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3.12.17

Los dos corazones. Consecuencias globales de las no consagraciones.



Sor Lucía de Fátima y Santa Margarita María de Alacoque tienen un vínculo como mensajeras del Corazón de Jesús y del Corazón de María, con sendos mandatos divinos para la consagración de Francia al Sagrado Corazón en 1689 y de Rusia al Inmaculado Corazón en 1929.
Ambos mandatos divinos fueron desestimados. La relación entre ambos nos hubiera pasado desapercibida, si el mismo Jesús no se la hubiera revelado a sor Lucía en 1931. Tras años de ser pedida en vano la consagración de Rusia, el Señor dirá en 1931 a Sor Lucía, que se encuentra enferma en Rianxo, Pontevedra:
“Me consuelas mucho y pides la conversión de Rusia, España y Portugal. Pídela también a mi Santa Madre.
Advierte  a  Mis  ministros,  visto  que  siguen  el  ejemplo del Rey de Francia en el retraso de la ejecución  de  mi  pedido,  que  lo  seguirán  también  en  su  desgracia.  Nunca  será  demasiado  tarde para recurrir a Jesús y María”.
La petición a que hacía referencia el Señor no era otra sino la petición de su Madre, que como no podía ser de otro modo, El la tenía por Suya, pedida con estas palabras en una visión de 1929:
"Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarlo por este medio. Hay tantas almas que la justicia de Dios condena por los pecados cometidos contra mí, que vengo a pedir reparación. Sacrificarse por esta intención y orar”.
El mensaje del Señor a sus ministros era de 1931, se entiende que a todos, pero siendo dado en España, es obvio que estaba anunciando algo muy grave si no se obedecía el mandato de Consagración, y ese algo muy grave sería realizado: el martirio de seis mil religiosos y sacerdotes españoles sólo 5 años después.
Este correlato parece que nunca hasta ahora había sido hecho público.
Se hace claro también que igual que hay ese nexo divino de unión entre el Corazón de Jesús y el de la Virgen, lo hay entre las fallas de consagración, de Francia y Rusia, porque en efecto la revolución rusa que castigó al mundo y a España, es el eco de la revolución francesa.
Yendo atrás en el tiempo, otra vidente Santa Margarita María de Alacoque hará llegar a Luis XIV el pedido divino de consagración de Francia al Sagrado Corazón; en realidad no consta que le llegase, porque la santa de Paray le monial, había escrito a su antigua superiora la madre Saumaise, para que hiciese llegar el mensaje al Rey por medio de los eclesiásticos próximos al rey como su confesor el jesuita padre La Chaise. Pero sí puede decirse que tuvo que llegarle al Rey el mandato, porque su desgraciado nieto y sucesor Luis XVI, hizo tardíamente esa consagración estando en prisión condenado a muerte, que no impidió su ejecución.
Los términos del mandato divino al Rey de Francia fueron estos:
"Díle al hijo mayor de mi Sagrado Corazón (por lo tanto, al rey Luis XIV) que, como su nacimiento temporal se obtuvo por la devoción a los méritos de mi santa infancia, así él obtendrá el nacimiento de la gloria eterna mediante su consagración a mi adorable Corazón, Mi Corazón desea reinar en su palacio, ser pintado sobre sus estandartes y grabado en sus armas para hacerlos victoriosos sobre todos sus enemigos y todos los de la Santa Iglesia. Mi Padre quiere usar al Rey para la ejecución de su proyecto, que es la construcción de un edificio público donde la pintura de mi corazón se colocaría para recibir el homenaje de toda Francia".
Santa Margarita explicará el fin de esa consagración:
"El Padre eterno, queriendo reparar la amargura y la angustia que el adorable Corazón de su Hijo Divino ha recibido en la casa de los príncipes de la tierra, entre los insultos y humillaciones de su pasión, quiere establecer su imperio en el corazón de nuestro gran monarca, del que quiere servirse para la ejecución de su plan, que es hacer un edificio donde se colocará una pintura de este Divino Corazón, para recibir la consagración y el homenaje del rey y toda la corte.
Además, este Corazón divino quiere hacerse protector y defensor de su persona sagrada contra todos sus enemigos. Es por eso que lo eligió como su fiel amigo, para hacer autorizar la Misa por la Santa Sede Apostólica, y para obtener todos los demás privilegios que deben acompañar a la devoción de este Corazón divino.
Es a través de este Corazón divino que El quiere repartir los tesoros de sus gracias de santificación y la salvación mediante la difusión de sus bendiciones a todas sus empresas, dando un éxito feliz de sus armas, haciéndole triunfar sobre la malicia de sus enemigos".
Hay que tener en cuenta la realidad de Luis XIV en ese momento, que vivía la era dorada de su hegemonía, victorioso en muchos frentes, pero cuya vida moral era muy impura (numerosos hijos naturales), que hizo el mayor derroche de lujo en la historia moderna, y por si fuera poco consideraba positivo el avance de los turcos sobre la Europa cristiana porque debilitaba a sus adversarios, las otras potencias cristianas de la época que tenían frontera con los otomanos.
Para mejor comprender el modo de lo que Dios quería, hay que saber que desde los tiempos más remotos Francia siempre había tenido un estandarte sagrado, depositado en el santuario de Saint-Denis, a la sombra de los santos protectores de Francia, que se sacaba de tiempo en tiempo, cuando el rey se ponía a la cabeza del ejército y que se colocaba en la hora de los peligros supremos. El estandarte representaba el alma religiosa de Francia, y flotaba entre los estandartes nacionales como una oración.

