19.5.13

La Virgen de Ixpantepec en los conflictos de Méjico

La Virgen de Ixpantepec tiene por derecho propio un lugar en la historia de Méjico, desde su aparición en el siglo XVII a dos humildes indiecitos cuando cuidaban sus guajalotes o pavos. La misma Virgen que se había aparecido bajo el signo de Guadalupe seguía interviniendo para sostener la esperanza de los humildes y esta vez bajo la forma de la Virgen de las Nieves.
Pero en pleno conflicto cristero vuelve a aparecerse, en 1928 de nuevo a una humilde indiecita, Nisia (Dionisia). En estas apariciones no menciona la Virgen en absoluto el conflicto, en realidad guerra en muchos momentos, lo que pudiera parecer extraño, pero es claro que estaba implícito en las apariciones y que el proyecto de la Virgen anticipaba lo que estaba por venir en las décadas siguientes, sobre las que se cerniría la reforma iconoclasta. Es un momento en que el culto está suspendido por la propia jerarquía, y la Virgen pide al sacerdote del lugar que celebre trece misas por la vidente, lo que éste realiza a escondidas; a esta primera obediencia, no se seguirían otras, y el sacerdote dejaría de creer en las apariciones. Una respuesta similar tendria lugar en España, en las apariciones de Ezkioga, aunque en éste caso el sacerdote del lugar fue obligado a cesar en su cuidado espiritual.
Había una señora, Matilde Narvaez, mujer fuerte como tantas que reveló la guerra cristera, donde las mujeres transportaban armamento bajo sus ropas. Ella había sido alma mater en la localidad antes de las apariciones y había actuado apoyando al sacerdote formando ambos un bonito dúo espiritual, como Jesús y su Madre, como tantos que ha habido y que requerirían un reconocimiento o estudio al menos. Ella no podía apartarse de lo que había visto y creído y prosiguió su apoyo a las apariciones, lo que supuso la ruptura con el sacerdote.
La división era un caso de los tantos reiterados que constituyen paradigma de las relaciones entre clero y creyentes en apariciones. Quisiera el Cielo que no hubiera estas divisiones naturalmente y nos hemos preguntado muchas veces el porqué de este sino de separación entre el clero y la mística aparicionista. Hemos formulado explicaciones más allá de la psicología humana pero siempre vuelve la pregunta del por qué, de la finalidad espiritual que tiene esta enorme dificultad que es reiterada en la historia. Más allá de lo psicológico se nos ocurre otra razón: las apariciones, los videntes, si fueran aceptados y celebrados, como se celebra lo aceptable entre los hombres, se corromperían inevitablemente, y de hecho los videntes son agasajados por devotos y los celebran, con eso se han echado a perder a menudo. Así la oposición eclesial ayuda a mantener la humildad, la contradicción hace que no se echen las campanas al vuelo en materia de santidad. No hay mal que por bien no venga y de todo se sirve el Señor para evitar la corrupción de su obra. Así los videntes y creyentes en apariciones deben agradecer mucho a Dios por sus contradicciones con el clero y los laicos comprometidos que siguen al clero en su oposición. Los santos tenían a sus perseguidores por grandes favorecedores e incluso les agradecían por su función opositora.

En 1911 y en 1928 surgieron dos movimientos católicos aparicionistasen el arzobispado de Oaxaca. El primero comenzó cuando Bartola Bolaños, una mujer nahua de San Mateo Tlacocalco, en el estado de Puebla (entonces perteneciente a la provincia eclesiástica oaxaqueña), proclamó que se le había aparecido el Señor de las Llagas, una imagen de Cristo muy conocida en la región. Hablando náhuatl, Cristo mismo administraba los sacramentos, pronunciaba sermones y dirigía a sus devotos para que
le construyeran una capilla e instituyeran celebraciones religiosas en su nombre. Con la intermediación de Bartola hizo también curaciones milagrosas.
En tan sólo cuatro meses los fieles organizaron una cofradía que incorporaba a comunidades localizadas fuera de los límites de la parroquia, crearon elaborados rituales litúrgicos, establecieron un calendario
de peregrinaciones y empezaron la edificación de una capilla. El segundo caso ocurrió en Ixpantepec, pueblo localizado en las montañas de la costa del Pacífico, en el estado de Oaxaca, tierra de los indios chatinos. A estas etnia y localidad pertenecía Dionisia, una niña de ocho o nueve años que anunció sus encuentros y conversaciones con la Virgen María en una cueva cercana a su pueblo y predijo varios movimientos sísmicos de consecuencias para la zona. Poco después de observar a la vidente en
acción, Matilde Narváez, una ferviente y activa católica, se convirtió en la portavoz de esos sucesos milagrosos ante su párroco y las autoridades eclesiásticas del arzobispado; asimismo, guió e instruyó a los fervientes peregrinos que deseaban estar cerca de la Virgen de Ixpantepec. En ambos
movimientos las líderes y sus seguidores tuvieron, en mayor o
menor medida, la oposición del clero.


