(Traducción del blog Statveritas)
“LA SANTISIMA VIRGEN ESTA MUY TRISTE PORQUE NADIE PRESTA ATENCION A SU MENSAJE...”
Desde hace ya unos pocos años, las visitas
al Carmelo de Coimbra fueron volviéndose menos frecuentes. La visita del
Padre Lombardi, el celebrado jesuita fundador del "Movimiento Mundo
Mejor", fue la última ampliamente reportada en la prensa. (1)
Afortunadamente, sin embargo, otros testimonios mucho más importantes
nos revelan los pensamientos y sentimientos de Sor Lucía a fines de
1957.
El Padre Agustín Fuentes era un sacerdote
mejicano que se estaba preparando para convertirse en el postulador de
las causas para la beatificación de Francisco y de Jacinta, (2) y
simultáneamente de las causas de los mártires mejicanos bajo la
persecución masónica de Elias Calles (1924-1928). (3) En efecto, tuvo el
privilegio de hablar con todo detalle con la vidente de Fátima el 26 de
diciembre de 1957. Anteriormente se había reunido con ella el 10 de
agosto de 1955. (4)
Después de su regreso a Méjico, el 22 de
mayo de 1958 dio una conferencia en la casa matriz de las Hermanas
Misioneras del Sagrado Corazón y de Nuestra Señora de Guadalupe.
Durante esta conferencia, relató las palabras de Sor Lucía. El resumen
de esta conferencia fue publicado, señala el Padre Alonso, “con toda
garantía de autenticidad y con la debida aprobación episcopal,
incluyendo la del Obispo de Leiria.” (5) El Padre Fuentes dejó en claro
(p.503) que este fue un mensaje recibido “de los propios labios de la
vidente principal”. Aquí están los extractos del texto original español,
citado por el Padre Alonso: (6)
LA CONVERSACIÓN DE SOR LUCIA CON EL PADRE FUENTES
(26 DE DICIEMBRE DE 1957)
(26 DE DICIEMBRE DE 1957)
Yo deseo solamente contar a ustedes de
la última conversación que tuve con Sor Lucía el 26 de diciembre del año
pasado. Me reuní con ella en su convento. Estaba muy triste, muy
pálida y demacrada. Me dijo:
“NADIE HA PRESTADO NINGUNA ATENCION”
“Padre, la Santísima Virgen está muy triste
porque nadie ha prestado ninguna atención a Su mensaje, ni los buenos
ni los malos. Los buenos continúan su camino, pero sin dar ninguna
importancia a Su Mensaje. Los malos, no viendo realmente caer el castigo
de Dios sobre ellos, continúan su vida de pecado sin atender siquiera
el mensaje. Pero créame Padre, Dios castigará al mundo y eso será de una
manera terrible. El castigo del Cielo es inminente.”
EL SECRETO NO REVELADO
“Padre, ¿cuanto tiempo hay antes de que
llegue 1960? Será muy triste para todos, ninguna persona se alegrará de
nada si antes el mundo no reza y hace penitencia. No puedo dar ningún
otro detalle, porque esto es todavía un secreto. De acuerdo a la
voluntad de la Santísima Virgen, solo al Santo Padre y al Obispo de
Leiria les está permitido conocer el secreto, pero ellos han elegido no
saberlo, para no ser influenciados.
“Es la tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora, la que permanecerá secreta hasta 1960.” (p.504)
RUSIA, EL FLAGELO DE DIOS
“Dígales Padre, que muchas veces la
Santísima Virgen dijo a mis primos Francisco y Jacinta, tanto como a mi,
que muchas naciones desaparecerán de la faz de la tierra. Ella dijo que
Rusia será el instrumento de castigo elegido por el Cielo para castigar
al mundo entero si antes nosotros no obtenemos la conversión de esa
pobre nación...”
“LA BATALLA DECISIVA” ENTRE MARIA Y SATAN: LA APOSTASIA DE LAS ALMAS CONSAGRADAS Y DE LOS SACERDOTES
“Sor Lucía también me dijo:
Padre, el demonio está obstinado en emprender una batalla decisiva
contra la Santísima Virgen. Y el diablo sabe que es lo que más ofende a
Dios, y lo que ganará para él en el más corto plazo de tiempo el mayor
número de almas. Así, el diablo hace todo lo posible para vencer a las
almas consagradas a Dios, porque de esa forma, logrará dejar
abandonadas de sus guías las almas de los fieles; con ésto se apoderará
de ellas aún más fácilmente.” (7)
“Lo que aflige al Inmaculado Corazón de
María y al Corazón de Jesús es la caída de las almas religiosas y
sacerdotales. El diablo sabe que los religiosos y sacerdotes que
apostatan de su hermosa vocación, arrastran numerosas almas al
infierno... El diablo quiere tomar posesión de las almas consagradas.
