30.6.16

Comerciar con profecías

Las profecías sólo pueden ser bien interpretadas por quien tiene carisma de interpretación, no están al albur de cualquiera, incluso si tiene títulos teológicos.
Se comercia hoy con profecías mediante libros y videos, y por supuesto si el que interpreta desde aquí no es católico, aunque sea persona religiosa en otro orden, será señal clara de equivocación, (hablamos de comerciar, no de emitir profecía, que esto le puede ser dado a cualquiera si Dios lo quiere, como vemos que ocurriò con Balaam o con el sumo pontífice que condenó a Jesús).
No es en sí el hecho de ganar dinero lo que es negativo, sino que el que comercia necesita público y si es católico necesita que la jerarquía no le vete expresamente; entonces esto hace que procure interpretar sin enfadar a la jerarquía y a los fieles que la siguen, y basta un solo obispo que condene o desautorice para que la inmensa mayoría de los demás obispos guarden ya reparos, por un cierto sentido de colegialidad.
Podemos fijarnos en una de esas profecías, la de que habrá dos papas en Roma, lo que siempre fue entendido como signo de gran catástrofe y de últimos tiempos en la iglesia. Ahora hay dos papas, pero los que comercian con profecía se apresuran a descartar que eso sea ningún signo negativo, se suman al coro de "normalidad"; aluden a que hay otras profecías como que el papa sería perseguido y huiría de Roma o bien que no hay enfrentamiento como en la época de los cismas medievales. Sin embargo, bien entendido Benedicto XVI ha huido de Roma en efecto, no de la ciudad, claro está, sino de su cátedra. En la profecía Roma no es un lugar literal, sino una metonimia de continente por el contenido, como cuando se dice "Roma locuta, causa finita" viene a decir que Roma ha hablado significando que el Papa se ha pronunciado; por eso se puede estar literalmente en Roma y haber salido de ella, igual que se puede vivir en cualquier otro lugar y estar en Roma, en la Iglesia.
No es necesario comerciar para interpretar mal las profecías, se ve a saciedad en cómo se engañaban los fariseos, basta que nos domine la carne para entender las cosas de manera baja, según la carne. Pero precisamente comercio significa carne, y falta de libertad para ajustarse a la palabra de Dios. Muchos videntes han fracasado, incluso teniendo carisma de profecía porque no han querido callar cuando la profecía se había acabado, del mismo modo, la interpretación santa de las profecías no puede estar sujeta a una agenda de comunicación humana, porque en sí misma la interpretación es como la profecía, un carisma que se da y que tiene que respetar los tiempos de Dios. Otra cosa es que se den enseñanzas sobre interpretación, como se pueden dar sobre discernimiento, pero de manera general, cuando se cree poder aplicarlas sin más a un caso concreto, el error es seguro. Esto es terreno reservado para la dirección inmediata del Señor, como ya dijo hace mucho quien fuera gran experto en mística, el padre Arintero.

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