2.11.14

Hablar de Dios desde Dios.

Muchos hablan de Dios con las fórmulas aprendidas en teologías, seminarios y actos diversos. Ciertamente tenemos sus mismas palabras en la Biblia, en los evangelios, pero hay un cierre respecto a las comunicaciones actuales públicas de Dios, la Virgen y los santos, en una especie de sola scriptura modernizada. De aquí viene resultando la dominante formularia y cansinamente reiterada en dichos, sermones, escritos, que apenas coge color con nuevas metáforas, a menudo audaces y equívocas. Pero todos están de acuerdo, todos, en el silenciamiento a las palabras dadas por el Cielo por medio de sus instrumentos. Si no quieren verse comprometidos porque esos instrumentos puedan tener sus equivocaciones y confusiones humanas, o peor aún, entrar en el futuro en el pecado (como ocurriera en El Palmar o en Peñablanca), lo que deberían hacer es tomar lo bueno que dicen y aprender de ello, trasladarlo si quieren sin citar la procedencia, darlo como cosa propia para bien de las gentes. Pero nada de eso ocurre, se cierran en sus falsas precauciones.
Expondremos aquí un texto, resultado de diálogos francos con el Cielo, sin intento alguno de panegírico hacia el instrumento, sin darlo a conocer, para que se queden con los dichos, sin temor a que sean camino para vender ningún grupo o proyecto de influencia humano, para que queden sin ese argumento al menos.



- Mira:
(Veo una estructura, vigas, paredes, sótano, vivienda, terraza)
- Todo esto es el trabajo de los hombres.
- Así es
- Ahora, mira:
(Veo que manos consagradas levantan la Sagrada Forma)
- Esto es trabajo de Dios.
- Entiendo -bueno, me parece que entiendo, aunque no sé si entiendo bien- es que si Dios no diera inteligencia al hombre éste tampoco podría edificar quiero decir que pienso que todo es obra de Dios)
- Sí y no. Sí, porque Dios da sabiduría al hombre y en él está la libertad para utilizarla para bien o no.
No, porque la consagración y el milagro de la realidad del Cuerpo de su Hijo Jesús sólo se puede realizar a través del ministerio sacerdotal y esto sólo lo puede conceder Dios.
- Aunque sean ordenados sacerdotes, si Dios no considera esas manos dignas de su Hijo ¿no reciben esa gracia?
- Sí, porque Dios ha concedido a su Iglesia el don del sacramento, pero para realizarse el milagro de la presencia real hacen falta varias cosas: Principalmente creer que realmente está Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, presente desde ese y en ese momento con más intensidad. Segundo, creer que realmente Jesucristo está y va a entrar a y en su corazón después de la Comunión. Tercero, creer que realmente lo que él tiene y comparte con los demás es realmente al mismo Dios Hijo hecho hombre que vivió, murió y resucitando está en los cielos y que cada vez que por su ministerio dice: Este es el Cuerpo de Cristo, es realmente este milagro lo que está compartiendo ya que el mismo Jesucristo quiere habitar en todos los corazones.
El Hijo de Dios no necesita del hombre para su Gloria, pero el hombre sí necesita del Hijo de Dios para conseguir la Gloria.

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