18.3.15

Dron ufo en el seminario

Intentaremos explicar desde aquí el porqué de un extraño suceso ocurrido en 1972 al seminarista escolapio Javier Bosque cuando tenía 20 años, que sólo ha sido tratado en clave ufológica en los muchos medios que lo han tratado, el último con la aparición misma del afectado y docudrama en un conocido programa de misterio en televisión.
El hecho desencadenante se percibe como simple circunstancia: está el seminarista en su habitación, sin obediencia a una regla elemental de todo religioso que es recogerse en piedad, al contrario lleva tiempo grabando, tocando una guitarra, escuchando música en la radio y es a las 2 horas de la madrugada cuando le ocurre el hecho. Esto es suficiente para desatar la visita de una inteligencia no humana que en otros tiempos hubiera tomado la forma espectral, pero que para este incauto joven toma forma tecnológica ya que está fascinado con la tecnología (de hecho se esforzará en la investigación tecnológica de la grabación que hizo del fenómeno, encargada a físicos, que llegaron a la conclusión de un fenómeno acústico inexplicable en pura ciencia). Para otro sujeto, como decimos, la forma adoptada por el visitante de dormitorio hubiera sido fantasmal.
La inteligencia no humana se mostró en forma de lo que hoy llamaríamos un dron, al ser un cuerpo de aspecto metálico que se mueve de manera programada, ahora bien lo que lo hace inverosímil como tal es la fecha, 1972, y sus evoluciones inteligentes, lanzando emisiones de luz sobre el magnetófono del seminarista y sobre su transistor. En estricta lógica sobrenatural, la forma tecnológica es simple apariencia, igual que los ovnis, no que no sean reales, sino que son fenómenos ilusorios provocados, no por la mente, sino por una acción de inteligencia no humana sobre nuestro sistema perceptivo, muy sencilla para ellos, no siendo ése el nudo del problema, sino el de que esa acción ha sido permitida por inteligencia divina, no humana también, pero del todo superior a la de los diaboloi.
El contexto de la época es voluntariamente desconocido como causa influyente por cualquier periodista del misterio, como no podía ser menos, y es que las órdenes religiosas, entre ellas la del seminarista de las Escuelas Pías, se encuentran en pleno deslizamiento de disipación, perfectamente programada, bajo la excusa de llegar mejor a la gente (la importancia dada a la guitarra es reveladora, y lo dice el mismo Javier del Bosque refiriéndose a aquella época que descubrió el método Hamelin de evangelización). Es toda una revolución la que estaba en marcha en la Iglesia, que va a arrinconar la enseñanza sobre el misterio y se quedará con la parte de la compasión, algo que sí le va a entender la gente, que ya no quiere saber de infierno, pecados y demonios, que no quiere saber pero que sí le importa saber y nadie más que la iglesia se lo puede contar.
De esta forma el diabolon que se introduce camuflado en la habitación del escolapio responde a la presencia de turbación, a causa de la negación previa del misterio del mal y del carnavalismo evangeliario, que suscita la permisión divina de la expansión de ese mal, que no es abstracto sino de inteligencias de maldad, concretas, personales, sobrehumanas. Y el que quiera percatarse de ese hecho se puede salvar, queda avisado si lo quiere entender. No parece que Javier del Bosque entendió nada de todo ello, en primer lugar porque no estaba preparado por la voluntaria ignorancia espiritual que ya invadía al clero, y sobre todo porque sus maestros ya habían decidido para entonces silenciar el hecho de nuestra condición de invadidos. Su camino, muy meritorio por otro lado, sería el de la compasión humana, (el mismo que ha decidido la iglesia común: cuerpos sí, almas no) dirigiendo hoy día una ong de ayuda a inmigrantes en EE.UU.
Los visitantes como a veces se los llama no vienen sólo para molestar, vienen a la espera de tener permiso para llevarse el alma a sus hábitats de terror sin fin; son un fenómeno positivo en cuanto aviso, no sólo para el que lo recibe, sino para que éste, reflexionando, se vuelva atrás de su existencia disipada, y con su testimonio pueda advertir a otros.
Ni el afectado ni su orden religiosa supieron entender nada, o quien entendió fue sencillamente apartado.
Se quejan los periodistas del misterio de que son aplastantes las evidencias de que el misterio existe y que la cultura del mainstream hace caso omiso. En realidad esos mismos periodistas, medios y programas de misterio pertenecen al mainstream, al de verdad, al que oculta la continuidad entre fenómenos ufo y/o espectrales y las inteligencias malignas de siempre. Por eso están siempre investigando pero sin querer llegar a la verdad, que en realidad está ahí, como ellos dicen; el misterio está ahí, pero es misterio sólo por una voluntad de no querer saber, no porque no sea fácil entender, justo lo mismo de lo que ellos acusan a los cómodos negadores contemporáneos.

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