20.2.23

León Bloy y la mística

Leon Bloy fue un escritor católico francés, fallecido en 1917, entre cuyas obras está "La que llora", referida a las apariciones de La Salette. Como escritor tempestuoso no ha quedado bien parado ni entre los contrarios a la fe ni entre los católicos, y sólo ahora empieza a ser algo considerado en España, donde, como país de poca apetencia de estudio religioso, ha sido en gran medida desconocido; limitado a los católicos de cierta cultura religiosa porque fue quientrajo a la iglesia al intelectual Jacques Maritain y su esposa Raisa, allá por 1905; este episodio construyó cierto mito en torno a Leon Bloy, siendo usado apologéticamente para demostrar que la Iglesia puede atraer a los pensadores, es decir la quintaesencia del hombre moderno, cuando más se discutía sobre la razón y la fe.

Pero volvamos a la cuestión mística. Bloy se movió entre la veneración por la Virgen, la concreta, la que se mueve en la historia y su libro "la que llora" es una apología en toda regla, sin pietismos, y azuzando la estrechez de miras de una época, y muy bien escrita, que tuvo edición en español hace muchos años. Pero también quería una mística con carnalidad, y de hecho tomó por mujer a Veronique una prostituta, con pensamiento de redención, de la cual pretendía que fuera sublime, y la instaba a ser una especie de oráculo, pero la mujer acabó demente. Luego buscó otra mujer de la calle para redimir, que pronto moriría.

La violencia en sus escritos y verbo, (para detalles ver enlace de abajo) con juicios sumarísimos de todo tipo, escandalizaba y desdecía del gran principio de "aunque todos mis bienes entregue a los pobres si no tengo amor nada soy"; él se tenía por una especie de profeta de la modernidad, peregrino del absoluto decía él, con vocación de pobreza, no elegida por voto, sino en estado laico, dejando trabajos bien remunerados por la escritura y la vida en estrechez, pero dentro de una relación marital. Los contrarios lo describían como muy de la iglesia, sin embargo, a pesar de grandes párrafos muy estimulantes sobre la verdad de la fe y de la iglesia, capaz de atraer a ateos, sin embargo fue un antimodelo de lo que debe ser el seguidor de la Virgen conquistado por la belleza y sabiduría de sus apariciones, de donde está excluida la violencia del ataque, sino antes bien es con la santidad de alma como se conquista, como se lee en la vida de San León del siglo VIII que recondujo a un apóstata que se había hecho mago perverso, tarea de conversión la más difícil que pueda caber.

Es verdad que en un sentido de providencia, Bloy cumplió sus funciones, que es la de decir grandes verdades; no fue perro mudo, y a su manera testimoniaba y mostraba que los católicos no eran esos seres melifluos y acomodados que los increyentes consideran. Pero no se le puede tomar como modelo de seguimiento místico en absoluto, al mismo tiempo que no se debe descartar la firmeza de su defensa de la Virgen de las apariciones.

Su pretensión de vivencia de la mística tenía un fallo de primer orden, que era el de desear revelaciones, fuera del calendario del Cielo, y buscándolas con esa mezcla de pobre marginal y visionario intelectual, que no es desde luego la vocacional. Al Cielo y a la Virgen no se les puede servir si no es siguiendo su método, sus tiempos, sus formas, que Jesús no estaba todo el tiempo echando a los mercaderes del templo y la violencia era más la excepción que la regla, si es que se puede llamar violencia a la de Jesús, que no era otra cosa sino defensa del rebaño.

Sí a su defensa a ultranza de María en sus manifestaciones y no a su autoconstrucción mística. Bloy es de una clase de hombres apostólicos que estorban a la fe más que la ayudan, por ese recurso a la invectiva que se hizo legendaria. Sirve para visualizar un perfil que se repite a menudo como, salvando las distancias, el posterior Leonardo Castellani, o el escritor Prada, que se repite también y hoy día es mayoritario en youtubers católicos; y también de muchos seguidores de apariciones que pasan de la revelación de los males de la iglesia hecha por la Virgen y la llamada a compartir su pena, a hacer campaña perpetua contra la iglesia, sin separar el grano de la paja y en cuya prédica la Iglesia mística sucumbe bajo el acento en la enormidad de pecado, y en la búsqueda de novedades sobre éste, siguiendo en esto sin darse cuenta el camino de Lutero. El modelo son San Ignacio y los santos que vivieron aquella época, perfectamente conscientes del escándalo de los representantes, pero yendo a lo suyo, es decir a conquistar almas al modo de Jesús. No arranquemos el buen trigo arrancando con violencia la cizaña, con lo cual sólo se contribuye al mismo fin de ésta.

