4.8.19

Por qué la obra de María Valtorta NO es una vida de Jesús novelada

Que era una construcción literaria. Este fue uno de los argumentos dados en su momento (1959) al más alto nivel para condenar el Poema del Hombre Dios, la obra en varios volúmenes dada a María Valtorta, mística italiana, sobre la vida de Jesús.
 
Una crítica podría parecer irrespetuosa hacia la autoridad de la iglesia al haberse hecho en su órgano oficial (artículo en L´osservatore Romano) y seguramente en algunos aspectos sería una crítica indocumentada. Pero existen palabras también recibidas por la propia María Valtorta, "antes" del artículo y antes de la inscripción en el Indice, que se pueden no aceptar, pero que son de una claridad evidente, y anticipan el quid de todo el affaire, que no es sobre todo cuestión de legalidad eclesiástica, sino espiritual: "Muchos se glorían de ser doctores y querrían imponer silencio a quien habla en nombre de Dios, ¿por qué a éste que es nada y no a nosotros?" (Libro de Azarías, 1946).
 
No pondremos la objeción normal de los defensores de María Valtorta como una mujer sin cultura suficiente ni salud para afrontar escritos que llevaría muchos años escribirlos, pues cualquiera podría alegar que habría sido creación de una hábil persona de su entorno que los hizo publicar con el nombre de ella. Sin embargo consta que incuso los más cualificados de su entorno la abandonaron, como el padre Migliorini, primer copista de la obra, sólo copista a máquina (ni éste ni nadie de sus cercanos tenía capacidad para crear una ficción que exigía una erudición en ciencias de la antigüedad que no tenían los más elevados especialistas de la época, ni siquiera hoy día).
 
Pero hay argumentos comparativos de más solidez, como la muy inferior producción literaria de novelistas católicos del siglo XX, y también estupendas vidas de Jesús de la misma época, llenas de ciencia histórica, como la de Daniel Rops, de la Academia Francesa, o la de Giovani Papini, todas ellas obras de mucho mérito, pero mucho más breves y de ninguna manera tienen el poder de recreación del mismísimo ambiente de los evangelios logrado en la obra de Valtorta. No, el redactor del Poema no es un literato, es como un documentalista que asiste a las mismísimas escenas de Jesús y sus relaciones, conversaciones y hechos, todos ellos perfectamente coherentes con los Evangelios. Y nada que ver con los evangelios apócrifos, llenos de hechos de fantasía, esos sí producto literario.
 
Pero es que además, los textos de Jesús en primera persona son por completo como esas piezas faltantes en un mosaico, que si bien no son necesarias para captar la esencia del mosaico, sí lo completan en atención a quienes aman el mosaico, algo así como los abuelos que sólo cuentan los detalles de su vida a los nietos, los cuentan a quienes los aman y no se cansan de saber más de ellos por ese amor, incluso si ya no hay más hechos notables, piden que se los vuelvan a contar una y otra vez.
 Y sobre todo, la enseñanza sigue siendo igual de óptima en los pasajes desconocidos, teniendo toda la riqueza y profundidad que se ve en el evangelio, por ejemplo en este pasaje donde Jesús está con los discípulos y hay un diálogo con Judas:


Sólo uno de diez mil que lo conozcan lo seguirá realmente

 -Pero entonces, ¿cuándo serás conocido?
-¿Por quién, Judas?
-¡Hombre... por el mundo!
-Nunca.
-¿Nunca? ¿Pero, no eres el Salvador?
-Lo soy. Pero el mundo no quiere ser salvado. Sólo en la proporción de uno a mil me querrá conocer, y en la de uno a diez mil me seguirá realmente. Y aún así digo mucho. Ni siquiera los que estén más estrechamente ligados a mí me conocerán.
 -Si están estrechamente ligados a ti, te conocerán, ¿no?
-Sí, Judas. Me conocerán como Jesús, el israelita Jesús, pero no me conocerán como quien soy. En verdad os digo que no seré conocido por todos ellos. Conocer quiere decir amar con fidelidad y virtud... y habrá quien no me conozca.
Se ve en Jesús su gesto de resignado desconsuelo, el que tiene siempre cuando anuncia la futura traición: abre las manos y las tiene así, hacia afuera, con el rostro lleno de dolor, un rostro que no mira ni a los hombres ni al cielo, sino sólo a su futuro destino de Traicionado.
 
Y continuamos nosotros,  este pasaje condensa todo lo que ha sido devenir de la Iglesia, de los discípulos al fin y al cabo, en especial en el siglo XX: conocimiento externo de Jesús entre sus íntimos, pero al fin y al cabo no conocimiento. Es precisamente este rechazo al conocimiento de Jesús el que explica el rechazo a la obra de mayor conocimiento que es el Poema. Con aparentes cautelas que son meras excusas destinadas a proteger un fin.

Por eso, la iglesia de los humanos, está dando el espectáculo actual, sumo detalle para oponerse a la enseñanza divina, (colar el mosquito) pero colando el camello, con la adopción casi universal de doctrina dúplice sobre iglesia, escritura, sacramentos, espiritualidad, moral, etc., etc. se ha impuesto en la inmensa mayoría de tribunas. "Vienen hablando en su propio nombre y a esos sí los aceptáis".

Queda en pie sin embargo, la torpeza en su momento de los clérigos próximos a María Valtorta, al manejar las cuestiones de la publicación de la Obra, sin duda resultantes de no consultar al Cielo. El término usado para el título de la obra, "Revelación", ya puso en guardia de inmediato a los teólogos del Santo oficio y asimismo en el prólogo de la obra, el editor hizo una comparación con Dante, lo que dio el argumento para exigir que el autor o el editor reconociesen que la obra era una ficción literaria (donde se subrayaba más lo de ficción que lo de literaria, o sea novelería barata). Todavía décadas más tarde, acabado ya lo del Indice de libros prohibidos, se exigía desde la conferencia episcopal italiana que se impusiera el lábel de ficción a la obra en las ediciones. Ratzinger asimismo exponía que aunque eliminado el Indice persistía válido el juicio de la Iglesia, pero no se añadió que ese juicio no era por contenido por error o herejía, sino disciplinario, en castigo a la desobediencia de los editores a una primera orden del Santo oficio contra la publicación de la obra, quienes argumentaban que podía hacer minusvalorar la lectura del evangelio en muchos.

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