24.12.25

La Virgen con los signos del Cantar de los Cantares que la anuncian

 

La Virgen con los signos del Cantar de los Cantares



La Virgen en pie con el Niño
María aparece como la Esposa del Cantar que ofrece al mundo al Amado: el Niño Jesús. Ella es la viña fecunda, la tierra buena donde el Verbo ha querido encarnarse.

Los racimos estampados en el manto
Los racimos de uva sobre el manto evocan los “pechos como racimos de vid” del Cantar. Simbolizan el pecho materno de María que alimenta al Niño, y al mismo tiempo el vino de la gracia y de la Eucaristía que un día brotará de Cristo.

La copa de vino
El buen vino al pie de María recuerda el vino del Cantar, el vino nuevo de la salvación. Indica que en este Niño está ya presente el sacrificio de la cruz y el don de la Eucaristía.

La “viña de Salomón”
La viña que se ve detrás de la Virgen recuerda la viña de Salomón del Cantar. Representa al pueblo de Dios y a la Iglesia. El texto “Mi viña, que es mía, está delante de mí” alude a que María presenta al Señor la viña que Él mismo ha plantado, comenzando en su propio seno.

El manzano cargado de fruto
El manzano remite al “árbol” de Ct 8,5. Lo que fue árbol de caída en el paraíso se convierte ahora en árbol de vida: bajo él, María ha tenido los dolores del parto y ha dado a luz al verdadero Fruto bendito, Cristo.

La palmera
La palmera evoca la estatura de la Esposa “semejante a la palmera” (Ct 7). Es figura de la rectitud, la fecundidad y la victoria. Tras María, indica su grandeza y su firmeza junto a Cristo.

El campo y las aldeas
Los campos y aldeas al fondo recuerdan el “salgamos al campo, moremos en las aldeas” del Cantar. Aplicado a Belén, hablan de la sencillez de los pobres, de los pastores y de todos los que acogen al Niño en la vida ordinaria.

El desierto
El desierto, con su camino, evoca a la Esposa que “sube del desierto apoyada en su Amado”. Es la humanidad que viene de la aridez del pecado y de la historia, y se acerca a Cristo para encontrar descanso.

La casa humilde al fondo
La casita o establo es la “casa de la madre” del Cantar, aquí identificada con la gruta de Belén. Es el primer hogar del Verbo encarnado, lugar donde la Esposa–María presenta al mundo al Esposo–Niño.

La cesta con frutos nuevos y añejos
La cesta con frutas diversas representa los “frutos nuevos y añejos” que la Esposa guarda para su Amado. Son las promesas antiguas de Israel y las gracias nuevas de la Encarnación, reunidas ahora en Cristo.

Las dos crías de gacela
Las dos crías de gacela aluden a las imágenes del Cantar (“gemelos de gacela”) ligadas a la belleza y a la delicadeza de la Esposa. A los pies de María, subrayan la inocencia, la ternura y la gracia de este misterio.

El corazón luminoso / el sello sobre el corazón
El resplandor en el pecho de María simboliza el “sello sobre el corazón” del Cantar. Cristo es el sello vivo del amor de Dios grabado en el corazón de su Madre y de la Iglesia. Manifiesta un amor fuerte como la muerte, que nada puede borrar.

Las muchas aguas al borde del cuadro
El agua que rodea la escena evoca las “muchas aguas que no pueden apagar el amor”. Indica que ni las pruebas ni los sufrimientos podrán ahogar el amor que nace en Belén: este Niño es un amor invencible.

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