Aunque nunca hayan oído hablar de la llamada devotio moderna, muchos la han vivido en la práctica católica, pues es una de las grandes influencias en la espiritualidad que desde el siglo XVI ha dominado hasta nuestros días en la vida de los laicos y religiosos.
La devotio moderna fue la reforma que se puso en práctica proveniente de laicos antes de la reforma protestante, la cual tomó de aquélla bastantes elementos. En lo literal nada había negativo en sus formulaciones y prácticas, siendo el libro mas conocido de aquella espiritualidad la Imitación de Cristo de Tomás de Kempis, y la prueba es que San Ignacio tomaría elementos para sus Ejercicios espirituales, como la meditación programada y la adhesión meditativa a Cristo, que ha convertido a millones de personas a lo largo de siglos. Un choque fuerte, que requiere de aceptar inicialmente la entrada en retiro y silencio durante días, habiendo muchos constatado que incluso yendo con poca o nula voluntad obtuvieron la iluminación y la conversión. Sólo a partir del retiro era posible experimentar el cambio del frío al calor, por gracia y también por adquisición de hábitos de oración y de regularidad de vida y toma de sacramentos.
Pero la vida cristiana ordenada sufre de las mismas tentaciones que la de los judíos, la creación de reglamentación que se convierte en un fin en sí mismo, en un proceso lo bastante sutil como para que sólo un hombre que fuera Dios, es decir, Cristo, es capaz de desvelarlo y desbordarlo, reconduciendo la existencia humana, que partía de la buena base mosaica, hacia su fin verdadero que era El mismo.
Por tanto, también en campo de la historia cristiana, surgieron numerosos movimientos de reforma cuando se constataba la pérdida del sentido inicial, pero dentro de un programa humano, que ofrecía siempre la mejora moral y la atención a lo divino, eso sí siempre a costa de perder partes fundamentales de la fe, y de llevar a callejones sin salida, así como desatar la violencia de los poderes soberanos.
Desarrollos falsoreformistas de la devotio moderna se extinguieron, otros permanecieron en una heterodoxia evidente para el que tiene formación católica, pero elementos de la devotio moderna permanecieron haciendo mucho daño a lo largo de siglos, o mejor dicho, lo sembrado en los inicios de la alegría de la conversión gracias a ejercicios, retiros y demás, fue acompañado si no de cizaña estrictamente, sí de hierbas amargas y tóxicas que conducían a muchos a dar la patada al tablero de sus confiados inicios de vida de fe.
Si acudimos a la famosa escala de las moradas de Santa Teresa, la alegre conversión inicial, descubriendo evangelio, Kempis y sacramentos y familiaridad divina, así como la adquisición de hermanos en la fe, supone haber entrado en las primeras moradas, pero luego al paso del tiempo, las organizaciones mantienen intacto el programa inicial, utilizan esquemas fijos para encuadrar almas, y el método y el grupo que son un medio acaban en fines en sí mismos. Se requiere un progreso espiritual para el que los grupos no están preparados, y no digamos nada si se trata de grupos que no han surgido de voluntad divina, entonces se convierten en severas mazmorras donde además la pretensión de conseguir santidad a base de fuerza de voluntad lo que hace es que se caiga en tentaciones de lo más indigno, con la caída en abismos de vileza para que se enteren de su realidad.
Desde luego Dios y la Virgen intervienen para socorrer en todos estos períodos difíciles a cada alma, pero sólo saldrán con bien, fuera o dentro de los grupos y órdenes, los sinceros de corazón, que ni siquiera acusan de su situación interior a los mandatarios, sino que la creen fruto de su propio pecado.
Pero estábamos en lo de las primeras moradas. Si bien para muchos es todo lo que necesitan el nuevo ambiente en que han entrado, hay otros destinados a otras espiritualidades, y para estos pasa el tiempo y por más que el alma mira y remira no encuentra una salida, y si buscando oxígeno buscan en el mundo de la mística de intervención directa divina, queriendo una voz y presencia más directa, se encuentran con la oposición y el mal uso de las sentencias de San Juan de la Cruz, o simplemente el planteamiento de la entrada en una orden contemplativa, lo que no será una solución si tampoco va por ahí la vocación y menos si en esa orden -hoy día más raro- hay una estructura de devotio moderna no en lo mejor sino en lo peor.
Pero incluso sin salir del grupo, o bien una vez fuera por las circunstancias de la hierba amarga que han de masticar, pueden comenzar las segundas o sucesivas moradas, viviendo de la mano de María, pero no de nuevo de una forma ya prefijada, sino con una vida configurada e individualizada por María, lo que puede obtenerse si nos acercamos a Ella misma tal como se presenta en sus apariciones a lo largo de la historia. Es muy distinto que nos hablen de Ella o de Dios, a que Ella misma nos hable. Sin despreciar la teología, que es la forma mentis dada a los sacerdotes, es llamativo que la Virgen nunca habla según un marco teológico, es anteteológica si se puede hablar así, sin que Ella derogue un punto siquiera del formato teológico, a no ser que se le hayan mezclado, por muy buena intención ecuménica que haya, doctrinas heréticas.