Trata de corromperlas, para adormecer las almas de los laicos y
llevarlas así a la impenitencia final. El emplea todos los trucos, yendo
incluso tan lejos como para sugerir demorar la entrada en la vida
religiosa. Resultado de esto es la esterilidad de la vida interior, y
entre los laicos, frialdad (falta de entusiasmo) en la renuncia a los
placeres y a la dedicación total de si mismos a Dios.” (p.505)
LO QUE SANTIFICO A JACINTA Y A FRANCISCO
“Dígales también Padre, que mis primos
Francisco y Jacinta se sacrificaron, porque en todas las apariciones de
la Santísima Virgen María, siempre La vieron muy triste. Ella nunca nos
sonrió. Esta tristeza, esta angustia que notamos en Ella, penetró
nuestras almas. Esta tristeza es causada por las ofensas contra Dios y
los castigos que amenazan a los pecadores. Y así, nosotros, niños, no
supimos que pensar, excepto inventar diversos medios de rezar y hacer
sacrificios. (...)
“La otra cosa que santificó a estos niños fue ver la visión del Infierno.”
LA MISION DE SOR LUCIA
“Padre, es por ello que mi misión no es
indicar al mundo los castigos materiales que ciertamente vendrán si el
mundo no reza y hace penitencia antes. ¡No! Mi misión es indicar a todos
el peligro inminente en que estamos de perder nuestras almas por toda
la eternidad si permanecemos obstinados en el pecado.”
LA URGENCIA DE LA CONVERSION
“Sor Lucía me dijo también: No
debemos esperar un llamado al mundo que venga de Roma, de parte del
Santo Padre, para hacer penitencia. Ni debemos esperar que el llamado a
penitencia venga de los Obispos de nuestras diócesis, ni de las
congregaciones religiosas. ¡No! Nuestro Señor ya ha usado muy a menudo
estos medios y el mundo no ha prestado atención. Por eso ahora es
necesario a cada uno de nosotros comenzar a reformarnos espiritualmente.
Cada persona debe, no solamente salvar su propia alma, sino también
todas las almas que Dios ha puesto en su camino...” (8)
“El diablo hace cuanto está en su poder
para distraernos y quitarnos el amor por la oración; seremos salvados
juntos o seremos condenados juntos.” (p.506)
LOS ULTIMOS TIEMPOS DEL MUNDO
“Padre, la Santísima Virgen no me dijo que
estamos en los últimos tiempos del mundo, pero Ella me lo hizo
comprender por tres razones.”
LA BATALLA FINAL. “La primera razón es
porque Ella me dijo que el Diablo está empeñado en una batalla decisiva
contra la Virgen. Y una batalla decisiva es la batalla final, donde un
bando será victorioso y el otro sufrirá la derrota. Por lo tanto, de
ahora en adelante debemos elegir los bandos. O estamos con Dios o
estamos con el diablo. No hay otra posibilidad.”
LOS ULTIMOS REMEDIOS. “La segunda razón es
porque Ella dijo a mis primos y a mi misma, que Dios está dando los dos
últimos remedios al Mundo. Estos son: el Santo Rosario y la Devoción al
Inmaculado Corazón de María. Estos son los dos últimos remedios, lo cual
significa que no habrá otros.”
EL PECADO CONTRA EL ESPIRITU SANTO. “La
tercera razón es porque en los planes de la Divina Providencia, Dios
siempre antes de castigar al Mundo, agota todos los otros remedios.
Entonces, cuando ve que el Mundo no presta atención a pesar de todo,
como decimos en nuestra imperfecta manera de hablar, El nos ofrece con
una cierta inquietud el último medio de salvación, Su Santísima Madre. Y
es con una cierta inquietud, porque si nosotros despreciamos y
rechazamos estos últimos medios, no tendremos ningún otro perdón del
Cielo, porque habremos cometido un pecado que el Evangelio llama "el
pecado contra el Espíritu Santo". Este pecado consiste en rechazar
abiertamente, con todo conocimiento y consentimiento, la salvación que
El ofrece. Recordemos que Jesucristo es un muy buen Hijo, y que El no
permite que ofendamos y despreciemos a Su Santísima Madre. Debemos
tener en cuenta, que a través de muchos siglos de la historia de la
Iglesia, los obvios testimonios demuestran, "por los castigos terribles
que han acontecido a aquellos que han atacado el honor de Su Santísima
Madre", como Nuestro Señor (p.507) Jesucristo siempre ha defendido el
honor de Su Madre.”
ORACION Y SACRIFICIO, Y EL SANTO ROSARIO
“ Sor Lucía me dijo: los dos medios para salvar al Mundo son la oración y el sacrificio.
“Respecto al Santo Rosario, Sor Lucía dijo:
Mire Padre, la Santísima Virgen, en estos últimos tiempos en los que
vivimos, ha dado una nueva eficacia al rezo del Rosario, hasta tal
punto, que no hay problema, ni cuestión por difícil que sea, tanto
temporal o sobre todo espiritual, en la vida personal de cada uno de
nosotros, de nuestras familias, de las familias del mundo, o de las
comunidades religiosas, o incluso de la vida de los pueblos y de las
naciones, que no pueda ser resuelto por el Rosario. No hay problema,
le digo, ni asunto por difícil que sea, que nosotros no podamos
resolverlo con el rezo del Santo Rosario. Con el Santo Rosario nos
salvaremos. Nos santificaremos. Consolaremos a Nuestro Señor y
obtendremos la salvación de muchas almas.”
