6.12.12

El beato que no creía en el Cristo de Limpias


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Christ of Limpias

El dominico Luis Urbano fue mártir en 1936 y proclamado beato. A su formación teológica unió el doctorado en ciencias físicas. Fue nombrado Predicador General de la Orden y la Corona de España le otorgó el título de Predicador de su Majestad. Llevó el tomismo al estudio de muchas realidades. Pero si recogemos aquí su semblanza no es por esos títulos sino por una paradoja, la de que siéndolo todo en el plano eclesiástico, teniendo tanta formación filosófica, teológica y de ciencia material, no consiguió aceptar la realidad milagrosa del Cristo de Limpias, en Santander. Fue el máximo estudioso en emprender el estudio de rigor sobre aquellas manifestaciones del Cristo (a ver el cual acudieron tanto los magnates como las gentes sencillas de todo el país) publicando una obra: "Los Prodigios de Limpias a la luz de la Teología y de la Ciencia. Estudio crítico", que a nuestro juicio representa la máxima aplicación inadecuada de doctrinas de los místicos del siglo de oro, que seguía tendencias anteriores y posteriores de justificación de la enemiga contra la manifestación divina exterior y material, basándose en último término en su inferioridad con respecto a la fe desnuda y sirviendo de excusa supramística.
Fue en extremo criticado por los creyentes, incluidos sacerdotes de la época creyentes en Limpias, que veían en fray Luis Urbano un enemigo de las cosas de Dios que ellos habían visto palpablemente y que procuraron refutarlo. Lo recoge el mismo Urbano en la segunda edición de su libro mencionado. 
Pienso que personalmente este religioso tenía vida muy buena y no hizo otra cosa sino predicar y hacer el bien, a pesar del error sobre Limpias:
El año 1912, para restaurar la Provincia de Aragón, viene a Valencia en donde desplegará su actividad con la máxima competencia como predicador, profesor, escritor, director de almas y promotor de la beneficencia social. Promovió la fundación del Colegio-Asilo San Joaquín y de la Policlínica de San Vicente Ferrer.
 La pregunta es entonces ¿cómo teniendo tan buena base en todos los órdenes, este religioso pudo llegar a conclusiones que ayudarían al descrédito de los milagros de Limpias? Y todavía más ¿cómo se pudo gestar una premisa de tan nefastas consecuencias durante siglos como es el del desprecio a la obra divina con la excusa supramística de la fe desnuda? Pero este criterio era el absolutamente dominante en el escenario de la vida piadosa y de la dirección de almas, y en mucha medida lo sigue siendo.
Otro dato paradójico es que fray Urbano fue discípulo del Padre Arintero, el gran escritor sobre mística, y precisamente Arintero era de los pocos que no cayeron en la trampa de la excusa supramística.
En un sentido fray Urbano personificaba la persecución moral de los "buenos", que es el máximo exponente de la persecución moral a la manifestación divina y que se da siempre, que la han sufrido todos los santos. En otro sentido, fray Luis Urbano ejecutaba una función de vigilancia hacia los excesos de una respuesta tentada a liberarse de la tutela del otro remo de Dios que es la Iglesia. Una doble funcionalidad difícil de integrar, de aceptar, de entender, que se exige mutuamente. El ninguneo de la iglesia cumple su función depuradora, es como echar agua fría para que el motor que de frío pasa a caliente no se sobrecaliente.
Pero hay que tener clara una cosa, que fray Urbano parecía no entender, como tantos otros que han participado de sus criterios y es que la fe desnuda es don y sacrificio para los avanzados en piedad y jamás puede aplicarse para entorpecer y menos anular el crédito de la obra de Dios para los sencillos que como santo Tomás explicaba se realiza en función de la capacidad del receptor. Incluso el de la fe desnuda necesita del milagro, y de aquél que ha sido elevado a la visión, que puede ser un recién llegado a la fe (hay que pasar por la puerta estrecha) para no decaer en su fervor primero.
Fray Urbano no podía entender tampoco que Limpias se realizaba cuando no quedaba mucho para la gran tragedia de España, que era, como lo fue Ezkioga, una preparación para la gran persecución, una llamada a las gentes, una gran campanada de Dios. Las secuelas de la tarea de fray Urbano se vieron en Ezkioga, donde el papel de la eclesiástica autoridad de sabiduría religiosa y de mundo, lo ejercería el padre Laburu, jesuita, si bien, en este caso su figura dista infinito de fray Luis Urbano, quien nunca cayó en el abuso de poder.

 
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1 comentario:

  1. Anónimo7:33 a. m.

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