1.4.17

Apariciones en la España del siglo XX

Las apariciones de la Virgen a lo largo del siglo XX en España se producen preventivamente a los desafíos contra la fe y por tanto contra la pérdida de las almas y la destrucción de vidas y bienes, para aminorar los dos gravísimos fenómenos a las puertas: la segunda república, enemiga mortal de la iglesia con sus diferentes ejércitos doctrinarios, liberalismo, anarquismo y comunismo principalmente. Y los tiempos de la llamada transición e instauración del liberalismo en España cuando apoyándose en que lo católico y la dictadura habrían sido una sola cosa se expulsará a una con el otro, hará la erradicación de la fe por medios no violentos, como es la extensión del hedonismo y las liberaciones de todo orden.
Previo a la guerra civil, se produce una aparición en Bachicabo, Alava, poco mencionada en comparación con las apariciones de Ezkioga, de sólo unas semanas antes. En Bachicabo se evidencia uno de lso rasgos más sobresalientes, como es que los enemigos declarados de la fe y la iglesia, a menudo se conciertan con los "buenos" cuando se trata de nuevas apariciones; esos "buenos" incluyen sobre todo cargos y beneficios eclesiásticos que se sienten amenazados. En Bachicabo, un niño de 14 años tiene visión de la Virgen y contra lo que suele ser habitual enseguida son dadas por válidas, por dos sacerdotes de la zona que organizan procesiones, desde las poblaciones cercanas de Espejo y Barrio. Pero un señor aristócrata de la zona, protector del santuario de la Virgen de Espejo, envía bajo cuerda a jóvenes de izquierdas para perseguir a los devotos, irrumpiendo con piedras y palos y dispersándolos, si bien hubo el toque de heroismo santo del sacerdote que llevaba la procesión, en gesto como el de Cristo en el huerto, que se ofreció a ser matado pero pidiendo que dejaran a los devotos en paz. Los hombres, como siempre, oponiendo lo santo a lo santo. No es raro que  la Virgen realice apariciones para reavivar la devoción, en zonas cercanas a santuarios antiguos, y entra enseguida el falso conflicto de intereses cuando los beneficiados eclesiales quieren seguir con el viejo sistema que es agónico para la fe por su incuria.
En Ezkioga hay también una primera validación por un buen sacerdote, que pronto será alejado por la jerarquía. Se ha explicado que las muchas apariciones que se dan próximas a las de Ezkioga son un simple contagio, en personas buscadoras de fama; pero es absurda la explicación, porque se trata de niños, otra cosa es que converjan luego personas mayores con interés de medro, pero que en realidad son convocados allí por el maligno para desacreditar, lo que luego aprovecharán los interpretadores impíos de ciencia historiosociológica, para proponer explicaciones de simple patología o contagio cultural.
Pero Ezkioga no fue el primer caso de apariciones en el marco de un pueblecito, con visión de niños, así que no puede ser fuente de "contagio", porque se habían dado un mes antes las apariciones a doce niñas en Mendigorría, Navarra. De nuevo los "explicadores" intentan ajustar sus teorías dicendo que es que los niños de Ezkioga habrían leído la noticia en la prensa de la época, pero qué podría interesar a dos niños de 9 y 11 años la prensa, dedicados como estaban al menudeo del trabajo del campo.
Es muy extraordinario el contraste entre la estrecha persecución que se dará por el combinado de la autoridad eclesial-gubernamental (permanente en casi todas las apariciones, tanto que el cambio de régimen político de la posguerra no supone el menor cambio en el estatus de Ezkioga) y lo que se sabe sobre la situación del clero vasco en aquel entonces, antes de la guerra. Nada menos que el principal figura de la cultura vasca antropológica, José Miguel de Barandiarán, Aita Barandiarán, reflejará en sus diarios que él mismo fabricaba bombas de mano ¡siendo vicerrector del seminario de Vitoria! (Véase artículo Cuando aita Barandiarán tuvo que tomar las armas). Y no las fabricaba porque le obligasen, sino porque él venía de la antigua tradición del carlismo, donde los curas "ayudaban" a la defensa del catolicismo por medios incluso armados, y también porque los explosivos le habían ayudado en sus investigaciones de campo, para descubrir yacimientos en busca del origen vasco. Así que si este era el ambiente de la formación del clero vasco, a su vez tan influyente en su pueblo, que no era en absoluto anticlerical, como el pueblo español, se entiende todo lo que ha venido después y que es bien conocido por todos. Este clero no sufriría persecución, y la causa fue que el martirio es un don que se ha de merecer. Y deja además en evidencia la negligencia de Roma, que no se dio por enterada en ningún momento de qué pastores tenía en el redil; negligencias de este tipo serían la causa de que el mal se extendiese por todos los miembros de la Iglesia, imparablemente, en la época siguiente, y con ello el hundimiento de la fe, atizada muchísimo por los nominales promotores de la fe so capa de adaptación a los nuevos tiempos y servicio al evangelio.
Después, ya en 1961, pero con otras apariciones en las décadas anteriores de posguerra, tienen lugar las apariciones de Garabandal, a sólo pocos años del hundimiento estrepitoso del régimen de fe y cultura católica; Umbe es otro campanazo, dado al final de la década de los 60, y luego ya en los 70 hay un florecer de apariciones, algunas fracasadas, pero todas desacreditadas, de ninguna manera apoyadas por la iglesia, que cree hacer méritos con esta incredulidad ante la sociedad de los incrédulos. La iglesia se sumerge en la mudez canina, sólo raras veces violada, ante la nueva sociedad que se está construyendo, y las apariciones van haciendo la tarea que los evangelizadores oficiales no harán, reafirmando la verdad católica, es decir, la verdad de la revelación, pero en enseñanza apoyada por la sublimidad de María en máxima cercanía a su pueblo.

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