Un estandarte de este tipo le fue dado por Dios a Santa Juana de Arco. Él había prescrito su forma y sus emblemas, y así le había comunicado las virtudes que llevaron a la agotada Francia a triunfos inesperados. En 1689, Dios le preguntó al Rey y a Francia, a través de Marguerita-Maria, algo similar: un estandarte sagrado que era un acto de fe, y que, al aparecer junto a la bandera nacional, indicaría que, más alto que la valentía proverbial de sus hijos, Francia se ponía bajo el apoyo y la bendición de Dios, como en la historia bíblica.
El mandato fue hecho el 17 de junio de 1689 y justo ese día, cien años después,  la asamblea nacional francesa iniciaba la toma del poder, que acabaría con la monarquía e iniciaría el proceso de desgracias conocidas por la historia.
17 de junio de 1689: El mensaje permaneció sin respuesta de Nuestro Señor Jesucristo a Luis XIV;
17 de junio de 1789: el tercer estado insurgente proclama la Asamblea Constituyente y lleva en la sangre y el terror a la monarquía francesa.
En cuanto a la orden de los jesuitas, que había sido especialmente elegida para difundir la devoción al Sagrado Corazón y transmitir a Louis XIV el gran proyecto a través del jesuita padre La Chaise, la orden fue abolida en Portugal en 1759, Francia en 1764 y en España en 1767. Además, fue disuelta por el Papa Clemente XIV en 1773.
También debe recordarse que Luis XIV, tuvo que dejar de comandar sus ejércitos, su familia fue diezmada, desde 1708 hasta 1712, en menos de cuatro años, el rey Luis XIV perdió a sus tres sucesores.
Aunque parte de los deseos de Nuestro Señor se ha realizado (levantar una iglesia nacional: la del Sagrado Corazón de Montmartre), no es lo mismo para otras peticiones: la consagración de Francia, por sus líderes al Sagrado Corazón de Jesús, y mucho menos poner este Sagrado Corazón en los estándares.
Dilatada la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de Jesús y de María, por analogía se teme que Dios permita para su Iglesia el mismo castigo que se reservó en 1789 a la monarquía francesa y que parece hoy en plena ejecución. Y si bien el 7 de julio de 1952 el Papa Pio XII publicó la Carta Apostólica Sacro Vergente anno, consagrando a Rusia al Inmaculado Corazón, esta consagración no cumplía con las condiciones establecidas, ya que Pío XII no hizo referencia a la devoción reparadora de los cinco primeros sábados del mes y que era, también, contribuir a obtener de Dios el milagro de la conversión de Rusia; pero, sobre todo, no había ordenado a todos los obispos del mundo católico que se unieran a él en un acto público de reparación y consagración.
La hermana Lucía le escribirá a un corresponsal: "... También le agradezco el recorte de periódico que informa sobre la consagración de Rusia, y lamento que no se haya hecho como lo había pedido Nuestra Señora. ¡Paciencia! ... Esperemos que Nuestra Señora, como buena Madre, se digne aceptarlo".

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