No, no es una carta real obtenida místicamente, pero sí es una carta coherente hasta donde se pueda llegar desde este mundo, con el espíritu de Santa Teresa, de seguro no va a cambiar un ápice la evolución de las cosas del pentecostalismo
Carta de Santa Teresa de Jesús a los jóvenes y pastores de este tiempo
Jesús sea siempre en vuestras almas.
Hijos y hermanos míos:
Mucho me mueve a escribir viendo el ruido grande con que en estos tiempos queréis buscar al Señor. Y pues me decís que hay encuentros y músicas y charlas que parecen poner mucho fuego en los corazones, quiero deciros lo que por experiencia sé, para que no os engañéis en cosa tan principal como es el camino de Dios.
Digo, pues, que no está Su Majestad en el alboroto, ni en la voz alta, ni en los sentimientos que pasan tan presto como vienen. Muchas veces parece al alma que ama mucho porque llora, y no es así; pues lágrimas hay que vienen de la naturaleza, o del humor del corazón, y no de querer determinadamente hacer la voluntad de Dios.
Entended que todo el edificio de la vida espiritual se funda en humildad y verdad, y no en gustos. No es mal tener consuelo en el servicio de Dios, mas no os fiéis de él, que si os falta —y faltará muchas veces— ¿qué será de vuestra fe? El Señor quiere obras: paciencia, caridad, obediencia, y no tanto alzar los brazos cuanto sujetar la voluntad al bien.
Y mucho me espanta oír que tantos hablan a multitudes sin haber pasado primero por la escuela del silencio y de la oración. No se hace maestro quien quiere, sino quien lo hace Dios y la Iglesia. Y si alguno pretendiere guiar almas sin letras ni humildad, no dude que hará gran daño, aunque su intención sea buena; que no basta querer bien si falta luz para andar por camino seguro.
A los pastores digo: no entreguéis vuestra carga a manos inexpertas, que no es cosa pequeña enseñar doctrina. Pongan los prelados mucho tiento a quién encomiendan esta labor, porque las almas no son cántaros que se quiebran sin dolor, sino tesoros que Cristo compró con precio de sangre.
Y a vosotros, jóvenes, que buscáis a Cristo con tanto brío: bendito sea Dios que os mueve. Mas procurad no quedaros en los ruidos de fuera. Metéos dentro, que allí está la fuente viva. No penséis que por oír músicas o palabras sentidas crecéis en el amor; crece el amor cuando se hace sacrificio, cuando se vence un deseo propio, cuando se sirve a quien no apetece servir.
No digo que no alabéis a Dios con cantos, que bien sé yo que un verso puede encender al alma. Mas no hagáis de ello todo el negocio, ni tornéis vuestra fe en fiesta continua, que la vida es más larga y el camino estrecho. Y si vuestra devoción no os mueve a mayor humildad, es menester temer no sea humo y no fuego.
Querría que no os contentaseis con una piedad de movedizo sentimiento, sino con determinada determinación de seguir al Señor, aunque no haya gusto, aunque haya trabajo, aunque nadie os admire ni aplauda. Que así se hacen los santos: con paciencia y con verdad.
Acabo ya. A todos encomiendo a Cristo, rogándoos que no andéis buscando a Dios en los escenarios, sino en el corazón recogido, donde Él se deja hallar. Y no os parezca esto poco, que es mucho.
El Señor os haga saborear la verdadera libertad y os dé oración que sea de obras y no sólo de lisonjas del gusto.
De vuestra madre,
Teresa de Jesús
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