8.9.14

Cuando la Virgen no escuchó a Barcelona

En 1714 se dio la conquista de la ciudad de Barcelona en el marco de la guerra de sucesión española. Las clases populares creían firmemente que la Virgen y Santa Eulalia, junto con miles de ángeles, evitarían la derrota; algunos afirmaban haber visto cruces en el cielo, que interpretaban como señal inequívoca de la llegada del ejército celestial que como en la Bilbia derrotaría al invasor al mando del duque de Berwick. Se sacó a la calle el estandarte de la milicia urbana llamada La Coronela, con la efigie de la patrona. Las iglesias estaban llenas, refugiados, mujeres, ancianos y niños pedían el milagro salvador.
Los barceloneses se negaron a aceptar el diagnóstico de situación hecho por sus mismos jefes, el general Villarroel y el conseller de la ciudad, Casanova, que anunciaron que la derrota era cuestión de días. En consecuencia la sangre corrió abundante con miles de muertos y heridos.
No había ninguna necesidad de resistir hasta la muerte de tantos conciudadanos, sólo la voluntad de seguir manteniendo el propio juicio. El Cielo no protege de las consecuencias a las que llevan cálculos políticos y económicos.
Este episodio puede ilustrar que también existe la falsa fe, como también se daba en el pueblo judío, que daba por hecho que la presencia del arca de la alianza garantizaba la defensa, ocurrió también con motivo de la conquista de Constantinopla a manos de los turcos, olvidando que llega un momento en el que el tiempo se ha acabado y que mientras hay tiempo, "yendo de camino mejor es ponerse de acuerdo con quien te pone pleito"(frase de Jesús en los evangelios).
Los descendientes actuales de aquellos barceloneses han transformado aquella derrota en victoria, la de una resistencia, olvidando voluntariamente las lecciones históricas de que las rebeldías se pagan siempre muy caras, la dura cerviz que se obstina. Y si habiendo fe en aquel entonces el Cielo no impidió que cayera el mazo, es obvio que no es mejor la situación ahora, sino todo lo contrario. Aunque también es verdad, que las rebeldías constituyen también castigo para las metrópolis que manejan las cosas públicas con soberano olvido de las leyes divinas.

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