3.12.23

Sentido oculto del Adviento: prepararse bien a comulgar. Una enseñanza clarividente.

 Diálogo en enseñanza de una señora clarividente con un grupo:

-Teniendo la divinidad de Cristo en nosotros y no sabemos aprovecharla, prevalece la humanidad sobre la divinidad de Cristo. El es todo, y si El es todo para nosotros entonces nosotros no somos nada y no podemos aspirar a nada.

Pero pregunta a los reunidos: (realmente) ¿no podemos aspirar a nada?

No responden y repite la pregunta, esta vez responde alguien: sí podemos.

Y la señora insiste:

-¿A qué podemos aspirar?

Dicen a imitarle.

La señora: sabemos no sólo que Jesús existe sino que está en el sacramento, para recibirle bien, primero la casa hay que limpiarla, pasar por el ministro de Cristo. Jesús está en el sagrario por el ministro que ha consagrado, ahí está él, necesitamos esos ministros.

Los apóstoles a los cuales Jesús les enseñaba constantemente, no entendían, se quedaban con lo que les interesaba.

-¿Por qué pensáis que no le entendían los apóstoles?

Se responde: quizá porque no había llegado el momento, porque no tenían todo lo que necesitaban.

-Pero nosotros por el Espíritu Santo le recibimos por el bautismo, por tanto tenemos conocimientos grandes de esa realidad de Jesús sacramentado a través de manos consagradas de sacerdotes. Si Jesús está en el sagrario tenemos el corazón, el alma limpia (no corazón, se autocorrige) ¿Cómo será nuestra disposición interior para recibir a Jesús sacramentado?

Responden inaudiblemente.

Sigue la señora: llega un momento en que quizá hacemos las cosas, el cristiano hace las cosas, como rutina o por costumbre, entonces llega un momento en que (para nosotros) la divinidad de Cristo está y no está, está para unas cosas y para otras no, para unos momentos y otros no, un católico debe saber que ahí está la Divinidad de Cristo, y esa divinidad viene a través de la sagrada comunión, si yo soy consciente de que Cristo Dios y hombre verdadero viene a mí y yo me considero realmente una nada, voy a El buscándole pero necesito ir acompañada de alguien que me sirva de aval, alguien que haga de intercesora, que me prepare, de manera que cuando venga la divinidad de Cristo, a mi corazón, mi alma… Ella haga que Jesús realmente se encuentre a gusto y está claro a quién me estoy refiriendo, a su Madre; entonces mientras yo voy por el camino, sea a Ella a quien le diga, al ángel de la guarda, para guiarme, enseñarme, acompañarme, defenderme. Si el ángel está para todo, qué cosa más importante hay para mi alma que recibir bien a Dios, y es el mejor trabajo que le puedo dar al ángel, porque los ángeles ante la presencia de Jesús sacramentado están siempre de rodillas; entonces adoran a Dios, a la divinidad, quién mejor que el ángel de la guarda me puede enseñar, la Madre me puede acompañar, y con ellos dos, yo a Jesús le recibo en buenas condiciones, ese sitio está limpito por ellos, y Jesús se encuentra a gusto, y no sólo a gusto, toma posesión de todo el ser, es dueño y señor de mi vida, alma todo mi ser, no es sólo una forma, y si no hay esto no hay nada que hacer.

Alguien apostilla que hay que tener sensibilidad, a lo que responde la señora:

- No he dicho sensibilidad, he hablado del ángel de la guarda y de la Virgen. 

Otros dicen que hay que recurrir a ellos, pero la señora responde: 

-Tampoco he dicho esa palabra, es pedir. 

Otra persona dice que la Virgen adorna nuestra alma para la comunión, la señora responde: -¿por qué tiene que adornar la Virgen si eres tú quien tiene que tenerla limpia…?, ya la adornas tú con la confesión y ángel de la guarda, procurar conservar esa limpieza de modo que cuando El venga… que es hombre y Dios verdadero, viene a tu alma y a todo tu ser: no es ni galleta, ni carne, ni vino, es Dios y hombre verdadero.

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