LA DEVOCION AL INMACULADO CORAZON DE MARÍA
“Finalmente, la devoción al Inmaculado
Corazón de María, nuestra Santísima Madre, consiste en considerarla
como la sede de la Misericordia, de la bondad y del perdón, y la puerta
cierta por la cual entraremos al Cielo.”
Nosotros describiremos la tempestad que
provocó rápidamente este texto en la Iglesia. El mismo fue, por cierto,
extremadamente grave. Mientras recordaba vigorosamente la esencia del
Primero y Segundo Secretos, Sor Lucía había hablado al Padre Fuentes
sobre nuevos temas. Debemos asumir que ellos están más o menos
directamente relacionados con la esencia del Secreto final: esta batalla
decisiva entre Nuestra Señora (p. 508) y satán, este proyecto satánico
de atacar primero a todas las almas consagradas y a los sacerdotes, la
necesidad de los fieles de ser convertidos a una vida más santa, sin
esperar por un llamado a penitencia “por parte del Santo Padre para el
mundo entero, por parte de los Obispos para sus diócesis, o de las
congregaciones religiosas”. En otras palabras, en diciembre de 1957,
incluso antes de la muerte de Pío XII, la mensajera de Nuestra Señora
ya pronosticó la grave crisis que enfrentaría la Iglesia.
UN VATICINIO PROFETICO
Mientras entre los pastores el optimismo estaba en el aire, -así leímos en el “Informe Doctrinal” de los Obispos de Francia: “Debemos ser cuidadosos de no confundir unas pocas nubes en un cielo luminoso, de otro horizonte obscuro cargado de tormentas”
(9) -Sor Lucía ya había vaticinado la tormenta, ella la anunció e hizo
una exhortación a permanecer firmes. Este vaticinio profético fue
combinado con un juicio más sombrío sobre el pontificado próximo a
concluir. Con el mismo espíritu escribió en junio de 1958:
“Debemos rezar mucho y pedir a Dios no nos castigue y nos salve a tiempo y para la eternidad.”
El siguiente 29 de setiembre, escribió:
“Estamos en el camino de la oración,
pidiendo a Dios por la paz, no solamente la paz de la nación, sino
también la paz para las mentes desorientadas y la paz para las
conciencias. Quiera Dios dar luz a los ciegos... y humildad a los
orgullosos, para que vean el buen camino y se aparten del malo.” (10)
A la luz de estas declaraciones de Sor
Lucía, que resumen tan vigorosamente las claras líneas del mensaje de
Nuestra Señora, podemos delinear (p.509) una rápida evaluación del
pontificado de Pío XII, antes de entrar, con Juan XXIII, en una nueva
fase de la historia de la Iglesia.
EL REINADO DE PIO XII A LA LUZ DE FATIMA
LA HORA DE LA BATALLA DECISIVA
LA HORA DE LA BATALLA DECISIVA
“El demonio está llevando adelante una
batalla decisiva contra la Virgen María.” Este es el tema esencial de la
grave conversación, que es también el del gran Secreto. En él se evoca
sucesivamente una triple batalla: hay una batalla por las almas, a
quienes Dios quiere salvar por la mediación bondadosa y poderosa de Su
Santísima Madre, arrancándolas del dominio de satán, quien trabaja
furiosamente por su perdición. Una batalla por la Cristiandad, amenazada
más que nunca por el poder de la Revolución con sus muchos rostros: la
Masonería anti-cristiana y el Bolchevismo ateo, tanto como una
democracia supuestamente cristiana, pero en realidad liberal y
plutocrática, protestante y masónica, y fundamentalmente siempre
secularista y secretamente anti-católica, -la triple manifestación de
una “revolución satánica en su esencia” como la llamó Joseph de
Maistre-. Finalmente, está la batalla por la Iglesia, la que en su
defensa del tesoro de la Fe, está enfrentada con las herejías más
pérfidas que alguna vez cruzaron su camino: el Progresismo y el
Modernismo, la doble corriente “del gran movimiento de apostasía,
organizado en todos los países para el establecimiento de una Iglesia
Universal, sin dogmas ni jerarquía, ni reglas para el espíritu, ni freno
para las pasiones”, (p.510) como dijo San Pío X, al denunciar la utopía
de El Sillón. (11)
EL RECURSO FINAL
En esta batalla apocalíptica, en esta
"lucha decisiva" de los "últimos tiempos del mundo", tan claramente
percibida por San Pío X en su primera encíclica, Dios en su
misericordia, no ha dejado ni a la Iglesia, ni a la Cristiandad, ni a
las almas sin un arma, desprotegidas ante el Adversario desencadenado.
