaw pondrá definitivamente en manos de Roma la causa de Ezkioga.
[44]             Cf. DOSSIER, n. 16. Raymond de Rigné llegó a Ezkioga el 10 de agosto de 1931. Sobre su compleja personalidad Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, pp. 120-126.
[45]            En un estudio completo desarrolló toda la cuestión. Es la pieza teológica mejor elaborada sobre el tema de Ezkioga. En ella, por primera vez, se empieza la cuestión de Ezkioga mencionando los orígenes de las apariciones y dando los nombre de los niños, indicando su edad, lo mismo que la visión preparatoria de J. Galdos.
[46]            El decreto decia: “Feria IV, die 13 iunii 1934, E. mi ac Rev.mi Domini Cardinales rebus fidei ac morum tutandis preaepositi, examini subiectis assertis Beatae Mariae Virginis apparitionibus et revelationibus in loco Ezquioga, dioecesis Victorien. in Hispania, decreverunt easdem apparitiones, et revelationes quovis supernaturali charactere penitus esse destitutas”.(DOSSIER, doc.17)
Sebastián L. de Lerena respondió al documento del Santo Oficio con un telegrama de protesta. Mandó también una copia del mismo a la Nunciatura.
[48] La praxis actual en la aprobación de las apariciones verla en Ch. J.SCICLUNA,Orientamenti dottrinali e competenze del vescovo diocesano e della Congregazione per la Dottrina de la Fede nel discernimento delle apparizioni mariane, en APPARITIONES BEATAE MARIAE VIRGINIS IN HISTORIA, FIDE, THEOLOGIA. Acta Congressus Mariologici-Mariani Internationalis in Civitate Lourdes anno 2008 celebrati.I. Studia in sessionibus plenariis exhibita, PAMI,Cittá del Vaticano, 2010
[49]            Manuel Azaña solía repetir: “Hay que acabar con todo lo de Ezquioga” (cfr. BURGUERA, p. 39).
[50]            WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 131.
[51]            En octubre de 1932 empezaron las detenciones de los videntes: “El P. Burguera fue uno de los detenidos y estuvo algunos dias en la cárcel y tal vez fue entonces cuando Vd. le escribió. El P. Burguera y el Juez de Ezquioga fueron los únicos encarcelados. En la Casa de salud de Santa Águeda fueron recluidos por orden del Sr. Gobernador, Francisco Goicoechea, Garmendia, Vicente el joven de Urrestilla, María Kecalde, la vidente de Tolosa, una niña de Beasain, la vidente de Urrestilla y alguna más que no recuerdo; pero todos salieron después del reconocimiento ordenado por el Sr. Gobernador con el certificado de que no son manicomiables.Gracias a Dios. Hace ya días que desaparecieron los Guardias. Tengo noticias que el actual Gobernador no está dispuesto a deshacer las disposiciones del anterior por haber manifestado así a los Alcaldes de Ezquioga y Ormáiztegui que le visitaron solicitando autorización para subir a la campa, pero tampoco se ve que hagan mucho caso. La gente sube, reza y canta lo mismo que antes. Cuando los Guardias del puesto de Villarreal pasan por allí de servicio ordinario, la gente se desparrama y nada mas [...] De la actuación del Juez especial tendrá Vd. noticias. Hay 5 procesados que son: Echezarreta, Pachi Goicoechea, el Juez de Ezquioga, una señora que vive en Zaragoza y no recuerdo el otro. El Juez especial dejó este asunto encomendándoselo al de Azpeitia, quien según noticias que hasta mi han llegado, está dispuesto a dar el carpetazo por no encontrar culpabilidad”. (Carta de Joaquín Aguirre, coadjutor de Ichaso, parroquia vecina de Ezkioga, a Alfredo Renschaw, del 3 de enero de 1933: ARCH. SECRET. VAT. Nunz. Madrid, 931, fol. 55-56. Ver tamb. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 145-153).
Es llamativo que el intento subversivo de Sanjurjo del 1 de agosto de 1932 se tramara en la familia de Carmen. Es sabido también que Sanjurjo fue uno de los cabecillas que prepararon el Alzamiento de 1936. Por la parte republicana, en octubre de 1932 empieza el Gobernador de Guipúzcoa a arrestar a los videntes, hasta 1936
[53] “Como si no fueran bastantes las tribulaciones amarguísimas que padece la Santa Iglesia de parte de los impíos, los llamados católicos «ezquioguistas» que hasta se creen mejores que otros, año tras año... vienen conculcando y despreciando tan sagradas disposiciones y fomentando por todos los medios el concurso de fieles a la consabida campa, teatro de «visionarios», de supersticiones, de rebeldías a la Iglesia...
