5.2.23

Ratzinger, la Virgen y la Iglesia, apreciaciones de una mística vidente

 Se le llevó a cierta vidente, 30 años atrás, fotocopia de una entrevista al entonces cardenal Ratzinger, de la revista italiana 30 Giorni, porque había pedido se le llevase lo que se viera publicado sobre el que sería futuro papa.  

En el artículo, a Ratzinger se le veía proclive hacia la tesis del teólogo protestante Cullman, sobre una unificación provisional de las iglesias "para que el cansancio (de la falta de resultados) no se adueñe de nosotros"; pero el párrafo que le pareció más revelador a la vidente fue éste: "En este sentido acepto la propuesta de Cullman que ve como solución provisional el reconocimiento de las unidades no completas, existentes en la no-unidad completa, y el aumento de estas formas de unidad"

Un interlocutor le dijo a la vidente que Ratzinger parecía estar abriendo las puertas de la devastación y que vendría mucho daño a resultas de esto. Estaba además en puertas un documento papal sobre el ecumenismo y parecía imposible que ese convencimiento de Ratzinger, entonces prefecto de la doctrina de la fe, no pasara a ser de algún modo una doctrina "oficial", y por otro lado el Papa Juan Pablo se encontraba en esos momentos muy débil -resiste dijo la vidente sólo gracias a las oraciones que se hacen por él- como para prestar la debida atención a los documentos por venir.

Al comentario "en positivo" de que Ratzinger quizá entendía que es buena una apertura hacia aquello que fuera válido de los protestantes, la vidente respondió: ¿porqué son siempre los católicos  los que deben abrirse? y más en concreto ¿porqué ellos no aceptan a la Virgen? ¿porqué no se exige en ellos esa aceptación?. No podía menos por aceptar el interlocutor que si los católicos mismos la tienen marginada es imposible que hagan ascos a la hostil indiferencia protestante. Pero la Virgen y las devociones hacia Ella han sido siempre lo más admirado siempre en el patrimonio espiritual de los católicos, y lo que más fuerza de conversión tiene.

Cuando se pedía por la unidad de las iglesias en las celebraciones, la vidente siempre añadía para sí la coletilla: "sí, siempre y cuando la acepten a Ella".

En realidad, Ella es el quicio. Naturalmente que para llegar al Padre hay que pasar por el Hijo, en lo cual estarían de acuerdo también los protestantes, pero al Hijo no se llega si no es por medio de la Madre; es por esto que Ella es central en la vida cristiana. Puesto que Ella es la Iglesia, dejándola a un lado no va a conseguirse esa unidad, y lo que advendrá será solamente una unión de las iglesias de los hombres, no de la Divina, la encerrada en el seno de María. Es decir, son solamente esas iglesias humanas las que quieren unirse, y bien mirado es imposible que la Iglesia-María se unifique con nada, pues nunca ha dejado de ser una y única, nunca ha estado dividida.

Había "pre-visto" la vidente al Papa siguiente, (aquí radicaba su interés por Ratzinger, sabiendo por tanto que sería Papa, lo cual no estaba autorizada entonces a manifestar), pero contra lo que podía esperarse dadas tantas profecías negras sobre futuros papados, no se expresó negativamente sobre él, diciendo sólo que Ratzinger tenía una parte buena -siempre en relación con la Virgen- y que esa parte podría crecer si se la ayudase, pero que de lo contrario disminuiría hasta casi desaparecer. Hoy adquiere esto todo su significado.

La Virgen le había mandado tener siempre una vela encendida por el Vaticano y el Papa, así como rezar con un rosario que tiene grabadas las cuatro basílicas de Roma, empezando por San Pedro. Dijo que la decadencia física del entonces Papa comenzó con el atentado, a partir del cual algunos cercanos a él comenzaron a adquirir una preponderancia negativa, interfiriendo cuanto podían, como en el caso Lefebvre.

El interlocutor le expuso que al fin y al cabo la Iglesia tiene que ir tomando el camino de la cruz, en referencia a la crisis que va viviendo, pero la vidente objetó que, aun siendo eso cierto, el camino de la cruz puede ser más o menos duro, y que será más llevadero si se hace con la Virgen, viniendo a decir que, por el contrario, sin Ella todo será mucho más duro, tormentoso y desesperante, tanto en las cruces de la vida de las personas como en la cruz global de la Iglesia.

Nota.- Nada de lo anterior fue expuesto a representante alguno de la iglesia, no por dejadez, sino por las reiteradas experiencias de inatención con grado de protocolo; los representantes harán caso omiso cuanto quieran pero la contrapartida es que obligan al Cielo a no manifestarles aquello que podría ser salvación de la iglesia, (que ha de confiar sólo para su ejecución a los pequeños en lo humano), pero debiendo dar cuenta de lo no hecho por ignorancia voluntaria.

 

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