9.8.13

Iglesia y apariciones de Bélgica. De los años 30 a hoy.

Dos apariciones en Bélgica, casi simultáneas, tienen el raro estatus de apariciones aprobadas oficialmente por la Iglesia, son las de Banneaux y Beaureaing, en los años 30 del pasado siglo. Naturalmente aparecen en todos los libros y webs sobre apariciones, que distinguen cuidadosamente las aprobadas de las no aprobadas. Pero aquí nos fijaremos no en el hecho canónico sino en el contexto histórico y en la importancia profética que tuvieron, sobre lo primero se cuidan los historiadores, dejando a un lado lo segundo claro está, y de lo segundo no se ocupa nadie, ni siquiera los mariólogos.

Las apariciones marianas tendrán que jugar más parte a la hora de hablar de la historia de la iglesia, hasta hoy sólo se habla de ellas en textos especializados y de ninguna manera en la gran ni pequeña historia. Pero las apariciones tienen enormes consecuencias históricas, aunque no se quiera ver la relación (ignorancia voluntaria), lo mismo que aquel "Crestos" (Cristo) referido vagamente en documentos romanos alteró por completo la fisonomía de un imperio y toda la historia occidental. Un lugar perdido de Judea, una pareja modestísima, personajes insignificantes, incluso gobernantes insignificantes, pero es todo lo que necesita Dios para cambiar el mundo de arriba abajo, un mundo ciego y sordo voluntario. Eso sí, Dios se sirve de la enemiga mortal que surge espontánea para todavía hacer más perfecta su obra. Del mismo modo ocurre con las apariciones, que se presentan cándidamente como si sólo hubiera ángeles en el mundo, porque son para las gentes de buena voluntad; todos creen poder juzgarlas con media docena de criterios de "autenticidad", pero son ellas las que juzgan y disciernen desvelando los fariseos modernos, que serán los que quieren anularlas e impedir su efecto bienhechor sobre las gentes.

Pero vamos a estas apariciones. Si bien dos de ellas fueron aprobadas como va dicho, lo fueron sin duda por el contexto gravísimo, en plena ocupación alemana, tras morir miles de belgas, en sólo 3 semanas. Las apariciones habían sido muy "normales", chicas videntes, y mensajes de oración y penitencia. Se establecieron las correspondientes comisiones todavía antes de la guerra, y la opinión de los obispos de Lieja y Namur fue decisiva para la declaración favorable, que se dió en 1942, incluso contra el parecer contrario de una de las comisiones diocesanas, lo que es otro caso insólito. Hay que tener en cuenta que la praxis de Roma era la de guardar silencio sobre los obispos aprobasen en materia de apariciones, pero dándoles a entender por carta secreta que se aceptaba implícitamente lo que decidiesen, de modo que no se implicase a la Santa Sede a futuro por un juicio que se demostrase equivocado.

Una vez en plena guerra se comprendió que había más que trivialidad devocional en las apariciones, la Virgen se presenta anticipadamente cuando van a ocurrir cosas gravísimas en la historia, porque ésta es su función, lo mismo que fue el preambulo, adviento, de la llegada de su Hijo. Y más vale hacer caso antes de que esas cosas sucedan, porque pueden evitarse, si se espera, el plus de sufrimiento es seguro, y no para alguien sino para naciones enteras. Primero la Virgen se aparece, lo hace antes de la catástrofe, que es muerte masiva a menudo y que es realmente el momento de la llegada de su Hijo a cada alma particular, que ha de presentarse ante El. En ese momento querríamos con toda el alma haber tenido la fe en las apariciones para obtener benevolencia, y no el desdén y la superioridad de quien se cree por encima de estas cosas "inferiores", unos por ateísmo y otros por mero orgullo de superioridad religiosa.
La Virgen se presenta, lo hace a videntes, generalmente despreciables, el marco parece despreciable, los mensajes están lejos en estilo de la calidad teológica y del verbo humano de los entendidos, que se fijan en eso, en el estilo, y que si falta éste desprecian el contenido; es en realidad la Virgen disfrazada como un "nadie" humano, como esas hadas de los cuentos, disfrazadas de viejecillas pobres, que vienen para probar su verdad humana y para castigar desde los acontecimientos futuros.

Pero Banneaux y Beaureing fueron las únicas apariciones aprobadas, se produjo un verdadero florilegio de apariciones en más de 30 localidades, también antes de la guerra. La autoridad eclesiástica, con el cardinal de Bruselas, primado de Bélgica, Van Roey, al frente, prefirió cortar radicalmente lo que consideraron un contagio, superchería imitadora. Y hoy sólo queda memoria visible de una de esas apariciones, desde luego no aprobada, la de Onkerzele, cuya vidente fue Leonie van den Dijk; de nada sirvió que hiciera profecías que se cumplieron, como la de su propio cadáver incorrupto o como la muerte de la reina Astrid, o que fuera estigmatizada, que tuviera vida virtuosa y que fuera mujer humilde marcada por el sufrimiento (fue abandonada con 8 hijos por el marido, aunque quedan nietos que abogan por la causa de la abuela y la Virgen).
Para los años 50 ya se había sofocado todo rastro de apariciones en Bélgica.