Ahora más que nunca, muchos concurren a la campa, hacen sus cultos con velas encendidas y Crucifijo, a imitación de lo que se hace en Lourdes; beben y llevan el agua de una próxima fuente, calificándola de milagrosa; bajan llevando el Crucifijo y velas encendidas procesionalmente de la campa a la capilla «cismática» de la carretera; se hacen procesiones en la campa con cánticos; en ella rezan, cantan y celebran sus cultos”. (Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 376). “El obispo llegaba a prohibir a la mujer los sacramentos, la sepultura en sagrado o el acceso a cualquier iglesia mientras siguiera cuidando de la capilla o fuera a la campa. Le amenazó con hacer leer el decreto en todas las iglesias de la diócesis y con excomulgarla si persistía . (Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 376).
[54] Carta del 15 de marzo de 1937, dirigida a Pío XI.
Un comentario de Mons. Dorronsoro, natural de Zumárraga y canónigo de Santa María Mayor, expresa bien la convicción de los fieles y del clero sobre Ezkioga: “allá tuvo que haber algo”. (Roma, 1 enero 2011). Nadie creía que los sucesos de Ezkioga coincidieran con la realidad condenada por el Obispo de Vitoria.
[56]            Una de las primeras singularidades de Ezkioga consistió en llenar -en España- el vacío de las famosas apariciones europeas desde la primera mitad del siglo XIX, que conmovieron al mundo. Desde que en 1830 empezaron las apariciones marianas sometidas al veredicto de la Iglesia, España no fue una nación bendecida por ninguna de tales apariciones. Francia se llevaba la palma con la Milagrosa, La Salette, Lourdes y Pontmain. Portugal tuvo a Fátima. Las visiones de Ezkioga seguían a las de Fátima. William A. Christian, Jr. señala otra singularidad más lejana: “Las visiones de Ezkioga fueron las primeras apariciones del tipo antiguo, parlante aunque invisible, ocurridas en España a gran escala desde el siglo XVI” (Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga. p. 24).
[57]             Las apariciones comenzaron el 28 de Noviembre de 1981. Anticiparon el genocidio que ocurrió en 1994. Entre 1994 y 1995 se desató una masacre en Rwanda por la guerra tribal entre los hutus y los tutsis. Fue un verdadero holocausto que en pocos meses contó con unas 800,000 personas asesinadas. El 29 de junio del 2001, durante una Eucaristía en la catedral, concelebrada con todos los obispos de Rwanda y en presencia del Nuncio Apostólico, Salvatore Pennacchio, el obispo de Gikongoro, Augustín Misago, en cuya jurisdicción se encuentra Kibeho, declaró solemnemente como creíbles las afirmaciones de tres de las videntes: Alphonsine Mumureke, Nathalie Mukamazimpaka y Marie Claire Mukangango. La aprobación no incluye a los demás videntes ni a las apariciones posteriores a 1983. Tampoco se aprobaron las apariciones de Jesús. Se tomaron en consideración solo las apariciones públicas, en presencia de testigos.
Aunque pretende ser muy imparcial, WILLIAM A. CHRISTIAN (Las visiones de Ezkioga, pp. 58­63) la imagen aparece en una penumbra sospechosa.
[59]            D. Antonio imitó muchos de los detalles de Lourdes en su trato con los videntes y las prácticas religiosas que instauró en la Campa de Anduaga. La frecuencia con que visitaba el santuario francés le hizo inclinarse afectivamente mucho al modelo de las apariciones de Massabielle. Seguramente pensó que Ezkioga terminaría siendo una nueva Lourdes. Esta mentalidad no era en modo alguno extraña. En el País Vasco había entrado de tiempo atrás la devoción lourdesiana. Cataluña y el País Vasco “sumaban -cada uno- el 30% de los peregrinos que acudían de España a Lourdes. Por eso los devotos españoles vieron que Lourdes estaba rehabilitando el catolicismo en Francia y abrigaban la esperanza de que surgiera un Lourdes español” (WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 23). Pero los hechos no le dieron la razón. Ezkioga no fue como Lourdes. Los niños actuaron de manera autónoma, y D. Antonio se adaptó a la marcha de los acontecimientos aparicionales.
