El padre Cordovani,
dominico y teólogo italiano -hoy casi olvidado- fue una figura de mucha
relevancia, consultor del Santo Oficio, que sería calificado por María Valtorta
como uno de los mayores opositores a la obra "El Hombre Dios", el
conjunto de las visiones que tuvo sobre la vida de Jesús.
Cordovani no era un
simple teólogo, sino una personalidad de gran prestigio en el mundo de la
Italia de entonces y no sólo intelectual, por haberse opuesto con la pluma tanto
al pensamiento fascista como al comunismo. Y por si fuera poco era íntimo amigo
del futuro Pablo VI, con quien había trabajado en la pastoral de los
universitarios católicos italianos.
Montini leería la oración
fúnebre en el funeral del dominico, ocurrida en 1950 y al que asistieron muchas
de las figuras de la democracia cristiana de la época, como Amintore Fanfani y
Giorgio Lapira, amigo y colega como profesor. Los que lo conocieron destacan su
figura estatuaria, su estilo ceremonioso y refinado.
Tal era el prestigio
intelectual y social de Cordovani, que sería nombrado por Pío XII como teólogo
de la secretaría de estado, designado ad-personam, algo sin precedentes en la
historia de la Curia. También había participado en la redacción de la Divini
Redemptoris, contra el comunismo, del Papa anterior, Pío XI.
Había elaborado una gran
obra sobre Jesucristo en tres volúmenes con los títulos: el Revelador, el
Santificador, el Salvador y había corregido la obra de Ricciotti, la Vida de
Jesús, de 1941, muy estimada por su erudición en detalles geográficos e
históricos.
Pero vayamos a la
relación con la Obra el Hombre Dios, porque el mismo Jesucristo mostrará a
María Valtorta una visión del padre Cordovani en el purgatorio, fallecido poco
antes en 1950 de muerte repentina y mísera, cuando estaba defecando:
"Con su cara
emergiendo de las llamas, viéndose la capucha y la túnica, el padre Cordovani
está con una cara sorprendida y al mismo tiempo implorante. Me mira, pero no
puede decir nada. Sólo habla con su mirada dolorosa y contrita.
El Señor dice: «¿Lo ves?
¿Lo reconoces? Esta ahí. Y él permanecerá allí por mucho, mucho tiempo, y por
la única causa de tenerme y tenerte y luchar contra Mí, contra tí y el Trabajo,
actuando contra la Sabiduría, la Caridad, la Justicia. Escribe lo que ves,
brevemente, y lo que digo, con la mayor precisión. Porque es verdad, para éste
a quien ves y para muchos de los que actuaron o actuarán como
él". (Quadernetti, 6-VI-1950).
Cordovani enseñaba la necesidad de que los
laicos tuvieran una buena y verdadera teología, y había sido uno de los grandes
formadores de entreguerras de la juventud católica. También era admirado porque
él demostraba que con el tomismo se podían abordar no sólo cuestiones de
teología profunda, sino también las grandes cuestiones de la época, fascismo y
comunismo sobre todo. Pero nada le había preparado para el choque que suponía
que de repente toda la vida de Jesús le era mostrada a una pobre señora
paralizada en cama, y la escribía en 14 mil páginas durante varios años.
Meses antes de la muerte
de Cordovani, el Señor hace esta confidencia a María Valtorta:
"Pero cada uno de
los que rechazaron y los que rechazan la Obra me rechaza a Mí, y los que clavan
la Obra a Mí me clavan, y los que niegan este Pan de mi Palabra a las
multitudes languidecientes pecan contra la doble caridad hacia Mí como Dios y
hacia su prójimo; ninguno de los que han obrado contra el Trabajo estará libre
de castigos severos. Y conocerá los nombres de sus principales adversarios
porque se los indicarán antes de su muerte y el género de los mismos, y luego
verán dónde se expía su pecado".(Cuadernos, 10-3-1949).