Por más de un siglo, desde 1830 precisamente, en las vísperas del
triunfo aparente de la Revolución, El nos ha enviado muchas veces a Su
Madre. A principios de este siglo, en 1917, en el mismo momento en que
la Revolución Bolchevique estaba transformando a la Rusia cismática -la
"Santa Rusia" de antaño, infortunadamente separada de Roma, pero
esclavizada por las ideologías perversas del Occidente- en el campo
fortificado desde el que la Revolución iría conquistando el mundo, en
el otro extremo de Europa, la Reina de los Cielos vino a Portugal, a
esta tierra fiel al Catolicismo y a Roma. Ella vino a librarla de la
revolución masónica, antinacional, que se había hecho presa de ella, y
para ofrecer a toda la humanidad la promesa de auxilio milagroso, la
seguridad de ayuda extraordinaria, capaz de transformar esta ofensiva
final de las fuerzas del mal en un triunfo de la Fe Católica. Hubo una
sola condición: que los Pastores de la Iglesia, atentos a todos Sus
pedidos, se dignaran cumplirlos sin demora, para establecer en el mundo
la devoción al Inmaculado Corazón de María. Esta santa devoción es tan
querida al Corazón de Dios, que El quiso hacer de ella, en nuestro
siglo, el último recurso ante (p.511) los gravísimos peligros, el
remedio supremo para curar todos los males de la humanidad, asolada por
más de un siglo de revolución y rebelión contra el reinado de Cristo.
“ELLOS NO QUISIERON ATENDER MI PEDIDO”
Hemos visto como el Papa Pío XI, designado
por su nombre en la gran profecía de Nuestra Señora, se mantuvo sordo
hasta el fin a este llamado. La solemne advertencia de agosto de 1931
lo involucró el primero y antes que a nadie:
“Haz saber a Mis ministros (dijo Nuestro
Señor a su mensajera), que dado que ellos siguen el ejemplo del Rey de
Francia al demorar la ejecución de Mi pedido, que ellos lo seguirán en
el infortunio. (12) Nunca será demasiado tarde para recurrir a Jesús y a
María.” (13)
El pontificado de Pío XII comenzó entre la
angustia de la guerra inminente, y también de una viva esperanza. ¿No
pudo el Santo Padre, tan profundamente devoto de Nuestra Señora, tan
claramente predestinado a convertirse en el "Papa de Fátima" -no solo
por la coincidencia conmovedora de su consagración episcopal el 13 de
mayo de 1917 con la primera aparición de Nuestra Señora en la Cova da
Iria- corresponder filialmente a los pedidos del Cielo, y obtener así
los milagros de gracia y misericordia que procurarían la paz para el
mundo a través de la conversión de Rusia? Pío XII estaba justamente
espantado ante el pensamiento de los horrores de la guerra por venir.
La paz había sido su primera preocupación, su primer tormento:
“¡Un río de paz sobre el mundo! Tal es el
deseo que Nos hemos abrigado largamente en nuestra alma, (p.512) por el
cual Nos hemos orado con el mayor fervor, y al cual nos hemos dedicado
desde el día que quiso la Divina Bondad encomendar a nuestra humilde
persona el alto e impresionante oficio de Padre Común de los pueblos, un
oficio propio del Vicario de Aquel a Quien las naciones fueron
prometidas como herencia.” (14)
Y en este pensamiento, el Papa había puesto
sobre su escudo de armas pontifical la paloma de la paz, sosteniendo
en su pico una rama de olivo. Esta paz, esta verdadera paz que el mundo
nunca puede procurar para la humanidad – “illam, quam mundus dare non potest, pacem” - fue ofrecida insistentemente por Nuestra Señora de Fátima: “Si Mis pedidos son atendidos, Rusia será convertida y habrá paz.” Toda la esperanza del mundo estaba en esta promesa. “La paz es la obra de la justicia” ,
proclamó el escudo de armas de Pío XII. Pero, ¿quien podría alguna vez
hacer la suficiente justicia para que la paz continuara reinando en el
mundo, si el Cielo no intervenía en el curso de la historia con su poder
y misericordia? En suma, el milagro asombroso, maravilloso de las
palomas, que rindieron espontáneo homenaje a la blanca imagen de
Nuestra Señora de Fátima, recuerda este verdadero clamor: “Solamente ella puede ayudarlos” (15) y en Sus Manos descansa la última esperanza por la paz en el mundo.
Lo que sin embargo debió hacerse, fue haber
informado al nuevo Papa, con precisión, de los pedidos y promesas de la
Reina de los Cielos, al igual que de las terribles amenazas de castigo,
si los hombres continuaban obstinadamente dándole oídos sordos.