Historia de la Virgen de Ixpantepec. André Efrén en
http://www.preguntasantoral.es/2012/02/virgen-de-las-nieves-de-ixpantepec/


Estampa popular en blanco y negro de la Virgen de las Nieves de Ixpantepec donde se aprecian los dos pastores cuidando guajolotes.

Hacia junio de 1602 en el pueblo de San Juan Ixpantepec, Oaxaca, México se presentó un hecho prodigioso: la aparición de la Virgen María a dos pequeños pastorcitos. De esta narración existen tres diferentes versiones de las cuales logré extraer varios datos para conformar uno solo; se nos habla de que en el libro parroquial se encuentran los testimonios de los señores Félix José, Pascual José y Leandro Ortiz los tres personas de la tercera edad que se presentaron antes el párroco para narrarle acerca de la aparición de la Virgen a dos niños mientras que en otras versiones se habla de tres niños.
Estos niños indígenas mixtecos se nos habla que cuidaban guajolotes (pavos) cuando se les apareció la Virgen María y les pidió que se le fabricara un templo en la cima del cerro de Ixpantepec y que allí se manifestaría benigna con todos. Los padres de los niños se sorprendieron al ver que estos regresaban “aseados y bien peinados. Interrogados los menores sobre aquellas maravillas, contestaron que “una hermosa y afable mujer que los saludaba y los despedía con caricias era la aurora”. Los padres curiosos siguieron a los menores y vieron a la Virgen sobre un tronco de árbol de ocote.
Aquí comienzan a divergir las versiones puesto que en algunas se nos dice que avisaron de la aparición al obispo de Tlaxcala y en otras que al obispo de Puebla y al arzobispo de México; en cualquiera de los casos el obispo lleva a los niños a una habitación o templo donde tenían varias imágenes de diversas advocaciones de la Virgen María para que estos le señalaran a cual se parecía la Señora que habían visto en el cerro de Ixpantepec y entrevistados los dos o tres infantes (dependiendo la versión) por separado coincidieron que a la que más se parecía era a la Virgen de las Nieves y entonces el Obispo decidió darle la imagen a los pobladores para construirle la ermita sobre el cerro de Ixpantepec.
En un principio se construyó una sencilla ermita sobre el cerro, donde tal parece existió un antiguo adoratorio prehispánico y hacia el 14 de abril de 1613 se funda la Cofradía de la Virgen de las Nieves y con esto se inicio la construcción del santuario el cual concluye hacia 1738.
La historia de la aparición de la Virgen de las Nieves a los pastorcitos tiene muchas curiosidades que resaltar puesto que parece fuera una unión de las narraciones sobre la Virgen de Guadalupe y la Virgen de Ocotlán, en Tlaxcala, siendo que por lo general a partir de 1531, fecha en que se cree apareció la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego en el cerro del Tepeyac comenzaron a surgir en diversos Estados de la República, en aquel entonces aun Nueva España, historias semejantes de apariciones. Algo de destacar es que en los tres casos es a indígenas que se aparece, que al igual que en el caso de Guadalupe la Virgen se aparece en un cerro y pide que ahí se le construya un templo y como en el caso de la Virgen de Ocotlán la Virgen es vista en un ocote, árbol que era considerado sagrado para varias culturas prehispánicas así como usado en varios rituales.




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