Cordovani influyó en la
también condena al Indice de una obra de otro dominico, Dominique Chenu,
"Una escuela de teología. Le Saulchoir" que dio mucho que hablar entre
los teólogos de la época. Sus argumentos contrarios a este teólogo luego rehabilitado,
destacaban sobre todo el exceso de apelación a la historia para hacer
elaboraciones teológicas; este punto seguramente no sería ajeno a la crítica
contra la obra de Valtorta, en sí misma un documento pleno de historicidad, que
además no estaba filtrado por razonamientos, sino que era testimonio místico de
visión.
Acostumbrado toda su vida
a combatir tantos monstruos, parece que Cordovani sólo hizo que seguir sus
constantes de juicio, cuando se enfrentó al texto de la revelación valtortiana.
Y hubo más muertes
"naturales", vinculadas a la oposición a la Obra, una de ellas fue de
la propia María Valtorta que murió sólo un año después de la colocación de la
obra en el Indice, si bien sabía preternaturalmente que ello acabaría
ocurriendo. Pero en plan culpable y no como víctima, además de Cordovani salió
de la escena del mundo, su primer director espiritual, el padre Migliorini, en
1953, que arrancado de cólera renunció a seguir más en la vida de María, porque
ella le daba muchas amonestaciones, no por sí misma, sino desde lo que recibía
místicamente.
También fue enterrado el
propio Indice de Libros prohibidos sólo 6 años después. Uno de sus servidores,
monseñor Giovanni Pepe, había dicho que en el archivo del santo oficio estarían
los escritos de Valtorta enterrados como en un sepulcro, lo que dijo en acto
público al leer el decreto del santo oficio al tiempo que exigía la entrega de
los escritos a los padres servitas.
Y el cardenal Ottaviani,
el jefe del Santo Oficio, que gustaba de llamarse a sí mismo "carabiniere
de la iglesia", sufriría como nadie los nuevos tiempos en el mismo inicio
del concilio, cuando fue abucheado por muchos padres asistentes -en franco
escándalo- que rechazaban los esquemas que la Curia había previsto hacer
triunfar como tesis oficial del concilio. Asimismo, Ratinger, como joven
teólogo perito del cardenal Frings estuvo detrás del manifiesto en que su
cardenal pedía la desaparición del Indice de libros prohibidos, lo que
ejecutaría al poco tiempo Pablo VI. Fue muy aplaudido, cuando explicbaa los
malos procedimientos que se venían teniendo desde mucho atrás, con condenas sin
escuchar a los autores, pero sobre todo, tras los casos flagrantes vistos los
casos del padre Pío, con la condena de 10 libros que estudiaban su figura, así
como del Diario de la hoy Santa Faustina Kowalska, y del propio texto del
Hombre Dios de María Valtorta.
Pero en cuanto a muertes
reales el propio Señor en otro dictado puesto en los Carnets, de 30 de mayo de
1953, se refiere a "siete" muertes, repentinas, no sabemos si
ocurridas o por ocurrir, dadas como signo contra los nuevos enemigos que
prolongan la oposición de aquellos del evangelio. "¿Por qué tanto odio y
ceguera contra mi gran don de amor y contra mi amado instrumento?" se
pregunta el Señor, sin concretar más nombres, relacionados con la oposición a
la Obra, que suponía una oposición hacia El, verdadero autor de la misma, a más
de una inmensa tortura para la pobre María, a la que incluso el general de los
servitas decretó que no fuera atendida ni llevada la comunión por los servitas,
todo por el conflicto con el Santo Oficio pero también por un previo mal clima
espontáneo entre los servitas contra la Obra.
Hemos señalado que
monseñor Pepe, el encargado de requisar la obra original del Hombre Dios, ya
hemos dicho que fue trasladado por exceso en poner en el Indice obras sobre el
padre Pío. Moriría en 1955.