Nosotros recordamos que una primera
iniciativa en este sentido fue intentada por el Padre Gonçalves, en la
primavera de 1940. El bueno y santo jesuita esperó ver hecha la
consagración de Rusia en el mes de mayo... pero nada ocurrió. En
diciembre, la vidente (p.513) misma escribió al Santo Padre. Pío XII se
mostró bien dispuesto hacia Fátima y su mensajera, pero permaneció
dubitativo, vaciló. El contemporizó; tanto que nada había sido hecho,
cuando en el verano de 1941 la guerra entró en su segunda fase: la
Alemania Nazi y la Rusia Bolchevique, formalmente amigas, se volvieron
enemigas, y esta inversión de alianzas preparó la trampa para el
Occidente, de una alianza con Moscú que resultaría fatal.
Los meses pasaron. La amistad y estima del
Papa por el Presidente Roosevelt lo llevaron a debilitar sus denuncias
del peligro bolchevique; y cuando las primeras dos partes del Secreto
de Fátima fueron publicadas en Roma en la primavera de 1942, el texto
fue censurado, diluido, hasta suprimir las palabras de Nuestra Señora
respecto a Rusia, a sus errores, a sus responsabilidades en la guerra, y
al peligro que continuó resultando para toda la raza humana.
En el otoño de 1942, después de nuevas
iniciativas de los Obispos portugueses, y no sin recibir nuevas
inspiraciones del Cielo, Pío XII decidió hacer algo. Esto fue la
consagración del 31 de octubre, la cual -efectivamente- marcó, de
acuerdo a la promesa de Nuestra Señora, el gran viraje de la guerra.
Pero este fue un acto a medias, solamente el principio de una respuesta
a los deseos del Cielo. Para estar seguros, este acto brindaría frutos
incomparables de gracias para la Iglesia, pero no habría de obtener de
Dios el milagro prometido, necesario y urgente de la conversión de
Rusia; esta, por lo tanto, continuó exitosamente, -gracias a la
complicidad ciega, criminal, de los líderes occidentales- su política de
engaño con astucia diabólica, política que entregó en (p.514) sus
manos, al fin de esta guerra desastrosa, todas las naciones de Europa
central, que había codiciado por largo tiempo.
La Alemania nazi estaba aplastada y las
hostilidades apenas terminaban, cuando un Occidente estupefacto
descubrió que había emprendido la guerra para el solo provecho de los
bolcheviques; y así, comenzó la Guerra Fría. Esta Guerra Fría fue
oportuna, ya que el Vaticano recuperó su precaución. El Papa, totalmente
consciente del peligro Rojo -el peligro Soviético y el peligro de la
subversión progresista dentro de la misma Iglesia- pareció determinado a
tomar medidas vigorosas, necesarias para apuntalar efectivamente a la
Iglesia. Mientras el culto de Nuestra Señora de Fátima y la devoción a
Su Inmaculado Corazón se desarrollaron maravillosamente, el Papa, bajo
su bendición paternal, fue preparándose para llamar a un Concilio
Ecuménico, el cual, bajo los signos de San Pío X y de Fátima, podría
procurar el auxilio decisivo para la Iglesia en su triple batalla por
la preservación del depósito de la Fe, para una defensa más vigorosa de
la Cristiandad, para la expansión de la Iglesia y para la salvación de
un mayor número de almas.
¡Ay! Este Año Santo de 1950, que fue
innegablemente el del apogeo del pontificado de Pío XII, marcaría el
principio de una declinación alarmante. A pesar del signo divino que le
había sido dable contemplar en el Cielo, en el Vaticano, por cuatro
ocasiones, antes y después de la definición infalible del dogma de la
Asunción de la Santísima Virgen, Pío XII fue sacudido por la inesperada
oposición que encontró. No tuvo la fortaleza de enfrentarse firmemente a
esta oposición y desenmascararla sin misericordia. Vaciló,
contemporizó, y terminó entregado a sus más pérfidos (p.515)
adversarios: los miembros de su entorno, quienes, mientras lo adulaban y
halagaban, quisieron torcer su pontificado de acuerdo a sus objetivos.
El abandonó su proyecto de un concilio, atenuó su entusiasmo por Fátima,
y dejó al jesuita belga Padre Dhanis y a sus amigos, completa libertad de maniobra.
Así, pudo decirse que el futuro de la Iglesia fue decidido en unos pocos
meses, siguientes a la proclamación del dogma de la Asunción y a las
gracias especiales que mereció el Soberano Pontífice. En lugar de ser
un estímulo para lanzarse a nuevas batallas, de ser un nuevo punto de
partida en el cumplimiento de los pedidos del Cielo, este fue un punto
de detención. En adelante, este inmenso potencial de energías
sobrenaturales se mantuvo inactivo por falta de nuevas directivas,
firmes y precisas. En efecto, en 1957, siete años después de este año de
gracia de 1950, la mensajera celestial de Nuestra Señora de Fátima
insistió en decir al Padre Fuentes, que en lo esencial, los magnos
pedidos de Nuestra Señora de Fátima aún no habían sido cumplidos, que
"ninguno ha prestado atención a Su mensaje". Su triple secreto revelado
en 1917 como una oferta generosa, milagrosa, de salvación para la
humanidad, no había sido atendido, aún cuarenta años más tarde.
