22.8.19

Un teólogo en el purgatorio real. Padre Cordovani.

El padre Cordovani, dominico y teólogo italiano -hoy casi olvidado- fue una figura de mucha relevancia, consultor del Santo Oficio, que sería calificado por María Valtorta como uno de los mayores opositores a la obra "El Hombre Dios", el conjunto de las visiones que tuvo sobre la vida de Jesús.


Cordovani no era un simple teólogo, sino una personalidad de gran prestigio en el mundo de la Italia de entonces y no sólo intelectual, por haberse opuesto con la pluma tanto al pensamiento fascista como al comunismo. Y por si fuera poco era íntimo amigo del futuro Pablo VI, con quien había trabajado en la pastoral de los universitarios católicos italianos.


Montini leería la oración fúnebre en el funeral del dominico, ocurrida en 1950 y al que asistieron muchas de las figuras de la democracia cristiana de la época, como Amintore Fanfani y Giorgio Lapira, amigo y colega como profesor. Los que lo conocieron destacan su figura estatuaria, su estilo ceremonioso y refinado.


Tal era el prestigio intelectual y social de Cordovani, que sería nombrado por Pío XII como teólogo de la secretaría de estado, designado ad-personam, algo sin precedentes en la historia de la Curia. También había participado en la redacción de la Divini Redemptoris, contra el comunismo, del Papa anterior, Pío XI.  


María Valtorta (+1961) y el teólogo padre Cordovani (+1950), principal opositor a la Obra



Había elaborado una gran obra sobre Jesucristo en tres volúmenes con los títulos: el Revelador, el Santificador, el Salvador y había corregido la obra de Ricciotti, la Vida de Jesús, de 1941, muy estimada por su erudición en detalles geográficos e históricos.

Pero vayamos a la relación con la Obra el Hombre Dios, porque el mismo Jesucristo mostrará a María Valtorta una visión del padre Cordovani en el purgatorio, fallecido poco antes en 1950 de muerte repentina y mísera, cuando estaba defecando:

"Con su cara emergiendo de las llamas, viéndose la capucha y la túnica, el padre Cordovani está con una cara sorprendida y al mismo tiempo implorante. Me mira, pero no puede decir nada. Sólo habla con su mirada dolorosa y contrita.

El Señor dice: «¿Lo ves? ¿Lo reconoces? Esta ahí. Y él permanecerá allí por mucho, mucho tiempo, y por la única causa de tenerme y tenerte y luchar contra Mí, contra tí y el Trabajo, actuando contra la Sabiduría, la Caridad, la Justicia. Escribe lo que ves, brevemente, y lo que digo, con la mayor precisión. Porque es verdad, para éste a quien ves y para muchos de los que actuaron o actuarán como él". (Quadernetti, 6-VI-1950).

 Cordovani enseñaba la necesidad de que los laicos tuvieran una buena y verdadera teología, y había sido uno de los grandes formadores de entreguerras de la juventud católica. También era admirado porque él demostraba que con el tomismo se podían abordar no sólo cuestiones de teología profunda, sino también las grandes cuestiones de la época, fascismo y comunismo sobre todo. Pero nada le había preparado para el choque que suponía que de repente toda la vida de Jesús le era mostrada a una pobre señora paralizada en cama, y la escribía en 14 mil páginas durante varios años.

Meses antes de la muerte de Cordovani, el Señor hace esta confidencia a María Valtorta:
"Pero cada uno de los que rechazaron y los que rechazan la Obra me rechaza a Mí, y los que clavan la Obra a Mí me clavan, y los que niegan este Pan de mi Palabra a las multitudes languidecientes pecan contra la doble caridad hacia Mí como Dios y hacia su prójimo; ninguno de los que han obrado contra el Trabajo estará libre de castigos severos. Y conocerá los nombres de sus principales adversarios porque se los indicarán antes de su muerte y el género de los mismos, y luego verán dónde se expía su pecado".(Cuadernos, 10-3-1949).

