29.6.20

Las visiones de Catalina Emmerich no fueron una recreación literaria de Brentano

Que las visiones y profecías de Catalina Emmerich fueron simple recreación literaria del escritor Clemens Brentano, es la afirmación nada menos del cardenal prefecto para las causas de los santos, Saraiva Martins, en artículo de L´Osservatore Romano (7 octubre 2004). Sus palabras fueron éstas:

"La beata Anna Katharina Emmerick, nos dejó con seguridad sólo tres cartas. Los demás escritos, que se le atribuyen por error, tienen origen distinto: las “visiones” de la Pasión de Cristo fueron anotadas, reelaboradas con gran libertad y sin control alguno, por el escritor alemán Clemens Brentano (1778-1842) y se publicaron en 1833 con el título: “La amarga pasión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. Por tanto, las obras en discusión no pueden considerarse ni escritas ni dictadas por la Emmerick ni tampoco transcripciones auténticas de sus afirmaciones y de sus narraciones, sino una obra literaria de Brentano y con tantas ampliaciones y manipulaciones que es imposible establecer cuál es el nucleo verdadero que atribuir a la beata. De ahí que los escritos en cuestión no sean el espejo veraz del pensamiento y de las experiencias místicas de la monja agustina. Las afirmaciones individuales, tanto las que expresan una religiosidad sana como las que presentan extrañezas y sentimientos antisemitas, brotaron de la creatividad y la fantasía artística de Brentano» (J.S.Martins, en L’Osservatore Romano, 7/10/2004).(reproducido por el digital católico Aleteia).

Desde L´Osservatore Romano contra María Valtorta y Catalina Emmerich, las dolientes visionarias de la vida de Cristo: sólo novelas.

Es cierto que Saraiva Martins no habla sólo por sí mismo, sino que detrás hay el trabajo de comisiones de estudio a lo largo del siglo XX, dentro de exámenes con vistas a la beatificación. Sin embargo, el objetivo final de estas comisiones y el método son discutibles, al utilizar un cientifismo filológico dejando a un lado la hermenéutica de los frutos. El objetivo es también evitar aceptar unos textos con tantos ingredientes donde los eclesiásticos tienen muy mala imagen y se anuncia la conquista de la Iglesia por el demonio. Finalmente se llegó a la beatificación de Catalina, en 2004 por Juan Pablo II, proclamando su santidad pero negando todo valor a sus escritos que no fuera sino el subjetivo de cada lector. Es el mismo prinicpio y método que se ha aplicado en tantas otras comisiones, el mismo que con María Valtorta, a la que por cierto el mismo Osservatore romano, aunque sin firma, calificó (1960) la obra inmensa de la vida del Señor como una "mala novela". Es de observar que Saraiva Martins lleva en la Curia desde 1954 y tuvo que conocer bien aquel texto en primera página del órgano oficial de la Santa Sede, que reproducimos arriba.

Esta actitud oficial hacia la obra de Catalina Emmerick, quiere prevenir problemas de ataques a la iglesia (En la obra la Pasión de Cristo, por ejemplo, se considera que toda nota que pueda ser calificada de judeofóbica es el fruto de la interpolación de Brentano); sin embargo, al mismo tiempo previene contra la lectura de unas obras que han contado con numerosos imprimatur de obispos desde el siglo XIX, que han producido gran edificación en las almas y elevación de la piedad y secuelas como la película conocida sobre la Pasión del cineasta Mel Gibson. Para salvar la cara ante los "hermanos mayores" judíos y la acusación de antisemitas, se pone bajo los caballos de la novelería una obra de magna inspiración, sin tener en cuenta que si seguimos rodando, todo el nuevo testamento puede ser acusado de antisemita. Se debe poner pie en pared y decir lo obvio: ningún antisemitismo, sólo se refleja la realidad de un cuadro de dirigentes judíos de la época, que además viola la misión del mismo pueblo al que dirigía.