EL PRIMER SECRETO IGNORADO
Para incrementar el amor por el Inmaculado
Corazón de María en la Iglesia, Dios quiso que esta devoción fuera
predicada a tiempo y a destiempo, como un medio inagotable de salvación
para una multitud de almas, especialmente aquellas en el mayor peligro
de perderse eternamente.
¿Fue escuchado este llamado? Por supuesto,
como hemos visto a través de su pontificado, (p.516) Pío XII hizo mucho
por la Santísima Virgen y por Fátima, aun después de 1950. Después del
cierre del Año Santo en la Cova da Iria el 13 de Octubre de 1951, él
inauguró un Año Mariano el 8 de Diciembre de 1953, durante el cual, las
ceremonias y manifestaciones en honor de la Santísima Virgen se
multiplicaron en toda la Cristiandad. Para tomar una cifra
particularmente elocuente, ¡en este año de 1954 hubo no menos de
cuarenta y tres Congresos Marianos! (16) Para los principales, el Papa
envió una carta o radiomensaje a los miembros del congreso, exaltando
siempre la tradición Mariana propia de la nación a la que se dirigía. En
1958, el pontificado se iba a cerrar con un nuevo Año Mariano, que Pío
XII había decidido para conmemorar más solemnemente el centésimo
aniversario de las apariciones de la Virgen Inmaculada en Lourdes.
Para apreciar la poderosa contribución que
hizo Pío XII al desarrollo de la devoción a la Santísima Virgen en la
Iglesia, alcanza echar un vistazo a la colección de "Enseñanzas Papales"
publicada por los monjes de Solemnes. En el volumen dedicado a Nuestra
Señora, entre más de 500 páginas de los Soberanos Pontífices, desde
Benedicto XV a Juan XXIII, más de la mitad está compuesta de textos de
Pío XII, (18) a lo cual nosotros debemos agregar los numerosos pasajes
de sus discursos donde recomienda a los fieles la devoción del Santísimo
Rosario. (19)
Sin embargo, rechazó el reconocimiento
público, oficial, de las apariciones de Fátima, que hubiera implicado
la concesión de una fiesta litúrgica conmemorando la aparición del 13
de Mayo de 1917.
El restringió, y finalmente paralizó, si
podemos creer a sus colaboradores más estrechos, (20) el gran (p.517)
movimiento de devoción e investigación teológica en favor de una
definición infalible del dogma de María Mediadora.
Finalmente, a pesar de las lágrimas de
Nuestra Señora en Siracusa pidiendo silenciosamente reparación y
consuelo por todas las ofensas contra Ella, el Papa Pío XII nunca hizo
la menor alusión a la santa práctica de la devoción reparadora de los
cinco Primeros Sábados de mes, pedida tan insistentemente por el Cielo
desde 1925.
En realidad, la triste observación de Lucía
haciéndose eco de las revelaciones de Nuestra Señora, contiene un
verdadero clamor: "Padre, la Santísima Virgen está muy triste, porque
nadie ha prestado ninguna atención a Su mensaje, ni los buenos ni los
malos. Los buenos continúan su camino, sin dar ninguna importancia a Su
mensaje..."
EL SEGUNDO SECRETO DESVIRTUADO
Para estar seguros, no debemos olvidar que la Carta Apostólica Sacro vergente anno ,
del 7 de julio de 1952, permanecerá como una fecha importante en la
historia de Fátima. Esto continúa atestiguando que los pedidos
transmitidos por Sor Lucía fueron completamente razonables en si
mismos, fáciles de cumplir para el Soberano Pontífice. Lo que el Papa
Pío XII ya había hecho a medias, y sin atreverse a nombrar Fátima,
podría ser hecho mañana, con precisión y solemnidad. Esta realización
incompleta de la consagración de Rusia ya es una prenda de su total
cumplimiento en el futuro.
No obstante, Pío XII no había llevado a
cabo el acto solemne de reparación y consagración tal como el Cielo lo
había pedido, y lo que es tal vez aún más deplorable, él y su entorno
permitieron, al contrario, (p.518) que se dijera e insinuara: que todo
estaba hecho; que no era necesario nada mas, sino abrir uno los ojos
para ver que las promesas maravillosas de 1917 ya estaban siendo
cumplidas.
EL TERCER SECRETO ENTERRADO
Finalmente, ¿como no podemos deplorar el
hecho que "el Papa de Fátima" dejara este mundo sin dignarse a leer el
Secreto final de Nuestra Señora? Cuando en 1851, el Cardenal Bonald,
Arzobispo de Lyon preguntó al Venerable Pío IX si quería conocer los
secretos transmitidos por Nuestra Señora de La Salette a Mélanie y
Maximino, el santo Papa contestó inmediatamente que recibiría “los
secretos de los niños con contento y placer”. Así, aun antes de la orden
episcopal del Obispo Bruillard de Grenoble, reconociendo la
autenticidad de las apariciones, el Soberano Pontífice pudo leer el
secreto de La Salette en su versión inicial, ciertamente la más
auténtica. El lo comunicó también al Cardenal Lambruschini, prefecto de
la Congregación de los Ritos, (21) y declaró más tarde que el leerlo le
había permitido evitar graves escollos en el gobierno de la Iglesia.
