5.2.15

Sueños premonitorios de Irene Villa, víctima del terrorismo

Cuando tenía 12 años un atentado dejó sin piernas a Irene Villa, siendo también herida su madre, una bomba en los bajos del coche. El atentado iba dirigido en realidad contra la pareja de la madre, un policía, del que los terroristas sabían que solía ir en el asiento del copiloto por las mañanas. Irene Ha contado en el programa Cuarto milenio que tuvo sueños premonitorios, aunque no consiguió entenderlos a tiempo: hombres encapuchados la perseguían como por una casa, el sueño se repetía y en otra modalidad ponían a la niña como en un quirófano y con una sierra automatica le cortaban las piernas.
Irene no contó el sueño por considerarlo trivial y que su madre no entendería. Antes del suyo hubo otro atentado, la hermana mayor insistía en que tenía un mal presagio y que no salieran, la madre consideraba eso un temor infundado.
El programa no da pautas para interpretar los hechos preternaturales consistentes con la fe católica, a la cual excluye por principio para entenderlos, prefiere moverse en una ambigüedad calculada, lo que es una necesidad de mercado claro está. Pero la clave del sueño premonitorio, la que no se enseña públicamente, es que avisa de un peligro y que es necesario pedir a Dios que no ocurra, y pedirlo tantas veces como se repita el sueño.
Por falta de esta inteligencia elemental, la niña Irene interpretó el suelo de manera insuficiente, como que le decía que diera gracias a Dios porque tenía dos piernas. Esto le provocó una crisis de fe después de perderlas, nadie da gracias por estar con sus piernas y justo la que lo hace, las pierde.
Hoy Irene tiene que vivir mutilada, eso sí, con una vitalidad de mucho mérito y ejemplo. Pero debe extenderse este conocimiento: el sueño avisa y que hay que orar; claro está, lo de la oración y los sueños premonitorios están excluidos del bagaje de conocimiento con que funcionamos todos los días, sometidos a irrisión. A todo lo anterior hay que añadir que el pecado atrae la desgracia, la madre estaba divorciada y tenía relaciones prohibidas, otra cuestión banalizada; puede objetarse que otras muchas mujeres estaban en igual situación y no les ha ocurrido nada parecido, pero este caso se abatió sobre una madre y una hija con capacidad de coraje para salir adelante, quizá por eso fueron elegidas, más allá de la ceguera instrumental de los terroristas. Y en cualquier caso, el pecado de los padres lo pagan los hijos, de una forma o de otra, más tarde o más temprano; no tenía que haber ocurrido, pero la ceguera espiritual que da el pecado se convierte en factor causal, hace que no entendamos los mensajes que nos vienen de fuera de la materialidad, como en este caso de estos sueños premonitorios.
En el mismo programa apareció el testimonio de la viuda de otro asesinado por Eta, a quien en la misma mañana del atentado, cuando se despedía de él que marchaba en su vehículo, bajó la ventanilla para decirle que soñó que le mataban. Tampoco supieron porque nadie se lo había enseñado, ningún profesional de la fe, que al sueño que anuncia muerte se le responde con la oración para que no ocurra el fatal desenlace.

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