[60] DOSSIER, n. 1.
[61]            WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr., Las Visiones de Ezkioga, p. 67.
[62]            WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr., Las Visiones de Ezkioga, p. 67. La característica más llamativa de las primeras apariciones a los hermanos Antonia y Andrés Bereciartúa fue la normalidad. No hubo ni éxtasis, ni raptos, ni estados superiores de pérdida de sensibilidad. Solo la visión, acompañada de la llamada interior a orar. La segunda característica fue la sencillez. Los dos niños producían a todos la impresión de unas personas sosegadas, tranquilas y reservadas. Andrés entraba en visión con toda normalidad, y ponía su carisma a disposición de los fieles, acercando los rosarios a los árboles de la aparición. Según los testigos presenciales de las visiones protagonizadas por los citados hermanos, durante las apariciones, sus rostros se iluminaban. La gente entusiasmada por lo maravilloso de los fenómenos no advertía la diferencia entre las personas del grupo de videntes. Sin embargo se daba el caso de personas conocedoras del fenómeno de las apariciones y notaban al punto las diferencias.
[63]            “Con motivo de una disposición del Sr. Obispo de Vitoria, D. Mateo Múgica, que a mi juicio se refería a que no se diera crédito a las Apariciones de la Virgen de Ezquioga, localidad próxima a Zumárraga, el S. de D. escribió una carta al Obispo mostrando su desagrado. Pero apenas la echó al correo sintió remordimiento de tal manera, que no paró hasta rescatar la carta depositada en correos, de modo que el Señor Obispo no llegó a enterarse”. (Testimonio del sacerdote D. Antonio Oyarzábal, Cfr. POSITIO, p. 51).
[64]            “Y estando en el jardín del Noviciado de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, llamándonos aparte y pidiéndonos que no dijéramos a nadie nada, se desahogó con nosotras, manifestándonos la honda pena que le embargaba, porque el Señor Obispo le había limitado la actividad parroquial dentro de un determinado sector de Zumárraga. Y yo saqué la impresión de que el Sr. Obispo había hecho ésto para evitar que la presencia del S. de D. en el Monte Ezquioga, contribuyera a dar crédito a una aparición sobre la que la Iglesia no se había pronunciado todavía. Y antes de esta manifestación que nos hizo a nosotras el S. de D., yo había leído en la prensa católica de San Sebastián, un artículo de él sobre esta apariciones, publicado me parece en «El Pueblo Vasco», del que yo deduje que el S. de D. daba crédito a esta aparición. Y quiero recordar la honda amargura que esto le produjo al S. de D., que llegó a decirnos: «Y pensar que el Señor Obispo ha llegado incluso a pedirme consejo». Y esto lo dijo sin ánimo de criticar la actitud del Señor Obispo, sino como una manifestación de su dolor.” Testimonio de Sor María Anunciación Usandizaga Martínez, (Cfr. POSITIO; p. 131).
[65]             “Respecto a sus relaciones con la aparición de la Virgen de Ezquioga, nada sé concretamente; digo yo, que yo mismo asistí con un buen grupo de sacerdotes a la campa donde decían que se aparecía la Virgen; yo allí solo vi piedad. Luego la autoridad superior prohibió, por altas razones, que yo ignoro, la concurrencia de gentes a dicho lugar. Ignoro yo en absoluto si el Siervo de Dios tuvo la menor intervención en aquellos sucesos que ciertamente apasionaban mucho” ( Testimonio de Mons. Jacinto Argaya, Cfr. POSITIO, p. 725)
[66]             Cuando estaba aun muy cerca el fatal recuerdo del 15 de octubre, D. Antonio afirmaba el 4 de noviembre: p. 67: “Yo sigo creyendo en una poderosa y extraordinaria intervención y aproximación en estos montes de nuestra Madre; pero entre los videntes hay mucho que expurgar”. (cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 67). D. Antonio creía en que el 80% de los videntes eran sinceros. El 14 de diciembre de 1931 hablaba de los frutos espirituales de Ezkioga (cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 68). El 16 de diciembre de 1932 dimitió de Párroco de Zumárraga. No consta documentalmente que D. Antonio abandonase alguna vez su fe en Ezkioga. Con un raro sentido de las realidades sobrenaturales, se anticipó a los principios de Mons. Bello Ricardo para diferenciar en una masa de apariciones grupales, lo que era desviación, y lo que era verdadera y auténtica experiencia sobrenatural. Amundaráin fue un testigo convencido de la verdad de Ezkioga que nunca desmintió tal fe y persuasión.