Cordovani influyó en la también condena al Indice de una obra de otro dominico, Dominique Chenu, "Una escuela de teología. Le Saulchoir" que dio mucho que hablar entre los teólogos de la época. Sus argumentos contrarios a este teólogo luego rehabilitado, destacaban sobre todo el exceso de apelación a la historia para hacer elaboraciones teológicas; este punto seguramente no sería ajeno a la crítica contra la obra de Valtorta, en sí misma un documento pleno de historicidad, que además no estaba filtrado por razonamientos, sino que era testimonio místico de visión.

Acostumbrado toda su vida a combatir tantos monstruos, parece que Cordovani sólo hizo que seguir sus constantes de juicio, cuando se enfrentó al texto de la revelación valtortiana.
Y hubo más muertes "naturales", vinculadas a la oposición a la Obra, una de ellas fue de la propia María Valtorta que murió sólo un año después de la colocación de la obra en el Indice, si bien sabía preternaturalmente que ello acabaría ocurriendo. Pero en plan culpable y no como víctima, además de Cordovani salió de la escena del mundo, su primer director espiritual, el padre Migliorini, en 1953, que arrancado de cólera renunció a seguir más en la vida de María, porque ella le daba muchas amonestaciones, no por sí misma, sino desde lo que recibía místicamente.

También fue enterrado el propio Indice de Libros prohibidos sólo 6 años después. Uno de sus servidores, monseñor Giovanni Pepe, había dicho que en el archivo del santo oficio estarían los escritos de Valtorta enterrados como en un sepulcro, lo que dijo en acto público al leer el decreto del santo oficio al tiempo que exigía la entrega de los escritos a los padres servitas.

Y el cardenal Ottaviani, el jefe del Santo Oficio, que gustaba de llamarse a sí mismo "carabiniere de la iglesia", sufriría como nadie los nuevos tiempos en el mismo inicio del concilio, cuando fue abucheado por muchos padres asistentes -en franco escándalo- que rechazaban los esquemas que la Curia había previsto hacer triunfar como tesis oficial del concilio. Asimismo, Ratinger, como joven teólogo perito del cardenal Frings estuvo detrás del manifiesto en que su cardenal pedía la desaparición del Indice de libros prohibidos, lo que ejecutaría al poco tiempo Pablo VI. Fue muy aplaudido, cuando explicbaa los malos procedimientos que se venían teniendo desde mucho atrás, con condenas sin escuchar a los autores, pero sobre todo, tras los casos flagrantes vistos los casos del padre Pío, con la condena de 10 libros que estudiaban su figura, así como del Diario de la hoy Santa Faustina Kowalska, y del propio texto del Hombre Dios de María Valtorta.

Pero en cuanto a muertes reales el propio Señor en otro dictado puesto en los Carnets, de 30 de mayo de 1953, se refiere a "siete" muertes, repentinas, no sabemos si ocurridas o por ocurrir, dadas como signo contra los nuevos enemigos que prolongan la oposición de aquellos del evangelio. "¿Por qué tanto odio y ceguera contra mi gran don de amor y contra mi amado instrumento?" se pregunta el Señor, sin concretar más nombres, relacionados con la oposición a la Obra, que suponía una oposición hacia El, verdadero autor de la misma, a más de una inmensa tortura para la pobre María, a la que incluso el general de los servitas decretó que no fuera atendida ni llevada la comunión por los servitas, todo por el conflicto con el Santo Oficio pero también por un previo mal clima espontáneo entre los servitas contra la Obra.

Hemos señalado que monseñor Pepe, el encargado de requisar la obra original del Hombre Dios, ya hemos dicho que fue trasladado por exceso en poner en el Indice obras sobre el padre Pío. Moriría en 1955.

