30.3.23

Una aparente contradicción en el evangelio que sólo se aclara gracias a María Valtorta

Hay un pasaje en el evangelio de San Juan (8,31) (lectura de la misa de este día) víspera ya del viernes de dolores previo a la semana santa, en el que se lee esta traducción:

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie.
¿Cómo dices tú: Os haréis libres?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.

Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros".

 Jesús dijo a los fariseos y doctores de la ley... - Templo de San Francisco  - Celaya, Gto.

La cuestión es: ¿cómo puede ser que diga el Señor a los judíos que ya creen, que quieren matarle? Nunca he oído ni plantear la objeción ni lógicamente por eso intentar una respuesta, pero puede deslizarse en el pensamiento que al fin y al cabo, siendo todos tan malos, hasta los que creen son capaces de asesinar.

En su obra el Hombre Dios, María Valtorta, que va viendo todos los episodios, incluido éste, y los describe in extenso revela la clave: en el templo siendo la fiesta de las ofrendas hay multitud de judíos, y lógicamente están tanto los que odian a Jesús como los que creen en El, que en la escena relatada han estado al principio aparte de los que increpaban al Señor, pero aprovechando que Jesús se ha ido como alejando de los otros, se acercan a preguntarle y es a éstos a los que Jesús se dirige expresamente diciendo "la verdad os hará libres", pero no es a ellos a los que dice que le quieren matar, sino al grupo inicial, que ha venido detrás como jauría y ha seguido escuchando tras los denuestos y odio anteriores. Obsérvese cómo en María Valtorta el texto es "aquél de vosotros que quiera matarme o aquellos que me persigan" (Vol. 8), no que "vosotros me queréis matar" lo que puede entenderse como una mala traducción.

Ese es el contexto de la apelación a la verdad y la libertad: "Pero aquél de vosotros que trate de hacerme morir ya no honra a Abraham sino a Satanás, y sirve a éste como fiel esclavo. ¿Por qué? Porque rechaza mi palabra; de forma que mi palabra no puede penetrar en muchos de vosotros... aquellos de vosotros que me persiguen hacen lo que han aprendido de su padre y lo que él sugiere». Ante lo cual son los de la jauría los que vuelven a saltar atronadores, entendiendo bien que Jesús habla de ellos como mala estirpe demoníaca y no como la santa estirpe de Abraham que se adjudicaban a sí mismos por mera razón biológica.

De este modo en Valtorta se resuelve lo que de otro modo sería un grave problema explicativo, que seguramente por su dificultad no se acostumbra a plantear.

Valtorta y con ella la obra de sus visiones tan perseguida y ninguneada desde que se publicó y aún antes, resulta muy necesaria en esta época donde corren  tantas conclusiones erróneas de exégetas, de afán creativo. Justo el otro día, misa del día con texto sobre resurrección de Lázaro, se nos transmitían en un sermón conclusiones de "especialistas" acerca de que seguramente Lázaro era un tipo raro, por lo anormal de que en la casa mandasen las mujeres, sus hermanas, al ser eso una rareza en la época, derivando de ahí que sería un deficiente psíquico; pero se ve en María Valtorta que justamente era todo lo contrario, Lázaro era persona muy apegada a los libros, no sólo bíblicos, muy culto para su época, y a quien Jesús le habla, ayudándole a relativizar bastante su amor un tanto desmedido por lo cultural, como es lo propio de tantos de nosotros hoy, en cualquier espectro teológico o intelectual en el que tengamos nuestras preferencias.

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