La cuidadora de María
Valtorta, Marta, tendría un sueño muy significativo en este contexto:
"Ella quería
responder a la carta en la que alguien informaba de la condena y de que todo
había acabado, buscando en los cuadernos de manuscritos de María Valtorta el
pasaje que había previsto el evento y en el que la Virgen María afirmó:
"Esta obra está en mis manos". En el sueño, abre el armario, busca
entre los libros de manuscritos el pasaje, pero no lo encuentra. Ella esta
desanimada. Pero curiosamente, en sus brazos los libros de María Valtorta se
multiplican constantemente y se vuelven más y más ligeros. En el momento en que
se da vuelta para colocar las obras en una silla, ve a un joven sacerdote, muy
guapo, demasiado guapo, que sube las escaleras después de colarse en la casa
por la puerta abierta. Señalando los libros en su pulgar como un signo de
victoria, el personaje dijo tres veces con una sonrisa burlona: "¡Lo
logramos!" Cada vez que Marta se persignaba, y con cada signo de la
cruz, el personaje se volvíarojo brillante. Luego, volviéndose, vio los ojos de
Jesús pintados en una pintura de la casa. Luego, cubriéndose la cara, huyó
calle abajo".
Han esperado a la muerte
de Pío XII para las condenas, de Valtorta, de Sor Faustina que no las hubiera
admitido y se suspenden los procesos de beatificación, como el de la mística
Yvonne de Malestroit. Será precisamente Juan XXIII quien aceptará firmar todas
esas propuestas de condena o de suspensión, no tenía motivo para pensar que
pudieran no estar justificadas (aunque él mismo había quedado mal impresionado
por algunos episodios de censura, de mal contenido psicológico, en sus tiempos
jóvenes en tiempos de San Pío X).
María Valtorta tenía
todas estas enfermedades:
1. Lesión vertebral
causada por el ataque de 1920. 2. Cáncer de ovario 3. Miocarditis que causa
dolor en el pecho, fiebre y, a veces, paro cardíaco o arritmias. 4. Paresis que
gradualmente lo hizo perder las habilidades motoras de una parte del cuerpo,
pero aún así dejó la libertad de sus manos. 5. Neuritis que inflama el nervio
óptico. Los dolores espasmódicos eran tan fuertes que le pidió al médico por un
momento que la matara. Sus
afecciones cardíacas prohibieron la mayoría de los sedantes. 6. La
paquimeningitis la vuelve rígida "como una momia", dice. El más
mínimo movimiento la hace gritar. 7. Inflamación de la vejiga que se extiende
hasta la pelvis y las cavidades del riñón (pielocistitis). Esto desencadenó
sangrado renal y vesical. 8. Peritonitis con síntomas de obstrucción
intestinal. 9. Pleuresía que forma adherencias dolorosas. 10. Finalmente,
congestión pulmonar que va de recaídas a recurrencias.
Cuando empezó a quedar
como desvanecida, las enemigos se apresuraron a escribir que se había vuelto
loca, en ¡La Civiltá catolica!, la principal de las publicaciones como portavoz
no oficial de la Santa Sede, en un artículo anónimo:
"Actualmente sufre
(la Valtorta) una forma grave de deterioro mental. Bromea con visiones y dicta.
Valtorta es una pobre visionaria con galopante fantasía y sufre de logorrea. En
cuanto a la segunda edición, sigue siendo un monumento de infantilismo,
fantasías y falsedad histórica y exegética, diluido en una atmósfera sutilmente
sensual, debido a la presencia de un enjambre de mujeres que siguen a Jesús. En
resumen, un monumento de pseudo-religiosidad".
Todo lo de María Valtorta
iba dirigido al corazón de la Iglesia, además de los escritos en sí, ellos
pusieron de manifiesto las graves fallas en el seno de una Iglesia que todavía
se tenía por segura, y que desatarían las tan graves consecuencias, con una
revolución en las formas, pero que en lo sustancial no han cambiado en la
actitud, la generación de Ottaviani y la de sus contrarios triunfantes serían
diferentes en muchas cosas, pero no en esta cuestión, la sustancial, el Señor
llega por caminos humildes pero capaces de transformar y sin embargo los
suyos no lo quisieron recibir. Para los entendidos el conocimiento divino tenía que ser codificado
a su manera, en filosofía y teología, o en sermones codificados desde ellas, y
no daban opción a la comunicación divina directa y externalizada que no fuera
de épocas pretéritas.

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