El primer apocalipsis fue el que tuvo lugar en los cielos con la rebelión de Lucifer. El segundo apocalipsis está ya aquí. Lo expone el mismo Señor a Monseñor Michelini (+1979), por medio de locuciones como éstas de 1975, perfectamente despreciadas como tantas otras advertencias, que ya eran de tono urgentísimo; ya han pasado 40 años y se están cumpliendo:
"Hijo mío, ya te dije que la hora de las
tinieblas está cerca y que la humanidad conocerá la más tremenda lucha
desencadenada en el mundo por el Infierno, el cual hará todo lo que sea preciso
para no perder esa victoria que está convencido que tiene en las manos.
Te
he dicho que esta batalla encontrará paralelo sólo en la inmensa lucha
combatida en el Cielo entre los hijos de la luz y los de las tinieblas.
¿Vislumbras ahora la razón de esta afirmación mía?
Muchos, aún entre mis consagrados y entre
los mismos sucesores de los Apóstoles, no saben que esta hora, ha sido deseada
siempre por Satanás con sus legiones, desde la caída de Adán y Eva, la ha
deseado ardientemente y buscado con todos los medios a su disposición. Piensa
en esta batalla como una revancha segura sobre Dios, sobre Mí, Redentor, sobre
la Iglesia, fruto de mi Redención, sobre Mí y mi Iglesia, porque Yo le he
arrancado a él la humanidad hecha su esclava.
Que todos sepan
Quiero que todos conozcan los próximos
acontecimientos, te lo repito otra vez, como los más graves en la historia del
género humano.
Pero ¿por qué no se quieren convencer
mientras son evidentes las señales y las advertencias que mi Madre ha dado?
Ahora, cerrando los ojos a la luz, se
habla de la Misericordia, ¿Por qué no hablaron de ella antes, cuando en Fátima,
en Lourdes y en otros lugares esa Misericordia se ha manifestado
prodigiosamente para llamar al arrepentimiento y a la oración?
Es presunción rechazar a Dios, y luego
hablar de su Misericordia.
La Misericordia de Dios es como un imán;
debe encontrar su punto de atracción y no de repulsión.
Yo no quiero la desdicha. Someteré la
necedad y la maldad humana en una obra de purificación por el triunfo de la
Misericordia y de la Justicia.
NO HAN ENTENDIDO MUCHO
Muchos sacerdotes y hasta algunos
sucesores de mis Apóstoles no han entendido mucho de la historia de la
humanidad.
Los cristianos poco o nada entienden, pero
son menos responsables porque nadie ha provisto a iluminarlos.
¡Pocas son las almas de mis consagrados
que poseen la visión exacta de la historia del mundo!
Toda esta historia se basa en la lucha
entre Satanás y Dios. Dios es combatido por Satanás y sus legiones en sus
criaturas.
Satanás sabe bien que no puede enfrentarse
a Dios directamente, entonces, lo combate indirectamente en el género humano.
¿Qué es, hijo mío, la historia del
Misterio de la salvación, sobre la que los teólogos se exprimen el cerebro para
encontrar, incluso en este campo, alguna novedad, y se afanan de todas las
formas en complicar las verdades reveladas por Mí?
¿Qué han entendido de la simplicidad y
profundidad de mi doctrina, es decir, de las Sagradas Escrituras, de mi
Evangelio?
¿La historia de la Iglesia qué otra cosa
es sino el áspero antagonismo entre el bien y el mal?
No pudiendo Satanás enfrentarse con Dios,
ahora puede ensañarse desesperadamente sobre el hombre, sobre todo el género
humano.
Cuando después vino a conocer la
Encarnación de Mí, Verbo Eterno de Dios, concibió su loco plan de aniquilarme a
Mí y a mi Iglesia, y de hacer nulos los frutos de la Redención.
Necio y perverso plan de guerra. Guerra tejida
de innumerables batallas, sirviéndose de todo y de todos los que se prestan a
su acción devastadora, a servir a su desenfrenado orgullo.
El segundo punto focal de la historia
humana es la Encarnación, Pasión y Muerte de Mí, Hijo de Dios hecho hombre. Es
también la pasión, muerte y resurrección de Mi Cuerpo Místico, es decir, de mi
Iglesia salida de mi Corazón Misericordioso.
