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3.8.18

Pasión de 24 horas en Ezquioga


 Del libro sobre las apariciones de Ezquioga de Fr. Amado de Jesús Burguera:

Un ejemplo aplastante que Nuestra señora titula: “Más nuevas pruebas de mis Apariciones en Equioga” y que lo integra una triple pasión de veinticuatro horas: El 5 de Mayo de 1933, las videntes X y Z recibían de la Santísima Virgen una misiva, según la cual deberían sufrir en Ezquioga una pasión de 24 horas, a la que Ntra. Señora llamaba: “Más nuevas pruebas de mis Apariciones en Anduaga” ya que, hasta el presente, los católicos tan poco caso de las anteriores pruebas -verdaderos milagros- dados por Ella habían hecho.
Como había que pasar la noche en pasión, pensamos que se verificase en un saloncito comedor de la casa de D.J.J.A.;  y a las diez y media, como la vidente Z, por asuntos de familia no llegase, nos dirigimos a la pequeña vidente Benita y la dijimos: Si la Virgen le hiciese la merced de que, juntamente con la vidente X, sufrieses la pasión, ¿tú te ofrecerías gustosa? —Muy gustosa, nos contestó, con esa alegría infantil de que rebosa toda ella—. Pues, vamos a comenzar el rezo del Santo Rosario. Éramos 18 personas; y, enseguida dimos comienzo al acto. Al cuarto misterio entra en éxtasis la vidente X, y, a los pocos minutos, Benita. El éxtasis estaba comprobado, pero también se iba comprobando que aquéllas iban entrando en pasión. Era la pasión de Cristo y de María.
Recuérdese, “El Viernes Santo de 1933 en Ezquioga” (Cap. IX) y aplíquese a este momento cuanto en él dijimos. Mas, no eran solamente las pasiones de Cristo y de María lo que las videntes en sus personas experimentaban; eran, aparte, otro linaje de penas, tales como la retorsión dolorosísima de brazos, piernas y cabeza, con descoyuntamiento y salida de huesos, los incesantes golpes dados con patadas (forrados los pies con botas de cuero) a otras diferentes partes del cuerpo, que, para determinar los cuales, eran los diablos (siempre los mismos) quienes se encargaban de tan crueles faenas.
Otro linaje de torturas místicas consistió en ser llevados los videntes al purgatorio y al infierno. Al primero eran acompañados por la Santísima Virgen, pero al segundo Ntra. Señora las dejaba en la puerta, que es, al modo de decir de las videntes, como la boca de un túnel, que por dentro se agranda, de intenso fuego y denso humo lleno, de personas y demonios, repleto, en donde hay ruidos parecidos al paso del tren por un túnel, algarabía inacabable, frio y castañeteo de dientes. Las videntes reflejaban en sus asombros, aptitudes, movimientos y palabras lo que iban viendo. Oímos repetidas veces, cuando decían estar en el purgatorio, un chirrido tan singular, fuerte, continuado y fuera de lo naturalmente perceptible, terminado en un espantoso y prolongado ¡ay!, que todos los circunstantes movidos de un mismo asombro, preguntábamos; pero, ¿qué es esto?; pero ¿de dónde sale este ¡ay!? No cabe duda, nos decíamos todos, que es el que debe percibirse en el purgatorio, y es el que exhalan las almas, según revelación de la Stma. Virgen a las videntes mencionadas.
Los sufrimientos sucedíanse, con intervalos cortos, y eran terribles, indecibles e inacabables. Cuantos los presenciábamos no salíamos de nuestro asombro, enmudecíamos, llorábamos y partíamos luego, como de unos funerales.  Todas las lecciones, ademanes y movimientos estaban tan acordes con los sufrimientos, que nadie dudaba de su legitimidad. La frase de todos los presentes era ésta: “Jamás se ha visto semejante cosa”. Este es el hecho. Mas, ¿es patológico? A esto respondemos que todos cuantos conocemos a los videntes afirmamos que no pueden gozar de mejor salud mental y corporal; y, tanto antes como después del hecho, como no sea un poco de pasajera postración, quedan como si nada realmente hubieran padecido.
Los que no pueden negar el hecho se salen con que es “intervención diabólica”; “obra diabólica”, creyendo que, con haber soltado estas dos frases, que se muerden, pusieron una pica en Flandes. Y no dicen más, ni prueban lo afirmado, como deberían; a los cuales respondemos:
Una cosa es “intervención”, y otra, “obra” o “acción diabólica”. Al decir “intervención”, decís bien, aunque dándole mal sentido, el sentido que le dais al afirmar que es “obra diabólica”. La “intervención”, sí, porque son los diablos a quienes el cielo permite actuar de instrumentos de suplicio de los videntes; pero de que intervengan a que las apariciones sean “obra” o “acción” de ellos, media un abismo. La acción es divina por las siguientes razones, deducidas del acto mismo de las pasiones.
1ª    Cuando los sufrimientos son obra del diablo, como son las posesiones diabólicas, y de esto tenemos ejemplos en los Evangelios, los posesos profieren palabras indecorosas, cometen actos obscenos, insultan y maldicen a otros y blasfeman.  Los videntes jamás.
2ª    Los posesos sacan espumarajos de la boca y adoptan actitudes inverosímiles, irracionales y tienen conatos suicidas y homicidas. Los videntes jamás.
3ª    Los posesos sufren desesperadamente; nunca toman los nombres de Jesús y la Virgen sino para execrarles y menos aún para que les ayuden en sus pasiones. Los videntes por el contrario, sufren resignados y hasta piden sufrir más; toman siempre en sus bocas los nombres de Jesús y la Virgen para alabarles y bendecirles, y Jesús y María personalmente les acompañan repetidas veces en sus pasiones; tan es así, afirman ellos, que si no fuera por tal ayuda no podrían resistirlas.
¿Veis cómo están en un formidable error los que sostienen que las pasiones de los videntes de Ezquioga son obra del demonio?
Según esto, preguntamos: ¿Quién es el que hace sufrir de tal modo a los videntes? La contestación es muy sencilla: Si la obra se sale de la esfera natural, y no es tampoco diabólica, según acabamos de probar, luego es divina. Y es, en este caso, la Santa Madre de Dios, la que viene a Ezquioga a anunciar al mundo su perdición y castigo, la que se esfuerza porque tengan realidad estos hechos, a fin de que por su medio:
  • Se expíen faltas particulares y públicas
  • Vuelvan las gentes al buen camino
  • Se disipen o al menos se aminoren los castigos anunciados
  • Se rediman almas del purgatorio
Es un sacrificio aceptable a Dios: “Sacrificium Deo Spiritus contribulatus”. -Salmo 50-.
Estos son los fines. Los medios o instrumentos de que se vale la Virgen para conseguir tales fines no van a ser los ángeles buenos, que están puestos para todo bien, ni las almas del purgatorio ni las del infierno ni aun los hombres perversos, por no haber necesidad de ellos. Basta y sobra con los diablos, muy limitadas sus facultades para la consecución de los predichos fines, que podríamos llamar generales. Porque los hay también particulares, en cuanto roza a los propios videntes, y es la santificación de los mismos, haciéndoles pasar por la tribulación y las penas corporales y la más grande de las humillaciones, es, a saber: el ser castigados por los propios espíritus infernales.
Todo ello, considerado en junto y en sus detalles, es, no hay que repetirlo, una prueba aplastante más de las apariciones y llamadas de la Santísima Virgen de Ezquioga.

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