(22) Nosotros sabemos que en 1944 y otra vez en 1946, Sor Lucía trató de
hacer conocer al Papa Pío XII el Secreto final de Nuestra Señora. Pero,
¡ay!, lejos de mostrar por el Secreto de María las mismas ansias
filiales, la misma curiosidad santa que Pío IX, él prefirió esperar.
Pasaron los años, justo hasta ese fatal 16 de abril de 1957, cuando
habiendo recibido el sobre que contenía el Tercer Secreto, Pío XII
decidió no abrirlo.
¡Que pena!, ¡Que tesoro de luces y gracias
ocultado en vano! La grave advertencia dirigida (p.519) por Nuestro
Señor al Papa Pío XI, ahora aplicada a su sucesor: “Hazles saber a Mis
ministros, que siendo que ellos siguen el ejemplo del Rey de Francia al
demorar la ejecución de Mi pedido, ellos lo seguirán en su
infortunio...”
“ELLOS LO SEGUIRAN EN EL INFORTUNIO...”
Desgracias fueron, en realidad, las que
siguieron inmediatamente después de la desobediencia de los Pastores de
la Iglesia a los pedidos del Cielo. 1929-1930: primer rechazo del Papa
Pío XI. 1931: los primeros problemas revolucionarios en España, antes
de lanzarse en 1936 a los tormentos atroces de la guerra civil. Marzo de
1937: segundo rechazo del Papa Pío XI, prontamente seguido por la
preocupante aurora del 25 de enero de 1938, signo anunciante del gran
castigo de la humanidad culpable con “otra guerra peor”.
No puede decirse que Pío XII se opusiera a
los pedidos del Cielo con similares rechazos. Pero vaciló, esperó, y
finalmente se contentó con cosas a medias. Las desgracias continuaron
cayendo sobre la Iglesia y la Cristiandad. Recordemos que durante su
largo reinado, de 1939 a 1958, el comunismo pudo incrementar
inmensamente su imperio en Europa y pronto en Africa y Asia (23), e
incluso dentro de la misma Iglesia, especialmente después de la
"Liberación" de 1944 cuando el progresismo y el modernismo sentaron
poderosas raíces, preparando secretamente “la más grande revolución en
la historia de la Iglesia, que condujo al mayor desastre humano en la
historia del mundo”. A la muerte de Pío XII, “solo muy pocas mentes
supieron que la secta secreta de los modernistas (p.520) esperó solo el
relajamiento de la autoridad pontificia para quitarse la máscara e
imponerse, con la cooperación del partido progresista soportado por la
Francmasonería y el Comunismo”.(24) Menos de diez años más tarde, esto
fue un fait accompli .
La velocidad de rayo de este levantamiento
no fue sin una explicación. Compartiendo la severa diagnosis de Sor
Lucía, nuestro Padre, el Abad de Nantes, hizo esta triste observación:
“Cuando murió Pío XII, venerado por las multitudes, admirado
unánimemente... el mundo estaba en peligro, y la Iglesia como una ciudad
en la víspera de una revolución, infiltrada ya por tropas enemigas.”
(25)
Sin embargo, en este otoño de 1958,
mientras Pío XII yacía en Castelgandolfo, una nueva esperanza estaba
apareciendo en el horizonte de la Iglesia: el año 1960 se estaba
aproximando, cuando el Secreto final de Nuestra Señora fuera finalmente
revelado. Todas las almas santas estaban esperando esta hora, ciertas
que esta sería una nueva hora de gracia para la Iglesia, una nueva
propuesta de perdón para las almas y un urgente llamado a la conversión.
En los albores de un nuevo pontificado, tal como veinte años antes, en
los principios del reinado de Pío XII, Fátima y su Secreto fueron una
vez más, la gran esperanza del mundo.
Capítulo X, tomo III de
"Toute la Vérité sur Fatima", por Fr. Michel de la Sainte Trinité.
Traducción de la versión inglesa.
NOTAS:
(1) “Muchas son aquellas
que están condenadas... muchas están perdidas”, tal es la esencia de
las afirmaciones hechas por Sor Lucía durante esta entrevista (Cfr.
nuestro Vol. II, p. 44 y Alonso, VSF, p. 106); el resumen de la misma
apareció en L'Osservatore della Domenica del 7 de febrero de 1954 (El Padre Alonso erróneamente da esta como la fecha de la entrevista), y más tarde en Voz da Fatima
del 13 de abril del mismo año. El Padre Antonio María Martins dos Reis
subraya, con buena razón, que no había razón para sospechar del Padre
Lombardi de no haber relatado fielmente las palabras de Sor Lucía (O Segredo de Fatima e o futuro de Portugal,
p. XII, Porto, 1954), en oposición a los primeros estudios del Padre
Alonso (HLF, p. 60; VFA, p. 84 y 94; "Fatima et le Coeur Immaculée de
Marie", Eph. Mar., 1972, p. 432).
