Sor Lucía de Fátima
y Santa Margarita María de Alacoque tienen un vínculo como mensajeras del
Corazón de Jesús y del Corazón de María, con sendos mandatos divinos para la
consagración de Francia al Sagrado Corazón en 1689 y de Rusia al Inmaculado
Corazón en 1929.
Ambos mandatos
divinos fueron desestimados. La relación entre ambos nos hubiera pasado
desapercibida, si el mismo Jesús no se la hubiera revelado a sor Lucía en 1931.
Tras años de ser pedida en vano la consagración de Rusia, el Señor dirá en 1931
a Sor Lucía, que se encuentra enferma en Rianxo, Pontevedra:
“Me consuelas mucho y pides la conversión de Rusia,
España y Portugal. Pídela también a mi Santa Madre.
Advierte a Mis
ministros, visto que
siguen el ejemplo del Rey de Francia en el retraso de
la ejecución de mi pedido, que
lo seguirán también
en su desgracia.
Nunca será demasiado
tarde para recurrir a Jesús y María”.
La
petición a que hacía referencia el Señor no era otra sino la petición de su
Madre, que como no podía ser de otro modo, El la tenía por Suya, pedida con
estas palabras en una visión de 1929:
"Ha
llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos
los obispos del mundo, la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, prometiendo
salvarlo por este medio. Hay
tantas almas que la justicia de Dios condena por los pecados cometidos contra
mí, que vengo a pedir reparación. Sacrificarse por esta intención y orar”.
El
mensaje del Señor a sus ministros era de 1931, se entiende que a todos, pero
siendo dado en España, es obvio que estaba anunciando algo muy grave si no se
obedecía el mandato de Consagración, y ese algo muy grave sería realizado: el
martirio de seis mil religiosos y sacerdotes españoles sólo 5 años después.
Este
correlato parece que nunca hasta ahora había sido hecho público.
Se
hace claro también que igual que hay ese nexo divino de unión entre el Corazón
de Jesús y el de la Virgen, lo hay entre las fallas de consagración, de Francia
y Rusia, porque en efecto la revolución rusa que castigó al mundo y a España,
es el eco de la revolución francesa.
Yendo
atrás en el tiempo, otra vidente Santa Margarita María de Alacoque hará llegar
a Luis XIV el pedido divino de consagración de Francia al Sagrado Corazón; en
realidad no consta que le llegase, porque la santa de Paray le monial, había
escrito a su antigua superiora la madre Saumaise, para que hiciese llegar el
mensaje al Rey por medio de los eclesiásticos
próximos al rey como su confesor el jesuita padre La Chaise. Pero sí puede
decirse que tuvo que llegarle al Rey el mandato, porque su desgraciado nieto y
sucesor Luis XVI, hizo tardíamente esa consagración estando en prisión
condenado a muerte, que no impidió su ejecución.
Los términos
del mandato divino al Rey de Francia fueron estos:
"Díle
al hijo mayor de mi Sagrado Corazón (por lo tanto, al rey Luis XIV) que, como
su nacimiento temporal se obtuvo por la devoción a los méritos de mi santa
infancia, así él obtendrá el nacimiento de la gloria eterna mediante su
consagración a mi adorable Corazón, Mi Corazón desea reinar en su palacio, ser
pintado sobre sus estandartes y grabado en sus armas para hacerlos victoriosos
sobre todos sus enemigos y todos los de la Santa Iglesia. Mi Padre quiere usar
al Rey para la ejecución de su proyecto, que es la construcción de un edificio
público donde la pintura de mi corazón se colocaría para recibir el homenaje de
toda Francia".
Santa
Margarita explicará el fin de esa consagración:
"El
Padre eterno, queriendo reparar la amargura y la angustia que el adorable
Corazón de su Hijo Divino ha recibido en la casa de los príncipes de la tierra,
entre los insultos y humillaciones de su pasión, quiere establecer su imperio
en el corazón de nuestro gran monarca,
del que quiere servirse para la ejecución de su plan, que es hacer un edificio donde
se colocará una pintura de este Divino Corazón, para recibir la consagración y
el homenaje del rey y toda la corte.
Además,
este Corazón divino quiere hacerse protector y defensor de su persona sagrada
contra todos sus enemigos. Es
por eso que lo eligió como su fiel amigo, para hacer autorizar la Misa por la
Santa Sede Apostólica, y para obtener todos los demás privilegios que deben
acompañar a la devoción de este Corazón divino.