La cuidadora de María Valtorta, Marta, tendría un sueño muy significativo en este contexto:
"Ella quería responder a la carta en la que alguien informaba de la condena y de que todo había acabado, buscando en los cuadernos de manuscritos de María Valtorta el pasaje que había previsto el evento y en el que la Virgen María afirmó: "Esta obra está en mis manos". En el sueño, abre el armario, busca entre los libros de manuscritos el pasaje, pero no lo encuentra. Ella esta desanimada. Pero curiosamente, en sus brazos los libros de María Valtorta se multiplican constantemente y se vuelven más y más ligeros. En el momento en que se da vuelta para colocar las obras en una silla, ve a un joven sacerdote, muy guapo, demasiado guapo, que sube las escaleras después de colarse en la casa por la puerta abierta. Señalando los libros en su pulgar como un signo de victoria, el personaje dijo tres veces con una sonrisa burlona: "¡Lo logramos!" Cada vez que Marta se persignaba, y ​​con cada signo de la cruz, el personaje se volvíarojo brillante. Luego, volviéndose, vio los ojos de Jesús pintados en una pintura de la casa. Luego, cubriéndose la cara, huyó calle abajo".
Han esperado a la muerte de Pío XII para las condenas, de Valtorta, de Sor Faustina que no las hubiera admitido y se suspenden los procesos de beatificación, como el de la mística Yvonne de Malestroit. Será precisamente Juan XXIII quien aceptará firmar todas esas propuestas de condena o de suspensión, no tenía motivo para pensar que pudieran no estar justificadas (aunque él mismo había quedado mal impresionado por algunos episodios de censura, de mal contenido psicológico, en sus tiempos jóvenes en tiempos de San Pío X).
María Valtorta tenía todas estas enfermedades:
1. Lesión vertebral causada por el ataque de 1920. 2. Cáncer de ovario 3. Miocarditis que causa dolor en el pecho, fiebre y, a veces, paro cardíaco o arritmias. 4. Paresis que gradualmente lo hizo perder las habilidades motoras de una parte del cuerpo, pero aún así dejó la libertad de sus manos. 5. Neuritis que inflama el nervio óptico. Los dolores espasmódicos eran tan fuertes que le pidió al médico por un momento que la matara.        Sus afecciones cardíacas prohibieron la mayoría de los sedantes. 6. La paquimeningitis la vuelve rígida "como una momia", dice. El más mínimo movimiento la hace gritar. 7. Inflamación de la vejiga que se extiende hasta la pelvis y las cavidades del riñón (pielocistitis). Esto desencadenó sangrado renal y vesical. 8. Peritonitis con síntomas de obstrucción intestinal. 9. Pleuresía que forma adherencias dolorosas. 10. Finalmente, congestión pulmonar que va de recaídas a recurrencias.
Cuando empezó a quedar como desvanecida, las enemigos se apresuraron a escribir que se había vuelto loca, en ¡La Civiltá catolica!, la principal de las publicaciones como portavoz no oficial de la Santa Sede, en un artículo anónimo:
"Actualmente sufre (la Valtorta) una forma grave de deterioro mental. Bromea con visiones y dicta. Valtorta es una pobre visionaria con galopante fantasía y sufre de logorrea. En cuanto a la segunda edición, sigue siendo un monumento de infantilismo, fantasías y falsedad histórica y exegética, diluido en una atmósfera sutilmente sensual, debido a la presencia de un enjambre de mujeres que siguen a Jesús. En resumen, un monumento de pseudo-religiosidad". 
Todo lo de María Valtorta iba dirigido al corazón de la Iglesia, además de los escritos en sí, ellos pusieron de manifiesto las graves fallas en el seno de una Iglesia que todavía se tenía por segura, y que desatarían las tan graves consecuencias, con una revolución en las formas, pero que en lo sustancial no han cambiado en la actitud, la generación de Ottaviani y la de sus contrarios triunfantes serían diferentes en muchas cosas, pero no en esta cuestión, la sustancial, el Señor llega por caminos humildes pero capaces de transformar y sin embargo los suyos no lo quisieron recibir. Para los entendidos el conocimiento divino tenía que ser codificado a su manera, en filosofía y teología, o en sermones codificados desde ellas, y no daban opción a la comunicación divina directa y externalizada que no fuera de épocas pretéritas.  
 


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