El curso de la historia posterior puso en claro que una condenación tan sorprendente para muchos contemporáneos, resultó un acierto político de la Iglesia. Fácilmente cabe imaginarse la indignación que hubiera causado al Gobierno de la República una declaración favorable de las apariciones. Hubiera desencadenado una verdadera guerra religiosa entre el Gobierno y la Iglesia. Esas imprevisibles reacciones del Gobierno quedaron conjuradas gracias a la intervención eclesiástica contraria a Ezkioga. La oposición de Vitoria a las apariciones agradó al Gobierno de la República, que se felicitó de haber sofocado el efecto político negativo de Ezkioga. Pero la realidad fue muy distinta. Las negaciones de la autoridad eclesiástica no llegaron a sofocar la fe en Ezkioga. Extrañamente, la condenación provocó una deriva política agresiva contra las decisiones anticatólicas de la República, que preparó nada menos que su caída. Es verdad que la condenación eclesiástica fue severa y excesivamente negativa, pero fue la que salvó a la diócesis de Vitoria de la peor de las acusaciones republicanas. La aprobación de las apariciones hubiera sido interpretada como un rechazo político de la República o una confabulación antirrepublicana. El efecto político del rechazo de las apariciones fue que la autoridad eclesiástica de Vitoria nunca pudo ser acusada de haber fomentado en lo más mínimo una interpretación política de las apariciones. Pero no hay duda de que las manipulaciones políticas del mensaje espiritual de Ezkioga, minaron las bases anticlericales de la República.
[68]            Esta afirmación la hizo el P. Roig Gironella en presencia del mismo William A. Christian, Jr. (Las visiones de Ezkioga p. 400). El P Juan Roig Gironella nació en Barcelona en 1912, y murió en San Cugat del Vallés en 1982. Director de la Balmesiana y profesor de la Facultad de los jesuitas en Sant Cugat del Vallés, censor de libros en la curia de Barcelona y experto en el discernir las recientes apariciones en Cataluña. Cuando el sabio jesuita se expresó de esa manera, posiblemente incluía a Ezkioga entre las apariciones que, en un principio, fueron auténticas y luego se desviaron. Según su propio testimonio la madre del ilustre profesor fue una de las mujeres que tomaron parte en las peregrinaciones a Ezkioga de los años 30 (Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 400). El P. Roig fue censor eclesiástico de las publicaciones de la archidiócesis de Barcelona. Era un hombre espiritual ejercitado en el discernimiento de las apariciones. “Asesoraba a los videntes de los alrededores de Barcelona en los años setenta” (Ibíd. 400). La última de estas apariciones personalmente aprobadas por él fue la de Torre Gironella en Gerona (Cfr. Juan RODRIGUEZ FERNÁNDEZ, Despierta Girona. Escucha Israel. Crónica de las apariciones y mensajes de Nuestro Señor Jesucristo y de su Santísima Madre en Torre Gironella (Girona 1974-1997) (pro manuscripto). pp. 125-126).
[69]            El hecho se remonta nada menos que a las apariciones pascuales. Primero es la Magdalena la que ve a Jesús; luego, las piadosas mujeres; luego Pedro; por fin los Apóstoles. En las apariciones modernas baste recordar cómo en Pontmain, y Beauraing en 1871 se aparece la Virgen en Pontmain. El primero en ver a la Virgen es Eugenio Barbedette; luego, su hermano José; le sigue Juana María Lebossée, y Francisca Richer. Ve también a la Virgen el pequeño Eugenio Frietau, que murió antes del proceso. La aparición de Beauraing tiene lugar del 29 noviembre de 1932 al 3 de enero de 1933. El primero en ver a la Virgen es Alberto Voisin. Él llama a su hermana Fernanda y a Andresa Degeimbre, y su hermana Gilberta. En quinto lugar la ve Gilberta Voisin. En Ezkioga, la primera en ver a la Virgen es Antonia; luego la ve Andresito. La tercera, Felipa, testigo de la visión de los hermanos Apreciarte, no logra ver nada. En Medjurgorje se repite la ley de la onda expansiva.