“Ana Catalina misma elige a Clemente Brentano, un poeta y escritor consagrado, amigo de Goethe y Görres, el que abandona su distinguida carrera y dedica el resto de su vida a anotar y analizar sus visiones y revelaciones. Se sabe que esto no constituyó una casualidad, sino una predestinación. No es menor el mérito de Brentano, el estar 6 años al lado de la enferma, rescatando diariamente sus revelaciones, a pesar de todas las incomodidades que esto le significaba. Fueron más de 16.000 páginas de texto, anotadas en 22 cuadernos que contenían el borrador de la biografía de Jesús, en la ciudad de Dülmen (Alemania). Éste constituye el más extenso material nunca antes recopilado de un místico. Se puede suponer que este famoso escritor fue la mejor opción que pudo tener Ana Catalina para dar un testimonio creíble de sus Visiones, ante tanta incredulidad de su época, la cual persiste hasta el día de hoy” (De http: visionesemmerich.net).

Se echa la sombra de la duda sobre Brentano por su mismo pasado de prestigioso autor literario, sin embargo se ve ahí nota providencial, ya que era consumado recopilador de historias tomadas del folklore popular (no sólo él, también inspiró a los hermanos Grimm) y fue gran novelista y poeta capaz de grandes innovaciones de técnica narrativa, pero justamente todo eso lo abandonó, porque ya no quería escribir nada que fuera ajeno a Dios; y no necesitaba tampoco una fama y un dinero que ya tenía de antes, y cuya relación con Catalina sólo podría traerle desprecio de su antiguo gran mundo.

Y sobre el hecho de que haya podido hacer elaboraciones propias, hay que destacar que Catalina le hablaba en dialecto alemán del sur, luego Brentano lo traducía a alemán oficial y después contrastaba con la propia Catalina las posibles correcciones.

Aplicando el método filológico claro está que no hay palabras al pie de la letra de Catalina, pero es imposible que Brentano, desde una actitud de simple falsario escritor, consiguiera hacer unos textos que produjeron conversiones y reafirmaron la fe de tantos hasta el día de hoy y que tanto se alejan de su estilo y obra pagana anterior.  Otros como Saraiva Martins han exigido pruebas "históricas" (lo que hoy también se hace como cuando cierto general jesuita exponía la ausencia de grabaciones probatorias de las palabras de Jesús, para permitirse interpretaciones), pero es el mismo método usado contra los dogmas, acudir al historicismo riguroso, cuanto más para los textos de Catalina, igual que con los de María Valtorta.

Pero Brentano procede de manera muy natural, como ocurrió con las fuentes bíblicas: recopilaciones de las palabras de profetas y de Jesús, que experimentan una elaboración necesaria por un compilador, que además añade contexto para que se entienda mejor. Pero el árbol bueno se demuestra por sus frutos: todas las interpolaciones que Brentano pudiera haber hecho son en ayuda de la mejor transmisión de la fuente original a la que él veneraba como santa y que ahora también la iglesia también nos la propone como santa.

Finalmente, habida cuenta de la reiterada actitud oficial en torno a los textos-río que extienden nuestro conocimiento entre aquellos cuyo amor les pide saber más (como  los casos de Catalina y de María Valtorta), no hay que quedarse en la frustración  generalizada hacia los gatekeepers eleciásticos, lo que conduce a tirar al niño con el agua sucia, es decir en rechazo de toda la iglesia, por el escándalo que ellos, sedicentes protegedores de la imagen de la iglesia, no parecen prever ni preocuparse. La tentación que amenaza a los que se introducen en la espesura del conocimiento divino, es la de dejarse caer caer en un odio hacia los frustradores eclesiales de turno. Con éstos más bien tenemos ya una hermenéutica a seguir, que es la que tenemos hacia los opositores históricos de Jesús, no poner otra atención a los sumos sacerdotes o a Pilatos o a Judas, más allá de saber que son figuras necesarias y que han ayudado a cumplir el destino redentor de Cristo, sin saberlo, y de los cuales debemos guardarnos de imitar. Nosotros hoy, debemos tomar a todos esos opositores y perseguidores como funcionales en el martirio al que someten a quienes quieren llegar más lejos en su conocimiento y amor; si se va más lejos en la inquina y en la desmoralización acusadora, por mucha que sea la prevaricación, la negación, la falacia, las acciones persecutorias, entonces ya nos han derribado del caballo. Ellos son funcionales a nuestro mérito, igual que los perseguidores y martirizadores de todos los siglos, no paremos mientes en ellas más allá de la advertencia de cómo se comportan y de tomar medidas preventivas para evitar nos tienten en la ira.

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