Historia auténtica
Esta
es la auténtica historia del género humano, que se desenvuelve progresivamente,
y cuya última página será escrita al fin de los tiempos.
Ahora, hijo, con infinita amargura se ve
cómo por parte de mi Iglesia, por culpa de muchos de mis pastores y sacerdotes,
no se ha planeado como se debiera la defensa contra las incansables e
insidiosas fuerzas del Infierno, la defensa de los valores de la Redención, y
cómo no han sido preparados los medios de defensa contra los asaltos del
Enemigo.
Esta es responsabilidad de los pastores y
de los sacerdotes que hoy se debaten como si hubieran caído en arenas
movedizas. Y aún, mientras la casa arde y el derrumbe está ocurriendo, se
pierden en mil actividades improductivas, porque no encuadran la visión real de
la situación.
Te confirmo que la guerra en curso
desembocará en la más pavorosa batalla jamás combatida hasta ahora sobre la
tierra, y que no tiene comparación sino en la batalla celeste de los Angeles
rebeldes contra los Angeles de la luz.
Quiero que absolutamente todos sepan lo
que no Yo sino los hombres, aliados con Satanás están locamente realizando.
¡No Yo! No a Mí por tanto debe imputarse
esta próxima lucha. Yo, Justicia y Misericordia de la maldad de otros sabré
sacar una Iglesia nueva y un mundo renovado.
Sabré dar a esta Iglesia y a este mundo un
largo período de paz y de justicia.
Sabré salvar de las penas del Infierno a
todos aquellos que con humildad y arrepentimiento acojan a tiempo estos
mensajes, testimonio de mí amor.
LAS GRANDES VERDADES
De los labios de la Sabiduría ha salido el
dicho: "Meditare novissima tua et in aetenum non peccabis".
Si no hacéis penitencia
La crisis de fe más grande, desde la
creación del hombre hasta hoy, es la actual.
Una formalista costumbre de vida cristiana
hace ilusionar a muchos de estar en el camino justo. Algunos sacerdotes creen
estar en el camino justo como lo creían los sacerdotes, los escribas y los
fariseos en los tiempos en los que Yo estuve en la tierra en mi visible
Humanidad.
En todos los tiempos y en todos los
lugares la lucha entre el bien y el mal lleva el mismo sello inmutable.
Si la humanidad atea de hoy no se pone en
pie y no procura sacudirse el polvo y el humo que le nubla el alma perecerá en
gran parte.
No serán los sarcasmos ni las ironías de
los pseudo-teólogos y de los sacerdotes insensatos y soberbios, no serán las
artes de los manipuladores de corrupción en todos los sectores de la vida
privada y pública, lo que evite la ruina que el hombre neciamente esta
provocando.
Di fuerte que el tiempo está contado,
grítalo fuerte como Jonás: "Si no hacéis penitencia pereceréis".
Dilo fuerte que de Dios no se puede reír
impunemente.
Grítalo fuerte que la hora de las
tinieblas no es querida por Dios sino por los hombres mismos.
Grítalo fuerte que mi Madre ha hecho mucho
para alejar del mundo la catástrofe.
Recuérdales a todos: Lourdes, Fátima y
miles de intervenciones muchas veces sofocadas precisamente por obra de
aquellos cuya tarea era la de juzgar con mayor objetividad y menor respeto
humano. Han tenido miedo del juicio del mundo...
Aquí está su culpa: no la verdad, sino a
sí mismos han puesto delante. Y ahora hablan sólo de la Misericordia de Dios y
no de sus responsabilidades.
¿También al pronunciarse sobre estos
mensajes otra vez más será rechazada la luz?...
Yo los quiero a todos salvos, pero ellos
oponen resistencia. Aman la oscuridad. En las tinieblas perecerán.
Tú no temas; continúa siéndome fiel. Estás
en Mi Corazón y aquí nadie te podrá tocar, ni siquiera rozar.
Te bendigo, hijo mío; ámame y camina
derecho ante Mí. Soy el Camino que muchos se niegan a transitar.
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