BERNOVILLE, Gaetan, Les faits étranges d’ Ezquioga, ÉTUDES, 1931, IV, p. 460.
[71] Nacido en San Juan de Luz, en 1889, tenía a la sazón 42 años, y estaba en plena actividad literaria. Bernoville quedó impresionado por lo que vivió en Ezkioga desde su primera visita en julio de 1931.Volvió en octubre. Fue testigo de la estigmatización fingida de Ramona. Desde su estancia en Ezkioga la actividad literaria ulterior se centró en una producción mística que cuenta con varios polos de interés: Las apariciones. Escribió sobre La Salette, Lourdes y Pellevoisin. Las biografías fueron su segunda ocupación. En cuanto al País Vasco, compuso cinco obras de temática vasca: La cruz sangrienta, El País de los Vascos, Al servicio de Don Carlos, Pierres el contrabandista y San Miguel Garicoits; en conjunto fue el que mejor comprendió a Ezkioga. Escribió 35 libros de óptima literatura, de un estilo natural, directo y lleno de belleza. Murió en París en 1960. Se dice que su pluma ha sido una de las más ágiles y floridas de la lengua francesa. Bernoville quedó impresionado por Ezkioga desde su primer encuentro de julio de 1931. Volvió en octubre. Desde su estancia en Ezkioga la actividad posterior se centró en la producción de una abundante literatura mística que cuenta con los relatos de apariciones de La Salette, Lourdes, Pellevoisin, una larga lista de biografías de santos, textos de contenido espiritual.
Id. ibid. p. 464. A este grupo pertenecía Ramona Olazábal: «Il faut classer très probablement dans la même zone tel phénomène de stigmatisation dont j’ai été après coup le témoin” Ibid. p. 464.
No es verdadera la voz popular que recoge WILLIAM A., CHRISTIAN, Jr. en su libro (ob. cit. p. 341) de que el Vicario General, que tan eficazmente intervino en la condenación de la aparición, muriera sin recibir los últimos sacramentos. Sufrió un accidente mortal en Cangas de Narcea (Asturias) la tarde del 15 de agosto de 1937, pero en el Hospital de Luarca pudo recibir los sacramentos. Murió el 16 del mismo mes en Luarca. (Ver la nota necrológica en el BOLETÍN OFICIAL DE LA DIÓCESIS DE OVIEDO, 1937, pp. 222­225).
[74]            La radicalización consistió en presentar a Ezkioga como una intervención divina contra la República.
[75]            En la historia de las apariciones, la de Ezkioga aparece a la cabeza de todas las apariciones del siglo XX condenadas por la Iglesia. Ocupa el tercer lugar entre las falsas apariciones entre 1928 y1971 (Cfr., AA.VV. Vraies et fausses apparitions, Lethielleux-Bellarmin, París-Laval, 1973). Esto produjo en toda la diócesis de Vitoria una frustración profunda. William A. Christian habla de una vergüenza colectiva que cayó sobre la Iglesia Vasca tras la condenación eclesiástica de los fenómenos. “El asunto [de Ezkioga] se convirtió en tabú para quienes lo vivieron intensamente, en una especie de vergüenza colectiva para el Goiherri y la Barranca” (WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 16). Las causas de la vergüenza colectiva parecen estar en la increíble multitud de “personas que, durante más o menos tiempo, creyeron en algo que la Iglesia acabó por condenar” (Ibíd. 17). “Decenas de millares de personas mayores del País Vasco se sintieron perplejas por lo que veían y creían. El silencio impuesto por el obispo hizo que se avergonzaran de su propio entusiasmo [...]. Cientos de miles de familias de videntes de Navarra y Guipúzcoa, en especial las de origen rural o de pequeñas ciudades que no han mudado de residencia, han cargado con el estigma de Ezkioga durante sesenta años en total silencio” (WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 402). Este silencio ha afectado especialmente a todos los grupos y movimientos que buscaron ayuda y sentido en Ezkioga, y en la actualidad consideran esa aportación como algo que a toda costa hay que olvidar. (Cfr. WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 402).