 Principales errores de concepto en León Bloy.

Sin él apercibirse era netamente gnóstico, con una condena de este mundo en su totalidad como malo, por ejemplo el tiempo lo consideraba una obra del demonio, y ni qué decir tiene los inventos modernos que despuntaron en su época, finales del siglo XIX y principios del siguiente; todo lo visible era símbolo, lo único real era lo sobrenatural; a la soberbia de la vida que veía en su época bien en tecnología o entre el clero contestaba con implacables invectivas.

Aunque quería estar totalmente al margen de su propia época sin embargo, cayó en la misma aporía central de figuras de su época que consideraban la historia como un oráculo, no la historia técnica, sino la historia como territorio profético, de la que había que descubrir sus leyes inmutables para comprender todo lo futuro, lo que habían hecho Vico, Hegel y luego Marx. Bloy plantea la historia como hermenéutica, queriendo descubrir la historia como aplicación de lo sobrenatural, cierto que inspirándose en la historia sagrada, en san Agustín o en Bossuet, o en los mensajes del Sagrado Corazón pero no dándose cuenta de que, como toda interpretación espiritual, ésta nos es dada si procede como don, no como si fuera un algoritmo, "more geométrico" como decía Pascal. Y así murió el mismo año en que se nos dieron las profecías de Fátima de las que no llegó a saber ni intuir en lo que fue su libro póstumo sobre teología (indebida) de la historia a lo que llamaba Simbología.

Fue quien creó la expresión estilo sulpiciano para despreciar el arte religioso que la gente común compraba para sus casas, en la plaza de San Sulpicio de París, no por causa del Oratorio del mismo nombre. Todo por la dulzura de las imágenes, que contradecían su carácter de pedernal.

En realidad Bloy, blasonando de católico a ultranza, repartiendo denuestos, llamando incluso bestias gregarias a los que acudían a las peregrinaciones masivas de su época, en realidad era un enemigo interior, una especie de daimon infiltrado, con su libro de anotaciones de los pecados pidiendo cuentas a las almas, y con un tipo de infiltración la peor que pueda caber, no la típica de destructores camuflados de corrección, sino usando las propias apariciones de la Virgen de  la Salette, de modo que en especial a partir de él se forjó en el clero la imagen del defensor de apariciones y de éstas mismas como espacio de gente fiera y también como zelota de unas apariciones en exclusiva, como le ocurrió a él, del todo a favor de La Salette pero no de Lourdes. 

En Bloy se cumplía lo de San Pablo, con relación a la pobreza voluntaria que sólo es evangélica si va junto al amor, y Bloy nunca sintió así, su conversión había sido desde el socialismo revolucionario del que le sacó el escritor católico Barbey D´aurevilly, pero de esa su época revolucionaria mantuvo el odio a los que tienen bienes de este mundo, a los burgueses, y Bloy fue pobre porque quiso, por no querer someterse a las reglas comunes del trabajo para el que estaba dotado, prefiriendo el campo de las letras para extender sus invectivas y su modo de pensar, teniéndose a sí mismo por profeta, que no lo fue en absoluto, sino figura de desdicha, como cuando se reflejaba a sí mismo y su mísera vida de confusión erótico mística, en el libro que tituló "El Desesperado".

Y como apostilla final decir, que incluso las buenas cosas como las conversiones se pueden incluso volver en contra de la Iglesia, porque hombres como Bloy generan conversiones, pero ahormándolas según su propia espiritualidad, como fue el caso de traer a Maritain dentro del recinto santo, cuya labor fue una más de tantas de devastación so capa de buen sentido, que no hubiera hecho tanto daño como increyente, siendo uno de tantos inductores de un criptoprotestantismo y de adecuación a la medida del liberalismo político de la época.

Una visión detallada y actual sobre Bloy por Rafel Narbona:

https://www.elespanol.com/el-cultural/blogs/entreclasicos/20191126/leon-bloy-loco-dios/447575242_12.html

 

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