Es a
través de este Corazón divino que El quiere repartir los tesoros de sus gracias
de santificación y la salvación mediante la difusión de sus bendiciones a todas
sus empresas, dando un éxito feliz de sus armas, haciéndole triunfar sobre la
malicia de sus enemigos".
Hay
que tener en cuenta la realidad de Luis XIV en ese momento, que vivía la era
dorada de su hegemonía, victorioso en muchos frentes, pero cuya vida moral era muy
impura (numerosos hijos naturales), que hizo el mayor derroche de lujo en la
historia moderna, y por si fuera poco consideraba positivo el avance de los
turcos sobre la Europa cristiana porque debilitaba a sus adversarios, las
otras potencias cristianas de la época que tenían frontera con los otomanos.
Para mejor
comprender el modo de lo que Dios quería, hay que saber que desde los tiempos
más remotos Francia siempre había tenido un estandarte sagrado, depositado en
el santuario de Saint-Denis, a la sombra de los santos protectores de Francia,
que se sacaba de tiempo en tiempo, cuando el rey se ponía a la cabeza del
ejército y que se colocaba en la hora de los peligros supremos. El estandarte
representaba el alma religiosa de Francia, y flotaba entre los estandartes
nacionales como una oración.
Un
estandarte de este tipo le fue dado por Dios a Santa Juana de Arco. Él había
prescrito su forma y sus emblemas, y así le había comunicado las virtudes que
llevaron a la agotada Francia a triunfos inesperados. En 1689, Dios le preguntó
al Rey y a Francia, a través de Marguerita-Maria, algo similar: un estandarte
sagrado que era un acto de fe, y que, al aparecer junto a la bandera nacional,
indicaría que, más alto que la valentía proverbial de sus hijos, Francia se
ponía bajo el apoyo y la bendición de Dios, como en la historia bíblica.
El
mandato fue hecho el 17 de junio de 1689 y justo ese día, cien años después, la asamblea nacional francesa iniciaba la toma del poder,
que acabaría con la monarquía e iniciaría el proceso de desgracias conocidas
por la historia.
17 de
junio de 1689: El mensaje permaneció sin respuesta de Nuestro Señor Jesucristo
a Luis XIV;
17 de junio de 1789: el tercer estado insurgente proclama la Asamblea
Constituyente y lleva en la sangre y el terror a la monarquía francesa.
En
cuanto a la orden de los jesuitas, que había sido especialmente elegida para
difundir la devoción al Sagrado Corazón y transmitir a Louis XIV el gran
proyecto a través del jesuita padre La Chaise, la orden fue abolida en Portugal
en 1759, Francia en 1764 y en España en 1767. Además, fue disuelta por el Papa
Clemente XIV en 1773.
También
debe recordarse que Luis XIV, tuvo que dejar de comandar sus ejércitos, su
familia fue diezmada, desde 1708 hasta 1712, en menos de cuatro años, el rey
Luis XIV perdió a sus tres sucesores.
Aunque
parte de los deseos de Nuestro Señor se ha realizado (levantar una iglesia
nacional: la del Sagrado Corazón de Montmartre), no es lo mismo para otras
peticiones: la consagración de Francia, por sus líderes al Sagrado Corazón de
Jesús, y mucho menos poner este Sagrado Corazón en los estándares.
Dilatada
la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de Jesús y de María, por
analogía se teme que Dios permita para su Iglesia el mismo castigo que se
reservó en 1789 a la monarquía francesa y que parece hoy en plena ejecución. Y
si bien el 7 de julio de 1952 el Papa Pio XII publicó la Carta Apostólica Sacro
Vergente anno, consagrando a Rusia al Inmaculado Corazón, esta consagración no cumplía
con las condiciones establecidas, ya que Pío XII no hizo referencia a la
devoción reparadora de los cinco primeros sábados del mes y que era, también,
contribuir a obtener de Dios el milagro de la conversión de Rusia; pero, sobre
todo, no había ordenado a todos los obispos del mundo católico que se unieran a
él en un acto público de reparación y consagración.
La hermana
Lucía le escribirá a un corresponsal: "... También le agradezco el recorte
de periódico que informa sobre la consagración de Rusia, y lamento que no se
haya hecho como lo había pedido Nuestra Señora. ¡Paciencia! ... Esperemos que
Nuestra Señora, como buena Madre, se digne aceptarlo".
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