[76]            AA.VV. Vraies et fausses apparitions, Lethielleux-Bellarmin, París 1973. Ezkioga ocupa el tercer lugar entre las falsas apariciones entre 1928 y1971.
[77]  Ver nota 68
[78]            La rehabilitación más radical es la que tuvo lugar el año 2008 en Amsterdam con la aprobación de las apariciones que tuvieron lugar entre los años 1945-1959. La Virgen se apareció a Ida Peederman, 56 veces, en Ámsterdam (Holanda), como Señora de todas las Naciones. En los años 1954 y 1955 la autoridad diocesana intervino prohibiendo el culto de la nueva aparición. En 1956 Mons. J. Huibers declaró que no se podía atribuir a las apariciones un carácter sobrenatural. El 13 de marzo de 1957 el Santo Oficio confirmaba esta declaración. Esto no impidió que se continuara la investigación sobre dichas apariciones. Sin embargo, Mons. H. Bomers y su Auxiliar Mons. José María Punt autorizaron la veneración de la Virgen bajo dicha advocación. El 31 de mayo del 2002 el Obispo de Haarlem-Amsterdam Mons. José María Punt declaró el origen sobrenatural de dichas apariciones.(Para una informacion esencial ver Vincenzo Mercante, Sono la Signora di tutti i popoli. Corredentrice, mediatrice e avvocata, Editrice Ancilla, 2007)
[79]             “Hasta las apariciones a los adolescentes de Medjurgorje, en la década de 1980, los videntes de Ezkioga fueron quienes atrajeron un número de personas mayor que en cualquier otra aparición del mundo católico [...] Alrededor de un millón de personas acudieron solo en 1931 [julio-diciembre] al lugar de las apariciones en la pendiente de una colina junto a Ezkioga” (WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 15).
Nos referimos a la publicación de la obra del investigador norteamericano William A. Christian, Jr. citada en la nota.
[81] “Las apariciones de Ezkioga fueron una especie de diálogo [confrontación] entre los seres sobrenaturales y la izquierda anticlerical -anarquistas y socialistas en las ciudades costeras vascas, trabajadores socialistas del campo de Navarra, ferroviarios republicanos y maestros de escuela en zonas rurales, pobres anticlericales en ciudades de toda España y movimientos socialistas y comunistas en el mundo entero.” (WILLIAM A. CHRISTIAN, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 25).

2 comentarios:

Daniel Maria dijo...

Me llamo daniel perez, hablais de que las visiones de ezquioga han acabado, pero yo he ido a ezkioga hace poco y he visto con los ojos cerrados y en una luz de color azul a la viergen envuelta en un manto y mostrandome una espada hacia el cielo, luego me mostro la tierra dividida por la mitad a la izquierda aparecian cruces con gente clavada y sufriendo todo lleno de sangre y a la derecha aparecian cruces sin gente clavada y de color blanco.
Cada vez que voy alli siento las visiones y he recibido una revelacion mistica del significado de la espada, la espada es un simbolo de la fuerza de la compasion y el amor que reside en el corazon de jesus , de maria, etc, esta espada es bipolar sube desde el corazon espiritual hacia nuestros cielos interiores y hacia nuestros infiernos interiores a su paso destruye o disuelve con la energia del amor nuestros miedos,nuestro odio, nuestros demonios, de hay la relacion de este lugar con san miguel de aralar donde la espa da de san miguel representando a la fuerza del amor del corazon de jesus vence y disuelve nuestos temores, angustias y demonios interiorres que nos aterrorizan, pero para disolverse del todo deben volver a clavarse en sentido contrario al que salieron y en mas espadas en el corazon de jesus asi se disuelven nuestrtos pecados

Hirigoyen dijo...

Lo del final de Ezkioga se refiere claro está a la era de los años 30. Naturalmente, Dios puede seguir dando visiones en cualquier lugar en cualquier momento. Sobre la experiencia referida decir que es respetable, aunque la expresión es confusa hacia el final. En todo caso uno es el carisma de visión y otro el de interpretación, no suelen ir unidos.
Para evitar confusiones añadimos que, dentro del respeto mencionado,el pecado debe ser pasado por el tamiz del sacramento de la confesión, eso para la completa disolución de sus efectos, quedando en todo lo demás de acuerdo sobre lo dicho acerca de San Miguel. De hecho la parroquia de Ezkioga está bajo la advocación de San Miguel.