El primado Van Roey no era persona dada a la diplomacia y a la contemporización con el poder, era llamado el cardenal de hierro por su firme oposición a los nazis, que de todos modos, por propaganda, no se metían con él (recordemos que los nazis iban de personas de orden y habían conseguido la colaboración de muchos católicos de toda la vida, de los partidos católicos anteriores a la guerra).
El catolicismo  eclesial (si se puede hablar así) de la época estaba conformado según las directrices de la Rerum Novarum, era claramente militante social. Nada menos que en Bélgica se fundó la Juventud obrera de acción católica (la JOC) por Cardijn. El cardenal van Roey se había forjado en aquel contexto de lucha de poder a poder con las izquierdas. Las autoridades religiosas conseguían convocar a decenas de miles de jóvenes en actos públicos devocionales y políticos. El partido católico tenía bastante fuerza, en un esquema de confrontación electoral y moral con socialistas y comunistas. De allí saldría un movimiento de conjunción con los nazis liderado por León Degrelle, de origen católico primero que organizó la editora Rex, de la Iglesia, un éxito mediático, pero en el que se vio enseguida la deriva autónoma, como en el caso de Le Sillon francés, y que tuvo la oposición frontal del cardenal Van Roey, con poder suficiente para que los católicos dejaran en masa las actividades de Degrelle, que se echó con sus más fieles en los brazos nazis.

Había el polo social y estaba el polo intelectual, en torno a la universidad de Lovaina. Se estaba gestando la segunda o tercera generación de teología modernista (aun cuando el cardinal llegó a felicitar a los universitarios de la época por el esfuerzo y su éxito frente al modernismo). Las apariciones coincidieron con toda precisión cronológica, en este momento crítico para Bélgica y toda la Iglesia. Pero ningún teólogo, ni pastoral magisterial, se planteó ningún cambio estructural, ningún inspiración a partir de las apariciones. Todo siguió otro camino y la iglesia belga se convertiría en modelo inspirador de los nuevos  tiempos igual que lo había sido desde el siglo XIX para el resto de países católicos.
Y es en esta época cuando aparece en escena como obispo auxiliar del cardenal Van Roey, el que luego sería Cardenal Suenens. Una personalidad de primera magnitud para todo el mundo conciliar del Vaticano II, empezando por el propio Juan XXIII, que admirado de él, lo colocó al frente de la organización del concilio, dejándole incluso enfrentarse a la curia vaticana dirigida por el cardenal Ottaviani. El y los demás obispos belgas, con sus peritos, incluido Congar aunque no era belga, conformaron la famosa "squadra belga" que dejó su sello en cantidad de documentos de primera mano del Concilio, literalmente irreprochables, pero de los que hicieron bandera a su modo muchos pseudoreformadores de la iglesia.

Monseñor Suenens en el tiempo preconciliar había sido líder de la Legión de María, que actuaba conforme al estilo de la época con el sacrificialismo militante, la Legión era inspirada por María, pero es cierto que los humanos acaban haciendo las cosas a su manera, y precisamente en las apariciones se veía si se hubiese querido ver de otra manera las cosas de María. Luego Suenens se hizo muy aperturista por decirlo así hasta el punto de contrariar a Pablo VI ya en tiempos del posconcilio por ir contra la enseñanza de la Humanae vitae sobre la contracepción. Suenens descubrió hacia 1968 el pentecostalismo que aunaba praxis mística protestante y obediencia a la jerarquía, y lo patrocinó de lleno, siendo aceptado públicamente por Pablo VI en los años 70 y ha seguido hasta hoy. Semejante aprobación hubiera sido impensable años antes, porque se ignoró de lleno la tradicional prudencia de la iglesia en materia de carismas y milagros, un efecto más de la falsa aplicación del Concilio. Y luego la gran, la enorme contradicción, en la doctrina proclamada en esta ahijada de Suenens, la renovación carismática, de seguir considerando a las apariciones marianas según la misma vieja prevención de la iglesia, considerándolas un peligro extremo diabólico.
En Medjugorge, los pastores, franciscanos eran ya seguidores de la renovación carismática, pero el pueblo no les hacía caso, luego vinieron las apariciones de la Virgen que sí atraían al pueblo en tiempos críticos; los pastores eran notoriamente enemigos de las apariciones, y las autoridades comunistas los consideraban "fiables" por eso mismo. Las apariciones cambiaron a los pastores como el padre Jozo, pero después parece que renovadores carismáticos, están intentando y consiguiendo "reconducir" las apariciones.

Se considera a Van Roey y a Suenens como obispos de dos generaciones diferentes, sin embargo suponen una continuidad en muchos sentidos, no sólo el primado belga, sino la preocupación por el triunfo social de la iglesia con modos diferentes, desde el militantismo épico social, propio de los años 30, hasta la reforma posconciliar con sus movimientos. Incluso han sufrido recientemente y a la vez una profanación de  sus tumbas en la catedral de Bruselas, con ocasión de la campaña de desprestigio por la pederastia de las décadas en que fueron gobernantes de la iglesia.

Para cuando se inició el concilio, ya las apariciones habían sido sofocadas y no quedaba más inspiración de ellas que la que pudieran tomar secretamente las almas, en lo público eclesial todo iba de otro modo. Ya no se puede cambiar la historia, pero sí aprender de ella: de haber hecho caso de las apariciones podría haberse evitado mucho de lo que ocurrió en la guerra, mucho de lo que ocurrió en la posguerra en términos de generación del caldo de cultivo de melosa intelectualidad pseudoteológica que llevaría a tantos desastres morales. Oponerse a las apariciones desde lógicas humanas puede parecer lo más conveniente a corto plazo, lo más prudente, lo más... de todo, pero esperen un tiempo y se verán las consecuencias colosales en términos históricos. Porque el tiempo de Dios no es el de los hombres y tras el tiempo de triunfo de la oposición, llega el de rendir cuentas, pagandose en los hijos hasta la cuarta generación la rebeldía de los padres. Hoy el catolicismo tan floreciente de Bélgica, como en el resto de países, pero allí además de en Alemania y Holanda, está reducido a vivacs residuales y busca su identidad entre el menú de ofertas espirituales heterodoxas pero que se dicen todas ellas obedientes a Roma.



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