Sabiduría, sublimidad y sencillez son las notas del magisterio de la Virgen, como madre y maestra divina. Pero además el método de la Virgen excluye el formateado uniforme, a cada alma le propone no la misma serie de santos como auxiliares, sino los santos que le van a esa alma mejor, en cierto caso, el alma venía aleccionada dentro del marco ignaciano carmelita, y la Virgen estableció suavemente nuevas “compañías” dentro del elenco de santos, incluso presentó un San Ignacio en una perspectiva original sobre lo tantas veces oído, como un defensor del alma al que acudir. En esta perspectiva de la Virgen los santos no son tanto modelos de imitación, como seres superiores ejemplares desde luego, sino como guías permanentes apropiados a nuestra alma.
A un caso concreto de planteamiento habitual de esclavitud mariana, siguiendo a San Alfonso maría de Ligorio, respondió con una contrapropuesta, la de convertirse en caballero de la Virgen, desde otra vía espiritual.
Lo más importante es cómo enseña a las almas escrupulosas y dadas al temor, a las que daña enormemente una enseñanza espiritual serializada que sea muy incisiva con la culpa. Por ejemplo, el Kempis o el libro Camino está muy bien para inicios, el anclaje excluyente en ese discurso puede resultar un buen recordatorio para almas indolentes, en cambio genera un proceso de agravamiento de la tendencia al escrúpulo y a la generación de ese carácter hundido que luego reprochan los equilibrados pidiendo alegría y ahondando el daño diciendo: si no estás alegre eres un triste cristiano. Al que es Job los amigos correctores le llueven. Muy al contrario, son las soluciones de la Virgen, en lugar de examen de conciencia que desemboque en desangramiento interno, pedirnos que recordemos al menos dos veces lo hecho en el día para que viendo cuanto hemos hecho, algo imposible por nuestras propias fuerzas si lo examinamos bien, nos maravillemos en agradecimiento. Y también, para las confesiones, no acudir en clima de compunción atormentada, sino para adquirir gracia, así como pedir de antemano que entre el confesor y nosotros haya paz, mutua respeto mutuo y caridad mutua, que al fin y al cabo también el confesor es humano.
El tomar este camino de la Virgen requiere haber atravesado los muros que se le oponen desde luego, sobre todo en el marco de la vivencia de grupos, que se rigen por la oposición a la mística con manifestaciones; contra esto luchó mucho el padre Arintero, experto en mística, pero no se le hizo mucho caso, y ha seguido en pie la línea que precisamente trazara la devotio moderna y el abuso de las palabras de San Juan de la Cruz. Un famoso director espiritual de seminario de Comillas que enseñó a los que luego serían obispos de las diócesis españolas, les decía así: “si yo veo a Cristo que está en la playa no bajo (el seminario estaba en un promontorio) no voy, porque ya lo tengo en el sagrario”. Preguntada la Virgen a respecto de este episodio respondía que, si bien a ellos no les hacía falta estrictamente la manifestación sensible, sí lo necesitaban muchísimas otras almas. No decía otra cosa que no fuera conocida: sin profecía el pueblo languidece. Y es llamativo que incluso hoy en día que han surgido movimientos que reivindican los carismas sensitivos apelando al Espíritu Santo, siguen en el fondo en la devotio moderna, negando todo valor a la manifestación exnovo de la Virgen por medio de personas-cauces de comunicación.
Sobre la vigilancia de las faltas propias y del defecto principal, la devotio moderna y sus herencias actuales, propone el combate continuo, sin embargo aunque se suponga la protección general del ángel de la guarda, lo que hay que hacer es actuar preventivamente, lo que requiere accionar la conciencia nuestra sobre el ángel, no penar ante el cántaro caído una vez más, sino pedir al ángel cada vez, antes de cada acción nuestra, y antes de que se despliegue nuestra actividad en el día, que El prevenga, así el esfuerzo es más fructífero, no el reparador sino el que la frase común recomienda más vale prevenir que curar, pero no sólo antes de algún acontecimiento grave como una operación quirúrgica o un viaje, sino en cualquier día poner cada hecho en sus manos, así veremos cómo por ejemplo es más fácil encontrar aparcamiento, evitar roces con la gente, suavizar reuniones, tener más calma ante las contradicciones. No es quietismo, porque estás actuando al pedir la actuación de los verdaderamente eficaces, en contacto todo el tiempo con la ángel y la Virgen, no de modo rutinario, por norma, sino en medio de la experiencia viva haciendo sacro de algún modo cada acontecimiento humano.
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