(2) Ya que el proceso
diocesano no había sido completado aún, el futuro postulador trabajó en
estudios preparatorios para la organización del proceso apostólico.
(p.521)
(3) Cfr. nuestro Vol. II, p. 599-600. y Martins dos Reis, O Milagre do sol e o Segredo de Fatima, p. 123
(4) Cfr. Freire, p. 30.
(5) VSF, p. 110, 111. El Arzobispo Sánchez de Veracruz dio el imprimatur.
(6) El texto original español completo lo da el Padre Alonso en VSF, (edición española), p. 103-106.
(7) La versión inglesa es más precisa aquí que la francesa. Fue publicada primero por el Padre Ryan en Fatima Findindgs, junio de 1959.
Esta versión fue seguida por el Messagero del Cuore de Maria , nº 8-9, agosto-setiembre de 1961, Roma. Cfr. Abad Georges de Nantes, Lettres à mes amis , Vol. II, 1963 y CRC 87, diciembre de 1974, p. 12.
(8) Esta última frase no se encuentra en las versiones española y francesa.
(9) Citado por J. Calbrette, La crise actuelle du catholicisme français, p. 22, Libraire Française.
(10) Cartas citadas por el Padre Antonio María Martins en Fatima Caminho de paz, p. 78. Braga, enero de 1983. (11) Carta Notre charge apostolique, nº 40. Cfr. CRC 47, Agosto de 1971.
(12) Monseñor Tardini
recuerda, «Yo nunca olvidaré este día en enero de 1939, cuando al fin de
la audiencia que me otorgó, vi que el Papa Pío XI, tenía los codos
sobre el escritorio y la cara oculta en las manos, mientras me dijo: "Monseñor, dígame, ¿hemos hecho realmente todo lo que debíamos hacer?". Como traté de dejarlo en paz, él contestó: "Nos pronto nos presentaremos ante el tribunal de Dios."» (Pie XII, p. 132) Pío XI murió el 10 de febrero.
(13) Cfr. nuestro Vol. II, p. 543-544.
(14) Radiomensaje de Navidad de 1954, Doc. Pont., 1954, p. 560.
(15) Mensaje del 13 de julio de 1917.
(16) René Laurentin, La question mariale, p. 17. Seuil, 1963.
(17) Los Documents pontificaux de S.S. Pie XII citan catorce radiomensajes pronunciados en ocasión del Congreso Mariano en 1954.
(18) Les enseignements pontificaux, Notre Dame, p. 225-473, Desclée, 1959.
(19) Les enseignements pontificaux, "Le Saint Rosaire", p. 169-209, Desclée, 1966.
(20) Cfr. supra, p. 465.
(21) Cfr. Louis Bassette, Le fait de La Salette, 1846-1854, p. 204-221. Nueva edición, Cerf, 1965.
(22) <<El Padre Barthe, canónigo de Rodez, afirma que Pío IX le declaró que había sido útil para él conocer su contenido, en las tristes circunstancias por las que está pasando la Iglesia.>> A un jesuita que lo interrogó sobre los secretos de La Salette, Pío IX le replicó: <<Fue
afortunado que Nos fuéramos informados; de otra forma, Nos nos
hubiéramos encontrado en un impasse del cual Nos no podríamos haber
escapado.>> Citado por Monseñor Joseph Giray. Les miracles de La Sallette, étude historique et critique, Vol. II, p. 431-432. Grenoble, 1921).
(23) ¿Es necesario recordar
que en China, con la persecución comunista, vino la creación de una
"Iglesia Patriótica" cismática, cuyo desarrollo alarmante obscureció
los meses finales del pontificado de Pío XII? (cfr. la encíclica Ad Apostolorum Principis del 29 de junio de 1958).
Agreguemos que la
persecución no fue, indudablemente, la causa principal de este nuevo
cisma. Desde Benedicto XV y Pío XI, luego bajo Pío XII con la
Instrucción del 8 de Diciembre de 1939, sobre los ritos chinos, (Doc.
Pont., 1951, p. 208-211; 223-225) Roma, rompiendo con la antigua
tradición de la Iglesia, había predicado imprudente y demagógicamente la
adaptación a varias culturas, y exaltó indebidamente al clero nativo.
El cisma chino fue el fruto venenoso de esta nueva misiología inspirada
por las opiniones perniciosas del Padre Lebbe, que el Vaticano (¡ay!)
había contribuido a propagar a través de las misiones asiáticas y
africanas.
(24) Padre G. de Nantes, CRC, suplemento al nº 178, junio de 1982, p. 24.
(25) CRC 97, octubre de 1975, p. 5. (p.522).
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