14.8.14

Quedaban cuatro papas pero uno no sería contado

La renuncia de Benedicto XVI ya se preveía por un signo desde 2010, con motivo de la devoción que tenía al anterior papa que había renunciado, Celestino, 600 años antes. La renuncia sería canónicamente válida no habiendo demostración en contrario de coacción sufrida por el Papa, pero ésta fue inmensa, con escándalos en prensa continuos, proveniente de una campaña desde dentro y fuera del Vaticano (recuérdese el Vatileaks). Y tras la renuncia todo se desvaneció como por ensalmo, los medios pasaron a alabar al nuevo Papa. Cosas gravísimas que luego quedaron mediáticamente en nada. Testigos de los últimos tiempos de Benedicto hablan de su gran angustia y cómo cuando tomó la decisión quedó extrañamente tranquilo.
Una profecía de Garabandal ayuda a colocar las piezas del gran rompecabezas en su sitio: la principal vidente manifiesta tras la muerte de Juan XXIII que la Virgen le había dicho que quedaban cuatro papas, que uno de ellos duraría poco y que a uno no lo contaba; erróneamente se interpretó que si la Virgen no contaba a uno de ellos, es que entonces quedaban tres, y esto es lo que se difundió, afortunadamente lo de los cuatro papas sí está escrito por uno de los testigos, el doctor Weber en su libro sobre Garabandal, el Dedo de Dios, de 1991. No fue una profecía dada clamorosamente, sino en un contexto humilde, en conversación ocasional en la casa de la vidente, entonces casi una niña.
Entonces podemos colegir lo siguiente: el papa que no cuenta debe ser Benedicto, por la renuncia, fue vicario de Cristo y ya no lo es, y aunque Juan Pablo I tuvo reinado tan breve, no puede ser descartado, como algunos interpretan, pues estando inscrito como Papa nunca la Virgen enmendaría la plana a la Iglesia.
Pero si Benedicto no renunció válidamente, por falta de libertad más que evidente, entonces la consecuencia necesaria es que el pontífice sucesor no tendría legitimidad, dado que procede de un cónclave que procede de una renuncia inválida. Pero no hay sede vacante, la sede está ocupada por Francisco, y en todo caso sigue vivo Benedicto. Cuando muera éste entonces ya no habrá capacidad para discernir sobre la legitimidad de Francisco, el hecho estará de sobra consumado. Y de todos modos Francisco se ha esforzado por separarse de la imagen del Papa como Sumo Pontífice de la Verdad: "El Papa tambien tiene que convertirse", una más de entre tantas palabras de contenido irreverente y fuera de lugar teológico y de sentido común.
 Las actuaciones ya habidas por Francisco son coherentes con lo extraño de su mandato, son las obras las que evidencian la realidad, está procediendo como los reformistas de estos 50 años, sin miramientos, inmunes a los escándalos. Ay, de aquellos que escandalicen a los pequeños que creen.
¿Qué hacer entonces por quienes queden queriendo ser fieles? La gran tentación será la de repetir lo de Lefebvre, aunque con la diferencia de hacerlo más tarde y sobre todo que los papas postvaticano II son legítimos por los cuatro costados, y no hay reproche sólido que realizar, menos aún porque los textos del Vaticano II son irreprochables, y son los que han hecho un uso perverso con falsas interpretaciones los que haciendose paladines del concilio lo han desprestigiado.
Por otro lado, otra pieza que hace encajar todo el rompecabezas es la profecía de San Malaquías, que ahora se va entendiendo mejor, según la lista de papas que da, Benedicto ha sido el último, y queda por delante Pedro Romano, es decir, la Iglesia legítima, la cátedra de San Pedro. No hay por tanto que elegir nuevo papa alternativo, ni que hacer un cisma que devuelva hipotéticamente las cosas a su ser, porque entre otras cosas, como ha demostrado la iglesia lefebvriana, surgiría división tras división, y lucha de jerarcas y de esferas de influencia, para eso mejor que el poder se lo queden los que lo tienen siendo evidente su heterodoxia. Todo lo que se necesita del magisterio ya está dado. Un cisma se llevaría consigo necesariamente los males que conlleva la condición humana, donde hay poder allí suben los que quieren gloria y beneficio humano. Así esta sí sería la iglesia pobre anunciada, ahí tendríamos a Pedro Romano (aunque pueda haber en la historia que quede un papa con ese nombre), el Pedro que murió mártir en Roma, como murieron mártires sus 33 primeros sucesores, y que dirigiría muy bien la iglesia desde luego, sin tener que ser alejado y oscurecido como hasta ahora por tantos representantes humanos de la iglesia.
50 años de abusos tras el Vaticano II, con difusión por doquier de malas doctrinas y constitución de grupos filoprotestantes masivos en diversidad y cantidad de seguidores, sólo podían tener esta consecuencia, que ya que no se ha sabido-podido atajar el mal, éste tenía que afectar a la mismísima sede central. No juzgaremos a los anteriores papas, porque han trabajado con la premisa de que trigo y cizaña no se podían separar so pena de daño mucho mayor y para dar testimonio de paz, pero ya se acerca el tiempo en el que trigo y cizaña deben ser separados y cada cual siga el camino que le corresponde conforme a su sed de verdad o a su ceguera voluntaria.

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